Desmond Doss: El Héroe Adventista y Objetor de Conciencia en la Segunda Guerra Mundial

La historia de Desmond Doss es un testimonio de fe inquebrantable y valentía en medio del horror de la guerra. Nacido el 2 de febrero de 1919 en Lynchburg, Virginia, Desmond Doss fue criado en un ambiente muy religioso, ya que su familia era creyente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Influido desde muy pequeño por las enseñanzas de la Biblia, y en particular por el mandamiento de "no matarás", Desmond cumpliría toda su vida a rajatabla ese precepto.

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, Desmond aceptó ser reclutado en la primavera de 1942 ya que creía que la guerra que se estaba llevando a cabo contra la Alemania nazi era algo justo, y además deseaba servir a su país. Pero para salvar vidas, no para quitarlas. En abril de 1942 Doss se alistó en el ejército de Estados Unidos. Pero debido a sus creencias se negó a llevar o utilizar armas, manifestando en reiteradas ocasiones que nunca dispararía contra nadie.

Debido a su decisión de no utilizar ni llevar armas, fue declarado objetor de conciencia y fue destinado al servicio médico. De esta forma, se convirtió en el primer objetor de conciencia de Estados Unidos. Lo que ocasionó las burlas y comentarios de sus compañeros. Para el joven Doss, aquella no fue una época fácil. Era acosado verbalmente por sus oficiales con exclamaciones como: "Doss, cuando entremos en combate, me aseguraré de que no regreses con vida", o por la noche, mientras rezaba junto a su cama, sus compañeros se burlaban de él y le lanzaban las botas y todo tipo de material militar a la cabeza.

Negándose desde el primer día a portar un arma, algo que en condiciones normales le hubiera costado un consejo de guerra, hubo algunos puntos a favor de Doss. El hecho de presentarse voluntario y de ser miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (un hecho valorado positivamente en esa época) hizo que Doss fuese incluido en el cuerpo médico de la 77 División de Infantería, destinada en la isla de Guam, en el Pacífico. A pesar del rechazo que sufría por parte de todos, Doss se aferró su fe para seguir adelante y cumplir con su objetivo de convertirse en un soldado ejemplar.

Como dice el Evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Desmond Doss no empuñó un arma, pero sostuvo la vida hasta el último hombre. Y, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “la caridad es la virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos” (CEC 1822).

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), más de 70.000 las personas fueron definidas como objetores de conciencia. La mayoría eran hombres cuyas profundas convicciones religiosas los hacía contrarios a la guerra. Algunos, directamente, se negaron a servir en el ejército, pero hubo otros que a pesar de todo sí se unieron a las fuerzas armadas.

Normalmente, las funciones de estos hombres no estaban relacionadas con la primera línea de combate, ya que muchos fueron médicos o capellanes. Pero de entre todos aquellos hombres destaca la historia de uno, Desmond T. Doss, un objetor de conciencia que sí participó en las batallas aunque su pacifismo le impedía empuñar un arma.

El 5 de mayo de 1945, el batallón de Doss realizó un ataque anfibio al archipiélago de Ryukyu para tomar una posición japonesa situada en lo alto de un acantilado. Cuando empezaron a escalar la pared casi vertical, los soldados norteamericanos se encontraron entre el fuego cruzado japonés. Los marines fueron cayendo uno a uno bajo el fuego enemigo. Al ver aquello, y a pesar de ir desarmado tal como le dictaba su conciencia, Doss se lanzó al rescate de los heridos, mientras sus compañeros se escondían en el primer agujero que encontraban para escapar de las balas. La determinación de aquel hombre salvó la vida de 75 soldados, a los que uno a uno fue cargando sobre sus hombros con la intención de sacarlos de aquel infierno.

Desmond Doss es condecorado el 12 de octubre de 1945 por el presidente Harry S. Truman.

La batalla fue dura y encarnizada, Doss permaneció en medio de aquel infierno. De forma heroica logró salvar la vida de 75 compañeros, llevándolos al borde del acantilado y bajándolos con cuerdas. Todo esto hizo que entre sus compañeros naciese un gran respeto hacia su persona, debido a su valor.

El 21 de mayo, Desmond Doss resultó herido por el estallido de una granada cuando se hallaba escondido junto a dos fusileros en un agujero provocado por un obús. La explosión le hizo saltar por los aires y la metralla se le clavó en la pierna hasta la altura de la cadera. Aturdido e intentando ponerse de nuevo a salvo, fue alcanzado por un francotirador que le hirió en un brazo. A pesar de la gravedad de sus heridas, cuando estaba a punto de ser evacuado en camilla, Doss solicitó que se llevaran antes a otro compañero con heridas de mayor gravedad. Antepuso la vida de otro a la suya propia. Pero Doss logró salvarse a pesar de todo. Se entablilló como pudo el brazo herido con un fusil abandonado en el campo de batalla y, arrastrándose, logró llegar hasta el hospital del campamento.

En una solemne ceremonia que tuvo lugar el 12 de octubre de 1945, el entonces presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, hizo entrega de la Medalla de Honor de las fuerzas armadas a Desmond Doss con estas palabras: "Estoy orgulloso de ti. Realmente te lo mereces. Considero que esto es un honor más grande que ser presidente". Doss fue el primer objetor de conciencia en ser condecorado durante la Segunda Guerra Mundial.

El objetor diría más tarde: "Siento que recibí la Medalla de Honor del Congreso porque guardé la Regla de Oro que leemos en Mateo 7:12. 'Todo lo que quisieras que te hicieran los hombres, hazlo así con ellos'". Años después, uno de los compañeros de Doss llamado Fred Headrick, que había combatido en Okinawa, declararía en una entrevista para la cadena NBC News: "La mayoría de todos ellos (los soldados que habían sido condecorados con la Medalla de Honor) recibieron su medalla por matar a alguien. Desmond Doss se casó dos veces, una en 1942, con Dorothy Schutte, con quien tuvo un hijo, y, tras enviudar, en 1993 con Frances Duman.

Tras la guerra, Doss seguiría toda su vida muy ligado a la Iglesia Adventista, ejerciendo actividades benéficas y explicando su historia a todos aquellos interesados en escucharla. De hecho, la humildad fue una de sus mayores virtudes. Siempre dijo que había salvado a cincuenta compañeros, aunque el ejército de los Estados Unidos aseguró que habían sido más de cien. En todo caso, la Medalla de Honor que se le otorgó no fue el único reconocimiento que recibiría Doss. El 10 de julio de 1990, un tramo de la Autopista de Georgia, entre la US 27 y la Autopista de Georgia 193 fue renombrado como "Autopista Medalla de Honor Desmond T.

Doss sufriría graves problemas de salud. Cuando terminó la guerra del Pacífico, Desmond volvió a casa enfermo de tuberculosis, enfermedad que acabaría costándole la pérdida de un pulmón, lo que le causaría graves dificultades respiratorias el resto de su vida. En 1970 contrajo una sordera irreversible a causa del exceso de antibióticos que tomó para curar una enfermedad (aunque en 1988 se sometió a un implante coclear para recuperar el oído). Con todo, Desmond Doss logró vivir hasta los 87 años, cuando murió a causa de sus dificultades respiratorias el 23 de marzo de 2006. Este héroe de guerra que no disparó en su vida ni una sola bala descansa para siempre en el Cementerio Nacional de Chattanooga, en Tennessee.

La historia de Desmond Doss fue llevada al cine en la película "Hasta el Último Hombre" (Hacksaw Ridge) dirigida por Mel Gibson.

Este Hombre Logró Ganar La Guerra Sin Disparar Una Sola Bala

El Legado de Desmond Doss

La historia de Desmond Doss resuena con fuerza en el mundo actual, ofreciendo una perspectiva única sobre el heroísmo, la fe y la convicción personal. Su vida nos invita a reflexionar sobre:

  • La importancia de la coherencia entre nuestras creencias y nuestras acciones.
  • El valor del pacifismo y la no violencia en un mundo conflictivo.
  • La capacidad de marcar la diferencia, incluso en las circunstancias más adversas.

Su historia es un recordatorio de que el verdadero valor de un hombre no reside en su capacidad para tomar una vida, sino en su disposición para salvarla.

Tumba de Desmond Doss en el Cementerio Nacional de Chattanooga, Tennessee.

Henry Daniel López: Otro Héroe con Raíces Asturianas en Okinawa

Es importante destacar que Desmond Doss no fue el único héroe en Okinawa con raíces en otros lugares. El proyecto de investigación "Asturians under american flag" ("Asturianos bajo bandera americana"), ha logrado rescatar 300 biografías de descendientes de emigrantes asturianos que lucharon en las filas del ejército de Estados Unidos durante la II Guerra Mundial y en otros conflictos posteriores como la guerra de Corea o la de Vietnam. La mayor parte de ellos eran hijos de asturianos que se habían establecido en Tampa (Florida). Muchos de ellos lograron brillantes hojas de servicio y algunos, la más altas condecoraciones del Gobierno estadounidense.

Un ejemplo de ello es Henry Daniel López, nacido en St. Louis (Missouri) el 8 de enero de 1914, hijo de Manuel López y de María R. López, ambos del pueblo candamín de Santoseso. Henry López fue herido en Okinawa, pero sobrevivió a una batalla de la que justo ahora se cumplen 80 años y que se cobró un cuarto de millón de bajas (se estima que unos 150.000 muertos civiles) a lo largo de 82 días de intensos combates. La ferocidad fue tal que, entre los japoneses, Okinawa se recuerda como el “tifón de acero”.

Antes de la guerra, Henry trabajó como técnico de mantenimiento de edificios. Se alisó en Camp Upton Yaphank, New York. El 23 de marzo de 1942 fue asignado a la Compañía "C" del 307 Regimiento de Infantería en Fort Jackson, Carolina del Sur, que formaba parte de la 77 División, apodada “Estatua de la Libertad”. En esta fecha Henry D Lopez es ascendido a Tech. Sgt (“sargento técnico) de la Compañía C.

En Hawái, reciben formación avanzada de combate en la jungla. El primer destino de combate seria la Isla de Guam desde el 21 de julio de 1944 hasta el 2 de noviembre. El día 23 de ese mismo mes toman parte en las operaciones de desembarco en Leyte. En estos combates, Henry López recibe sus primeras heridas, el 30 de enero de 1945.

La misión de la 77 División es asegurar la isla de Ie-Shima. Tras seis días de combate esa división registraría 1.047 bajas. El 22 de abril, la Compañía C, de la que forma parte el asturiano Henry López, desembarca en Agushi Beach (Yellow Beach 2) y el día 29 comienza el asedio a Maeda Scarpment -también conocido como “Hacksaw Ridge”-. donde Henry D Lopez y cinco compañeros son heridos por metralla y evacuados de la isla.

Cuando regresó a su unidad, el 24 de agosto, las dos bombas atómicas ya habían caído sobre Hiroshima y Nagasaki, el mundo había visto los efectos de un nuevo poder nuclear y Japón ya se había rendido incondicionalmente el 15 de agosto. El día 24, Henry López se incorporó a su división. La 77 fue destinada a Cebú, en Filipinas, a la espera de ser enviada a Japón para colaborar en tareas de desmilitarización. Henry se licenciaría, por llegar a los 80 puntos, exigidos, el 21 de octubre de 1945.

Tras la guerra, este hijo de emigrantes asturianos que luchó en Okinawa trabajó durante 25 años en la firma textil J.P. Stevens. Era aficionado a la escritura y a la música clásica y a la ópera, el gustaba escuchar a Luciano Pavarotti. En 1977 publicó sus memorias de guerra en el libro titulado “From Jackson to Japan”. Tras su retiro, residió en Daytona Beach (Florida). Falleció el 22 de marzo de 2003.

Mapa de la Batalla de Okinawa.

El Personal Médico Sanitario en la Guerra Civil Española

A través de Hasta el último hombre (2016) y de su personaje principal, Desmond Doss, queremos analizar y explicar cuál fue el papel desarrollado por el personal médico sanitario del Cuerpo de Ejército de Euzkadi durante la Guerra Civil española mientras éste estuvo activo, 1936-1937.

La Sanidad Militar de Euzkadi se creó tras la aprobación del Estatuto, el 13 de octubre de 1936, y su primer jefe fue el doctor Fernando de Unceta Iza. Sanidad Militar no dependió del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, sino que fue un organismo del Departamento de Defensa que dirigía José Antonio de Aguirre3.

Las autoridades de Sanidad Militar comprendieron que la guerra no es un campo destinado para la improvisación5, por lo que desde el primer momento delimitaron las funciones del médico, enfermeros y camilleros de los batallones, unidades principales de combate en el teatro de operaciones vasco.

Todos los batallones del Cuerpo de Ejército Vasco contaron con una sección de Sanidad Militar, que, en cuanto a mando directo, permisos, cambios de destino y reportar incidencias dependía de la propia Sanidad Militar y no del batallón. El número de sanitarios en los batallones fue modificado por las necesidades de la propia guerra.

En un principio, octubre - noviembre de 1936, un batallón contaba con dos médicos, pero la necesidad de crear nuevos batallones obligó a reducir ese número a sólo uno, debido a la escasez de personal médico con edades comprendidas para acudir al frente de combate.

Las funciones del médico de batallón:

En el campo de batalla, los deberes primordiales del médico de batallón eran los de tratar rápidamente las heridas y la pronta evacuación de los heridos a los coches ligeros o ambulancias, para que los trasladasen a los hospitales oportunos.

El médico era asignado al batallón antes de que éste partiera al frente de combate, teniendo la obligación de instruir a los soldados en el empleo de las bolsas de cura individual. Para ello era necesario dotar al médico de autoridad militar, por lo que en un primer momento fueron nombrados tenientes, siendo ascendidos en diciembre de 1936 al grado de capitán.

En la localidad, cuartel o sector en el que estuviera destinado el medico debía de instalar un hospital de primera línea, aproximadamente a unos 1.500 o 2.000 metros del frente de combate, techo que también se aprecia en la película Hasta el último hombre.

Su equipo sanitario sería una bolsa de urgencia que contaría con gasas, algodón, vendas, yodo, alcohol, linimento, pomadas antisépticas, jeringas e inyecciones estimulantes8. El personal auxiliar, como los acemileros y sus mulos, estarían bajo su mando, por lo que la correcta evacuación de heridos también correspondería a los enfermeros.

Eran escogidos entre los soldados más fuertes y aguerridos de batallón. Entre los capitanes médicos y mandos militares existieron muchas discusiones a cerca de la figura del camillero. Los capitanes médicos solicitaron una plantilla fija de camilleros, logrando alrededor de 19 por batallón, mientras que los mandos militares deseaban que el camillero realizara la función de soldado-camillero y que sólo dependiese del médico en el momento sanitario.

Este hecho implicaba que el soldado-camillero hiciera guardias y demás funciones militares, hecho que no aprobaban los médicos, ya que, llegado un momento de necesidad sanitaria, el soldado-camillero podía estar saliente de una guardia o de cavar trincheras y sus capacidades físicas mermadas.

La camilla no debía ser llevada sobre los hombros, sino con las manos, para vigilar al herido y evitar que éste cayese al suelo. Algunos de los testimonios recogidos por distintos combatientes califican a los camilleros y enfermeros como cobardes, tal y como se aprecia también en la película, ya que algunos de los compañeros y oficiales de Desmond Doss lo apodan como Desmond el cobarde.

Ser enfermero o camillero era un riesgo mayor que el de un combatiente, ya que mientras que éste permanecía a cubierto o repeliendo el fuego, el personal sanitario debía de moverse de un lado a otro recogiendo heridos, representando en muchos casos un blanco muy fácil al ir cargados con heridos (Foto 3).

Los batallones contaban con varios practicantes que en muchos casos realizaban la labor de ayudantes de médico en el puesto de socorro del batallón. Al igual que el médico, el practicante era personal técnico cualificado, por lo que su número era escaso y debía de permanecer en retaguardia, ya que su trabajo no se podía realizar bajo fuego enemigo.

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