Cuna del Teatro: Origen y Evolución del Arte Dramático

El teatro, tal como lo conocemos, tiene raíces profundas que se remontan a la antigüedad. Su evolución es un testimonio de la necesidad humana de expresión, ritual y narración. Desde las ceremonias prehistóricas hasta las elaboradas producciones de la Grecia clásica y Roma, el teatro ha servido como un espejo de la sociedad, reflejando sus valores, creencias y conflictos.

Dice La Lupe “Lo tuyo es puro teatro”, así podríamos cantar nosotras, las personas, haciendo alusión a lo que día tras día escenificamos con mayor o menor conciencia de que lo hacemos, ¿por qué digo esto? Tal vez por ello desarrolló ese espíritu creador y creativo que se ponía de manifiesto en la realización de obras pictóricas, danzas ritualistas, grandes celebraciones comunitarias… que evidenciaban esa necesidad y/o ese temor ante los que debían o temía que se materializara.

Y, por supuesto, no quiero dejar de mencionar, los espacios escénicos al aire libre en los cuales se recreaban tragedias, comedias o dramas. Los considero auténticos templos dedicados al arte interpretativo, donde la magia creativa tomaba carta de naturaleza y se enriquecía de la belleza de esa obra arquitectónica que era el anfiteatro donde tenía lugar la representación y en la que se conjugaban aspectos más técnicos, como las cualidades acústicas y visuales adecuadas que promueven la comunión entre el actor y el público con el auténtico valor de la comunicación de la acción.

El Origen del teatro y la tragedia Griega

El Hombre, Ser Mimético y los Orígenes Rituales

El hombre es un ser mimético, es decir, capaz de imitar o reproducir gestos y voces de su entorno. Este espíritu mimético es tan antiguo como la humanidad misma. Al amanecer de la historia, vemos cómo en este espíritu mimético confluyen el arte y la religión. Aún así, el origen del teatro está envuelto en misterio y mito pero está relacionada con la danza, la música, la magia y las prácticas simbólicas-religiosas.

Por ello se afirma que los primeros antecedentes del Teatro se sitúan en los sacerdotes de las antiguas tribus (chamanes) que interpretaban con su cuerpo y voz al dios o dioses invocados; también en distintos cantos guerreros y rituales mágicos relacionados con la caza o las cosechas. Por ello, hoy se afirma que los orígenes del teatro se encuentran en antiguos ritos de origen prehistórico, donde el ser humano empezó a ser consciente de la importancia de la comunicación para las relaciones sociales.

Ciertas ceremonias religiosas tenían ya desde su origen cierto componente de escenificación teatral. En los ritos de caza, el hombre primitivo imitaba a animales (danza mimética, representada en cuevas y abrigos rocosos del mesolítico, donde se ve a arqueros, lanceros y personas ataviadas con máscaras y cuernos de ciervo, que probablemente copiaban también sus movimientos y sonidos); del rito se pasó al mito, del brujo al actor.

En África, los ritos religiosos mezclaban el movimiento y la comunicación gestual con la música y la danza, y objetos identitarios como las máscaras, que servían para expresar roles o estados de ánimo. Estos ritos reforzaban la identidad y la cohesión social: los gun de Porto Novo (Benín) hacen el kubitó, ceremonia mortuoria donde los participantes, con técnicas de prestidigitación, desaparecen del público; los ibo de Nigeria celebran el odo, sobre los muertos que retornan; los dogon de Malí practican el sigui cada 60 años, en celebración del primer hombre que murió; los abidji de Costa de Marfil tienen el dipri, fiesta agrícola de año nuevo, donde se clavan cuchillos en el vientre, cicatrizando luego las heridas con una pasta.

Dioniso, dios del vino y la fertilidad, cuyo culto dio origen al teatro griego.

Grecia: Cuna del Teatro Occidental

Como ya hemos dicho es Grecia la cuna del teatro en Occidente. En Grecia nació el teatro entendido como «arte dramático». A partir de una serie de rituales que se celebraban en honor al dios Dionisios (fiestas dionisíacas), divinidad que representaba la vegetación, la fertilidad, las cosechas, la vid, el vino. Estas celebraciones eran en agradecimiento y también para pedir buenas cosechas.

En un principio se relataban hazañas y peripecias de Dionisios, pero en algún momento alguien toma el lugar del dios y habla y acciona en su nombre. Ese momento en que la narración de un hecho (en tercera persona) se transforma en representación del mismo (en primera persona), es considerado el nacimiento del teatro, porque aparece la encarnación de un personaje.

El teatro griego evolucionó de antiguos rituales religiosos (komos); el ritual pasó a mito y, a través de la «mímesis», se añadió la palabra, surgiendo la tragedia. A la vez, el público pasó de participar en el rito a ser un observador de la tragedia, la cual tenía un componente educativo, de transmisión de valores, a la vez que de purgación de los sentimientos («catarsis»).

Más adelante surgió la comedia, con un primer componente de sátira y crítica política y social, derivando más tarde a temas costumbristas y personajes arquetípicos. Apareció entonces también la mímica y la farsa.

Con todo, se considera a Tespis padre del teatro griego, en la segunda mitad del siglo VI a.C., pues él fue quien separó a un integrante del coro (que interpretaba cantos y danzas en honor de los dioses) e hizo que dialogara con éste.

Ir al teatro en la antigua Grecia no era exactamente como hoy en día. Eso de “Deme una butaca centradita”. El Teatro nació como parte de unos festivales religiosos en honor al Dios Dionisos. Se representaban acciones mitológicas. Los dioses haciendo sus trapis, vamos… La cosa evolucionó y llegaron la Comedia y la Tragedia. Pero además el teatro griego era un foro político, era educación. La gente iba a aprender y a pelearse. A hacer negocios y a ligar.

Puede parecer que el Teatro Griego nos es algo lejano, pero si le echáis un vistazo descubriréis que trata temas universales. Aquellos viejos griegos eran exactamente igual que nosotros. Simplemente no llevaban pantalones.

Características del Teatro Griego

En su libro “Poética” (IV aC), Aristóteles describe al teatro y define lo que debían ser sus tres características básicas, así consideradas por todo el teatro clásico: unidad de lugar, unidad de tiempo y unidad de acción.

Las obras eran representadas por un actor y el coro. El actor (uno solo) era quien desempeñaba todos los papeles, cambiando de máscara para decir las partes de los distintos personajes. El coro representaba la voz del pueblo y tenía a su cargo también la parte cantada (oda) y danzada, y su director era el corifeo.

Con la evolución del teatro, aparecieron más actores que se repartían los personajes de las distintas obras.

Teatro de Dioniso en Atenas, uno de los primeros teatros construidos en Grecia.

La Tragedia Griega

La tragedia es una forma dramática cuyo personaje protagónico se ve enfrentado de manera misteriosa, invencible e inevitable contra el destino o los dioses, o es un héroe que desafía las adversidades con la fuerza de sus virtudes. Sus personajes son nobles, personas importantes, poderosos y de cierta altura moral.

La tragedia se presenta como una situación en equilibrio que comienza a cambiar a partir de ciertos hechos y/o descubrimientos que complican la armonía del protagonista. La tragedia acaba generalmente en la muerte o en la destrucción física, moral y económica del protagonista, quien es sacrificado así a esa fuerza que se le impone, y contra la cual se rebela con orgullo insolente (hybris).

Una característica fundamental de la tragedia, y que la diferencia de otras formas dramáticas, es que el personaje cae con dignidad, sin dar lástima, sin pedir clemencia, aceptando y desafiando de pie su destino.

La tragedia se caracteriza por generar una catarsis (purgación de sentimientos o limpieza de las pasiones) en el espectador. Esta catarsis es provocada por la identificación del público con los personajes (Aristóteles, “Poética”). Así pues, la tragedia griega está dominada por el destino o fatum, que el héroe no puede eludir de ningún modo y al que sucumbe siempre al final. Los dioses intervienen en la vida de los hombres con frecuencia.

La Comedia Griega

La comedia es una forma dramática cuyos personajes son más comunes, más populares, más terrestres, y los conflictos que se desatan también son del orden de lo terrenal. Inversamente a lo que ocurre en la tragedia, la situación en la comedia se presenta en comienzo conflictiva, para luego, a través de una serie de peripecias, mutar y terminar con un final feliz para el protagonista.

La comedia fue el medio favorito de crítica para los dramaturgos griegos, que exponían en ella las costumbres que debían ser cambiadas, los males que acechan al hombre, sobre todo al que tiene poder sobre los demás, el político, el juez, el legislador.

La comedia utiliza la parodia, el sarcasmo, como modo de reírse inteligentemente de todo aquello que cree merece ser revisado como comportamiento humano. Así la pretensión de la comedia era reflejar humorísticamente los tipos humanos y sus vicios. En principio tuvo su origen en la burla de los mitos que se representaban en los carros, y estaba constituida sobre todo por obscenidades, burlas y parodias.

Estructura de los Teatros Griegos

Los teatros griegos se excavaban en la falda de una colina, lo que permitía fácilmente formar los graderíos para el publico. El graderío ocupaba dos tercios del total y sólo un tercio se reservaba a la escena, donde no había escenografía ni decorado, sino simples columnas de piedra. En el escenario se situaban los actores y el coro.

La orquesta o foso antes de los graderíos podía ser ocupada por los músicos y danzarines, pues en el teatro griego estos elementos eran indispensables. El teatro griego mejor conservado y el más grandioso es el de Epidauro, cuya planta se ve en la imagen. Tiene capacidad para 14.000 espectadores y, convenientemente restaurado, es utilizado por la Compañía Nacional Griega para festivales de verano.

Principales Dramaturgos Griegos
Dramaturgo Género Obras Destacadas
Esquilo Tragedia Los persas, Prometeo encadenado
Sófocles Tragedia Edipo Rey, Antígona
Eurípides Tragedia Medea, Las Troyanas
Aristófanes Comedia Lisístrata, Las ranas
Menandro Comedia El díscolo, La Samia

El Teatro Romano: Entretenimiento para las Masas

Para los romanos pasa a ser el teatro un juego y un entretenimiento, en contra de la concepción griega, que lo consideraba un ritual. Con Roma, aparece la figura del empresario, que paga a los actores y autores, y que cobra una entrada al público. Sólo cuando el Estado se hace cargo de los espectáculos teatrales pasa a ser gratuito.

Los romanos apenas cultivan la tragedia, y si lo hacen, como en el caso de Séneca, no es para representarla, sino para leerla en voz alta en círculos escogidos. Dos son los autores cómicos principales en Roma: Plauto y Terencio.

El primero, de origen humilde, era actor hasta que decidió convertirse en comediógrafo con gran éxito. Sus obras representan personajes ridículos por sus deformidades morales, como el avaro de Aulularia, o el soldado fanfarrón en Miles gloriosus. El segundo, que era un esclavo liberado por su amo debido a su inteligencia y talento, era mucho más refinado y recibió la influencia de Menandro, el comediógrafo griego.

En Roma el teatro no tuvo el auge que en Grecia, debido a que sufrió la competencia de otros espectáculos de masas, como el circo o las luchas de los gladiadores, y a que el público selecto despreciaba los entretenimientos vulgares.

El teatro romano, en un principio, era de madera y era provisional. A partir del 60 a. C. se construyeron en piedra y mármol, y eran edificios diseñados especialmente para su finalidad. Los construían desde los cimientos y estaban divididos en dos partes iguales, la mitad para el escenario y la otra mitad para los espectadores. El escenario estaba cubierto y se ponían toldos para el público. Aportaron el telón, no descendente, sino ascendente; también tenía espacios de encuentro para el público en pasillos y corredores.

Teatro Romano de Mérida, un ejemplo de la arquitectura teatral romana.

La Consideración del Actor en Tiempos Clásicos

Sobre la consideración del actor en tiempos clásicos, sólo tenemos que recordar que los actores (siempre varones) provenían de clases sociales muy humildes, casi siempre esclavos o libertos; constituían un grupo marginal y mal considerado. En Roma, por ejemplo, sabemos por el historiador Salustio que durante determinadas fiestas quien encontrara un actor por la calle podía matarlo impunemente, y que un actor fue condenado a muerte por señalar desde el escenario la grada donde estaba un patricio.

Hubo, sin embargo, notables excepciones, y algunos actores, protegidos por el emperador, llegaron a tener fama y dinero, y cierta consideración social.

Del Teatro Medieval al Renacimiento

Con la caída del Imperio Romano y la llegada del Cristianismo, el teatro prácticamente desapareció, pues la Iglesia recién nacida consideraba el teatro algo demoniaco, y a los actores una especie de endemoniados, ya que podían cambiar su alma para representar a otros.

Tras la reforma protestante, se desarrolla el teatro del renacimiento y el neoclásico, con fines más didácticos que lúdicos y con representaciones en latín. Los siglos posteriores (XVII y XVIII) serían el preludio del teatro que conocemos hoy, donde el Siglo de Oro o el Período Isabelino ya empezaban a introducir la crítica social o el costumbrismo.

El Teatro como Experiencia Única

Todo amante del teatro conoce el halo de unicidad que rodea a las artes escénicas. Cuando vamos al teatro la experiencia siempre es única e irrepetible (ya sea para bien o para mal). La manera en que percibimos un espectáculo varía según el azaroso contexto que nos rodee: el espacio en el que se representa el montaje, el día de la semana que vemos la función, el público que nos acompaña, los actores y su forma de moverse en el escenario… No hay dos representaciones teatrales iguales; por imperceptible que resulte, en cada una de ellas cambia algo. Y esa es, en gran parte, la magia del teatro. La emoción del directo, lo que lo hace insustituible.

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