Hera: Diosa del Matrimonio y la Fertilidad en la Mitología Griega

Hera, la todopoderosa esposa de Zeus, el dios supremo del panteón griego, cuyo nombre podría traducirse como "señora" o "dama", como el femenino de heros, "señor". Hera es una de las figuras más importantes de la mitología griega y es venerada como la Reina del Olimpo.

Procede de la generación más antigua de dioses: hija de los titanes Crono y Rea, es a la vez hermana y esposa legítima de Zeus, con quien gobierna el Olimpo. Hera es una de las doce „Olympioi“, la familia central de dioses de la antigua Grecia. Encarna los principios del matrimonio, la familia, la fertilidad y la dignidad y protección de la mujer, especialmente de las embarazadas, las parturientas y las esposas.

Hera se reconoce en el arte por su diadema, su cetro -a menudo en forma de loto-, su manto real y su trono. En las representaciones, suele aparecer entronizada con majestuosidad y dignidad, a menudo flanqueada por atributos animales. El arte antiguo la muestra a la vez como una soberana seria y digna y como una diosa protectora y edificante.

Hera Campana. Copia romana de un original griego (s. II d.C.)

Historia y Familia

Al igual que la de su esposo y hermano Zeus, la historia de la diosa Hera empieza cuando, como a sus otros hermanos, su padre Cronos la engulle nada más nacer debido a que una profecía vaticinaba que uno de sus hijos le arrebataría el trono. A pesar de que este es el mito más extendido sobre el nacimiento de la diosa, existen otros. En uno, Hera no es devorada por Cronos, y en lugar de ello es criada por tres nodrizas llamadas Eubea, Prosimna y Acrea.

Como ya te conté en el capítulo sobre los hijos de Zeus, Hera se casó con su hermano y le dio tres de sus (muchísimos) hijos: Ares, Hebe e Ilitía. Además de a estos tres Hera, sin intervención masculina, engendró a Hefesto. No es de extrañar, pues, que una de sus hijas, Ilitía, sea la diosa del nacimiento de los hijos.

Zeus y Hera, cuadro pintado por el artista irlandés James Barry entre 1790 y 1799.

El Matrimonio Sagrado de Zeus y Hera

La mayor parte de las leyendas que recogen la relación entre la pareja divina se centran más en el primer encuentro sexual entre Zeus y Hera que a su casamiento en sí. Del mismo modo que sucedía con el lugar de nacimiento de Zeus, tenemos mil versiones diferentes sobre esto. Es normal tratándose de las dos divinidades más importantes del panteón.

Una de las versiones más extendidas versa sobre la conquista que hizo Zeus de su hermana a modo de engaño, como hizo con otras tantas. Se transformó en cuco y se instaló en la montaña que más tarde llamarían la montaña del Cuco. Después de desencadenar una violenta tormenta, voló sobre Hera y se posó en su regazo. Ella sintió pena por el ave y lo arropó bajo sus ropas. Fue en ese momento que Zeus volvió a su forma original y comenzó a mantener relaciones con ella. Se sobreentiende que se trató de una violación, pues ella se resistía al ser hijos de una misma madre. Acabó aceptando cuando él le promete que la haría su esposa.

Otra versión nos cuenta que tras su crianza en la isla de Eubea, Hera fue rapada por Zeus que la llevó a Beocia y se refugiaron en el monte Citerión que el mismo Plutarco describió como «una cueva oscura que formaba una cámara nupcial natural». De hecho, en este monte y por la zona de alrededor se celebraban uno rito que festejaba en honor a Zeus y Hera, pues se hacía desfilar un ídolo de madera por el lugar. Esto se relaciona con un mito posterior a su casamiento.

En una de sus muchas discusiones, Hera volvió a su hogar, rehuyendo y escondiéndose de su marido. Zeus pidió consejo al dios titular de la montaña y este le ofreció la idea de crear una escultura de madera vestida como novia y fingir casarse con otra. Al enterarse Hera, corrió a su encuentro para detener la supuesta boda. En la mayoría de versiones, la escena se cierra con el desconcierto de Hera y la reconciliación de los dioses. Sea como fuere, la unión entre los dos dioses siempre se concibe como símbolo de fertilidad y de prosperidad.

Pero sabes que la historia de Hera es mucho más triste que este inicio que podría parecer idílico. Conoces las innumerables infidelidades de su esposo, solo que hay ver la lista casi inacabable de hijos de Zeus. Se la conoce prácticamente como la diosa cornuda, es extremadamente triste que su hijo Hefesto también adquiera este papel con su propia esposa. Debido a esto, normalmente se la muestra como una esposa injusta, rencorosa y vengativa, en pelea constantes con su marido. Sin embargo, se trata de una diosa poderosa. Su carácter y voluntad son fuertes y están a la altura de su marido, aunque suela fracasar cuando se opone directamente contra él.

¿Cómo HERA castigó a CADA amante de ZEUS? (La ira de la diosa del Matrimonio)

Hera como Garante de la Fidelidad Conyugal

Como diosa del matrimonio, Hera representaba el arquetipo de la fidelidad conyugal. De hecho, la diosa no podía soportar las constantes infidelidades de Zeus, que realmente fueron muchas y variadas.

Uno de estos casos es el de la doncella Sémele, hija del rey tebano Cadmo y de la diosa Harmonía. Cuando Hera se enteró de que Sémele estaba embarazada del principal dios del Olimpo, se disfrazó como su niñera y la persuadió para que le pidiese a Zeus que se mostrase ante ella en su auténtica forma. Así, ante la insistencia de la joven, el dios, que se negaba puesto que hacerlo significaba condenarla a muerte, finalmente cedió y cuando se mostró en toda su magnificencia, sus rayos y el fuego que estos desprendían provocaron la muerte de Sémele. Zeus pudo rescatar al niño de sus entrañas y decidió finalizar su gestación cosiéndolo a su propio muslo. Unos meses después llegaba al mundo Dioniso, dios del vino e inventor del teatro.

Io, a la izquierda aún con los cuernos de ternera, es recibida en Egipto por la diosa Isis, sentada y sosteniendo una serpiente.

Otro caso paradigmático fue el de Io, según algunas versiones hija de Ínaco, rey de Argos, y de una oceánide llamada Melia. Cuando Hera se enteró de la relación de Zeus y la doncella argiva, paradójicamente sacerdotisa de la propia Hera, esta montó en cólera e Io tuvo que ser convertida en una ternera blanca por el propio Zeus para no que no sufriese la ira de la diosa despechada. Pero Hera sabía que la delicada ternera era la propia Io y ordenó a Argos panoptes (que todo lo ve), un gigante de cien ojos, que la vigilara estrechamente.

Pero Hermes, a instancias de Zeus, adormeció al gigante (al que acto seguido mató) y liberó a Io. Furiosa, Hera envió un tábano para que persiguiera y atormentase con su aguijón a Io, lo que provocó que esta emprendiera una desesperada huida que acabó en Egipto, donde Zeus volvió a transformarla en mujer. Pero ninguna de las amantes de Zeus se libró de la ira de Hera. Leto, Alcmena, Europa, Dánae… y otras muchas atrajeron al dios supremo, y a todas ellas intentó castigarlas su esposa de la forma más cruel. Y es que la naturaleza violenta de Hera no pasa desapercibida en la mitología griega.

Otro constante en Hera es el odio profundo que siente por las amantes de su marido y a los hijos que engendró con ellas. la persecución de Leto, cuando estaba embarazada de Artemis y Apolo; la de Sémele, madre de Dionisio; la de Ío, sacerdotisa de Hera y amante de Zeus; y la de Heracles. Como habrás podido ver, dos de los mitos de persecución están relacionadas con los dioses olímpicos y, por lo tanto, hablaré de ellos a lo largo de esta pequeña saga de episodios sobre el panteón griego.

Sin ir más lejos, el propio Heracles sufrió la ira de la celosa diosa por ser el hijo que Alcmena, esposa de Anfitrión, rey de Trecén, tuvo con Zeus. Nada más nacer el futuro héroe, la diosa envió contra él dos serpientes para que acabaran con su vida mientras el niño dormía en su cuna. Pero haciendo alarde de la colosal fuerza que le caracterizaría, Heracles mató a los ofidios y luego se dedico a jugar con sus cuerpos inertes.

Existe una versión del mito que cuenta que Hera fue engañada por Zeus y amamantó a Heracles sin saber quien era. Al descubrir el engaño, lo retiró rápidamente de su pecho y entonces un chorro de su leche formó la Vía Láctea. De hecho, tal era el odio que Hera sentía por el héroe que obligó al primo de Heracles, el rey Euristeo de la Argólida, a que le encargara los famosos doce trabajos que el héroe llevó a cabo sin problema. Hera solo se reconcilió con Heracles cuando este finalmente murió y, divinizado, ascendió al Olimpo.

Tetis recibe de manos de Hefesto las armas para su hijo Aquiles, cuadro pintado por el artista flamenco Anthony van Dyck en 1630.

Descendencia de Hera

No son muchos los hijos que se atribuyen a la diosa Hera, pero entre ellos se encuentran Ares, el agresivo dios de la guerra; Hebe, diosa de la juventud y copera del Olimpo, la cual se casó con Heracles tras su divinización; Ilitía, diosa de los partos, o Eris, diosa de la discordia. En algunos mitos, Hera tiene la capacidad de engendrar descendencia sin necesidad de unión física con ningún varón. Es por este motivo que algunos autores aseguran que, celosa por que Zeus diera a luz él mismo a la diosa Atenea (que, recordemos, surgió de la cabeza del dios ya adulta y completamente armada), engendró al dios Hefesto sin aparearse con su esposo Zeus.

Pero por desgracia Hefesto nació cojo, y por este motivo una decepcionada Hera lo expulsó del Olimpo. Como castigo hacia su madre, Hefesto, que se convertiría en un hábil herrero, construyó un trono mágico para que cuando Hera se sentara en él no pudiera volver a levantarse.

Además de engendrar a estos dioses, Hera crio también a la ninfa Tetis como a su propia hija y la casó con Peleo, rey de Egina, con quien engendraría al héroe Aquiles. Además de cuidar de este, Hera crio también a algunos monstruos, como el famoso león de Nemea (al que Heracles cazó en su primer trabajo y con cuya piel se cubrió desde entonces), a la hidra de Lerna (también vencida por Heracles en su segundo trabajo) y al dragón guardián de las manzanas de oro de las Hespérides, también derrotado por Heracles en su onceavo trabajo.

Equivalentes de Hera en Otras Mitologías

Sin duda, una de las diosas que más equivalencias presenta con Hera es la diosa Juno en la mitología romana. Los romanos remarcaron aún más si cabe el papel de Juno como madre y protectora de todas las mujeres, así como de valedora de la institución del matrimonio.

Fresco encontrado en Pompeya en el que aparece representada la diosa Juno.

Pero Juno era también la patrona suprema de las madres de familia y de las esposas respetables (matronas), y bajo esa advocación era conocida con el nombre de Juno Matronalia. De hecho, el 1 de marzo de cada año, las mujeres romanas celebraban una fiesta en su honor llamada Matronalia. Juno también formaba parte de la Tríada Capitolina, el grupo de tres divinidades protectoras del Estado romano: Júpiter, Juno y Minerva. Aun así, Juno ocupa un lugar menos destacado en el panteón romano que su equivalente Hera en el griego, pero, sin embargo, es una diosa mucho más cercana a los mortales y a sus preocupaciones que la poderosa diosa griega.

Atributos y Objetos Relacionados con Hera

Hera se suele representar como una diosa imponente, vestida con un peplo (un vestido sin mangas) y sosteniendo un cetro en una mano y un lirio en la otra. A menudo, la diosa va tocada con una corona o un velo que simbolizan su posición preponderante en el Olimpo y en el panteón. El símbolo principal de Hera es el pavo real, al cual adoptó por su belleza y elegancia, y son muchas las ocasiones en las que la diosa aparece acompañada de este animal o portando consigo una pluma de esa ave.

A Hera también se la asocia con la vaca. En realidad, Hera presenta ciertas similitudes con la diosa egipcia Hathor, una divinidad que en ocasiones tiene un aspecto maternal y que también es representada como una vaca con el disco solar entre los cuernos. Finalmente, otro importante atributo de Hera es la granada, una fruta que simboliza la eternidad.

Lugares Sagrados Dedicados a Hera

El culto a Hera estaba extendido a lo largo de toda la Grecia antigua como la diosa del matrimonio y de las mujeres casadas. Como matrona de estas últimas, las ayudaba en el nacimiento de los hijos. El culto a Hera estuvo muy extendido en el mundo griego. La diosa era la patrona de Argos, donde poseía santuarios desde mediados del siglo VIII a.C. Hera también fue venerada en ciudades como Olimpia, Tirinto, Corinto y la isla de Delos.

Por otra parte, la isla de Samos, que en algunos mitos es el lugar de nacimiento de la diosa, ya era un poderoso centro de culto a Hera durante el período micénico. Allí, a mediados del segundo milenio a.C. y a partir del siglo VIII a.C., se fundó un importante santuario, el Hereo, que prosperó hasta época romana. Hera era muy apreciada también en Elis, una ciudad situada al noroeste del Peloponeso, donde las monedas acuñadas entre los siglos V y IV a.C. llevaban la efigie de la diosa.

Una curiosidad que podría ligarla con otras tradiciones es que en Estínfalo (Arcadia) era venerada en tres templos diferenciados como muchacha, esposa y viuda (Pais, Teleia y Chere), puesto que, de un modo u otro, estaba relacionada con todas las mujeres. Esto tiene una explicación mítica, pues se cuenta que Témeno, que la había criado, había erigido tres templos en su honor: uno cuando era todavía una joven virgen, el segundo en el tiempo de su matrimonio y el tercero cuando volvió a Estínfalo durante una discusión con Zeus.

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