El Origen de la Democracia: Un Legado Ateniense

El concepto y nombre de «democracia» como forma de gobierno se origina en la antigua Atenas alrededor del año 508 a. C. En la antigua Grecia, donde había muchas ciudades-estado con diferentes formas de gobierno, la democracia contrastaba con el gobierno de las élites (aristocracia), de una sola persona (monarquía), de tiranos (tiranía), etc.

Durante casi doscientos años, la ciudad de Atenas tuvo el primer gobierno democrático de la historia occidental y uno de los más desarrollados de todos los tiempos, un modelo gestado sin diseño previo ni referentes, frente a cuya resplandeciente imagen se elaboró el negativo de la tiranía. En el 508 a. C., el líder ateniense Clístenes introdujo un régimen político que, con el paso del tiempo, se denominó democracia.

Aunque tradicionalmente se ha venido a considerar la democracia ateniense como el tipo o referente original de las democracias modernas, la antropología ha localizado formas de proto-democracia propias de pequeños grupos de cazadores-recolectores, naturalmente, anteriores al establecimiento de las sociedades llamadas agrarias y sedentarias, que todavía existen entre algunos grupos indígenas que hoy viven aislados de la civilización. En estos grupos de unos 50-100 individuos las decisiones se toman por consenso y muchas veces sin la designación de ningún jefe. Estos tipos de democracia se identifican comúnmente como tribalismo o democracias primitivas.

En este sentido, una democracia primitiva suele tomar forma en pequeñas comunidades cuando hay discusiones cara a cara en un consejo o con un líder que cuenta con el respaldo de los ancianos de la comunidad u otras formas cooperativas de gobierno. Recordemos que la palabra senado proviene del latín senatus, Consejo de los Ancianos, y, por extensión, senado, derivado de senex, o anciano. En muchas comunidades se ha considerado que un consejo de personas mayores era el que debía contar con un poder particular, puesto que los ancianos son, generalmente, más respetados en dichas comunidades, y se sobreentiende que las personas mayores cuentan con más experiencia y sabiduría que los jóvenes.

🏛 La DEMOCRACIA ATENIENSE | Documental

El Rol de Solón

El gran arquetipo de la democracia de la que se nutren las naciones modernas, proviene del legislador Solón (c. 638 - c. 558 a. C.), ateniense de ascendencia noble que fue también poeta lírico y clasificado como uno de los Siete Sabios del mundo antiguo. En 594 a. C., Solón fue nombrado primer arconte de Atenas (magistrado que desempeñaba funciones de gobierno) e inició una serie de reformas económicas y constitucionales con la intención de aliviar el conflicto que surgió por las desigualdades que impregnaban la sociedad ateniense.

Sus reformas -con el tiempo estimadas como legendarias por los propios griegos- redefinieron la ciudadanía de manera que cada residente libre del Ática contaba con una función política: los ciudadanos atenienses tenían derecho a participar en las reuniones de la asamblea. Solón buscó romper con la fuerte influencia que las familias nobles tenían en el gobierno, ampliando su estructura para incluir una gama más amplia de clases de propiedad en lugar de solo la aristocracia. De este modo, la democracia -o todo sistema de gobierno, en realidad- ha estado sustentada en una determinada estructura económica o sistema de propiedad.

El primer paso hacia la democracia lo dio Solón, estadista ateniense que inició, en 594 a.C., una importante reforma legal. Los grandes mercaderes llevaban años imponiendo estrictas condiciones económicas a los campesinos. Unas condiciones nacidas del primer código legal de la ciudad, redactado en 621 a.C. por Dracón. Las leyes de aquel código resultaban desoladoramente restrictivas para los campesinos. No en vano, el término draconiano ha llegado hasta nuestros días gracias a Dracón.

De ahí la importancia de la reforma de Solón que, entre otras cosas, suprimió la esclavitud contraída por deuda y la de todos los ciudadanos atenienses, a la par que suavizó las cantidades económicas que los campesinos pobres se veían obligados a pagar. Solón otorgó derechos políticos a todos los ciudadanos atenienses en virtud de su riqueza, que fue el baremo para dividir en cuatro grupos a la sociedad. Pero incluso el grupo de más bajas rentas tenía derecho al voto. No obstante, los gobiernos oligárquicos que se sucedieron tras la muerte de Solón se emplearon a fondo en contrarrestar las reformas que este impuso.

Retrato del legislador Solón por Merry Joseph Blondel.

Clístenes y la Consolidación de la Democracia

Tendría que llegar el año 508 a.C. para que un nuevo gobernante, Clístenes, retomase el testigo de Solón mejorando sus premisas. Él fue quien cambió la distribución de los ciudadanos según su riqueza por otra que refería a su tribu. Así, cada una de las diez tribus en que quedó dividida la sociedad ateniense contaba con miembros de los diferentes sectores socioeconómicos.

Pero el cambio más importante que introdujo Clístenes fue el de establecer la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como en las democracias modernas, aquella contaba con tres órganos de gobierno. La democracia ateniense ya contaba con tres órganos de gobierno diferenciados que atendían el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial.

Órganos de Gobierno en la Democracia Ateniense

La democracia ateniense ya contaba con tres órganos de gobierno diferenciados que atendían el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial:

  • La Ekklesía o Asamblea: Era el órgano soberano del gobierno. Un poder legislativo donde los miembros no eran elegidos, sino en el que participaban libremente todos los varones mayores de 20 años. Una democracia directa y no representativa, por tanto.
  • La Boule o consejo de los Quinientos: Era el órgano encargado no solo de llevar a la práctica las decisiones de la Ekklesía, sino también de proponer a esta los temas a tratar. Estaba formado por 500 hombres, a razón de 50 por cada una de las diez tribus en las que se había dividido la sociedad. Cada uno de estos 500 hombres era seleccionado por sorteo en sus respectivas tribus, y tenía la obligación de ejercer su cargo durante un año.
  • La Dikasteria: La conformaban los tribunales populares. Un poder judicial que contaba, como la Boule, con 500 hombres, mayores de 30 años en este caso y también seleccionados por sorteo. La peculiaridad principal de aquel germen del actual poder judicial radica en que cualquier ciudadano mayor de 20 años podía llevar un caso ante el tribunal y ejercer como acusación o como defensa, hasta alcanzar una sentencia que debía ser aprobada por el gobierno de la mayoría.

Sin duda, la democracia ateniense, que aún denominamos griega, fue pilar de las actuales. Pero, lejos de ser perfecta, como muchas voces afirman, no debemos olvidar que mantenía vigente la esclavitud. Filósofos como Platón o Aristóteles llegaron a criticar sus fallas. Platón consideraba que la elección de puestos por sorteo implicaba dejar cargos gubernamentales en manos de personas poco capacitadas. Aristóteles que se trataba de otra oligarquía encubierta por tener como prioridad máxima el beneficio de unos pocos.

A pesar de ello el gran arquetipo de la democracia de la que se nutren las naciones modernas, proviene del legislador Solón (c. 638 - c. 558 a. C.), ateniense de ascendencia noble que fue también poeta lírico y clasificado como uno de los Siete Sabios del mundo antiguo.

Limitaciones y Críticas

En esos tiempos, la palabra pueblo no representaba a la totalidad de la población adulta, como ocurre hoy, sino a una parte de la misma mucho más limitada: hombres libres. No incluía a mujeres, niños, extranjeros o esclavos. Para ilustrar este punto diremos que entre los siglos V y IV a .C., en la zona de Atenas había unos 100.000 esclavos, sobre una población total de 250.000 personas. En promedio, cada familia de 4 personas tenía por los menos un esclavo. Es decir, que un 40% de la población ateniense estaba compuesta de esclavos. Las personas que podían participar en la vida política constituían en torno al 10% de la población total.

Estructura de la Democracia Ateniense.

Evolución de la Democracia Moderna

Aunque distintas formas de organización democrática han existido durante la Edad Media, el gran resurgir de la democracia se ha dado en los tiempos modernos. A partir, principalmente, del siglo XVII y XVIII, se empiezan a instaurar procesos asamblearios en países como Estados Unidos, Suiza, Reino Unido, Canadá, Holanda o Nueva Zelanda. La democracia moderna ha estado vinculada económicamente al surgimiento y predominio del capitalismo moderno. Se ha dado un fenómeno en el que ambas formas de organización (económico-liberal y político-democrática) han operado como dos caras de una misma moneda.

Aunque, el final de la Primera Guerra Mundial supuso una victoria temporal para la democracia en Europa -puesto que se conservó en Francia y se extendió temporalmente a Alemania-, fue tras el fin de la Segunda Guerra Mundial que las democracias en Europa occidental establecieron gobiernos representativos que reflejaban la voluntad general de los ciudadanos. En otros países, como España o Portugal, por poner dos ejemplos, estos procesos tardaron más en materializarse.

La Democracia Actual

Dicho esto, la democracia tiene algo de falsaria. Al ser representativa, el pueblo cuenta con poco poder a la hora de la verdad y, como en tantas otras sociedades humanas, también en nuestras democracias el poder real lo atesoran élites que representan una parte muy reducida de la población total. Se trata de un dato objetivo, este último, que obedece el principio de Pareto, que describe el fenómeno estadístico según el cual en toda población que contribuye a un efecto común, es una proporción muy pequeña la que contribuye a la mayor parte de ese mismo efecto. Y, sin duda, la política y la economía ejercen efectos comunes, pero solo una población muy reducida contribuye a la mayor parte de ese efecto total.

Por otro lado, la democracia y el parlamentarismo se sustentan filosóficamente en principios relativistas. El parlamentarismo consiste en convencer a unos y otros de una verdad, de una estrategia a seguir. Por lo que sus procesos se sustentan en una duda radical con respecto a la verdad. La democracia no cree en valores ni verdades absolutas.

De este modo, la filosofía parcial o totalmente relativista que domina el pensamiento moderno y contemporáneo sirve, también, de contrapartida intelectual a la realidad política estipulada por la democracia. Tanto la epistemología kantiana, por poner un ejemplo, como el parlamentarismo democrático niegan nuestra capacidad para acceder una verdad en sí o absoluta.

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