Loreto Prado: La Reina del Teatro por Horas en Madrid

La actriz madrileña Loreto Prado fue una cómica que coincidió en el tiempo y en las carteleras con las grandes trágicas de final del siglo XIX y de la primera mitad del XX. La actriz es un punto y aparte en el teatro del siglo XX y como tal merece ser tratada: con dignidad y con respeto a un oficio que siempre amó y que nunca abandonó.

Loreto Prado

Un Legado en la Memoria Teatral

Cuando acaba el espectáculo todo desaparece excepto aquello que el respetable retiene en su memoria y que forma parte, ya, de su existencia.

Mucho antes de que yo me planteara todo esto en serio ya era posible encontrar a Antonio Castro luchando en dura batalla por la difusión y la memoria de la escena, primero ante la actualidad -sigue todavía informando, sin descanso, de lo que ocurre sobre las tablas- y después con una labor casi de arqueólogo ante el pasado de los teatros y los teatreros de nuestro país que siempre he entendido que nos dignificaba a la vez que nos ilustraba.

Yo estaba entregado a la causa desde hacía años, ya que una de las experiencias fascinantes que más he disfrutado, y que recomiendo a cualquier lector aficionado a la historia teatral nacional, es la lectura de los libros que Chicote escribió para la posteridad y que incluían, como no, a Loreto, cuando no trataban directamente sobre ella.

La Historia Detrás del Escenario

La Historia, con mayúscula, se llena con los grandes acontecimientos, con los personajes considerados fundamentales para el avance de la Humanidad; con los desastres devastadores y con los genocidas. La historia, con minúscula, se rellena con todo lo demás y goza del prestigio de la intelectualidad. Con la historia del teatro ocurre exactamente lo mismo: pasan a la posteridad los autores considerados grandes, los directores, escenógrafos revolucionarios y los grandes intérpretes trágicos.

Si un historiador de esa época tiene que citar a una actriz recurrirá, casi con toda seguridad, a María Guerrero, a Carmen Cobeña, María Tubau y, por supuesto, a Margarita Xirgu. Si se siente condescendiente tal vez aluda a Loreto como una actriz popular.

Efectivamente, Loreto nunca fue la Prado, artículo reservado a la Guerrero, la Pino, la Xirgu... Tampoco fue doña Loreto como doña María (Guerrero, claro). Ella solo tuvo el nombre y... a miles de espectadores durante casi sesenta años de carrera.

Teatro Romea, Madrid

Sus Inicios y Rivalidades

Cuando apareció por los escenarios del Apolo y del Romea en las últimas décadas del siglo XIX, sus rivales femeninas eran Rosario Pino, Balbina Valverde, María Tubau y, claro, la Guerrero que, tras su debut en 1885, comenzó a imponerse sobre todas las demás. Luego, entrado ya el siglo pasado, se fueron incorporando a la lista de las grandes Catalina Bárcena, Lola Membrives, Carmen Ruiz Moragas, María Fernanda Ladrón de Guevara o Irene López Heredia.

Ellas eran las que protagonizaban el gran teatro burgués -fueran dramas o comedias- firmado por las plumas más prestigiosas del momento. También estuvieron las estrellas del género frívolo, menos rutilantes, más efímeras. Su género escénico se denomina hoy ínfimo, pero es preciso reivindicar su espacio en la historial teatral española.

En el siglo XXI apenas son recordadas Consuelo Vello La Fornarina, Raquel Meller o Consuelo Portela La Chelito. Quizá quien mejor reflejó esta singularidad fue Azorín.

Loreto Prado: Un Caso Aparte

Loreto vive en una región aparte. María Guerrero, María Tubau, Rosario Pino, Carmen Cobeña, Matilde Moreno, María Palou son citadas, discutidas, ensalzadas por críticos y aficionado al teatro: Loreto Prado como a trasmano. Las otras actrices trabajan en géneros diversos, dentro de lo literario: Loreto Prado no rebasa nunca un mismo género. Las otras actrices van a provincias; pasan el mar y actúan en los teatros de América; alguna de ellas se presenta también en un gran teatro de París: Loreto Prado no sale de su Madrid.

Concretada, limitada, ceñida a un solo género de trabajo y en una misma capital, Loreto va forzosamente afirmando su personalidad en una cierta manera. Se la considera región aparte; pero en esa región es insuperable. No es discreto, ni ponerla en parangón con las grandes actrices citadas, ni desconocer que su arte es tan arte, en mayor o menor intensidad, como el arte de esas renombradas actrices.

Loreto Prado está en tierra de nadie entre todas ellas.

El Teatro Cómico y el Éxito Popular

Presentación publicaciones: Loreto Prado, la reina del teatro por horas

Comenzó a destacar en uno de los templos del género frívolo, el Romea madrileño, pero luego tuvo su propio teatro en el que se dedicó fundamentalmente a hacer reír. O a hacer llorar, que también sabía conseguirlo muy bien.

Para varias generaciones de madrileños Loreto formó parte del paisaje urbano. Más que actriz fue un fenómeno de masas. Los padres llevaban a sus hijos a verla, hiciera lo que hiciera.

Suele ser habitual que los periodistas veteranos, con cientos de comedias vistas y decenas de actores admirados, tiendan a establecer comparaciones cada vez que emerge una nueva figura. A Loreto la consideraron digna sucesora de Pepita Hijosa, la gran cómica del siglo XIX. Ella también era madrileña -nacida en la calle del Príncipe-, menuda de físico y vivaracha en la escena.

Aunque, a diferencia de Loreto, la Hijosa se formó en el Conservatorio y hasta salió de él con un premio. Pero su formación académica quedó a un lado cuando descubrió la eficacia de una réplica oportuna, de una frase bien colocada, de una mueca que hacía estallar en carcajadas al respetable.

Imitadoras y Sucesores

A Loreto no le faltaron imitadoras, muchas de ellas auténticas caricaturas del original, que jamás lograron desbancarla. En el Cómico se dan representaciones para la familia. Llama la atención una tiple que le va a quitar los moños a Loreto Prado. La Srta. Pilar Delgado es desenvuelta como ella; se desvive por lucir los bajos, como ella, y carece de voz, como ella. ¿Cabe mayor parecido? Nunca más se supo de esta señorita Delgado.

Veinte años después de fallecer Loreto los teatreros le encontraron una sucesora: Lina Morgan. En este caso solo los más viejos tenían elementos de juicio para hacer esa comparación porque Lina tenía solo siete años cuando murió Loreto. Seguramente se hizo muchas veces basándose en lo que se podía leer sobre la Prado.

Como ella, Lina también fue la reina de la mueca, de la parodia, del disparate. Y también logró su lugar en el teatro español a base de pisar escenarios, porque no tenía formación académica.

Los comienzos de la temporada otoñal madrileña no cobraban pulso hasta que Loreto y Chicote reabrían su teatro Cómico. En octubre de 1916 el Heraldo de Madrid dedicó el mismo espacio e importancia a la apertura del teatro de la Princesa (María Guerrero), con Margarita Xirgu protagonizando La hija de Yorio, y a la del Cómico donde Loreto y Chicote repusieron la zarzuela Alma de Dios.

Teatro Cómico, Madrid

La Compañía de Loreto Prado y Enrique Chicote

Todo lo que se dice de la actriz podría aplicarse a su eterno compañero: Enrique Chicote. Desde el principio conviene informar de que nunca contrajeron matrimonio a pesar de que permanecieron juntos más de medio siglo. Chicote hizo de todo en el teatro: escribió, dirigió, actuó y produjo. Si todo esto lo hubiera hecho en otros géneros, su nombre tendría la misma -o más- consideración que los Díaz de Mendoza, Mario, Borrás, Calvo, Morano o Thuillier.

Reconocimientos Tardíos

En su madurez Loreto comenzó a recibir algunas distinciones destacadas. En diciembre de 1928 el Centro Hijos de Madrid, que había comprado el teatro Odeón y que por eso se llamaba entonces del Centro, otorgó el Premio María Guerrero para las actrices destacadas. La Guerrero había fallecido precisamente en ese teatro (hoy Calderón) a principio de 1928. El galardón se otorgó a Leocadia Alba, Rosario Pino y Loreto Prado.

Las tres eran de la misma generación y tenían, más o menos, la misma experiencia. Sin que ello tenga ni atisbos de reparo, sino únicamente la exteriorización de un sincero recuerdo, queremos estampar aquí un nombre junto a los de las actrices mencionadas: el de Loreto Prado.

El caso de Loreto Prado, al margen del tópico teatral, es un verdadero prodigio. Y puestos a maldecir del tópico, no hemos de incurrir en el de afirmar que cualquier otra nación se enorgullecería de tener tal actriz, porque nuestros públicos y nuestros autores se enorgullecen de Loreto Prado. En ese momento la actriz tenía ya sesenta y tres años.

Los reconocimientos institucionales a su ingente trabajo aún tardarían unos años en llegar.

Actriz Género Reconocimientos
Loreto Prado Comedia Premio María Guerrero (1928)
María Guerrero Drama, Tragedia Reconocimiento general como una de las grandes actrices
Raquel Meller Género frívolo Popularidad en el siglo XXI

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