Víctor Hugo: Un Ícono de la Literatura Francesa

La casa-museo de Victor Hugo (1802-1885), el más grande escritor en lengua francesa, se encuentra en una esquina de la Plaza de los Vosgos, lugar obligado de visita para todo el que visita París. El aura de este gran poeta romántico, de vida tumultuosa, rodeado de tragedias y autor de obras inmortales, se encargan de dar a la visita un aire muy especial, te sumerge en otro mundo.

Víctor Hugo es una de las figuras más influyentes de la literatura universal y seguramente el escritor francés más famoso de la historia, autor de obras inmortales como Los Miserables y Nuestra Señora de París. Poeta, novelista y dramaturgo, fue un testigo privilegiado de los acontecimientos políticos y sociales de su tiempo, algo que quedó reflejado en los temas de su obra y en su lucha por los derechos civiles.

Su vida estuvo marcada por obras monumentales que contribuyeron a convertirlo en un símbolo del Romanticismo y la literatura francesa en general. Pero Hugo no solo fue un escritor excepcional, sino también también un intelectual comprometido con su época. Su legado trasciende la literatura para convertirse en un símbolo de justicia social, lucha por la libertad y defensa de los derechos humanos, y su obra refleja un inquebrantable espíritu de lucha contra la injusticia.

Biografía Víctor Hugo

Un Escritor Precoz y Polémico

El escritor, dramaturgo, poeta, político, académico e intelectual francés Victor Hugo nació en la localidad de Besançon el 26 de febrero de 1802.

Víctor-Marie Hugo nació el 26 de febrero de 1802 en Besançon, en el seno de una familia marcada por los contrastes ideológicos: su padre era un general republicano al servicio de Napoleón Bonaparte, lo cual le valió el título de conde, mientras que su madre era una monárquica ferviente. Esta dualidad marcaría sus primeros años y se reflejaría más tarde en su evolución política y literaria: en sus obras, el bien y el mal a menudo se confunden, reflejando esta idea de que no hay una verdad absoluta.

Durante su infancia, la familia se trasladó con frecuencia debido a la carrera militar de su padre, lo que le permitió conocer España e Italia, pero tras la separación de sus padres, se instaló en París con su madre y sus dos hermanos mayores, Abel y Eugène. Desde pequeño mostró una vocación extraordinaria por la escritura y la poesía, y en su adolescencia ya había decidido dedicarse por completo a la literatura y mostraba una clara ambición de no ser un cualquiera, como dejó anotado en su diario: “Quiero ser Chateaubriand o nada”.

Desde adolescente empezó a escribir versos y prosa como autodidacta y en 1816 ingresó en el Liceo Louis-le-Grand, donde destacó por su talento literario. Una anécdota ilustra muy bien esto: en 1817 participó en un concurso organizado por la Academia Francesa y estuvo a punto de ganar, pero al final el jurado no le otorgó el premio porque su poema parecía demasiado maduro para su edad y pensaron que no lo había escrito él.

En 1819, fundó junto con sus hermanos una revista literaria, Le Conservateur Littéraire, donde publicó sus primeros poemas y ensayos. Su estilo fue evolucionando rápidamente, influenciado por el romanticismo, el movimiento emergente de su tiempo. En los años siguientes su obra fue ganando popularidad, especialmente entre los círculos románticos.

En 1822 Publica su primer poemario. Luis XVIII le concede una pensión anual por su talento.

En 1827 publicó Cromwell, un drama sobre el líder republicano inglés que armó un notable revuelo porque desafiaba las convenciones del teatro clásico francés: la estructura típica de estas obras exigía que respetaran la unidad de tiempo (acción en un solo día), lugar (un solo espacio) y acción (una trama principal sin subtramas).

Hugo rechazó esto en Cromwell y obras posteriores, argumentando que la realidad era más compleja y que el teatro debía reflejar la vida en su totalidad, con cambios de escenarios, tramas múltiples y un tiempo tan extendido como hiciese falta; algo que hoy es normal pero que rompía con una tradición fijada desde el teatro de la antigua Grecia. El prólogo de la obra, que expone su visión de la dramaturgia, fue interpretado como una declaración de guerra contra el clasicismo, ahondando el enfrentamiento entre los defensores del teatro clásico y los partidarios del nuevo estilo romántico.

Su consagración definitiva llegó en 1830 con la representación de Hernani, una tragedia romántica sobre el amor entre un bandido aragonés y su amada que causó un enorme revuelo. Igual que había pasado con Cromwell, la obra rechazaba la rigidez de la tragedia clásica inspirada en el modelo griego. Su estreno ha pasado a la historia con el ilustrativo nombre de “la batalla de Hernani”: muchos jóvenes románticos, vestidos con atuendos vistosos, acudieron a apoyar la obra, mientras que los conservadores intentaron sabotearla; y durante la representación hubo gritos, abucheos y aplausos en un clima de tensión constante.

El revuelo que armó fue tal que Victor Hugo tuvo serios problemas para estrenar sus siguientes obras, que o bien se prohibieron o se suspendieron inmediatamente después del estreno. Sin embargo, estos escándalos solo sirvieron para aumentar su notoriedad y consagrarlo como una figura revolucionaria del teatro del momento.

En 1831 Publica Notre-Dame de París, primera novela de gran éxito.

Clásicos Inmortales de la Literatura Francesa

Entre todas las obras de Victor Hugo, hay dos que destacan por encima de todas las demás y que se han convertido en clásicos inmortales de la literatura francesa y universal. Curiosamente se trata de dos novelas, a pesar de que había sido el teatro lo que había encumbrado a este autor: Notre-Dame de París y Los Miserables.

Notre-Dame de París (o Nuestra Señora de París, como se tradujo en español) se publicó en 1831 y es a menudo conocida por el título alternativo que le han dado algunas de sus adaptaciones: “El jorobado de Notre Dame”. Victor Hugo convirtió en protagonistas a personajes tradicionalmente relegados a roles secundarios o negativos, una reivindicación de los marginados que resultó muy transgresora para la época. Además, aunque la novela aparentemente denunciaba las desigualdades y abusos de la sociedad medieval, muchos lectores la interpretaron como una crítica poco velada a la Francia de la época: el autor ponía en cuestión la hipocresía de las instituciones religiosas y la corrupción del poder, lo que incomodó a los sectores conservadores.

Los Miserables, publicada en 1862, es una obra mucho más tardía, madura y ambiciosa, que muchos consideran el culmen de la carrera de Victor Hugo. A diferencia de sus primeras novelas, es una obra extensa (ocupa cinco volúmenes en su versión original), con múltiples tramas entrelazadas y largas secciones dedicadas a profundizar en el contexto histórico, social y político de la época (algo que no gustó a muchos críticos, que consideraban que ralentizaba la trama innecesariamente). Esta profundidad demuestra su madurez como escritor y pensador, y hace que Los Miserables pueda considerarse no solo una obra maestra de la literatura, sino también un tratado histórico y un ensayo político.

Los Miserables nos invita a cuestionarnos sobre la diferencia entre el bien y la justicia. La novela recibió grandes elogios del público y la crítica por su humanismo y su llamamiento a la justicia social. Sin embargo, los sectores más conservadores la vieron como una obra subversiva que idealizaba a los marginados y atacaba el orden establecido, encarnado en la figura de Javert, quien a pesar de ser un personaje que en teoría está haciendo cumplir la ley, es indudablemente el “malo” de la historia. Por ese motivo, algunos críticos la consideraron demasiado “panfletaria” en su defensa de los oprimidos.

Una Vida de Lucha por los Derechos del Pueblo

Conforme avanzaba su carrera, el compromiso político y social de Victor Hugo se intensificó, reflejando una interesante evolución personal. En su juventud, debido a la influencia de su madre, era monárquico y más bien conservador, pero con el tiempo su pensamiento cambió y le causó grandes problemas.

En 1845 fue nombrado “par de Francia” - una distinción otorgada a ciertas figuras de la nobleza o de la élite intelectual y política - por el rey Luis Felipe I, lo que le dio acceso a la Cámara de los Pares, la cámara alta del Parlamento francés, y marcó su entrada en la vida política. Pero, aunque en ese momento aún mantenía posturas moderadas, su evolución ideológica lo llevó a convertirse en un ferviente republicano, alejándolo de la monarquía y enfrentándole con quienes le habían llevado adonde estaba.

Con la Revolución de 1848, que dio inicio a la Segunda República Francesa, Victor Hugo abrazó abiertamente los ideales republicanos y fue elegido diputado en la Asamblea Nacional. Desde su nueva posición defendió con ahínco causas progresistas como la abolición de la pena de muerte, la educación gratuita y obligatoria, y el derecho al voto universal; gracias a personajes como él, la Segunda República introdujo reformas importantes como el sufragio universal masculino y la abolición de la esclavitud en las colonias.

En diciembre de 1848 Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador que había conquistado media Europa, fue elegido presidente, y en 1851 dio un golpe de Estado para instaurar el Segundo Imperio Francés. Victor Hugo se convirtió en uno de sus más feroces opositores, lo calificó de traidor a la República y escribió duros panfletos contra su régimen, lo cual lo convertiría en blanco de la persecución política: para evitar represalias, se exilió primero en Bélgica y luego en las islas del Canal de la Mancha, donde pasó casi 20 años y escribió Los Miserables, la monumental novela que se convirtió en un manifiesto por la justicia social; además de algunas obras que directamente apuntaban al emperador, como Napoleón el Pequeño y Los Castigos.

Tras el golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte el 2 de diciembre de 1851, Victor Hugo (que se había enemistado contra el que estaba a punto de proclamarse emperador) tuvo que huir de París para no ser arrestado. Cruzó la frontera de Bélgica y se instaló en Bruselas. Tuvo entonces que huir a otro lugar, y se refugió en las islas del Canal, cerca de la costa francesa de Normandía, pero pertenecientes a la Corona Británica. Recaló entonces en la vecina isla de Guernesey, donde adquirió una hermosa mansión con jardín (la única que tuvo en propiedad), que llamó Hauteville House. Allí viviría Victor Hugo durante 15 años, hasta la caída de Napoleón, rodeado de su entorno familiar: sus hijos, su esposa y sus amantes... Y allí tendría el periodo más fructífero de creación literaria. La casa está situada en un alto, dominando la ciudad, el puerto y la bahía.

Con la caída de Napoleón III y el establecimiento de la Tercera República en 1870, Victor Hugo pudo regresar finalmente a Francia, donde fue recibido como un héroe. Fue elegido de nuevo senador y continuó luchando por las reformas sociales, pero con el tiempo su influencia disminuyó. Detrás de sí dejó una obra inmensa que sigue siendo leída, estudiada y admirada en todo el mundo.

Años Finales y Legado

En 1878 Comienza su última enfermedad.

En 1885 Fallece en su residencia de París, en una calle que llevaba su nombre: nº 124 de la Avenida Victor-Hugo. Recibe unos funerales de estado. Se congregan 2 millones de personas en las calles para despedirle.

Hugo es uno de los pocos talentos reconocidos en vida, y así lo demostraron los dos millones de personas que asistieron a su funeral, el 22 de mayo de 1885.

Victor Hugo refiriendose a Donibane: «Calle única, que siempre te lleva a donde quieras ir…» Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, crítico, político, dibujante y pintor, Victor Hugo, nacido en Besançon, el 26 de febrero de 1802, «cuando el siglo tenía dos años…» es quizá el máximo exponente de la literatura francesa y del romanticismo universal del siglo XIX.

Víctor Hugo murió en París a los 83 años de edad, el 22 de mayo de 1885.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que todo el mundo los conoce, aunque es probable que muchos no hayan leído nunca un título suyo. Su legado narrativo, no obstante, es inalterable al paso de los siglos, igual que su influencia. Sus obras llenan los libros de texto desde que nuestros antepasados iban a la escuela en blanco y negro. Hay premios literarios importantísimos que llevan con gloria sus nombres. También plazas, calles y avenidas de grandes y diminutas ciudades. Las generaciones de narradores posteriores a ellos han usado su ejemplo y docto saber como espejo en el que inspirarse. Y, sobre todo, la historia, eso que archiva nuestra evolución como especie humana, les ha hecho un justo sitio en el olimpo de los dioses de la literatura.

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