Diana, Diosa de la Fertilidad: Origen y Atributos en la Mitología Romana

Diana es la versión romana de Artemisa. Era la diosa de los animales salvajes, la caza, la luna, la castidad y el parto.

Estatua de Artemisa (Diana romana) en el Museo del Louvre.

Orígenes y Sincretismo

Artemisa de Éfeso es una divinidad resultado del sincretismo con otras divinidades: la Diosa Madre frigia Cibeles, la Potnia Theron, “Señora de las bestias”, cretense y la olímpica hija de Zeus y hermana de Apolo, Ártemis, que, a su vez, acabó con el tiempo identificándose con Selene, la diosa griega de la luna, y la Potnia Theron.

Las divinidades indígenas de la Península Ibérica hasta la romanización de ésta parecen ser el resultado de la transformación de las deidades locales, preexistentes, a consecuencia de la influencia de los dioses fenicios y griegos, por tanto de los cultos procedentes del Mediterráneo oriental. Este proceso daría lugar al típico fenómeno de sincretismo entre divinidades de la Antigüedad, que en la península se manifestaría con la “interpretatio” ibérica de las alóctonas, principalmente orientales, que posteriormente derivarían en un segundo proceso similar, cuando Roma convirtió los territorios ibéricos en una de sus provincias.

Desde al menos el Neolítico era conocida en todo el Mediterráneo una divinidad femenina predominante, que vagamente se ha denominado Diosa Madre, señora de la fecundidad, de la vida y de la muerte, del día y de la noche, de la Naturaleza, de la vegetación y de los animales, que la cultura feniciopúnica asociaba a su divinidad Astarté-Tanit, y la griega a Ártemis y Kore-Démeter, principalmente.

Uno de los mejores ejemplos de todo lo que decimos es el de Ilici (Alcudia de Elche), ciudad ibero-romana donde se ha creido identificar las versiones de la diosa Potnia Theron, destacando su matiz de Hippon o Señora de los caballos, animales tan abundantemente representados sobre la cerámica ibérica pintada fabricada en sus alfares.

Diana en Hispania

Al estudiar la religión romana en Hispania, la doctora Vázquez Hoys encabezaba el Panteón femenino romano en Hispania con Diana. Ella fue, según esta autora, la primera divinidad femenina del Panteón hispanorromano, y esta preeminencia hizo que se planteara la problemática de su culto y las posibles causas de su protagonismo en la religiosidad hispano-romana.

En apoyo de este planteamiento podemos argumentar que la denominación que hoy tiene la población alicantina donde se quiere localizar a Hemeroskopeion, es decir, Denia, tiene su origen en el nombre de Diana, origen a su vez de su nombre romano Dianium, originado, posiblemente, por la existencia en la población de una divinidad femenina del tipo Tanit, pues la equivalencia entre Ártemis y Tanit fue heredada por sus sucesoras, respectivamente Diana y Caelestis.

Las personalidades de Venus y Diana están muy próximas en sus atribuciones, como diosas de la naturaleza y protectoras de la navegación, así como con Isis Pelagia, tal vez todas ellas herederas directas de una primitiva Diosa Madre oriental que reunía en sí todas las atribuciones que a Occidente se extendieron fraccionadas, encarnándose en diferentes diosas.

Divinidades de la vida y de la muerte, ambas diosas, Venus y Diana, juegan un papel funerario cuando son invocadas en epitafios y aparecen en sarcófagos, tal vez disimulando en su figura las características de alguna diosa funeraria oriental, como afirma también Picard quien se refiere en un pequeño estudio al papel funerario de la llamada «Venus Felix».

Atributos de Diana

Diana es la diosa de la caza, las tierras salvajes, la naturaleza y la Luna entre los antiguos dioses romanos. También se consideraba una entidad que era la diosa virgen del parto y de las mujeres.

Curiosamente, al igual que la paradójica conexión de la virgen Diana con el parto, la diosa también encarnaba otros aspectos aparentemente contradictorios, que iban desde la pureza y serenidad de los bosques y tierras salvajes hasta la naturaleza impredecible y siempre cambiante de la Luna. En ocasiones, también se la consideraba uno de los dioses romanos del oscuro mundo de los muertos, siendo así el equivalente de la diosa griega Hécate.

En esencia, pertenecía a la tríada de diosas romanas (junto con Minerva y Vesta) que eran doncellas, y la narrativa mítica a menudo la retrataba como hermana gemela de Apolo e hija de Júpiter.

El Culto a Diana

Otros cultos fueron el culto a Diana en el monte Aventino y la introducción de los Libros Sibilinos, profecías de la historia del mundo que, según la leyenda, fueron compradas por Tarquinio a finales del siglo IV a. C.

Esta diosa, Diana, es, históricamente, el resultado romano de una serie de cultos que, históricamente, se pierden en la noche de los tiempos. Tal vez remontarnos al lejano panteón ugarítico puede parecer un despropósito. Y nada más lejos de nuestra intención.

Pero existen en los cultos mediterráneos una serie de diosas cuyos caracteres están muy próximos a la diosa que estudiamos, por lo que no podemos dejar de señalar la proximidad de estas antiguas diosas, cuyas características van cambiando a lo largo de dos milenios, con diferentes divinidades del Pantéon romano. Todas ellas presentan caracteres que las asocian, en cierto modo, a la Ártemis griega, de la que como ya hemos visto, es deudora la Diana romana.

Otros sincretismos, plenamente confirmados pueden acercarnos a comprender el tema, como los que tiene con diversas diosas cananeas, Urania, Caelestis, Tanit o Astarté, como ya decíamos arriba.

Estatua de Diana en Versalles.

Paralelismos Iconográficos

Como puede observarse en las figuras, existe una confusión o paralelismo entre la iconografía de Ártemis-Diana en el baño y la «toilette» de Venus. En nuestra opinión, la figura representada, una mujer acuclillado, es la Afrodita-Venus del baño, de Doidalsas de Bitinia.

Este ejemplo iconográfico se repite, por ejemplo, en una pintura de Pompeya, donde Diana, sorprendida en el baño por Acteón, tiene una postura que reproduce la de las «Venus Médicis».

A veces, Diana aparece también en otras escenas figuradas en sarcófagos, como las que representan el rapto de Proserpina, estando presente en el momento en que éste se produce.

Y coincidiendo con ella, encontramos también este carácter en la Diana romana, que fue a veces diosa de los muertos. Su nombre figura alguna vez en epitafios, así, en las sepulturas de dos mujeres en Roma y de otra en Terracina.

También Venus era una diosa funeraria. Pero en la religiosidad romana, las reflexiones filosóficas que habían cargado de una significación nueva ya en época imperial, sobre todo, sus orígenes tradicionales, se había ejercido también sobre los mitos tradicionales griegos y romanos.

Así, ciertos fieles pedían, como ya hemos dicho, a Dioniso-Baco, a Hércules o a la misma Diana la inmortalidad que ellos habían buscado también en los misterios de Isis o en los de la Gran Madre, divinidades estas últimas a las que a veces se identificaba también con Ártemis-Diana, que estaba también muy próxima a otras diosas.

La diosa Diana en 2 minutos

Diana cazadora.

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