El río Piedra, un cuerpo de agua dulce del nordeste de la península ibérica, fluye a través de dos comunidades autónomas españolas, dejando a su paso paisajes de singular belleza. A pesar de no ser particularmente largo, profundo o caudaloso, es uno de los principales afluentes del río Jalón y alberga una gran diversidad de flora y fauna endémica, exótica y amenazada.
El río Piedra nace en la provincia de Guadalajara, Castilla-La Mancha.
¿Dónde Nace el Río Piedra?
A pesar de que posee varios manantiales u «ojos del río Piedra», su fuente más importante está ubicada a 904 metros sobre el nivel del mar, cerca de la localidad de Cillas, en el municipio Rueda de la Sierra de la provincia castellanomanchega de Guadalajara. Pertenece a la cuenca hidrográfica del Ebro y posee una longitud de aproximadamente 76 kilómetros (aunque algunas fuentes sugieren que su longitud real es de 66 kilómetros).
Recorrido y Características del Río Piedra
El río fluye por las provincias de Guadalajara y Zaragoza, pertenecientes a las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha y Aragón, respectivamente. Atraviesa, entre otros, los municipios de Castejón de las Armas, Cimballa, Embid, Nuévalos y Rueda de la Sierra.
Debido a que presenta un régimen hidrológico de tipo pluvial mediterráneo, exhibe un caudal muy irregular. Sus aguas presentan elevadas concentraciones de carbonato de calcio, lo que produce fenómenos cársticos de meteorización al depositarse en el suelo, las rocas y las plantas del río. El origen más aceptado del hidrónimo de este río se asocia a la gran cantidad de superficies rocosas presentes en su recorrido. Dada su alta concentración de carbonato de calcio y el «efecto petrificador» que este compuesto posee, es muy común observar cómo los suelos, laderas, plantas y troncos del río están «cubiertos de piedra».
Entre sus principales tributarios se encuentran la acequia de la Laguna, la rambla del Campillo, los ríos Mesa y Ortiz; los arroyos de Campiseco, del Casarejo, del Narro y del Santo; y los barrancos de Aguilar, de los Arcos, de Badarrón, de la Ballestera, del Caidero, de la Caña, de la Cañadilla, de los Calzones, de la Cañada Meregil, de Carramonterde, de las Colmenas, de la Corzuela, de la Cueva, de los Degollados, de la Fuente del Sapo, de la Gitana, de las Grajeras, de Guijarral, de Hoya Gorda, de la Hoya del Puerco, del Juncar, de Majada Grande del Río, de Majalalar, del Manceboso, de Mingogil, de Montercillo, de la Ojosa, del Pozuelo, de los Regachos, de Valdegalindo, Valdevenar, de Valgrante y de las Vallejadas.
Desemboca en el curso medio del río Jalón por su margen derecha, a la altura del municipio zaragozano de Ateca.
Importancia Histórica y Cultural
Desde la Prehistoria, el Piedra ha abastecido a diversas tribus y pueblos; entre ellos celtas, romanos, musulmanes y bárbaros. El río Piedra pertenece a las ecorregiones bosque de coníferas de la península ibérica y bosque esclerófilo y semicaducifolio de la península ibérica. Presenta un clima mediterráneo continental con precipitaciones constantes, inviernos largos y fríos y veranos cortos y muy calurosos.
La vegetación se concentra en humeadales y bosques montanos y de ribera. El río Piedra es citado en el título de la célebre novela «A orillas del río Piedra me senté y lloré», del escritor brasileño Paulo Coelho.
Paisajes y Atractivos Turísticos
Sus aguas conforman el embalse de la Tranquera, el lago del Espejo, las Hoces del río Piedra, diversos cañones y piscinas naturales e impresionantes saltos de agua como las cascadas Cola de Caballo, Iris, Sombría y Trinidad. Aunque no es de los ríos más conocidos de la región, es un destino popular entre los turistas, senderistas, pescadores y deportistas que disfrutan de sus múltiples áreas verdes, jardines, miradores, observatorios de aves y zonas de pesca.
La Cascada Cola de Caballo, uno de los paisajes más emblemáticos del Monasterio de Piedra.
El Monasterio de Piedra
La primera impresión que tendrás al llegar aquí será la de sorpresa. Sorpresa al descubrir este insólito vergel donde el agua y la abundante vegetación reinan en medio de un paisaje árido. La misma sorpresa se encontraron los monjes que llegaron hasta este lugar y fundaron un monasterio cisterciense, allá por el siglo XII. Algunas de sus estancias se pueden visitar todavía hoy, como el claustro, la sala capitular, la cocina donde se elaboró el primer chocolate de Europa, la iglesia y su cripta, el refectorio o el lavatorio.
Puedes complementar tu visita disfrutando de una exhibición de aves rapaces y recorriendo el Museo del Vino de la Denominación de Origen Calatayud, situado en la antigua bodega del monasterio. Solo recorrer el parque del Monasterio lleva entre dos horas y media y tres horas, con mil paradas que obligan las mil bellezas que posee. Lagos, grutas, y cascadas: el Baño de Diana, la Gruta de la Bacante…. El momento cumbre es cuando cruza la mayor cascada, la cola de Caballo. En contraste con las cascadas podrás admirar las tranquilas aguas del Lago del Espejo.
Las Hoces del Río Piedra
Dos caminos señalizados permiten recorrer sin pérdida las hoces desde Torralba de los Frailes: el sendero de gran recorrido GR24, que conduce río abajo hasta Aldehuela de los Listos (10km. Y unas 3horas, solo ida) y el sendero circular de las Hoces de Torralba (9,2km) que lleva río arriba.
De cauce serpenteante, entra en la provincia de Zaragoza excavando bellos cañones y dando forma a la roca caliza, convirtiéndose así en todo un descubrimiento para los senderistas. Dejamos el coche en la localidad zaragozana de Nuévalos, donde un cartel nos indica las instrucciones para llegar a las hoces del río Piedra. Empezamos a caminar por una ruta fácil, apta para todo tipo de excursionistas. El sendero, que bordea unos campos labrados, enseguida comienza a estrecharse empezando a mostrar los bellos colores de la vegetación y los grises y rojos de las paredes calizas en las hoces.
Mientras caminamos entre carrascas, las sabinas y los enebros parecen haberse solidificado sobre las paredes de piedra, fusionando sus colores para crear un precioso tono anaranjado. Es en este punto de la ruta donde nos encontramos un merendero y decidimos parar para tomar un tentempié. Tras haber repuesto fuerzas, continuamos por las sinuosas hoces y descubrimos las brillantes chapas de piedra salpicadas por algunos escaladores. El cañón se hace cada vez más estrecho y la vegetación más espesa, mientras alcanzamos el punto más alto de rio Piedra, el mirador del Reconquillo, un precioso lugar donde conseguimos unas excelentes vistas panorámicas de todo el entorno.
Acompañados por el canto de los mirlos y el bajo vuelo de los buitres, continuamos nuestro camino durante un suave descenso en el que, poco a poco, iremos perdiendo altura sobre un sendero en el que el fresco aroma del tomillo nos lleva hasta la última parada de nuestra ruta, la Senda del Mirador.
El Río Gritos: Un Río con Historia
El Júcar, tras el Ebro, es el gran río mediterráneo de la Península Ibérica. Desde que abre sus ojos en la Serranía conquense anda despeinando los aires manchegos y besando huertas para morir entre las naranjas garras de sal de Cullera. Mientras tanto, en su corazón, un pequeño río vierte imperceptible, necesario, íntimo, rítmico, como una pequeña arteria, sus palpitantes aguas. Allá donde la escarpada dureza de la alta sierra se va esfumando y comienza la suavidad de la llanura.
Es el río Gritos. Nombre sonoro para tan poco caudal ruidoso. Sin embargo, sin querer, su eco retumba y retumba en los afilados desfiladeros del tiempo. El río Gritos parece soñar ser el Júcar y sin saberlo, atesora despierto los mismos sueños. Pues porque sus aguas nacen con las últimas nanas serranas y amamantan la fértil vega. Después abre una escarpada e indomable hoz sobre la que se erigió la primitiva Cuenca y las primeras casas colgadas, allá en la época del Imperio Romano. Y, por último, porque tiene la llave, como columnas de Hércules, de la puerta de la mitológica Mancha de Don Quijote.
Aguas del río Gritos cruzando la imponente Hoz de Valeria.
Nacimiento y Recorrido del Río Gritos
Entre dos suaves sierras, en el hondo de una vega que las aguas han ido labrando durante millones de años nace como la mayoría de ríos: tímido, pobre y cauteloso, el río Gritos. Poco que ver con lo que se espera de su nombre. Sucede esto en el paraje de Malpaso, entre los términos de Chumillas y Olmeda del Rey. Será en dirección a este último municipio hacia donde se dirija y será esta su primera parada. Salvado por dos puentes, el del Canto y el Canaleja, podríamos afirmar que el río Gritos confirma su existencia, como un niño que se hace adolescente y contempla la cruda seriedad de la vida, en Olmeda del Rey.
