Francisco de Goya y Lucientes, uno de los pintores más representativos del siglo XIX, nació el 30 de marzo de 1746 en Aragón. Concretamente, su lugar de nacimiento es la localidad zaragozana de Fuendetodos. Sus padres, Braulio José Goya, dorador de ascendencia vizcaína, y Gracia Lucientes, de familia campesina acomodada, residían en Zaragoza, donde contrajeron matrimonio en 1736.
Francisco fue el cuarto de seis hermanos: Rita (1737); Tomás (1739), dorador también, citado a veces como pintor; Jacinta (1743); Mariano (1750), muerto en la infancia, y Camilo (1753), eclesiástico y capellán desde 1784 de la colegiata de Chinchón. Un mes después del nacimiento de Francisco, la familia regresa a Zaragoza.
Primeros Años y Formación Artística
En 1747, un año después de su nacimiento, la familia se asentó en Zaragoza. La infancia del cuarto vástago del matrimonio debió de transcurrir sin sobresaltos, entre el barrio de la parroquia de San Gil y alguna de las escuelas zaragozanas de primeras letras regentadas por órdenes religiosas. A partir de 1758, sin embargo, las dificultades económicas hacen que los Goya ya no moren en su domicilio habitual.
Tras la escuela, entró en el taller de José Luzán (1710-1785), hijo también de un dorador vecino de los Goya vinculado a la Academia de Dibujo. Comenzó ya de pequeño como aprendiz del oficio de pintor en el taller rutinario de José Luzán. Javier Goya, en las notas biográficas sobre su padre para la Academia de San Fernando (1832), aseguraba que “estudió el dibujo desde los trece años en la Academia de Zaragoza bajo la dirección de José Luzán”. Según afirmó Goya al final de su vida, pasó cuatro años como discípulo de Luzán, "con quien aprendió los principios del dibujo haciéndole copiar las estampas mejores que tenía".
Allí aguantó 4 años copiando estampas hasta que, finalmente, decidió establecerse por su cuenta. Goya, en la autobiografía del catálogo del Museo del Prado (1828), decía que le “había dado a copiar las más bellas estampas que tenía”, aunque en sus primeras obras conocidas apenas hay huellas del estilo tardo-barroco de aquél. Más adelante siguió su formación con Francisco Bayeu Subías (1734-1795), relacionado por lejano parentesco con los Goya, y que, años después, sería su cuñado por esa unión tradicional entre familias de artistas.
Con este pintar de su invención, comenzó por realizar una serie de imágenes caprichosas y sin sentido alguno, que tenían un carácter muy personal y un compromiso ideológico. Pero, hasta que Goya viajara a Italia, su arte era muy poco académico y poco convencional. Por lo que no obtuvo un respaldo ni fama favorable. Ni siquiera consiguió el apoyo de la Academia de San Fernando. En un arranque de independencia Goya viajó a Italia por sus propios medios, según decía más tarde en un memorial a Carlos III (24 de julio de 1779), y está documentado en Roma en la primavera de 1771, aunque viajó a Italia en junio de 1769, como ha revelado la última documentación localizada de sus capitulaciones de boda.
La tradición le situó en Roma en el n.º 48 de la Strada Felice (Via Sistina), barrio de los artistas, en casa del pintor polaco Taddeus Kuntz, amigo de Mengs, como la familia de éste aseguraría años más tarde, aunque no hay noticias documentales de ello. El Cuaderno italiano (Madrid, Museo del Prado), álbum de apuntes comprado en Italia, recogía anotaciones de las ciudades que visitó, todas del norte, entre ellas Bolonia, Venecia, Parma y Milán, viajando de regreso a través de Génova y Marsella.
Viaje a Italia y Primeros Éxitos
Pensando en cómo lanzar su carrera debió de madurar la idea del viaje a Italia, preceptivo para todo aquel que deseara afirmarse como artista. Ejemplos no faltaban desde el siglo pasado y menos aún entre los jóvenes aragoneses de su generación. Francisco pudo estar perfectamente al tanto, por frecuentar su padre el entorno de José Luzán, formado en Nápoles, y de José Ramírez, cerca de cuya casa y taller habitaron precisamente los Goya en 1762, al tiempo que completaba allí su aprendizaje el escultor Juan Adán. Con él y con otros pensionados aragoneses se relacionó Francisco en Roma, según un documento del expediente matrimonial del pintor. La estancia en la Ciudad Eterna se prolongó desde el verano de 1769 hasta el verano de 1771.
Pero, a su regreso de Italia, ya había adquirido unos conocimientos en arte bastante fundamentales para el futuro desarrollo de su obra. Un ejemplo lo podemos encontrar el fresco situado en la Basílica del Pilar de Zaragoza que él mismo denominó “La gloria del nombre de Dios”. En junio de 1771 los canónigos del Pilar empezaron a recibir ofertas para pintar la bóveda del Coreto, y Francisco, que debió de demorar su vuelta haciendo un pequeño tour por la costa adriática de Italia hasta Venecia, se apresura entonces a volver para presentar su candidatura con un precio muy ventajoso para los comitentes. Tras mostrar una prueba de pintura al fresco, hubo pocas dudas acerca de quién iba a inmortalizar su nombre en los muros de la basílica, emulando así el éxito de Antonio González Velázquez a su vuelta de Roma en 1752.
Su primer encargo fue el fresco del coreto de la basílica del Pilar, de 1771-1772, con la Adoración del Nombre de Dios, de excepcional y moderna grandeza, auto titulándose en esa ocasión “Profesor de Dibujo en esta Ciudad [Zaragoza]” (22 de noviembre de 1772). Bien puede decirse que la Adoración del nombre de Dios en el Coreto del Pilar, tardobarroca e italianizante al modo de Giaquinto -cuya pista en Roma había seguido Francisco, según revela el Cuaderno-, y maestro a su vez de González Velazquez, había sido la llave del éxito a su vuelta.
Matrimonio y Traslado a Madrid
Entre tanto había contraído matrimonio con Josefa Bayeu el verano de 1773, en Madrid, siguiendo una tradición secular en los obradores de pintura por la que el discípulo aventajado emparentaba con la familia del maestro. Se casó, sin embargo, en Madrid, en la iglesia de San Martín (25 de julio 1773) con Josefa Bayeu (nacida el 19 de marzo de 1747), hermana de Francisco, que fue padrino de la boda con su mujer, Sebastiana Merklein, aunque el primer hijo de Goya, documentado en el "Cuaderno italiano", Antonio Juan Ramón Carlos, nació en Zaragoza (29 de agosto de 1774), donde el artista trabajaba en los frescos de la cartuja de Aula Dei.
Pero su objetivo era triunfar en Madrid. Goya dejó nuevamente Zaragoza el 3 de enero de 1775, llegando a Madrid el día 10 (anotación en su "Cuaderno italiano") para iniciar su trabajo como pintor de cartones de tapices para la Real Fábrica de Santa Bárbara con el sueldo de 8.000 reales de vellón al año. La cumbre de la profesión, como sucedía en la España del Barroco, seguía siendo servir al rey. El ejemplo de Velázquez, cuyas obras más singulares grabó Goya en 1778 por iniciativa propia, estaba bien vivo. Tras realizar una serie para El Escorial, entre 1776 y 1779 se dedicará a los de los aposentos del príncipe de Asturias en el palacio del Pardo, fiado esta vez a su propia inventiva.
Goya comenzó su carrera como pintor de corte desde el escalón ínfimo, trabajando bajo la supervisión de su cuñado para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en los cartones que servían de modelos a los tapiceros. Recomendado por Bayeu, Goya aseguraba más tarde, orgulloso, que fue Mengs quien le hizo volver de Roma para el Real Servicio, aunque sus primeros cartones, fechados en la primavera de 1775 para la serie ya comenzada con destino al comedor de los príncipes de Asturias en El Escorial, se pintaron según ideas de Bayeu. Los temas representados, elegidos por el rey, eran de caza, que fue la afición más importante del artista a lo largo de su vida. Perros, escopetas y lugares de caza favoritos, a veces en compañía de sus egregios mecenas, aparecerán en la importante correspondencia con su amigo de infancia, el comerciante zaragozano Martín Zapater (Madrid, Museo del Prado), como los alrededores de Madrid, la sierra de Guadarrama y El Escorial, Arenas de San Pedro, Chinchón, la Albufera de Valencia y el Coto de Doñana en las tierras de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
Los reyes apreciaron la frescura del arte de Goya, que presentaba personajes pintorescos con gran viveza, y cuando le recibieron en su presencia su gozo no tuvo límites, como confesó en una de sus cartas al amigo de infancia Martín Zapater.
El primero de ellos que llevó a cabo fue el conocido como “Merienda a orillas del Manzanares”. Este es un tema popular y que da comienzo a una serie de obras que resultaron ser populares, vivos, graciosos y realistas. Este último fue realizado bajo ciertas condiciones por razones decorativas. En él se representan a dos albañiles que trasladan a un compañero herido, lo más seguro tras su caída de un andamio.
Ascenso en la Corte y Reconocimiento
En 1779 solicitó el puesto de primer pintor de cámara, un cargo que finalmente no le es concedido. Más tarde, en 1785 es nombrado subdirector de pintura de la Academia de San Fernando. Y, al fin, en 1786, el 25 de Junio, consigue el puesto que tanto ansiaba. El y Ramón Bayeu son nombrados pintores del rey.
Su situación económica mejorará más aún el 25 de junio de 1786 al ser nombrado pintor del rey, con un sueldo anual de 15.000 reales, a propuesta de Francisco Bayeu y Mariano Maella, con motivo de la reapertura de la manufactura real de Santa Bárbara. Con 40 años entonces, ya era conocido en Madrid como “Don Paco”. Se le habían abierto todas las puertas de los palacios y otras de algunas alcobas para retratar a sus dueños.
Paralelamente sigue trabajando para el Banco de San Carlos como retratista, o en obras bucólicas para los duques de Osuna, lo que le reporta jugosas sumas que empleó en comprarse en 1787 una berlina tirada por mulas, todo un lujo y símbolo del estatus recién adquirido.
Al año siguiente sigue empeñado con los tapices, preparando cartones para el dormitorio de los infantes en el Pardo, entre ellos La pradera de San Isidro, que le dio algún quebradero de cabeza por lo complejo de la composición de la romería al santo, y los Osuna le honran encargándole dos lienzos con escenas de la vida de san Francisco de Borja, antepasado de los duques, para su capilla de la catedral valenciana, cuya cuenta presentó el 16 de octubre de 1788.
El 17 de enero de 1789, los príncipes de Asturias suben al trono de España. De los primeros retratos oficiales de Carlos IV y María Luisa de Parma se encargará Francisco de Goya, que el 25 de abril obtiene el ansiado nombramiento como pintor de cámara.
Enfermedad y Evolución Artística
En 1792 cayó gravemente enfermo en Sevilla. Y, a raíz de esa enfermedad, perdió la capacidad auditiva. Además, andaba con dificultad y se le desarrollaron algunos problemas de equilibrio y de visión. Aunque de esto último obtuvo una notable recuperación, la sordera sería ya de por vida. Esta enfermedad y sus consecuencias se vieron reflejadas en su arte ya que el pintor tuvo que adaptarse a un nuevo estilo de vida.
Durante el segundo semestre de 1792 la actividad artística de Goya se detuvo por completo. La inestable coyuntura política y los cambios ministeriales acaecidos en apenas meses, con la destitución de Floridablanca y de Aranda consecutivamente y el ascenso del favorito de la reina, Manuel Godoy, no favorecían el cultivo de las artes. El invierno de aquel año Goya cayó gravemente enfermo y convaleció en Cádiz, en casa del rico negociante Sebastián Martínez, quien le había encargado su retrato.
Tras su restablecimiento volvió a Madrid con la primavera, aunque la sordera que le había quedado como secuela cambiará su vida, obligándole, por ejemplo, a renunciar a la enseñanza académica. Seguirá pintando, ya no cartones para tapices sino cuadros de gabinete, enviados a la Academia el 4 de enero de 1794, donde, siguiendo su capricho, representa entre "asuntos de diversiones nacionales", como anotaron los académicos, algunas escenas trágicas (Incendio, Naufragio, Bandidos asaltando un coche...).
Al día siguiente de la insurrección madrileña contra el invasor francés, el pintor se echa a la calle, no para combatirlos, sino para empaparse de todo lo que estaba ocurriendo. A lo largo de toda la Guerra de la Independencia, el pintor aragonés irá acumulando una serie de estampas. Estas se denominarán “Los Desastres de la Guerra”.
El pesimismo del pintor que iba arrastrando desde su enfermedad se incrementará en esta época cuando muera su mujer. Entonces publica una serie de grabados que Goya tituló “Tauromaquia” y “Disparates”.
Últimos Años y Muerte
Finalmente, el pintor aragonés murió en Burdeos, Francia, el 16 de Abril de 1828, tras cumplir 82 años.
A continuación, se presenta una tabla con los hitos más importantes en la vida de Francisco de Goya:
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1746 | Nace en Fuendetodos, Zaragoza |
| 1760 | Entra como aprendiz en el taller de José Luzán |
| 1769-1771 | Viaja a Italia para formarse como artista |
| 1773 | Se casa con Josefa Bayeu en Madrid |
| 1775 | Comienza a trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara |
| 1786 | Es nombrado pintor del rey |
| 1792 | Sufre una grave enfermedad que le causa sordera |
| 1808-1814 | Realiza la serie de grabados "Los Desastres de la Guerra" |
| 1824 | Se exilia en Burdeos, Francia |
| 1828 | Fallece en Burdeos |
