¿Dónde Nació El Cid Campeador? Biografía del Héroe Medieval Español

Personaje histórico y de ficción, leyenda y mito, el Cid Campeador es la figura medieval hispánica más conocida fuera de nuestras fronteras. El "culpable" de ello es el poeta anónimo que lo inmortalizó en el Cantar de mío Cid, escrito un siglo después de su muerte y a la postre uno de los grandes poemas de la épica medieval europea.

Rodrigo Díaz nació en Vivar, una pequeña aldea situada a 7 kilómetros de la ciudad de Burgos en el año 1043. Rodrigo Díaz nació, según afirma una tradición constante, aunque sin corroboración documental, en Vivar, hoy Vivar del Cid, un lugar perteneciente al ayuntamiento de Quintanilla de Vivar y situado en el valle del río Ubierna, a diez kilómetros al norte de Burgos.

Su padre, Diego Laínez era, según todos los indicios, uno de los hijos del magnate Flaín Muñoz, conde de León en torno al año 1000. Como era habitual en los segundones, Diego se alejó del núcleo familiar para buscar fortuna. En su caso, la halló en el citado valle del Ubierna, en el que se destacó durante la guerra con Navarra librada en 1054, reinando Fernando I de Castilla y León.

Fue entonces cuando adquirió las posesiones de Vivar en las que seguramente nació Rodrigo, además de arrebatarles a los navarros los castillos de Ubierna, Urbel y La Piedra. Hijo de Diego Laínez, noble caballero de la Corte Castellana y de una hija de Rodrigo Alvarez. A los 15 años quedó huérfano de padre y se crió en la corte del rey Fernando I junto al hijo del monarca, el príncipe Sancho. Ambos crecieron juntos y trabaron buena amistad durante cinco años.

Este pequeño pueblecito a 10 km al norte de Burgos tiene el orgullo de ser la patria chica de Rodrigo.

El pueblo de Vivar o Vivar del Cid, en la ciudad de Burgos, es el que vio nacer a Rodrigo Diaz de Vivar según el cantar de las Mocedades de Rodrigo (S. XIV). Su procedencia parece ser, según la obra la España del Cid de Menéndez Pidal, la baja hidalguía, siendo su padre Diego Laínez.

Durante los primeros años de juventud fue instruido en el séquito de Sancho. Este le educó en las armas y la alfabetización y Fernando I le hizo militar en su ejército. Llegado el momento, Sancho y su hermano Alfonso se vieron enfrentados y el Cid luchó del lado de Sancho.

Estatua ecuestre del Cid Campeador en Burgos.

Ascenso y Primer Destierro

Entre las muchas guerras dinásticas que asolaron el siglo XI, una de las más famosas es la que enfrentó a Alfonso -rey de León- y a Sancho -rey de Castilla- por la herencia de su padre, Fernando I. A su lado estaba el que ya era uno de sus guerreros más destacados y hombre de su confianza, el joven Rodrigo.

Habiendo fallecido Fernando I en el año 1065, sus hijos Sancho II y Alfonso VI se enfrentaron el 19 de julio de 1068 en la batalla de Llantada, a orillas del Pisuerga, pero esto no logró acabar con los enfrentamientos y el 11 de enero de 1072 se libró la batalla de Golpejera, cerca de Carrión, uno de los episodios más conocidos de las guerras fratricidas desencadenadas tras la muerte de Fernando I por su decisión de dividir sus reinos y en la que Sancho venció y capturó a Alfonso y se adueñó de su reino.

A finales del mismo año de 1072, un grupo de nobles leoneses descontentos, agrupados en torno a la infanta doña Urraca, hermana del rey, se alzaron contra él en Zamora. Don Sancho acudió a sitiarla con su ejército, cerco en el que Rodrigo realizó también notables acciones, pero que al rey le costó la vida, al ser abatido en un audaz golpe de mano por el caballero zamorano Bellido Dolfos.

En 1081 el Cid es desterrado por primera vez de Castilla. 300 de los mejores caballeros castellanos le acompañaron en tan difícil situación. En los diez años siguientes, la fama del Cid se acrecentó espectacularmente al contrario que el reinado del rey Alfonso VI.

No se sabe con seguridad las causas del primer destierro del Cid. Hay quien opina que fueron las intrigas del conde García Ordoñez, enemigo de Rodrigo y uno de los hombres de confianza del rey Alfonso VI. En 1081 se tuvo noticia del ataque de una banda armada, probablemente de musulmanes, a la población cristiana asentada a las faldas del castillo.

El Cid, sin permiso del rey, lanzó un durísimo ataque de represalia que le llevó hasta lo que hoy es la provincia de Guadalajara, y que por entonces pertenecía a la taifa islámica de Toledo. Si el Cid no hubiera sido desterrado su historia se habría escrito de otra manera o, simplemente, no se habría escrito.

Tras su matrimonio con Jimena, la sobrina de Alfonso, el Cid salió de expedición sin el permiso real y fue desterrado, esta vez sí, por el Rey Alfonso VI. Este fue su primer destierro, y tras él, buscó un rey al que poder servir.

Divisiones políticas de España en 1037.

Servicio a la Taifa de Zaragoza

Rodrigo Díaz partió al exilio seguramente a principios de 1081. Como otros muchos caballeros que habían perdido antes que él la confianza de su rey, acudió a buscar un nuevo señor a cuyo servicio ponerse, junto con su mesnada. Al parecer, se dirigió primeramente a Barcelona, donde a la sazón gobernaban dos condes hermanos, Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero no consideraron oportuno acogerlo en su corte.

Ante esta negativa, quizá el Campeador hubiera podido buscar el amparo de Sancho Ramírez de Aragón. No sabemos por qué no lo hizo, pero no hay que olvidar que Rodrigo había participado en la batalla donde había sido muerto el padre del monarca aragonés. Sea como fuere, el caso es que el exiliado castellano optó por encaminarse a la taifa de Zaragoza y ponerse a las órdenes de su rey.

No ha de extrañar que un caballero cristiano actuase de este modo, pues las cortes musulmanas se convirtieron a menudo, por una u otra causa, en refugio de los nobles del norte. Ya hemos visto cómo el mismísimo don Alfonso había hallado protección en el alcázar de Toledo.

Cuando Rodrigo llegó a Zaragoza, aún reinaba, ya achacoso, Almuqtadir, el mismo que la regía en tiempos de la batalla de Graus, uno de los más brillantes monarcas de los reinos de taifas, celebrado guerrero y poeta, que mandó construir el palacio de la Aljafería. Pero el viejo rey murió muy poco después, quedando su reino repartido entre sus dos hijos: Almutamán, rey de Zaragoza, y Almundir, rey de Lérida.

El Campeador siguió al servicio del primero, a quien ayudó a defender sus fronteras contra los avances aragoneses por el norte y contra la presión leridana por el este. Las principales campañas de Rodrigo en este período fueron la de Almenar en 1082 y la de Morella en 1084.

Segundo Destierro y Conquista de Valencia

Siete años después de su primer destierro, las cosas parecían irle bien al Cid. En 1088, la fortaleza de Aledo (Murcia), en pleno territorio andalusí, estaba ocupada por una guarnición castellana. Desde allí lanzaban numerosos ataques de desgaste contra los intereses de las taifas. Los andalusíes se coaligaron con los almorávides (tribus bereberes del norte de África) para asediar la plaza.

Finalmente, por causas que se desconocen, los dos ejércitos nunca se encontraron. El rey Alfonso ardió en cólera, echó la culpa al Cid y le condenó a un segundo y más duro destierro. Fue un momento crítico para Rodrigo: rodeado de enemigos, muchos hombres le abandonaron.

Sin embargo, no se dejó arrastrar por las circunstancias, sino que comenzó a lanzar ataques de pillaje que le llevaron hasta Denia, y así, con la libertad y valentía de los desesperados, empezó a allanar el camino a Valencia.

La trayectoria del Cid se enmarca en el mosaico político que constituye la península ibérica en el siglo XI. Hizo su carrera al servicio del rey Sancho II de Castilla, donde se reveló como un militar capaz en las distintas batallas en que participó.

En el transcurso de sus servicios a Al-Muqtadir, el Cid se reconcilió con el rey Alfonso y fue rehabilitado como militar a su servicio. El Cid Campeador permaneció ya en Valencia hasta su muerte en el año 1099.

Para que esto sucediera, el personaje histórico, Rodrigo Díaz, tuvo antes que conquistar Valencia. Tras seis meses de duro asedio, el Cid conquistó la ciudad el 15 de junio de 1094, causando una gran conmoción entre los musulmanes y cristianos de la Península.

Dos de los mayores enemigos del Cid fueron cristianos: el conde castellano García Ordóñez, y el conde catalán Berenguer Ramón II. La batalla decisiva tuvo lugar en el Pinar de Tévar, en 1091. El Cid derrotó y capturó al conde Berenguer, quien se vio obligado a ceder al castellano sus intereses en la zona, y con ellos las parias y tributos que cobraba a los príncipes musulmanes.

Escondida entre los meandros del Guadalaviar, Albarracín fue la capital del legendario reino bereber de los Banu Razín. En 1093, su rey decidió buscar aliados entre los aragoneses para conquistar Valencia, que se encontraba bajo la protección del Cid. Al enterarse, Rodrigo penetró en sus escabrosos dominios para lanzar un ataque de represalia. El pasado islámico de Albarracín está muy presente en sus calles, evocadoras y alambicadas, y en edificios singulares como la alcazaba.

Aún habría de combatir numerosas batallas, como la que el mismo año le enfrentó al emperador almorávide Mahammad, sobrino de Yusuf, el cual se presentó a las puertas de Valencia con 150.000 caballeros.

¿Héroe cristiano o mercenario? Biografía del Cid Campeador

Muerte y Legado

En el año 1097 las huestes de Alfonso VI se enfrentaron en Consuegra a un ejército almorávide llegado del norte de África para deshacer el avance cristiano en la Península. El ejército de Alfonso fue derrotado y Diego murió en la batalla. Con él, desaparecía la descendencia masculina del Cid y las esperanzas del Cid de instaurar una dinastía propia en Valencia.

Rodrigo falleció dos años después, con los almorávides acechando las murallas de la ciudad. Jimena, su mujer, se hizo cargo del gobierno con energía y arrojo, pero se vio obligada a abandonarla en 1102 ante la amenaza imparable de los africanos. Antes, exhumó el cadáver y lo trasladó al monasterio de San Pedro de Cardeña.

El domingo 10 de julio de 1099, muere el Cid. Ni el mismísimo Cid podía imaginarse la trascendencia de su vida tras su muerte. Así pues, El Cantar del Cid, es una canción recitada por los juglares de aquellos tiempos medievales. El texto que nos ha llegado, es una transcripción de un copista llamado Per Abbat en un manuscrito (del s.

Rodrigo Díaz de Vivar luchó en su propio beneficio a las órdenes de distintos caudillos.

El Cid montó su campamento en Elche y allí supo que el rey Alfonso, furioso por no haber recibido la ayuda solicitada, lo había declarado traidor. Esta era la máxima deshonra para un caballero, cuyas consecuencias eran terribles: la pérdida de todos sus bienes y el destierro.

Entonces sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Pedro de Cardeña en Burgos, su ciudad natal. Durante la Guerra de la Independencia, los soldados franceses profanaron su tumba aunque finalmente le depositaron en un mausoleo en el centro de Burgos.

Durante siglos y hasta la actualidad, su vida y hazañas han sido reflejadas en cientos de obras de todo tipo. Por ejemplo, el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte escribió en 2019 Sidi: un relato de Frontera. En ella, el autor refleja las hostiles condiciones que rodearon las hazañas del campeador y las características de los hombres que le acompañaron. El relato de cómo Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, se convirtió en una leyenda.

Así recogía el Cronicón Malleacense la muerte del Cid Campeador el 10 de junio de 1099, cuando, según cuenta la leyenda, en lo alto de las almenas que defendían la ciudad de Valencia fue atravesado por una flecha perdida (aunque lo más probable es que muriera por causas naturales).

Monasterio de San Pedro de Cardeña.

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