La ansiedad es un sentimiento normal de temor ante situaciones amenazantes o difíciles; se estima que 1 de cada 10 personas sufre algún episodio de ansiedad en algún momento de su vida. La ansiedad por sí misma no es mala, ya que nos alerta y nos motiva para hacer frente a los peligros. En realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialmente peligrosas. En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente.
Los trastornos por ansiedad son, en conjunto, la enfermedad psiquiátrica más frecuente. La ansiedad generalizada se da en un porcentaje del 3 al 5 por ciento de los adultos (en algún momento durante el año). El trastorno de pánico es menos frecuente y se diagnostica a algo menos de un 1 por ciento de la población.
Comprender tu ansiedad será la diferencia entre padecerla o aprender a gestionarla, ya que la ansiedad no desaparece por arte de magia, pero disminuye cuando se comprende y se enfrenta con acompañamiento.
¿Qué es la ansiedad y por qué es importante comprenderla?
La ansiedad se produce como una alerta constante que vibra en el cuerpo incluso cuando todo está en calma. Aunque es una emoción natural diseñada para protegernos, cuando se vuelve excesiva o crónica puede convertirse en un trastorno que afecta nuestra vida diaria. Su función original es adaptativa: prepararnos para huir o actuar ante el peligro inminente.
Entender qué es la ansiedad
La mayoría de las personas piensan que la ansiedad es una especie de enfermedad, algo que sobreviene de forma ilógica con el único objetivo de desmontar sus vidas. Este tipo de creencia nos puede limitar enormemente pues sucumbimos a la culpa, a la desesperación y a la búsqueda de remedios instantáneos que nos la quiten de encima. Éste es uno de los principales errores que cometemos a la hora de entender por qué sufrimos ansiedad.
Es por este motivo, que es tan importante comprender que la Ansiedad forma parte de la vida y que solo cuando se convierte en un TRASTORNO DE ANSIEDAD es el momento donde surge el problema.
Así pues, la ansiedad no es más que una reacción saludable que activa a nuestro organismo cuando está delante de una situación de peligro o amenaza, sea ésta real o imaginaria. Es decir, nuestro cuerpo reacciona para ayudarnos a enfrentar la situación. Por ejemplo, si voy por el bosque y escucho un ruido extraño, mi organismo activará en milésimas de segundos una reacción psicofisiológica (cuerpo y mente) para ayudarme a atender esa posible amenaza (jabalí a la vista) y poder combatirla o salir huyendo de ella.
Hasta aquí todo bien, pero el problema es cuando esta reacción se activa de forma continua y, además, lo que la activa son mis propios pensamientos, coger el coche o algo tan inconsciente en mí que no logro entender ni siquiera qué la provoca. En este caso, hablamos de ansiedad patológica que, mantenida en el tiempo, suele provocar el desarrollo de algún tipo de los trastornos de ansiedad.
Ansiedad y cerebro
También es importante tener en cuenta que, si sufrimos un trastorno de ansiedad durante mucho tiempo, nuestro cerebro quedará condicionado.
No es lo mismo tener un episodio aislado de ansiedad a que ésta nos acompañe de forma disfuncional durante años. Cuando esto es así lo primero que debo comprender es que mi cerebro está condicionado.
Es decir, el cerebro es un órgano al igual que lo es un riñón, el corazón o un pulmón. Si cualquiera de nuestros órganos sufre durante tiempo un maltrato de cualquier tipo, por ejemplo fumar, está claro que luego cuando deje de fumar mis pulmones necesitarán un tiempo para rehabilitarse y volver a funcionar de una forma sana. Pues nuestro cerebro es igual, si durante tiempo sufre mucho por esta condición, luego necesitará tiempo para rehabilitarse y aprender a procesar de una forma sana para nosotros.
Por tanto, esto significa que necesitaremos tiempo para desensibilizar nuestra amígdala (centro neurálgico del miedo), aprender a activar nuestro córtex prefrontal (centro de la regulación emocional, control de los impulsos y otras funciones ejecutivas superiores) y otras zonas cerebrales como el área de broca que suele estar afectada cuando hemos vivido un trauma.
No obstante, la gran suerte es que, como nuestro cerebro es plástico, reacondicionar todo esto es posible gracias a la capacidad que tiene el cerebro de adaptarse a nuevas experiencias vitales.
Es importante que primero entendamos lo que ha provocado el desarrollo de nuestro trastorno de ansiedad...para así actuar primero sobre la causa y, luego, sobre la rehabilitación (lo que puedo hacer para mejorar).
Motivos principales que producen ansiedad: las causas más frecuentes
Desde elementos relacionados con la genética hasta las condiciones de vida, existen diferentes motivos de la ansiedad. Si trabajas bajo presión y sin descansos adecuados, tendrás un aumento del cortisol por que se produce la ansiedad. Cuando las exigencias laborales, familiares o personales superan nuestra capacidad de respuesta, el cuerpo entra en un estado de alerta constante.
Otros factores pueden desencadenarlo o bien pueden hacer que se mantenga en el tiempo. Hay factores constitucionales, somáticos, de carácter psicológico y otros que son más ambientales. El INAD ha sido pionero en la búsqueda de factores genéticos y, especialmente, de factores corporales como la curiosa alteración de las fibras de colágeno del cuerpo, más frecuente en pacientes con angustia.
La ansiedad es uno de los principales motivos de consulta psicológica actualmente. Se trata de una tipología de trastorno psicológico que se asocia a una diversidad de causas relacionadas con múltiples factores:
- Factores de índole social (relaciones sociales, familia, pareja…)
- Factores de índole cultural (creencias, religiosidad, ideales…)
- Factores relacionados con patologías de naturaleza orgánica (enfermedades físicas…)
- Factores relacionados con patologías de naturaleza psicológica (trastornos psicológicos, situaciones traumáticas…)
- Factores relacionados con el entorno, coyunturales o estructurales, como puede ser una pandemia, una catástrofe natural, un golpe de estado, una guerra…
La ansiedad se desencadena cuando una situación determinada es capaz de generar en la persona la expectativa de que su resolución va a ser negativa o que tal situación va a tener consecuencias negativas. Una reunión profesional con tu jefe y pronosticas que te va a reñir o que te va a despedir, un familiar padece una enfermedad grave y prevés que tiene difícil solución…
En numerosas ocasiones, determinadas situaciones o estímulos desencadenan la ansiedad al reactivar redes neuronales vinculadas a experiencias previas dolorosas, la sintomatología de este tipo de ansiedad está asociada a vivencias del pasado que no se han asimilado de manera adecuada. Esas situaciones o estímulos activan tales vivencias negativas del pasado que actúan como “disparadores” de la ansiedad.
Ansiedad y ataques de pánico: qué son y cómo afrontarlos
Causas circunstanciales
Hechos traumáticos como un accidente de tráfico, un atentado o un incendio pueden provocar ansiedad; en estos casos, el sentimiento de ansiedad puede desaparecer cuando concluye el problema o bien permanecer durante meses o años.
- Consumo de drogas: Las anfetaminas, el éxtasis o el LSD son sustancias estupefacientes que pueden causar ansiedad.
- Experiencias vitales significativas: Sin llegar a ser traumáticos, cambios vitales en el presente como un embarazo, o incluso alteraciones en el ámbito laboral (un despido, un ascenso, etcétera) pueden producir ansiedad.
Factores Genéticos
Si en tu familia hay antecedentes de ansiedad, es probable que tu cerebro sea más reactivo. Además, también se sabe que áreas cerebrales como la amígdala (encargada de procesar el miedo) pueden estar hiperactivas.
Muchas personas empiezan terapia sosteniendo una gran culpa por no poder cambiar. Es decir, por no poder hacer aquello que les dicen que hagan para estar mejor. Piensan que es cuestión de voluntad y esfuerzo, pero olvidan que todos venimos de algún lugar.
¿Te has parado a pensar a qué persona de tu familia te pareces? No busques un problema de salud mental, solo reflexiona sobre lo siguiente:
Si soy alguien nervioso, que me cuesta confiar, con miedo, impulsivo, alarmista, muy activo, etc. Es decir, si de base siempre he tenido una personalidad un tanto “ansiosa”, ¿A quién de mi familia diría que me parezco?
Esta reflexión es la misma que preguntarse si me parezco a alguien de mi familia a nivel físico. Seguro que no eres “igual” que tu padre o tu madre, pero, ¿a quién dirías que te pareces físicamente más? Seguro que te ha salido una respuesta, ¿verdad?; pues ahora, haz la misma reflexión con tu personalidad y tu ansiedad: ¿A quién te pareces más?
De igual modo, hay que tener en cuenta que una predisposición genética no significa que sí o sí tus padres sean ansiosos o que ésta sea tu causa. No obstante, por experiencia clínica, suele haber un gran porcentaje de personas que sufren ansiedad y progenitores que, o también la han padecido o a nivel personalidad suelen ser nerviosos, impulsivos, miedosos, etc.
Traumas
El cerebro graba como una huella profunda las experiencias difíciles. Así, por ejemplo, una persona que sufrió abuso emocional en la infancia puede sentirse insegura en entornos nuevos o autoritarios, y desarrollar ansiedad social.
Otra causa de la ansiedad es haber sufrido una situación traumática en algún momento de nuestra vida y, en especial, durante la infancia y la adolescencia.
Es importante entender que un trauma no es solo algo catastrófico como un abuso, un abandono, un accidente de gravedad o similar... Un trauma es cualquier experiencia que la persona haya vivido que, ya sea por la edad o por la falta de recursos, le haya abrumado a tal magnitud que superó la resistencia de su organismo, en concreto de su cerebro, para poder sostenerlo y procesarlo de una forma saludable.
De igual modo, es importante entender que no todas las personas que han sufrido una situación traumática desarrollan un trastorno de ansiedad, pues desarrollarla depende de la predisposición genética que hablábamos antes, así como de los propios recursos que la persona posee en el momento de vivir el episodio traumático.
No obstante, el mayor problema es que la persona no es consciente o no relaciona sus vivencias traumáticas con el desarrollo del trastorno de ansiedad y esto puede darse por varios motivos:
- Cuando ocurre el trauma, la persona se resuelve porque no le queda otra que sobrevivir a la situación y, en consecuencia, los síntomas aparecen mucho más tarde. Esto dificulta que la persona asocie lo vivido a los síntomas de ansiedad por qué no logra establecer una relación de causa-efecto.
- Porque el trauma vivido ocurrió hace tanto tiempo que la persona ha ido normalizando los síntomas de ansiedad hasta que estos se catapultan, quizás años después, a raíz de un incidente que se vive de forma banal (no se le da importancia) pero que está relacionado con lo que la persona vivió como traumático en el pasado (disparadores del trauma).
- Porque el trauma en sí no es un hecho puntual, sino una dificultad que la persona tiene para adaptarse a una nueva situación en su vida. Por ejemplo, un duelo relacionado con un familiar, con la pérdida de la pareja, con un trabajo o con una enfermedad (lo que llamamos un trastorno de adaptación).
- Y, finalmente, porque puede ser que el trauma se desarrolle en el tiempo a causa de mantener relaciones disfuncionales que suelen estar relacionadas con el sistema de apego de la persona.
Estrés
Si consumes café en exceso o tienes condiciones como hipertiroidismo, tu cuerpo puede sufrir alteraciones químicas y hormonales que aumentan la ansiedad.
Es importante destacar que lo comentado hasta ahora son causas subyacentes a la ansiedad, es decir, causas que pueden venir de muy atrás en la historia de la persona. No obstante, debido al tipo de vida que llevamos en el presente, cualquier persona puede sufrir un ataque de estrés o ansiedad.
Y es que vamos en automático sucumbiendo a un estrés constante, no solo a nivel laboral, sino en todos los ámbitos de la vida. Parece que el reto actual es poder aburrirse sin recurrir al smartphone, las redes sociales u otra distracción que nos alivie cualquier malestar percibido. Es importante que tengamos en cuenta que este estrés sostenido en el tiempo implica altos niveles de cortisol en nuestro organismo.
Al cortisol le denominamos la hormona del estrés y esto es así porqué si mantenemos un estrés constante esta hormona correrá en abundancia por nuestro organismo provocándonos muchas dificultades y dolencias como insomnio, dificultades metabólicas, alteración del sistema inmunológico, desajustes hormonales, ansiedad, depresión entre otros problemas de salud.
Es por este motivo que, en Ilusióname, también trabajamos a través de la psiconeuroinmunología clínica para poder diagnosticar este tipo de alteraciones y así incidir en esta causa de la ansiedad a través del cambio de hábitos, la alimentación, la suplementación y el trabajo psicológico.
Trastornos de ansiedad específicos
Si sufres de alguna fobia o trastorno de ansiedad, puedes tener reacciones exageradas ante escenarios comunes, como hablar en público o salir solo. La fobia social, el trastorno de pánico o la ansiedad por enfermedad involucran reacciones intensas del cuerpo y la mente ante situaciones como hablar en público o visitar al médico.
Los trastornos de ansiedad específicos provocan reacciones intensas ante desencadenantes concretos y causan malestar o evitación significativa.
Malos hábitos
Si duermes mal, comes de forma desequilibrada o no haces ejercicio, es probable que sientas fatiga física y mental que intensifique la ansiedad. En otras palabras, si solo duermes 4 horas por noche y te alimentas mal puedes sentirte irritable, triste o con dificultad para concentrarte.
Apego inseguro
Como podemos intuir, estar cerca de una figura de apego es tan importante para el ser humano que el cerebro posee un mecanismo biológico específico encargado de crear y regular ese vínculo. Con dicho mecanismo buscamos desde niños la seguridad y protección en relaciones esenciales como las que se establecen con padres, hijos, parejas sentimentales, y cuidadores.
Por tanto, el sistema de apego consiste en un conjunto de emociones y conductas que nos empujan a permanecer junto a nuestros seres queridos para que nos proporcionen seguridad y protección.
El problema sobreviene cuando este sistema de apego no pudo desarrollarse de una forma SEGURA desde niños a causa del comportamiento, ausencia o torpezas de, principalmente, nuestros padres.
Las personas que tienen un apego inseguro ansioso-preocupado suelen:
- Necesitar tener a alguien cerca o su validación para poder llevar a cabo las cosas. Cuando no hay esta disponibilidad, se incrementa la ansiedad al sentir que están en peligro o que pueden hacer algo mal.
- Tener dificultad para regular las emociones y, en consecuencia, se sobrepasan fácilmente cuando viven emociones displacenteras como: el miedo, la tristeza, la ira, la culpa y la vergüenza.
- Tener una gran dificultad para confiar en las personas y, en general, en el mundo. Viven las situaciones como peligrosas y a los demás como posibles amenazas por lo que salir de la zona de confort activa sus miedos de forma desmesurada.
- Establecer relaciones de dependencia, lo que implica una dificultad para poner límites, aunque sufran dentro de dichas relaciones. Este sufrimiento activa un miedo continuo a ser abandonado, rechazado, a hacerlo mal o a ser de menos lo que deteriora enormemente su autoconcepto y autoestima, a la vez que activa la ansiedad patológica.
Falta de recursos
Es importante que seamos conscientes de que no nacemos con todos los conocimientos. Al igual que necesitamos aprender un idioma para comunicarnos, también necesitamos aprender recursos que nos ayuden a enfrentar dificultades. Es cierto que cada persona trae una base en función de su genética y sus aprendizajes previos, pero, en general, todos necesitamos trabajar en nuestro propio desarrollo personal si queremos incrementar nuestra resiliencia y bienestar.
Esto quiere decir que, si no hemos podido aprender una serie de recursos en materia de habilidades sociales, inteligencia emocional, capacidad reflexiva, asertividad, gestión del conflicto y autocuidado (entre otras posibles) es muy fácil que al vivir ciertas situaciones problemáticas no nos podamos resolver por falta de conocimientos y habilidad. Es justo ahí, donde puede surgir la ansiedad patológica al sentirnos desbordados por la situación.
Síntomas de la ansiedad
La ansiedad se manifiesta a nivel emocional y físico.
- En el trastorno de ansiedad generalizada consiste en la una tensión crónica aun cuando nada parece provocarla.
- En el trastorno de pánico (o ataque de angustia): El paciente experimenta crisis recurrentes de angustia que surgen espontáneamente. Se trata de una ansiedad aguda y extrema en la que es frecuente que la persona que la padece crea que va a morir. Estos ataques repentinos de miedo intenso no tienen una causa directa.
- El trastorno fóbico tiene como rasgo esencial la presencia de un temor irracional y persistente ante un objeto específico, actividad o situación con la consecuente evitación del objeto temido.
- El trastorno obsesivo-compulsivo en el incluye pensamientos o acciones no voluntarios que el paciente no puede dejar de pensar o hacer para no generar ansiedad. En todo caso, el sujeto reconoce el carácter absurdo de sus pensamientos o acciones.
- El trastorno por estrés post-traumático se da en aquellos casos en los que se presentan secuelas psicológicas desagradables tras el impacto de un trauma emocional, una guerra, una violación, etc.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Ante la presencia de algunas de las manifestaciones comentadas debe acudir a su psiquiatra el cual descartará la existencia de una enfermedad sistémica. Muchos de ellos los conseguirá a través de una entrevista semi estructurada, y le ofrecerá tratamiento.
Una intervención temprana para tratar la ansiedad incrementa la probabilidad de éxito en el tratamiento y puede reducir tanto el tiempo como el coste del mismo. Se debe acudir a un psicólogo ante la presencia de un malestar continuo o ante la vivencia de alguna situación traumática o causante de enorme angustia.
El problema es que en la gran mayoría de las ocasiones se acude al psicólogo cuando la ansiedad ya genera un nivel de malestar intenso y ya ha tenido repercusiones sobre algún área de la vida de la persona (trabajo, familia, pareja, amigos, salud…).
Si padeces un exceso de ansiedad que te produce un gran malestar, no esperes más y consúltanos, nuestros psicólogos especializados pueden ayudarte a saber gestionar la ansiedad y a sentirte mejor.
