¿Dónde Nació Hércules en la Mitología Griega? Origen y Legado

Hércules, conocido en la mitología griega como Heracles, es una de las figuras más emblemáticas del panteón clásico. Su vida estuvo marcada por la tragedia y la grandeza. Pero, ¿dónde nació este héroe legendario? A continuación, exploraremos su origen y legado.

El Nacimiento de un Héroe

Según la mitología griega, Heracles es hijo de Zeus y Alcmena, una mortal hija del rey Electrión. Cuenta la leyenda que el Dios del Olimpo adoptó la forma de su marido, que había dejado su casa para ir a luchar a la guerra contra Atenas. Un engaño que acabó con el nacimiento de Heracles.

Alcmena tuvo a Ificles de Anfitrión, mientras que de Zeus nació Alcides, que más tarde sería conocido por el nombre de Heracles. Nació en Tebas, pero era considerado un héroe Argivo.

Hera, celosa de las aventuras e infidelidades de Zeus, no podía consentir esto. No podía consentir esto Hera, la esposa extremadamente celosa de Zeus, que le ató a la mortal las piernas para evitar que diera a luz. Finalmente, gracias a la ayuda de la sirvienta, consiguió parir a sus dos gemelos, Heracles e Ificles, pero solo uno de ellos se quedó con el poder de un semidiós.

Cuando se enteró de lo sucedido, Hera quiso matarlo y le envió dos serpientes mientras dormía en la cuna. No fue un problema para él deshacerse de ellas, a pesar de ser solo un bebé. Ya en su primer año de vida envió dos grandes serpientes a su cuna. Alcmena llamó a Anfitrión para que acudiera en su ayuda, pero Heracles se incorporó y las estranguló con sus propias manos.

La Juventud y Formación de Heracles

Su nombre original era Alcides por Alceo. Aprendió el tiro con arco de Éurito, la lucha con Autólico, la conducción de carros con Cástor y la música con Lino. Un día mató a Lino, por lo que Anfitrión lo mandó a cuidar el ganado. En el Citerón apareció un león que devoraba los ganados, incluidos los del rey Tespio. Lo mató y el rey lo acogió 50 noches, en las que engendró a los tespíadas, que fundarían colonias con Yolao.

Los Doce Trabajos de Heracles

Después de cometer tal atrocidad y consumido por la culpa, Heracles acudió al oráculo de Delfos y este le ordenó ponerse al servicio de su primo, el rey Euristeo. El semidiós tuvo que encargarse de las doce trabajos prácticamente imposibles encomendadas para pagar por su crimen.

Entre sus hazañas más recordadas están la caza del León de Nemea, la captura del Toro de Creta y la limpieza de los establos de Augías. Más allá de sus trabajos, Hércules también participó en otros mitos, como la conquista de Troya y el rescate de la princesa Hesíone. Su valentía le aseguró un lugar en el Olimpo tras su muerte, convirtiéndose en una de las figuras más veneradas de la mitología griega.

Los trabajos de Heracles:

  • Matar al león de Nemea
  • Matar a la hidra de Lerna
  • Capturar a la cierva de Cerinea
  • Capturar vivo al jabalí de Erimanto
  • Limpiar los establos de Augías
  • Expulsar a las aves del Estínfalo
  • Domar al toro de Creta
  • Robar las yeguas de Diomedes
  • Robar el cinturón de Hipólita
  • Robar el ganado de Gerión
  • Robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides
  • Raptar al perro de Hades Cerbero

Hércules y la Península Ibérica

Entre las leyendas que procuran explicar el origen de numerosas ciudades, incluso la creación de los Pirineos, encontramos la figura de este semidiós mitológico, en uno de los mejores ejemplos de la rica cultura española.

Las sagas sitúan su figura en torno al siglo XIII antes de Cristo, en una época cercana a la que pudo vivir Moisés, y apenas existen referencias en su mito original que ubiquen al personaje en nuestro país. Sin embargo, leyendas posteriores lo han desperdigado a lo largo del mapa peninsular, de punta a punta.

La leyenda sitúa al monstruo en la isla Eriteia, en la región que hoy conocemos como Cádiz. Tras aparecer Hércules con su maza y armadura de piel de león, el gigante huyó, lo cual es comprensible, lo más al norte y lo más rápido que pudo, hasta alcanzar la región que hoy conocemos como Galicia. Allí ocurrió el enfrentamiento definitivo, allí triunfó el semidiós, y tras matar a Gerión utilizando flechas envenenadas, decapitó al gigante y lo enterró bien profundo bajo tierra. En honor a su victoria fundó la ciudad de Crunna, hoy Coruña.

Después del trabajo la leyenda continúa en Sevilla, que según el mito fue fundada por él mismo y nombrada Ispal en honor a su hijo Híspalo. De esta manera, todos los habitantes de la península recibirían el nombre de hispanos debido al vástago de Hércules.

Entre las decenas de leyendas que buscan apropiarse de la fundación de la capital manchega, entra aquella que atribuye su primer asentamiento al semidiós, hasta el punto de que todavía hoy puede encontrarse una cueva conocida como la Cueva de Hércules y que también posee su propia historia.

Cádiz, Barcelona, Seo de Urgel y Tarazona también han sido señaladas como ciudades fundadas por Hércules.

Se escucha una leyenda que afirma que fue él quién separó la región que hoy conforman el sur de España y el norte de África (antes unidas por tierra), solo porque así sería más sencillo acceder a la isla en la que residía el desafortunado Gerión, a través de la creación de un paso que uniese el Mediterráneo con el Atlántico. Asombrado por su propia hazaña, quizá haciendo gala de cierta personalidad narcisista, erigió un monumento a ambos lados del estrecho que hoy conocemos como las Columnas de Hércules. Todavía pueden verse en el escudo de nuestro país.

Cuenta la leyenda de esta criatura que entre sus atrocidades ocurrió la de asesinar al rey Tubal, nieto de Noé y primer monarca de la península. El caso es que Gerión mató a Tubal y la hija del último, Pyrene, huyó a los bosques de cierta llanura para escapar de la ira del gigante. Pero el malhechor, que buscaba casarse con la princesa para hacerse con el control de la región, descubrió enfurecido que ella nunca le aceptaría y que, si quería coronarse rey, primero debía matar a Pyrene.

Hércules, que casualmente pasaba por la zona en busca del gigante, escuchó los chillidos y corrió veloz a socorrerla. Tarde. Para cuando alcanzó a Pyrene, la princesa yacía moribunda y tragando sus últimas bocanadas de vida. Solo hubo tiempo para explicarle su historia al héroe, antes de expirar, y de que este fuese testigo de su belleza inigualable. Entristecido y medio enamorado de la princesa fallecida, Hércules quiso enterrar su cuerpo y colocar unas pocas rocas que señalasen su sepultura pero, ya sabemos cómo son estos héroes, algo despistados, y piedra a piedra se le fue de las manos hasta crear lo que hoy conocemos como los Pirineos. Casi sin esfuerzo, apenas sin darse cuenta.

En su libro, Alfonso X asegura que los hechos que narra son tan verídicos como los dedos de sus manos, se piensa que realmente creyó en todo este entramado de leyendas y religiones. Incluso afirma que él no hace más que dejar constancia escrita de leyendas que ya llevaban siglos circulando de boca en boca entre los sabios de su reino.

La imagen de Hércules se mantuvo en la Edad Media, aunque cristianizando su significado, se le ve como un héroe que se entrega para salvar a los hombres del mal, equiparándose a la figura de Cristo. Aparece triunfante, acompañado de un león. La idea de Hércules como encarnación del poder va a llevar a que se utilice su imagen con carácter propagandístico. Este uso es muy evidente en España, especialmente en Sevilla, pues uno de sus trabajos tiene lugar en la Península Ibérica. Prácticamente desde la Edad Media se considerará a Hércules como fundador mítico de diferentes ciudades españolas, especialmente de Sevilla, y veían a Hércules como su antepasado.

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