Ana Torroja Fungairiño, nacida el 28 de diciembre de 1959 en Madrid, es una figura clave en la historia del pop español. Desde sus inicios como la voz del grupo Mecano hasta su consolidada carrera en solitario, Torroja ha dejado una huella imborrable en la música en español.
Primeros Años y Familia
Proveniente de una familia numerosa, Ana es la mayor de seis hermanos: Celia, Laura, Yago, Javier y Carlos. Su entorno familiar estaba profundamente vinculado a la música; su padre tocaba el piano, y su abuelo, Eduardo Torroja Miret, fue un destacado ingeniero civil, a quien Franco le concedió el marquesado por sus méritos en construcciones de hormigón, de las que fue pionero. También su madre, Carmen Fungairiño, enfermera de profesión fallecida en 1985, era hermana del conocido fiscal Eduardo Fungairiño. Ana, la mayor de seis hermanos, residía con su familia en la madrileña calle Raimundo Fernández Villaverde, junto al paseo de la Castellana y se educó en las Teresianas, centro entonces muy solicitado para la hijas de familias bien. La música era en su hogar una tradición, su padre tocaba el piano y siendo Ana una cría, le daba una galleta a cambio de que cantara el Frêre Jacques.
Inicios Musicales y Formación de Mecano
Con 15 años conoció en una fiesta en 1974 a un chico de su misma edad que iba a ser crucial en su destino: se llamaba José María Cano, era hijo de un importante empresario textil, también le encantaba la música y componía canciones. Durante su noviazgo, que duró tres años, cantaban a dúo de forma amateur en veladas de amigos hasta que en el 77 el se marchó a Valencia, donde permaneció dos años mientras Ana se matriculó en Económicas, carrera que abandonó al regresar el músico a Madrid en 1979. Rompieron como pareja sentimental, pero no musical, y se les unió Nacho, el hermano de José María, naciendo así el grupo Mecano, donde inicialmente José María cantaba, Nacho era guitarra y Ana hacía coros. Después, Ana pasó a vocalista mientras los hermanos componían temas que en los 80, década dorada del pop español, arrasaron dentro y fuera de nuestras fronteras.
En 1977, Ana Torroja formó un dúo amateur con José María Cano, interpretando versiones de artistas como Simon & Garfunkel. En 1979, Nacho Cano se unió al dúo, dando lugar a Mecano.
“Un chico llamado José María apareció un día con su hermano y su exnovia en las oficinas de Hispavox para venderse como una especie de cantautor”, recuerda Miguel Ángel Arenas (alias Capi) , el productor que hizo despegar a Mecano y haría lo mismo años después con otro multiventas español: Alejandro Sanz. “Yo les dije: ‘¿Por qué no formáis un grupo pop los tres?”.
Gracias al empuje de Arenas se publica en abril de 1982 el primer disco de la banda, Mecano, que contiene su primer pelotazo en toda regla: “Me colé en una fiesta”. Pero hablaba también, y sin saberlo, de cómo el grupo se coló en otro sitio más importante: la lista de Los 40 Principales.
El 11 de septiembre de 1982 llegaron al número uno con el single “Maquillaje”. “A los 17 años era famoso”, recuerda hoy Nacho Cano. “Hablábamos el lenguaje de la calle, cantábamos lo que veíamos a nuestro alrededor, diciendo las cosas de una forma muy directa y sin escándalos. Cuando fui a la ventanilla de la SGAE a cobrar mis primeros derechos tras componer Hoy no me puedo levantar, las señoras no daban crédito y comprobaban una y otra vez que los datos coincidían con mi DNI. Salí de allí habiendo ganado mucho dinero y le regalé un coche a mi padre”.
El grupo iniciaba una carrera que les llevaría a vender unos 20 millones de discos y convertirse en absolutas estrellas mediáticas.
Ana Torroja fue casi pionera en una de las peores artes del periodismo: matar a un famoso. En junio de 1982, la agencia EFE publicó una noticia que informaba de la muerte de la cantante. El fallecimiento inventado de Torroja fue el preludio de un ligero coma comercial del grupo tras el éxito inicial. Su travesía del desierto.
Su segundo y tercer disco estuvieron marcados por la fría respuesta del público, que -exceptuando singles pegadizos marca de la casa como “Hawaii-Bombay”, “Barco a Venus” o “Aire”- no mostraron demasiado interés por la producción minimalista y moderna por la que habían apostado los hermanos Cano. “Aquel sonido se adelantó a su tiempo y fue incomprendido”, ensalza Javier Adrados, seguidor de la banda desde sus inicios y autor de las biografías La fuerza del destino y Los tesoros de Mecano. “Pero sirvió para cimentar el sonido y el estilo que los llevaría a lo más alto”.
“José María y Nacho han llegado a darse de hostias, aunque luego se quisieran muchísimo”, recuerda Arenas.
Las discográficas tuvieron que intervenir. Primero, haciendo que grabasen sus temas en estudios separados. Y después, que un directivo eligiese la lista final de canciones de cada disco incluyendo el mismo número de temas de cada hermano. Los de Nacho (que hoy vive en Miami e intentó recientemente resucitar los clásicos de Mecano con el proyecto Mecandance, sin éxito) eran más enérgicos y pegadizos. Los de José María (que vive en Londres centrado en la pintura) , más líricos y solemnes. Con el éxito masivo del cuarto disco, las diferencias entre los temas de ambos se harían más relevantes -y creativamente fructíferas- que nunca.
Entre el cielo y el suelo (1986) fue publicado en un momento en el que la popularidad de la banda estaba bajo mínimos. Su cambio de discográfica (de CBS a Ariola, hoy Sony) fue visto como un suicidio por la industria: ¿quién iba a pagar por un grupo artística y comercialmente muerto?
Nacho Cano cree que la clave estuvo en la intuición de ambas partes. “Nosotros, y no solo hablo de Mecano sino de todos los grupos de mi generación, hacíamos las cosas con un sentido artístico, no nos importaba lo demás.
“Cruz de navajas”, “Hijo de la luna” o “Me cuesta tanto olvidarte” abren las puertas internacionales de Mecano, que empiezan a llenar estadios en Venezuela o México y llegan a la contundente cifra de un millón de discos vendidos.
Durante esta época un adolescente llamado Mario Vaquerizo, poseedor del carné número 6 de su club de fans, empieza a ir a sus conciertos. Es paradójico que Mario acabase siendo marido de Alaska y asalariado de su grupo con Nacho Canut, Fangoria, dada la legendaria rivalidad que existía entre ambas bandas en los ochenta. “Eso, más que cosa entre Alaska y Ana, venía de los hermanos Cano y los hermanos Canut, que habían ido juntos al colegio ”, aclara Vaquerizo.
De hecho, según Capi, ambos Nachos -Cano y Canut- llegaron a tener un efímero grupo musical junto a Eduardo Benavente, líder posterior de Parálisis Permanente.
Adrados añade: “Los Cano tiraron hacia el new romantic en vez de el punk y Mecano comenzó en la cima, no tuvo que recorrerse garitos. Eso no se les perdonó. Pero casi todos los grupos, más underground o menos, estaban formados por niños de buena familia que se compraban la ropa en Londres”.
Ana Torroja era una rara avis en tiempos de la movida, en los que la cuestión musical iba de la mano con la fraternidad nocturna por el barrio de Malasaña: ella ni vivía en Madrid ni se relacionaba demasiado con otros músicos. “Su vida, de hotel en hotel, era tranquila y metódica”, recuerda Nacho Cano.
Mecano alcanza la cumbre con Descanso dominical (1988) y Aidailai (1991) . Parece que la fórmula de dividir al 50 por ciento las tareas de composición se ha revelado magistral. Las cifras de venta a nivel mundial son estratosféricas para un grupo que canta en castellano. En esta época publican un disco en italiano y dan conciertos en Nueva York y París. En esta ciudad, en el estadio Le Zénith una noche de 1992, bailaban como locas las infantas Elena y Cristina junto a sus primos griegos. Mecano, uno de los grupos favoritos también del príncipe Felipe durante su juventud, sonaba insistentemente en Zarzuela. “La Reina se hartó de escuchar a Mecano en Palacio. ¡A ella lo que le gusta es la música barroca!”, bromea Miguel Ángel Arenas.
También en Francia consiguen un récord: tener el número uno más longevo de las listas de éxitos para un tema extranjero, gracias a la versión adaptada de “Mujer contra mujer” (“Une femme avec une femme”) . Este tema llegó a ser un rotundo éxito incluso en países donde por aquel entonces la homosexualidad estaba penada. Mecano jugaba con que una mujer cantase en masculino las letras escritas por un hombre, llevando a mucha gente a adorar la canción sin saber bien qué decía la letra.
El grupo nunca se implicó políticamente, pero sus letras progresistas provocaron más de una anécdota. En 1983, Alianza Popular intentó atraer a jóvenes votantes alegando que las juventudes de derechas también escuchaban a Mecano. A finales de los ochenta y principios de los noventa sus letras empiezan a exigir una toma de postura: hablan de homosexualidad, la invasión del Tibet por parte de China, el esclavismo o el SIDA. En su momento, desvela Adrados, Nacho Cano y Pedro Almodóvar pagaron conjuntamente los gastos médicos de amigos comunes que sufrían la enfermedad.
Ana Torroja pasaba por durísimas sesiones de grabación, en las que los hermanos -especialmente José María- le exigían la perfección. Estuvo grabando “Eugenio Salvador Dalí” hasta 14 horas seguidas.
ANA TORROJA TODO LO QUE LE PASÓ EN MECANO Y COMO SE CONSOLIDÓ COMO SOLISTA | LINEA DE TIEMPO
Carrera en Solitario
Los tres iniciaron carreras en solitario a mediados de los noventa dejando al grupo en un impass que duraría hasta 1998, cuando publicaron un recopilatorio con algunas nuevas canciones llamado Ana/José/Nacho, un disco que por contrato aún debían a la discográfica y que fue el último coletazo y un regreso fugaz.
José María anunció poco después la disolución definitiva. Él, se dice en el mundo de la música, es el más reacio a que Mecano se reúna un día.
“Ana se quedó sola -observa Capi-. Sin repertorio. Esa fue una gran putada. Ellos querían hacer ópera e instrumental, pero ¿y ella?”. A su manera, el grupo pareció volver cuando Ana hizo una gira en 2006 con sus grandes éxitos. Pero faltaban José María a la guitarra y Nacho a los teclados. “Quizá tuvo que ser así, es la magia del momento”, musita este. Más que un titular, parece una letra de Mecano.
La última gira del grupo fue en el año 92, año en que Torroja se planteó iniciar su carrera en solitario. En un estudio de Londres grabó su primer disco Puntos cardinales que presentó en el 97. Sin embargo, la promoción se interrumpió por el fugaz regreso de Mecano, que lanzó el disco Ana/José/Nacho, pero cuando se esperaba que iniciaran una gira para promocionarlo, José María anunció por sorpresa en el 98 su separación definitiva del grupo. El último vestigio de Mecano fue en 2006 cuando Torroja interpretó con Nacho Cano tres canciones por el Día mundial contra la droga en la madrileña plaza de Colón.
La cantante retomó su carrera en solitario, en la que destacan seis discos de estudio, en 2021 vio la luz su último álbum Mil razones, siendo su gira más reciente Pop tour en 2022. Anteriormente, también hizo una gira con Miguel Bosé por España, EEUU y América Latina y ha cantado junto a Raphael, Plácido Domingo y el fallecido Armando Manzanero. Fue jurado en el regreso de Operación Triunfo en 2018, ganó haciendo de "ratita" en Mark Singer en 2023 y ese mismo año en la edición de los Grammy latinos celebrada en Sevilla recibió un premio a la excelencia musical.
Vida Personal
Durante esta gala, rompiendo su norma de blindar su vida privada, dedicó unas palabras a su marido, el productor Rafael Duque. "No suelo decir estas cosas en público pero hoy me embarga la emoción. Gracias por apoyarme, ser mi refugio y mi motor".
Se casaron el 16 de mayo de 2003 a bordo de una goleta en Mallorca en una discreta ceremonia a la que solo acudieron sus hermanos y algunos íntimos, a la que siguió una fiesta que se celebró en Villa Carmen, la casa de Ana en la isla. En 2005, nació su única hija, Jara, cuando la cantante había cumplido 45 años, un embarazo que hizo público mientras actuaba en el musical Hoy no me puedo levantar. "La barriguita empieza a ser evidente, pero no me gusta hablar de estas cosas, me las guardo para mí", explicó. Torroja ha protegido a cal y canto la intimidad de su hija, con la que nunca se ha fotografiado, aunque ha dicho de ella que es "muy deportista y aventurera como yo".
Además de los aspectos más conocidos de su vida personal, Ana Torroja vivió un episodio que marcó profundamente su vida en 2008. El accidente ocurrió en Cádiz, cuando el vehículo en el que se desplazaba fue impactado por otro coche que invadió su carril. El accidente se cobró la vida de uno de los ocupantes del vehículo y dejó secuelas importantes para todos los involucrados. Ana sufrió heridas graves, aunque logró recuperarse con el tiempo. Por su parte, Esther Arroyo se enfrentó a una larga rehabilitación debido a las lesiones que sufrió. Ana ha mencionado en entrevistas que esta experiencia fue un punto de inflexión en su vida, ya que le hizo reflexionar sobre lo efímera que puede ser la existencia y la importancia de disfrutar cada momento.
Posteriormente, en 2014 Hacienda la condenó por un delito fiscal acusándola de fingir que era residente en el Reino Unido para evadir impuestos, y le impuso la pena de nueve meses de cárcel que sustituyó pagando 9.000 euros, además de una multa del 70% sobre su deuda.
Legado e Influencia
Legado en la música: Mecano sigue siendo un referente cultural. Ana se siente orgullosa de que muchas de sus canciones hayan sido versionadas por artistas de todo el mundo y utilizadas en musicales como "Hoy no me puedo levantar".
En 2024 y con planes para 2025, Ana sigue llevando su música a los escenarios, consolidándose como un ícono de la música en español.
Ana Torroja ha confirmado su participación en el Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) 2025, que se llevará a cabo en Álamos, Sonora, México. Su actuación está programada para el 24 de enero de 2025, durante la inauguración del festival, en el escenario del Callejón del Templo a las 21:30 horas.
Reflexiones Personales
Hace ya diez años desde que Ana Torroja (Madrid, 1959) se fue a vivir a México y 33 desde que Mecano se separó cuando estaban en la cima del mundo. El tiempo pasa aunque para ella, que mantiene su imagen menuda, atlética y con el pelo rubio corto (algo menos), parece ir más lento. "No, no, ya soy vintage, no engañemos al lector", se ríe durante la entrevista, que hacemos aprovechando un viaje relámpago a Madrid. Acaba de sacar una nueva canción, ‘Se ha acabado el show’, que adelanta el disco que publicará el año que viene. Pide un té que no tengo, acepta un agua y se sienta, relajada y simpática, a charlar.
¿Qué te sigue empujando a hacer música? Esa es la eterna pregunta en mi cabeza. De hecho, así arrancó el disco nuevo. Me resistía a empezar a escribir temas nuevos porque pensaba: "¿Para qué vas a hacer un disco si la gente ya sólo escucha canciones?¿Qué puedo contar que no haya contado todavía? ¿No habrá pasado ya mi tiempo?". Todas esas preguntas me las llevo haciendo años. Ya lo he contado todo, ¿para qué voy a seguir? Hasta aquí llegué. Y eso fue justo lo que me abrió la puerta a un disco de diez canciones, la propia duda. Empecé a escribir las canciones como catarsis y me sirvió para tomar distancia y perspectiva sobre esas cosas que me estaban rondando la cabeza.
Cuando hago un trabajo lo hago pensando en mí y no en el público. Lo hago en función de lo que yo necesito contar, cómo lo quiero contar y qué me pide el cuerpo en ese momento. Luego ya, cuando lo sacas, pierdes el control sobre él y cada uno se lo apropia y lo personaliza, pero yo lo hago por mí.
Nunca me he ido ni me quiero ir. Que mi vida esté ahora en México no quiere decir que no quiera saber nada de mi país. Al contrario, estoy feliz cuando vengo. Lo extraño, lo echo de menos y lo quiero con todas sus virtudes y sus imperfecciones.
Es que durante la etapa que va del ‘Descanso dominical’ (1988) hasta vuestra disolución, tras la gira del ‘Aidalai’ en 1992 [el amago de reconciliación de 1998 no fue a ningún lado] fuisteis mucho más que un grupo de éxito. Mecano fue un momento de España, un estado de ánimo. El grupo más popular [ambos discos permanecen en el Top-10 de los más vendidos de la historia de la música española] en un momento de pura euforia general. Para mí toda esa fama era difícil, sobre todo porque yo no lo busqué, me lo encontré. Mecano fue un gran accidente para mí, una serie de casualidades que fueron haciendo una bola cada vez más grande y tuve que aprender a convivir con todas esas cosas que incluso hoy me cuestan. Me encanta todo lo que tiene que ver con la creatividad y lo artístico, pero aún me sigue costando llevar el personaje en que me convirtió aquello. Lo llevo mejor, pero me sigo quedando cortadísima cuando alguien se me acerca en el súper o paseando por la calle.
Fuiste un poco el sujeto pasivo de la separación del grupo. Fue cosa de ellos y tú querías seguir. ¿Guardas rencor por ello? No, pero en ese momento no me gustó, claro. Me entró un vértigo tremendo y, además, yo soy de poner el 100% en todo lo que hago y en esos once años había dedicado mi 100% a Mecano. Dejé de estudiar, dejé cualquier otro plan y cualquier otro sueño y me dediqué en cuerpo y alma al grupo. Y, de golpe, deciden que se acabó y no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo. Dije: "Y yo, ¿qué? ¿Ahora qué hago?". También es verdad que pensé que era una separación transitoria así que decidí hacer un disco como solista. Pensé que igual que José estaba haciendo su ópera y Nacho su musical, yo hacía el mío y luego ya nos volvíamos a juntar y seguíamos igual.
