La astrología, un sistema de creencias y prácticas que sostiene que existe una relación entre los fenómenos astronómicos y los eventos humanos, tiene una historia rica y compleja que abarca miles de años y diversas culturas. Aunque sus raíces se remontan a tiempos antiguos y ha sido una parte integral de diversas culturas a lo largo de la historia, su estatus como ciencia es objeto de debate.
Carta astral mostrando las posiciones planetarias.
Raíces Mesopotámicas
Los habitantes de la antigua Babilonia, los caldeos, consideraban que los astros, igual que intervenían en el tiempo atmosférico y en el crecimiento de la vegetación, lo hacían también en los asuntos humanos, y los fenómenos celestes les servían como indicios del éxito de las acciones emprendidas. Faltos de conocimientos precisos sobre las evoluciones planetarias, se servían para sus pronósticos de los eclipses de la Luna, de su color en el ocaso y de los planetas que la acompañaban.
Mesopotamia, la tierra que fluye entre los ríos Tigris y Éufrates -el actual Irak-, fue la cuna de civilizaciones tan importantes como la sumeria (3350 a. de C.), la akkadia (2284 a. de C.), la babilonia (1800 a. de C.), o la asiria (1250 a. de C.). En esta gigantesca franja de terreno se dieron todos los componentes necesarios para el despegue súbito y repentino de varias de estas culturas hasta un estadio evolutivo inimaginable. Esta tendencia a interpretar como incidencias de causa-efecto, observada en muchas culturas antiguas como la egipcia o la americana, estuvo, sin embargo, mucho más desarrollada en Mesopotamia.
Desde el comienzo, en esta ciudad existía la creencia de que la posición de los astros en el cielo determinaba de forma exacta los deseos o intenciones de los dioses ya que éstos vivían, precisamente, allí arriba. No en vano, los babilonios pensaban que el cielo era una media naranja colocada sobre la Tierra, a través de la cual los dioses mandaban las lluvias a su antojo. De esta manera, el futuro de las personas y de todos los objetos terrestres estaba ligado de forma directa a la posición de las estrellas en el cielo, un cielo que imaginaban de metal al ser común la precipitación de piedras de esta naturaleza sobre la Tierra.
La astrología, pues, fue una de las primeras lecturas que el Hombre hizo de su entorno natural. La extrema nitidez del cielo mesopotámico y el brillo especial que desprenden allí las estrellas dieron pie a que, en Babilonia, apareciera el primer libro de astrología, y con un tamaño fuera de lo común: el propio cielo.
El Desarrollo del Horóscopo en Babilonia
El desarrollo del horóscopo fue un evento clave en la historia de la astronomía y la astrología babilónicas que tuvo lugar hace aproximadamente 2.500 años, es decir alrededor del año 500 a.C. Para que los babilonios pudieran inventar los signos del zodiaco y el horóscopo, debían primero haber observado y registrado los movimientos de las estrellas y los planetas, además de haber reconocido regularidades y patrones en estos.
Las tablillas del Mul-Apin son un conjunto de tablas de arcilla grabadas en escritura cuneiforme que datan del siglo VII a.C., y que conforman un compendio de conocimientos astronómicos tempranos que podrían remontarse incluso a varios siglos anteriores. Es decir, ya muy temprano en la historia, los babilonios desarrollaron un marco matemático uniforme dentro del cual se podían ubicar los cuerpos celestes, en particular la Luna, el Sol y los cinco planetas conocidos, entonces: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Las Constelaciones Zodiacales y el Zodíaco
Los babilonios fueron más allá de la mera observación empírica y desarrollaron varias técnicas y herramientas que les permitieron calcular y predecir matemáticamente las órbitas de los planetas y las estrellas. Así, los textos babilónicos del siglo VII a.C. en adelante, incluyen informes sobre la posición de los planetas, la Luna, el Sol o algunas estrellas en relación a las llamadas constelaciones zodiacales.
Las constelaciones zodiacales, son un conjunto de estrellas, es decir, constelaciones, a través de las cuales se mueven la Luna, el Sol y los planetas, que se extienden por toda la esfera celeste, y que cuentan con una extensión, forma y un espacio entre ellas variables. Se trata de proyecciones humanas y patrones identificados en el cielo que en cada cultura han recibido nombres diferentes.
El zodiaco, por su parte, fue una construcción matemática en base a la cual los babilonios dividieron el firmamento en 12 partes iguales de 30º cada una, y a la que le asignaron el nombre de la constelación más prominente en la misma.
Del Zodíaco al Horóscopo
Producto de la observación de las estrellas, los babilonios se regían por un calendario luni-solar. En él, el año se establecía en base a los ciclos solares y los meses en base a los ciclos lunares. De este modo, un año de 360 días se dividía en 12 meses. De forma paralela, el zodíaco, dividido en 12 franjas celestes de 30º, simplificó los cálculos matemáticos y proporcionó un marco uniforme de la posición de las estrellas, brindando infinitas nuevas posibilidades para la interpretación astrológica de los datos astronómicos.
Los babilonios consideraban las estrellas y los fenómenos celestes como señales divinas transmitidas a las personas, y más allá de su conocimiento astronómico, interpretaron las posición de los astros como el manifiesto de los designios de los dioses, dando lugar a todo tipo de interpretaciones. Por otro lado, lo convincente de sus observaciones y un sistema numérico-matemático fácilmente interpretable y traducible a todo tipo de idiomas, favoreció la transmisión del zodíaco entre diferentes culturas y a través de los siglos.
Sin embargo, la razón por la que el horóscopo ha sobrevivido hasta nuestros días como una mera superstición sin base científica sobre la que muchas personas depositan su confianza en cuestiones relativas al amor, la salud, el dinero o el trabajo, quizá sea mucho más sencilla de explicar: el horóscopo proporciona una vía rápida y fácil para la satisfacción del deseo humano de averiguar algo sobre su propio libre albedrío.
Rueda del Zodíaco griega.
La Astrología en la Época Helenística y Romana
Pero la astrología entendida como forma de adivinación había aparecido quinientos años antes de Ptolomeo, a principios del siglo III a.C., por influencia mesopotámica. Los avances de las observaciones astronómicas permitieron a los griegos predicciones mucho más amplias y variadas. En ellas tenían gran importancia los planetas y sus posiciones relativas entre sí y respecto al Sol, la Luna y las constelaciones del Zodíaco.
En el mundo griego las predicciones no estaban reservadas a los gobernantes, sino que también se realizaban para los individuos corrientes con el nombre de genetlialogía, práctica que luego se extendería a los romanos. Para los griegos, la Tierra y los hombres recibían la acción de los astros: el Sol y la Luna (llamados luminarias), los cinco planetas entonces conocidos (Saturno, Júpiter, Marte, Venus y Mercurio) y los signos zodiacales.
Los planetas, en concreto, tenían sus propios rasgos de carácter y personalidad, sentían mutuas simpatías y antipatías y -según su posición en el círculo del Zodíaco- podían estar en sus casas o en territorio hostil, lo que reforzaba o debilitaba sus efectos benéficos o maléficos y su poder. Las influencias astrales eran más significativas en ciertos momentos, por ejemplo, al ir a emprender algún proyecto o en el momento del nacimiento.
Los astrólogos, llamados «caldeos» por los griegos y «matemáticos» por los romanos, determinaban la situación de los astros en el momento para el que se hacía la consulta e interpretaban las señales que ofrecían. Los horóscopos más antiguos que conocemos están escritos sobre papiro y contienen la enumeración de la posición de los astros para el momento al que se refiere la consulta o el momento del nacimiento, lo que hoy llamaríamos «carta astral».
Algunas veces dan su aviso al consultante, como en este caso: «Año 27 de César, 5 [del mes egipcio de] Faofi en el calendario de Augusto [2 de octubre del año 3 a.C.], a la tercera hora del día: Sol en Libra, Luna en Piscis, Saturno en Tauro, Júpiter en Cáncer, Marte en Virgo, Venus en Escorpio, Mercurio en Virgo, el ascendente es Escorpio, Leo culmina, luego Tauro hace su ocaso; en el nadir, Acuario. Hay peligros. Toma precauciones durante cuarenta días por causa de Marte».
Aparte de consejos de este tipo, es raro que los horóscopos contengan predicciones, para limitar las posibilidades de equivocarse, una sabia medida si el astrólogo quería conservar la clientela.
Otros horóscopos que conocemos son los que recogió Vecio Valente, quien escribió su obra astrológica en Alejandría, en el siglo II d.C. Así, en el horóscopo correspondiente al 1 de abril del año 78, Valente explica: «El Sol, la Luna, Júpiter y el ascendente, en Aries; Saturno y Venus, en Acuario; Marte en Géminis, Mercurio en Piscis. Esta persona fue amiga de mandar y despótica, pues los regentes del trígono estaban en un centro y ascendentes, y en el mismo lugar estaban también el lote de la Fortuna, y el Demon, y la base y la exaltación.
Pero Marte, regente de estos lugares, que estaba situado desfavorablemente y sin aspecto con esa casa, tenía efectos opuestos, tanto el exilio como la muerte violenta. Porque era el regente de la conjunción». Valente también presenta los horóscopos de personas que padecieron graves enfermedades y horóscopos de personas que perecieron de forma violenta.
Astrología y Ciencia: Un Debate Continuo
La pregunta de si la astrología puede ser considerada una ciencia ha sido objeto de intenso debate. Para responder a esto, es crucial entender qué es una ciencia y cómo se evalúa la astrología bajo esos criterios.
El método científico es un proceso sistemático para investigar fenómenos, adquirir nuevos conocimientos o corregir e integrar conocimientos previos. Los pasos típicos incluyen observación, formación de una hipótesis, experimentación y análisis de los resultados para sacar conclusiones. Las teorías científicas deben ser falsables, es decir, deben poder ser probadas y potencialmente refutadas a través de la observación y el experimento.
Desde la perspectiva del método científico, la astrología enfrenta varios desafíos:
- Falsabilidad: Las afirmaciones astrológicas a menudo son vagas y lo suficientemente amplias como para ser interpretadas de múltiples maneras, lo que dificulta su refutación.
- Repetibilidad: Los experimentos científicos deben ser replicables. Sin embargo, los estudios que intentan correlacionar los horóscopos con características o eventos específicos generalmente no han producido resultados consistentes.
- Evidencia empírica: La mayoría de las afirmaciones astrológicas carecen de evidencia empírica sólida. Aunque hay estudios que han intentado encontrar correlaciones, los resultados no han sido concluyentes y a menudo son considerados como sesgos de confirmación o coincidencias.
La comunidad científica en general no considera la astrología como una ciencia. Instituciones como la NASA y asociaciones de astrónomos han señalado la falta de evidencia empírica y la falta de un mecanismo plausible que explique cómo los cuerpos celestes podrían influir en los eventos humanos de la manera que sugiere la astrología.
Sin embargo, la astrología sigue siendo popular y tiene un impacto cultural significativo.
Historia de la Astrología 🪐 Mesopotamia
El Legado Cultural de la Astrología
Aunque para practicar la astrología había que contar con sólidos conocimientos astronómicos, debieron de abundar los farsantes que abusaban de la buena fe de los inocentes, y Juvenal, que vivió en tiempos del emperador Antonino Pío, afirmaba que «no hay astrólogo talentudo que no haya sufrido condena». La astrología tampoco desapareció en el Renacimiento, cuando magnates y príncipes admitían en sus círculos a los astrólogos y se decoraban palacios y universidades con sus temas.
Lo que acabó con la astrología no fue la religión, ni la filosofía, ni la teología, sino la ciencia.
La Astronomía, por Rafael. Estancia de la Signatura, Vaticano. 1508.
Astrología Hoy
Hoy en día, la gente sigue leyendo su horóscopo para saber cómo le irá en el trabajo, en la salud, en la suerte o en el amor. En ocasiones, las personas se rigen por lo que dicta su carta astral para emprender un viaje, un negocio o alguna decisión médica. Todo esto lo puede predecir un profesional de la astrología con una buena lectura de la carta astral de cada individuo, tanto de nacimiento como de determinados momentos de su vida.
La carta astral es la representación circular mediante la cual se pueden entender las energías y ritmos del universo y saber qué influencia pueden ejercer en cada persona. Este gráfico muestra el cielo del lugar y la hora en la que nació el individuo concreto. El día en el que nacemos, los planetas están alineados en una determinada posición, con una relación entre ellos que recibe el nombre de “aspecto” y en un preciso sector denominado “casa”. Existen doce casas y cada una tiene un número, pero nada tienen que ver con los signos zodiacales.
Los signos del Zodiaco también aparecen en la carta astral. Cada 30 grados de la gráfica corresponde a un signo diferente. En total también suman doce, y cada uno representa un arquetipo psicológico. Son Aries (individualismo), Tauro (posesión), Géminis (comunicación), Cáncer (conversación), Leo (poder), Virgo (trabajo), Libra (búsqueda del equilibrio), Escorpio (transmutación), Sagitario (principios), Capricornio (social), Acuario (mundo nuevo) y Piscis (anulación del yo).
La astrología no sólo se centra en la personalidad, sino que también engloba todo lo que sucede en nuestra vida: experiencias, cualidades, carácter, defectos, virtudes y talentos, entre otros. De esta manera, mediante la carta astral, tienes la posibilidad de comprender algunas características de tu personalidad, variaciones en tu carácter y los altibajos por los que puedes pasar. También, sabrás cuáles son tus puntos fuertes para poder explotarlos al máximo y cuáles son tus mayores debilidades a las que te cuesta hacer frente.
En resumen, la astrología, con sus raíces en la antigua Mesopotamia, ha evolucionado a lo largo de los siglos, influyendo en diversas culturas y adaptándose a los avances científicos. Aunque su validez como ciencia es cuestionada, su impacto cultural y su continua popularidad demuestran su perdurable atractivo.
