Aquiles: Origen, Vida y Muerte del Héroe Griego

Aquiles, figura central de la mitología griega, es inmortalizado en la Ilíada de Homero como el héroe máximo de la guerra de Troya. Su vida, marcada por la gloria y el destino, es un relato de valentía, cólera y compasión.

Pero, ¿quién fue Aquiles realmente? ¿Dónde nació y cómo se forjó su leyenda? Acompáñanos en este recorrido por su vida, desde su nacimiento hasta su trágico final.

Aquiles recibiendo las armas de Hefesto. Imagen ilustrativa.

El Nacimiento y la Profecía

Un arcano oráculo emitió la inquietante profecía: era decisión del Destino que el hijo de la divina Tetis, la más bella hija del anciano dios marino Nereo, habría de ser superior a su padre. Por eso los grandes dioses Zeus y Poseidón, que andaban prendados ambos de la hermosísima Nereida, decidieron prudentemente renunciar a tener relaciones amorosas con ella y acordaron casarla pronto con un héroe, es decir, con un mortal, valeroso y noble, pero muy inferior en poder a los dioses celestes.

Zeus tenía buenas razones para ser cauto: él había destronado a su padre Crono, y éste, a su vez, había derribado del trono celeste (y castrado) al suyo, el viejo Urano, y no estaba dispuesto a arriesgarse a nuevas rebeliones divinas. Conque, de común acuerdo los dioses eligieron para esposo de Tetis al rey de los mirmidones, Peleo, un guerrero intachable.

Peleo, hijo de Éaco, había conseguido un buen reino en Tesalia y demostrado su valor en la expedición de los argonautas. La bella novia no se sintió, al parecer, muy contenta al saber que iba a casarse con un humano, y no con un dios, como se merecía por su origen y su belleza.

Puso a prueba al valiente Peleo intentando escapar a su abrazo mediante algunas metamorfosis. Se transformó en fuego, agua, león, serpiente y sepia cuando el héroe la tenía en sus brazos. Pero Peleo, advertido por su amigo el centauro Quirón, no la dejó escapar. «Aunque quemado, aporreado, picado y cubierto de pegajosa tinta sepia, Peleo no la soltó, y al final ella cedió y yacieron apasionadamente abrazados», según relata Robert Graves, que se imaginaba de modo muy plástico la escena nupcial.

Un Héroe Casi Inmortal

Al final el tenaz Peleo dominó a la esquiva novia. Los dioses decidieron celebrar la boda por todo lo alto, y hubo un gran festín, al que acudieron con regalos para los novios. A los nueve meses nació Aquiles. Tetis intentó hacer inmortal a su hijo, y, según el mito más difundido, bañó al pequeño en la sangre de un dragón (otras versiones refieren que lo sumergió en el Éstige, un río infernal). Esa sangre tenía la propiedad de volver invulnerable la piel que tocaba.

Tetis sumergiendo a Aquiles en el Estigia. Imagen ilustrativa.

Para hacer inmortal a su hijo, Tetis lo sumerge en las aguas del E´stige, un ri´o infernal que haci´a invulnerables a quienes se ban~aban en e´l. Pero no repara en que el talo´n del nin~o, por el que lo mantiene sujeto, no llega a mojarse. Alli´ lo herira´ la flecha que acabara´ con su vida.

Aquiles fue educado por el centauro Quirón en los bosques del Pelión, y el muchacho se hizo un magnífico atleta, tan diestro en sus carreras como en el manejo de la lanza.

Aquiles y el centauro Quirón. Imagen ilustrativa.

Fatalmente tuvo que elegir su destino entre dos alternativas: se le ofrecía o bien una vida larga y oscura, o bien una breve, pero de perdurable gloria. Como buen héroe griego fue esto último lo que eligió: breve vida y larga fama.

Tetis se apenó mucho, y trató de protegerlo de nuevo. Cuando se preparaba la guerra de Troya, mandó al bello adolescente a la corte real de la isla de Esciros, para que en aquel palacio se ocultara disfrazado de muchacha y no fuera descubierto por los enviados del rey Agamenón, que reclutaban grandes héroes para la expedición guerrera. La temerosa madre no había contado con la astucia de Ulises, que supo hacer que Aquiles se descubriera ante el repentino destello de unas brillantes armas.

Aquiles marchó entonces a Troya, de donde ya no regresaría. Partió al frente de sus aguerridos mirmidones y acompañado de su amigo Patroclo. Se distinguiría allí por su ardor guerrero en los más arduos combates como «el mejor de los aqueos».

Aquiles en la Guerra de Troya

En la Ilíada, Homero relata los decisivos combates de los últimos días del asedio de Troya, donde Aquiles es el gran protagonista. Sin embargo, la Ilíada no cuenta toda la historia de Aquiles, sino solo algunos episodios clave para la caída de la ciudad y su biografía.

En espléndidos versos, Homero narra la disputa de Aquiles con Agamenón, su consiguiente retiro de los combates y su regreso, impulsado por la furia tras la muerte de su amado Patroclo a manos de Héctor. Saciando su venganza en un sangriento duelo, Aquiles mata al valeroso príncipe troyano, quien, al morir, le profetiza su propia muerte.

Tras vengar la muerte de su amigo Patroclo a manos de Héctor será el objetivo final de Aquiles, cumpliendo así con su funesto destino: “«En seguida después del de Héctor tu hado está dispuesto», dice su madre, Tetis; a lo que él contesta: «¡En seguida quede muerto, pues veo que no iba a proteger a mi compañero a la hora de su muerte!

El poema homérico concluye con los funerales de Héctor, pero antes, se presenta una escena conmovedora: Aquiles, lleno de rencor y dispuesto a ultrajar el cadáver del asesino de Patroclo, recibe en su tienda a Príamo, el anciano rey de Troya. Movido por la súplica del rey, Aquiles se apiada y le devuelve el cuerpo de Héctor para que pueda honrarlo con funerales dignos. Esta escena redime al feroz guerrero y añade una emotiva humanidad al trágico final de la epopeya.

La Cólera de Aquiles

A lo largo de todas las batallas, el botín de guerra ganado por los griegos había sido dividido entre los caudillos y sus soldados, y en una ocasión a Agamenón y Aquiles les tocaron en el reparto unas muchachas troyanas como esclavas.

Resulta que la esclava entregada a Agamenón, llamada Criseida, era la hija de un sacerdote de Apolo, que ofreció grandes sumas de dinero a cambio de rescatarla. Sin embargo, Agamenón no estaba dispuesto a liberarla por todo el dinero del mundo y trató de malas formas al sacerdote, que, encolerizado, pidió a Apolo que vengara aquella afrenta enviando una peste al campamento griego.

El dios lo oyó y cumplió la plegaria, y no pasó mucho tiempo cuando los soldados del campamento griego estaban sufriendo una terrible enfermedad, de la que muchos murieron. Como no había ningún remedio para aquella peste, los líderes griegos consultaron un oráculo para averiguar cómo podían parar la terrible enfermedad.

Entonces se enteraron de que Apolo estaba enfadado con Agamenón porque se había negado a devolver a su esclava, y los griegos continuarían sufriendo hasta que se decidiera a entregársela a su padre. Obligado de esta forma a devolver a Criseida para salvar a sus hombres de la destrucción y la muerte, Agamenón dijo que en su lugar se quedaría con la esclava de Aquiles, Briseida, e hizo que se la trajeran a su tienda de campaña.

Aquiles, que quería salvar a los griegos de la peste, permitió que se llevaran a la muchacha, pero advirtió a Agamenón de que no lucharía más por un general tan egoísta e injusto. Por tanto, en cuanto la muchacha se hubo marchado, dejó a un lado su magnífica armadura y, aunque oía las llamadas al combate y el fragor de la batalla, no acudía, sino que se quedaba en su tienda.

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Mientras Aquiles permanecía quieto día tras día, sus compañeros luchaban valientemente, pero, a pesar de su bravura, los troyanos iban ganándoles terreno, pues, ahora que Aquiles no participaba en la batalla para llenar de terror sus corazones, luchaban con renovado coraje.

Los griegos, al perder al joven líder que siempre los había conducido en medio de la refriega, iban poco a poco cediendo ante los troyanos, que empujaban cada vez más e incluso llegaron a incendiar algunas de las naves griegas.

Patroclo, el amigo de Aquiles, que también había combatido junto a los griegos, ahora veía que los troyanos pronto destruirían el ejército al completo, por lo que fue corriendo a la tienda de Aquiles a rogarle que saliera a ayudarles una vez más.

Sin embargo, sus súplicas fueron en vano. Aquiles se negó a mover un pie, pero finalmente le permitió a Patroclo salir a pelear con su armadura y, disfrazado de esa forma, podría al menos inspirar valor a los griegos para rechazar a los troyanos.

Así, Patroclo se pertrechó con las armas de Aquiles y, cuando los troyanos vieron la famosa armadura, empezaron a replegarse aterrorizados, pues temían a Aquiles más que a ningún otro griego. Pero pronto se dieron cuenta del error, y Héctor, avanzando por el campo de batalla, mató a Patroclo, le despojó de la armadura, y se retiró a colocársela en honor a su victoria.

Entonces tuvo lugar un terrible forcejeo entre los troyanos y los griegos para hacerse con el cuerpo de Patroclo. Las noticias de la muerte de su amigo llegaron raudas a oídos de Aquiles, que salió de su estado de indiferencia. Alzándose sobre la muralla que rodeaba el campamento, dio un terrible grito, ante el que los troyanos huyeron, y Áyax y Odiseo le trajeron el cuerpo de Patroclo.

Aquiles matando a Pentesilea. Sarcófago romano del siglo II d.C. Imagen ilustrativa.

La Muerte de Aquiles

La Ilíada no relata la muerte de Aquiles, aunque Héctor, antes de morir, la anuncia: “cuídate ahora de que no me convierta en motivo de la cólera de los dioses contra ti el día en que Paris y Febo Apolo te hagan perecer, a pesar de tu valor, en las puertas Esceas” (Ilíada, XXII, 358-360).

No obstante, sí se hace referencia al arma que acabará con su vida: “perecería por causa de los raudos dardos de Apolo” (Ilíada, XXI, 277-278); “llegará la aurora, el crepúsculo o el mediodía en que alguien me arrebate la vida en la marcial pelea, acertando con una lanza o una flecha” (Ilíada, XXI, 111-113).

La historia del talón de Aquiles es por todos conocida. Es ahí donde se clavará la flecha que le dará muerte. La leyenda cuenta que cuando Aquiles era apenas un bebé fue sumergido por su madre en el río Estigia, cuyas aguas convertían al mortal en inmortal. Quedó, sin embargo, una parte -por donde ésta le sostenía- sin sumergir: el talón.

Tal como le había sido vaticinado, Aquiles murió en Troya a causa de una flecha lanzada por el príncipe troyano Paris, que quizá dirigió el dios Apolo. Óleo por Rubens.

En torno al cadáver de Aquiles se trabó un terrible combate. Áyax detuvo a los furiosos troyanos, que acudieron en tropel, y Ulises peleó con denuedo a su lado hasta que lograron retirar el cuerpo del Pelida (así se conocía a Aquiles por su padre mortal, el rey Peleo, esposo de Tetis) y llevárselo al campamento aqueo.

El forzudo Áyax lo transportó sobre sus hombros, mientras Ulises contenía a los troyanos. Inmenso fue el dolor de los griegos por la pérdida de su mejor guerrero; hasta el cielo llegó resonando el planto fúnebre; junto a los compañeros de armas sollozaban también por él Briseida y las cautivas. Y desde el fondo del mar acudió inconsolable la diosa Tetis para velar el cadáver de su único hijo, seguida de sus hermanas, las acuáticas Nereidas.

Luego los aqueos quemaron el cadáver con todos los honores sobre una alta pira, y celebraron espléndidos juegos atléticos, según el noble rito funerario, y repartieron en ellos magníficos premios a los vencedores.

Neoptólemo mata a Príamo. Imagen ilustrativa.

Después de la Ilíada

La Ilíada concluye con los funerales de Héctor. No se narra la muerte de Aquiles, ni la caída de Troya. Es el rey Menelao quien se lo cuenta, en su palacio de Esparta, al joven Telémaco, el hijo de Ulises. Según Menelao, Aquiles pereció antes de la toma de la ciudad, muerto a traición por una flecha disparada por el troyano Paris, hábil arquero guiado por Apolo.

Algunos de estos episodios los conocemos por un poema épico muy interesante: el Después de Homero o Posthomérica, compuesto por Quinto de Esmirna más de mil años después de Homero, imitando en lo posible al gran aedo, y continuando el relato mítico hasta el final de la gran guerra.

Ahí están relatados los encuentros resonantes de Aquiles con Memnón, príncipe etíope, el valiente hijo de la divina Aurora, y con Pentesilea, la fogosa reina de las amazonas. Este último encuentro parece cobrar un curioso aire romántico.

Legado de Aquiles

El mito de Aquiles perdura a través de los siglos, inspirando obras de arte, literatura y reflexión sobre la condición humana. Su figura encarna la búsqueda de la gloria, la intensidad de las emociones y la aceptación del destino. Aquiles sigue siendo un símbolo de valentía, fuerza y la complejidad del heroísmo.

Busto de Homero. Imagen ilustrativa.

“Unos dicen que vivió en los tiempos de la guerra de Troya, de la que incluso fue testigo ocular, otros que cien años después de la guerra, y otros, ciento cincuenta años después”, como declara el Pseudo Plutarco. Dada la variedad de relatos, el clásico “unos…otros” persigue a la biografía de Homero.

Pseudo Plutarco, en su libro Sobre la vida y poesía de Homero, nos presenta una bella historia sobre el nacimiento del poeta, que el autor atribuye a Éforo de Cime. Cuenta éste que Criteida dio a luz a un niño a orillas del río Melete y que, por esta razón, le bautizó como Melesígenes. Este niño, que después quedó ciego, cambió su nombre por el de Homero, pues “así llamaban los cimeos y los jonios a los ciegos, pues precisaban de “homeros”, esto es, de lazarillos”. Se conservan varios bustos en los que los ojos del poeta aparecen vacíos y hundidos, sugiriendo la ceguera.

Homero fue siempre considerado padre de la tragedia, pues ésta es, como señala Jaeger, “la heredera integral de la epopeya”. En la Ilíada pueden verse algunos rasgos del héroe trágico, como es su autoafirmación a través de la acción y la lucha con el destino. Su grandeza reside precisamente en esta lucha y en aceptar las graves y dolorosas consecuencias que ésa acarrea. Pero la nobleza de la acción, el honor y la gloria están siempre por encima para el héroe, incluso si alcanzarlas conlleva la muerte.

Lo notable de la Ilíada es precisamente esto, que la epopeya no termina con la exaltación de la victoria, sino con una escena de compasión. Esto supone una superación del esquema de héroe antiguo, cuya gloria era alcanzada a expensas del dolor ajeno. La compasión es la gran conquista de Aquiles y la síntesis de la Ilíada. El reconocimiento del otro y, en particular, del enemigo, es lo que lleva al autoconocimiento del héroe.

La Historia de Aquiles: El Héroe más Grande de la Guerra de Troya

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