El dolor de garganta es un síntoma frecuente, especialmente durante la lactancia. La mayor parte de las veces se produce por una infección vírica que se acompaña con síntomas de resfriado, como mocos, lagrimeo, estornudos y congestión nasal. Solo en 1 de cada 10 personas, la causa de la infección es una bacteria, concretamente el Streptococcus A. En estos casos el dolor de garganta suele acompañarse con fiebre, inflamación de las anginas y no suele ir acompañado de los síntomas propios de un resfriado.
¿Qué es la Laringitis Aguda?
De la mano de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), abordamos qué es la laringitis aguda, sus causas y síntomas, así como sus posibles complicaciones y tratamiento. La laringitis aguda es una inflamación de la laringe, que es la vía aérea superior donde se encuentran las cuerdas vocales. Dicha inflamación ocasiona una obstrucción de esa zona de intensidad variable.
¿A quién afecta la laringitis aguda?
La laringitis aguda afecta, sobre todo, a niños y niñas entre los 6 meses y 3 años de edad, con mayor intensidad en el segundo año de vida, aunque puede afectar a niños de cualquier edad. La laringitis representa un 15-20% de los casos de infecciones respiratorias y puede aparecer en cualquier época, aunque es más frecuente en otoño e invierno por los cambios climáticos bruscos y las epidemias de virus respiratorios.
Causas de la laringitis aguda en niños
La laringitis aguda suele estar provocada por un virus, principalmente por el virus parainfluenza, y en concreto el virus parainfluenza 1, el más frecuente y causante de, aproximadamente, la mitad de los casos.
Existen otros virus que pueden causar laringitis aguda y entre ellos se encuentran:
- Virus influenza A y B: virus de la gripe y causante de la epidemia de influenza estacional cada año.
- Adenovirus: pueden infectar las vías respiratorias, así como los ojos, el sistema digestivo y las vías urinarias.
- Virus respiratorio sincitial: es un virus muy común que causa otras infecciones en los pulmones y en las vías respiratorias en los bebés y niños pequeños, como la bronquiolitis.
Síntomas de la laringitis aguda
La laringitis aguda produce inflamación en la zona donde se encuentran las cuerdas vocales, lo que ocasiona que su síntoma más característico sea una tos seca, conocida como “perruna”, porque recuerda al ladrido de un perro, que puede ir acompañada de afonía.
Esta tos perruna puede:
- Comenzar de forma brusca (generalmente, de madrugada).
- Ir precedida de síntomas catarrales.
- Acompañarse de fiebre en grado variable y durante unos 2-3 días.
Esta infección puede aparecer acompañada de fiebre. En casos moderados y/o graves de laringitis, puede aparecer un ruido característico con la respiración, que conocemos como estridor. Este sonido es señal de que las vías respiratorias superiores están estrechadas. Este ruido aumenta cuando el niño se agita o con el llanto y, en casos graves, provoca dificultad respiratoria, similar a la que se produce en una crisis asmática.
Tipos de laringitis
La laringitis aguda se puede clasificar en:
- Laringitis leve: el niño tiene tos perruna, ronquera o afonía y puede presentar estridor cuando tose, llora o se agita, pero no cuando está en reposo.
- Laringitis moderada: al igual que la laringitis leve, se caracteriza por tos perruna y ronquera pero, en este tipo de laringitis, el pequeño presenta estridor cuando está en reposo.
- Laringitis grave: presenta las mismas características de la laringitis moderada pero en esta aumenta mucho la dificultad para respirar. Además, puede aparecer una coloración azulada alrededor de la boca cuando el niño o niña se agita.
Diagnóstico y tratamiento
La laringitis aguda puede diagnosticarse con la historia clínica y una exploración física adecuada, y no precisa de la realización de pruebas complementarias. En la exploración, el profesional sanitario debe:
- Mantener al niño en la posición lo más confortable posible (en lactantes, preferiblemente, en brazos de los padres y/o cuidadores).
- Evitar explorar la garganta, ya que puede producir empeoramiento de los síntomas.
La laringitis aguda suele ser un proceso benigno que, en muchas ocasiones, no requiere de otras medidas terapéuticas más que de antiinflamatorios y, principalmente, corticoides, estos últimos siempre bajo prescripción médica. La mayoría de los pacientes no precisan exploraciones complementarias ni hospitalización, por lo que pueden ser tratados en Atención Primaria.
Además, dado que se trata de un proceso producido por virus, no es necesario tomar antibióticos. En casos moderados y/o graves, se recurrirá a adrenalina administrada en aerosol con el fin de bajar la inflamación de la vía aérea.
Claves ante la laringitis aguda en niños:
- Evita el ambiente seco en casa. Utiliza humidificadores o permanece con el niño o niña en el baño para que respire el vapor generado por el agua caliente.
- Abrígale e intenta que respire aire frío de la calle. Aunque no existen pruebas de su eficacia, parece tener un efecto beneficioso en la desinflamación de las vías respiratorias.
- Mantén la cabeza del niño elevada en la cama. Para ello eleva el cabecero de la cuna del niño, favorecerás su respiración.
- No le fuerces a comer. Es normal que ante una laringitis, tu pequeño pierda el apetito. En su lugar, ofrécele líquidos para mantenerle hidratado.
- Acude siempre a tu pediatra. La laringitis aguda mejorar en, aproximadamente, una semana tras dos o tres días de tratamiento con corticoides, que deberán ser pautados por tu médico, y no requiere de tratamiento con antibiótico.
- Controla su temperatura. Si presenta fiebre, puedes administrarle un medicamento antitérmico (paracetamol o ibuprofeno) para bajar su temperatura corporal.
- Vigila su respiración. Si tu hijo presenta estridor -un ruido característico que aparece con la respiración- aunque esté tranquilo, tiene dificultad para tragar o babea mucho, y su dificultad respiratoria empeora, acude de inmediato al servicio de urgencias.
¿Qué es la Faringitis?
De la mano de José Antonio Quintano Jiménez, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y en Neumología y coordinador Nacional del Grupo de Respiratorio de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), desgranamos todo lo que necesitas saber sobre faringitis.
La faringitis es la inflamación de la mucosa de la faringe que, a menudo, hace que se presente dolor al tragar. La faringe, vulgarmente conocida como garganta, es la cavidad que se extiende desde la parte posterior de la nariz y de la boca hasta el comienzo de la laringe y del esófago. La faringe tiene la función de conducir el aire hacia las vías respiratorias bajas y facilitar el paso de los alimentos hacia el esófago.
La inflamación de la faringe se asocia con frecuencia con la inflamación de las amígdalas, por lo que, en la práctica clínica médica, se utiliza el término de faringoamigdalitis para referirse a esta afección. A efectos prácticos faringoamigdalitis, amigdalitis y faringitis se consideran términos similares, si bien este último se entiende como una afección más común, menos importante y menos grave.
Tipos de faringitis
Se distinguen dos formas de faringitis:
- Faringitis aguda: puede presentarse como inflamación de las amígdalas y se refiere a la inflamación de la faringe, de la úvula (campanilla), las amígdalas y el paladar blando.
- Faringitis crónica: incluye una serie de procesos inflamatorios o irritativos de la mucosa faríngea que persisten o se repiten a menudo, generalmente sin causa infecciosa, y que se pueden dar en diversas situaciones: el reflujo gastroesofágico, ante irritantes tóxicos como puede ser polvo, sustancias químicas, el humo del tabaco, o cuando la respiración es por la boca ante afecciones de la nariz que cursan con obstrucción nasal. Quien la padece presenta con frecuencia un carraspeo para tratar de aliviar la sensación de moco en la garganta, junto a un picor o dolor faríngeo y molestias al tragar.
Causas de la faringitis
En el 70-80% de los casos, la faringitis viene causada por un virus o es una manifestación más de un cuadro catarral. Entre los virus, los adenovirus son de los más prevalentes, aunque puede haber otros implicados, como el rinovirus, el virus de la gripe influenza A y B, el virus parainfluenza, el virus respiratorio sincitial, o el virus de Epstein-Barr, origen de la mononucleosis y que se manifiesta con una faringoamigdalitis de gran afectación clínica.
La causa también puede ser bacteriana, donde el agente causal es una bacteria, generalmente el estreptococo beta hemolítico de grupo A (EBHGA), y aunque su incidencia varía según la época del año y la edad del enfermo, suele ser más común en niños y adolescentes.
¿Cómo se contagia la faringitis?
La faringitis, al igual que el resfriado, se contagia a través de las pequeñas gotas de saliva que se expelen al hablar, toser o estornudar, aunque también hay factores que favorecen su aparición, como las condiciones de mayor agrupamiento familiar, la contaminación, los ambientes de humo de tabaco y también el ser fumador.
Síntomas de la faringitis
El síntoma típico de la faringitis es el dolor de garganta, pero en función de su origen -vírico o bacteriano-, se puede acompañar de otros síntomas:
- Origen vírico: además del dolor de garganta, aparece mucosidad o congestión nasal, tos, dolor de cabeza, ronquera, décimas de fiebre o dolores musculares.
- Origen bacteriano: es el caso de la faringoamigdalitis estreptocócica (anginas) y los síntomas suelen ser importantes. Se comienza con un cuadro brusco de fiebre alta, escalofríos, dolores musculares y de articulaciones, dolor de garganta, dificultad para tragar e inflamación al palpar el cuello (ganglios). Puede confundirse con gripe por la intensidad del cuadro clínico pero, junto al enrojecimiento de la garganta, aparece una importante mucosidad blanquecina que cubre las amígdalas (placas de pus blancas) y que es menos frecuente en las faringoamigdalitis ocasionadas por virus.
Complicaciones de la faringitis
La faringitis de causa viral es una afección que se cura en 4 o 5 días sin la ayuda de un tratamiento específico. No suele originar complicaciones y en caso de aparecer están vinculadas al propio resfriado, pudiendo ocasionar bronquitis y sinusitis, y especialmente en los niños, otitis.
Sin embargo, en el caso de faringoamigdalitis bacteriana estreptocócica, pueden aparecer complicaciones locales y generales:
- Complicaciones locales: la más frecuente es el abceso periamigdalino, que se caracteriza por un empeoramiento de los síntomas, con aumento del dolor que dificulta o incluso impide la deglución. Otros síntomas destacados son el aumento de la ronquera, exceso de saliva al no poder tragar, mal aliento, persistencia de la fiebre elevada e inflamación importante de los tejidos de la garganta. Se precisa tratamiento con antibiótico e intervención urgente del otorrinolaringólogo.
- Complicaciones generales: puede aparecer fiebre reumática y glomerulonefritis, dos enfermedades excepcionales hoy en día.
Tratamiento recomendado para la faringitis
Para determinar el tratamiento adecuado en cada caso, el médico debe realizar previamente un correcto diagnóstico en base a los síntomas clínicos y a los datos de exploración.
Para el tratamiento de la amigdalitis bacteriana estreptocócica se requiere antibiótico, con el objetivo de mejorar los síntomas, limitar el contagio y prevenir complicaciones como las anteriormente descritas.
En el caso de la faringoamigdalitis aguda, su tratamiento generalmente es sintomático, ya que la mayoría de las veces obedece a una causa viral, y tiene como objetivo aliviar los síntomas y acortar el curso de la enfermedad.
Consejos para evitar y/o controlar la aparición de la faringitis aguda:
- Evita los ambientes muy contaminados. Si respiramos aire con exceso de contaminación, podemos fomentar que los virus y las bacterias acumuladas en el aire entren en nuestro cuerpo y provoquen la aparición de faringitis.
- Huye de los cambios bruscos de temperatura. Los ambientes secos por la calefacción o el aire acondicionado, así como la ingesta de comidas muy calientes o bebidas excesivamente frías pueden lesionar la mucosa de la faringe.
- Protégete para evitar el contagio. Tápate la boca y la nariz al toser o estornudar, usa pañuelos desechables y lávate con frecuencia las manos para prevenir su contagio.
- Mantén una adecuada hidratación. Bebe más líquidos de lo habitual, así como infusiones calientes. Realizar gárgaras con manzanilla o agua tibia y sal aliviará el dolor en tu faringe.
- Refuerza tu garganta con una dieta rica en vitamina C. Los cítricos, las uvas y la miel protegerán tu organismo y ayudarán a mantener la garganta en buen estado.
- Si fumas, deja el tabaco. Fumar puede producir malestar en varias partes del cuerpo, pero especialmente irrita los tejidos de tu garganta.
- La bufanda, tu mejor complemento este invierno. En época invernal abrígate y sal de casa cubriéndote la garganta con una bufanda, o apuesta por una vestimenta que te cubra el cuello.
- Consulta a tu farmacéutico. Antes de tomar productos bucofaríngeos con antisépticos o anestésicos para aliviar el dolor, consulta con un profesional sanitario.
- Ante el menor síntoma, acude al médico. Si tienes dolor de garganta intenso, tus síntomas no mejoran después de tres o cinco días y aparece fiebre, consulta lo antes posible a tu médico de familia.
Gripe y Lactancia Materna
Cuando una madre lactante enferma de gripe, contagia 24 horas antes de padecer los síntomas (fiebre, tos, dolor de garganta, mucosidad, dolor muscular y de cabeza), cuando todavía ni siquiera sabe que está enferma. Por tanto, en este tiempo el bebé habrá estado expuesto al contagio.
Pero a pesar de que conocemos cuáles son los mecanismos de contagio de este virus, todavía existe la falsa creencia de que el virus de la gripe se transmite a través de la leche materna. Destetarlo es un riesgo innecesario que hacemos correr al bebé, al no ser la leche materna el transmisor de la gripe. La gripe se contagia a través de pequeñas gotas del virus que se expulsan al estornudar, toser o hablar o por contacto directo o material contaminado (vasos, manos).
Cuando una madre lactante enferma, su organismo crea anticuerpos específicos para combatir la gripe y estos anticuerpos, sí pasarán a la leche. Dejando de amamantar privaríamos al bebé de estos anticuerpos, valiosas defensas que van a protegerlo frente al virus.
Así que en estos casos, no sólo la madre puede seguir lactando, sino que es fundamental que lo haga, para resguardar al bebé de la enfermedad o en el caso de contagio atenuar los síntomas.
No olvidar que la evidencia actual apoya que los bebés alimentados con leche materna enferman con menos frecuencia, y si lo hacen, los síntomas son más leves que los bebés alimentados con fórmula. En este sentido, es aconsejable seguir amamantando para ayudar al lactante a enfrentarse a la gripe y a otras infecciones.
Eso sí, manteniendo unas medidas para impedir la propagación del virus como por ejemplo ventilar la casa. Unos diez minutos pueden ser suficientes para renovar el aire y evitar que el virus se transmita.
Otra de las medidas para frenar su propagación es el uso de pañuelo de papel para taparse la boca al estornudar o toser, desechándolos después de cada uso; no toser tapándose la boca directamente con la palma de la mano y siempre lavarse las manos con agua y jabón inmediatamente después de sonarse, y sobre todo antes de dar el pecho.
Tampoco se deben compartir alimentos, vasos o cubiertos. Es importante extremar las precauciones. Incluso es recomendable usar mascarillas o pañuelos con los que taparse la boca y la nariz cuando se vaya a dar el pecho.
La mayoría de los medicamentos usados para aliviar los síntomas de la gripe (analgésicos, antitérmicos, o algunos descongestivos, antitusivos), no suponen riesgo alguno para la lactancia.
El lavado de manos es especialmente importante durante el tiempo en los que están presentes los síntomas. Aumenta la ingesta de líquidos. Los alimentos fríos o a temperatura ambiente reducirán la sensación dolorosa al tragar.
¿Cómo lidiar contra el dolor de pechos durante la lactancia?
Antibióticos y Lactancia Materna
Es muy frecuente que os surjan dudas a este respecto. En ocasiones este vaciado debe realizarse de forma artificial -sacaleches o manual- si tu médico te ha prescrito un antibiótico que es incompatible con lactancia materna.
Es importante destacar que, por lo general, no está contraindicado dar el pecho, aunque la mujer esté enferma, si está en condiciones de amamantar. De hecho, es incluso positivo hacerlo más a menudo de lo habitual para evitar el contagio al recién nacido, ya que a través de la leche las madres transmiten los anticuerpos que lo protegerán del contagio.
Problemas médicos en las mamas durante la lactancia
No es infrecuente que durante la lactancia materna se produzcan problemas médicos en las mamas tales como ingurgitación mamaria, infección de los senos, lo que produce mastitis, o incluso llega a generar un absceso mamario.
Ingurgitación mamaria
La ingurgitación mamaria no es otra cosa que la acumulación de la secreción láctea en las glándulas destinadas a ello en ambos pechos. Se caracteriza porque las mamas aparecen aumentadas de tamaño, son pesadas, dolorosas a la palpación y pueden aparecer calientes. Suele ocurrir en los primeros días de lactancia, ya aún no se ha establecido un balance correcto entre las necesidades del recién nacido y la producción de leche.
Aunque molesto, su tratamiento es muy sencillo: se basa en mejorar el bienestar de la madre mediante aplicación de analgésicos y facilitar la succión del bebé y el correcto vaciado de la mama. Para ello, si la mama está muy indurada (congestionada) sería correcto aplicar calor local en ambos pechos y masajearlos antes de colocar a tu bebé para mamar.
Mastitis puerperal
La mastitis puerperal es la infección que se produce en las estructuras que forman la mama. Está precedida generalmente de un proceso en el que la leche materna se ha quedado estancada, sin haberse producido su drenaje correcto, y es colonizada por una bacteria que comienza a replicarse. Se caracteriza por una zona localizada de la mama que se endurece primero y después se enrojece, comienza a doler y aparece fiebre.
El tratamiento debe empezar siempre por una correcta prevención, facilitando la higiene de la zona y el correcto vaciado de las mamas durante la lactancia. Pero cuando se ha establecido la infección, es preciso un tratamiento con antibióticos, analgésicos y frío local. La lactancia no debe ser suspendida, ya que un vaciado correcto de la mama forma parte del tratamiento.
Absceso mamario
En ocasiones una mastitis grave, que no responde al tratamiento o que se ha diagnosticado tarde, puede evolucionar generando un absceso mamario. El contenido infectado de la mama va a encapsularse en lo que denominamos absceso.
Otros consejos
Afortunadamente, la tos por sí sola no entraña riesgo para la madre ni para el bebé. No hay duda de que el embarazo es una de las experiencias más transformadoras que existen, ¡en todos los sentidos!
La fisioterapia especializada ofrece una solución efectiva cuando hay problemas respiratorios durante el proceso de lactancia. Favorece la respiración nasal en vez de por la boca y nos ayuda a prevenir laringitis, otras infecciones de boca y garganta; y problemas de apnea*.
Una mala respiración durante el amamantamiento provoca que el bebé no realice de forma correcta la respiración, afectando directamente a la toma, que no se realiza correctamente.
Es muy beneficioso por sus propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias y reparadoras de la mucosa. Kiwis, fresas, cítricos y tomates. Nueces, pescado azul y aceite de oliva.
