¿Cuándo Nació Esopo? Una Biografía Detallada del Fabulista Griego

Son tan escasas las noticias dignas de crédito conservadas por la Antigüedad acerca de la vida de Esopo que algunos han llegado a dudar de su existencia. Los lectores saben perfectamente que ha habido una época en la historia del espíritu humano en que este, imbuido en máximas escépticas, ha negado con audacia la realidad histórica de Homero, del Cid entre nosotros, y de otros muchos notables personajes en las letras, en las ciencias y en las artes, considerándoles como mitos o personificaciones simbólicas populares, trasmitidas oralmente, pero que nunca han existido.

Uno de estos fue también Esopo, cuando del testimonio de Platón y de Aristófanes, de la constante tradición desde los tiempos más remotos hasta nuestros días y del examen de las obras que se le atribuyen, y que llevan un sello característico, personal y propio, deduce cualquier hombre sensato lo contrario.

Según la opinión más autorizada, este eminente fabulista nació en Amurio, en la Frigia, al oeste del Sangarino, unos 550 años a. C., siendo por tanto contemporáneo de los siete famosos sabios, de la apasionada poetisa lesbia Safo, de Creso, el rey de la Lidia, tan conocido por sus riquezas como por sus desdichas, de Pisístrato, el tirano ilustrado de Atenas, y de tantos otros celebérrimos personajes.

Estatua de Esopo en el Museo Bargello, Florencia.

Vida y Origen de Esopo

La vida de Esopo contiene algunos detalles contradictorios sobre su vida, lo que contribuye a sus proporciones míticas. No hay texto sobre Esopo que no nos advierta de lo impreciso de su biografía. Si existió o no, si era de allí o de acá, si nació en esta fecha o en la otra.

El lugar de su nacimiento está abierto a muchas conjeturas respecto de que la antigua colonia de Tracia, Frigia, Aethiopia, la isla griega de Samos, la ciudad de Atenas y Sardes, la capital de Lidia, están incluidos en los posibles lugares de nacimiento. La primera mención conocida de Esopo está contenida en la Historia griega del historiador griego Heródoto (c.425).

Se ignora por completo la causa de su aparición en Atenas desde los primeros años de su vida y la de su condición servil, no pudiéndose asegurar si en su niñez fue apresado en las costas de su patria por algún pirata griego o persa, o hecho cautivo en alguna guerra y llevado después a Atenas y vendido en ella. Su primer dueño fue el ateniense Demarco, quien lo vendió después al filósofo Janto de Samos, y este, más tarde, a Yadmón.

Lo que parece probable es que su natural ingenio hubo de despertarse y desarrollarse en la culta capital del Ática, en donde pudo aprender no poco, oyendo, y acaso tratando a tantos hombres notabilísimos como florecieron en ella en este tiempo, y con el comercio del filósofo Janto y de sus discípulos, que hubieron de instruirle y de ejercitar su inteligencia. Según dice Heródoto (cap. 134 del lib. II), sirvió a su último amo en compañía de la célebre cortesana Rodope, la fundadora de una de las pirámides de Egipto.

Su ingenio extraordinario, sus réplicas llenas de agudeza, sus singulares rasgos, que hacían resaltar su talento, viveza sin igual y profundo espíritu de observación de las cosas y de los hombres, y, finalmente, la originalidad y maestría con que daba al pueblo lecciones sapientísimas de moral, bajo la forma de apólogos o de fábulas, le granjearon de tal modo la estimación y la benevolencia de su dueño que obtuvo al cabo su libertad.

Esopo nació en la esclavitud alrededor del año 600 a.C. y no solo se lo representa en algunas esculturas con deformidad física, sino que también se menciona que a temprana edad sufrió un impedimento del habla, milagrosamente erradicado por una deidad. Finalmente, según Herodoto, fue liberado por su amo Iadmon, probablemente debido a su alfabetización y a su ingenio. Sin embargo, debido a la abrumadora falta de pruebas que exiten sobre su vida, muchos estudiosos, incluyendo a Martín Luthero, negaron su existencia.

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Viajes y Misiones Diplomáticas

De Samos se encaminó entonces al Asia Menor y a la corte de Sardes, en donde reinaba Creso, cuyo favor supo conciliarse muchos años de tal modo, que en distintas ocasiones le sirvió de embajador en Grecia, en donde, según dice Plutarco, asistió al banquete de los siete sabios, dado por Periandro, uno de ellos, a los otros seis, en su palacio de Corinto.

Sin duda al desempeñar alguna de estas embajadas de Creso, y al pasar por Atenas, hubo de contar a los atenienses la fábula de Las ranas pidiendo rey, para que sufriesen con docilidad el gobierno de Pisístrato.

Creso recibiendo a Solón, una representación del contexto histórico de Esopo.

Muerte en Delfos

En otra de sus embajadas, que fue la última, se proponía ofrecer en Delfos a Apolo un soberbio sacrificio, en nombre de Creso, y dar a cada habitante una suma considerable de dinero. El embajador fabulista, hombre de rectitud y fiel servidor de su rey, conociendo a los delfios de cerca y observando en ellos una codicia insaciable, una perversidad poco común y todo linaje de vicios, sintió arder en su pecho tan profunda indignación que creyó interpretar los sentimientos de su soberano negándose a entregar a los habitantes de la ciudad el donativo de Creso, a quien devolvió el dinero en que consistía.

No contento con esto, reprendió ásperamente sus costumbres, y hasta se dice que compuso contra ellos la fábula de Los sarmientos flotantes. Los delfios, por su parte, ardiendo en ira y en espíritu de venganza, hicieron con él lo que con muy distinto propósito hizo José con sus hermanos, los hijos de Jacob. Ocultaron una copa de oro del templo entre los objetos de su pertenencia, acusáronlo de haberla robado, registraron sus efectos y la hallaron entre ellos.

En su consecuencia, fue acusado ante los jueces, quienes lo declararon culpable de robo sacrílego y lo condenaron a ser despeñado de la roca Hiampea. Aunque es ampliamente discutida, la muerte de Esopo en el año 564 a.C, se atribuye a veces al robo de una copa de oro o de de plata, su condena por dicho delito fue ser lanzado desde un acantilado en Delphos.

El Legado de las Fábulas de Esopo

Es el fabulista más antiguo, después de Hesíodo, que inventó las fábulas. Esopo tomo un método más llano y más sencillo: hizo hablar a los animales y cosas inanimadas para dar lecciones a los hombres. La fama de su saber se extendió en breve por toda la Grecia.

Esopo se ausentaba a veces de Lidia para viajar. Viajó por Egipto y Persia, esparciendo por todas partes sus festivas lecciones de moral. A su vuelta a la corte de Creso lo envió este soberano a Delfos para hacer un sacrificio a Apolo; desagradó a aquellos habitantes, a causa de la fábula que les compuso de los leños flotantes sobre el agua, que de lejos parecen algo y de cerca no son nada, y fue tanto su encono, que lo mataron arrojándole de una alta roca. Toda la Grecia sintió su muerte, y en Atenas le levantaron una estatua.

Las Fábulas de Esopo se han contado y vuelo a contar, fueron escritas y re-escritas innumerables veces como una forma de entretenimiento y educación. Hoy en día estas obras abarcan muchos aspectos de la vida incluyendo la psicología, la política, la espiritualidad, la educación, la salud y el bienestar.

Refiérese la hermosa respuesta que dio a Quilón uno de los sabios de Grecia que le preguntaba en qué se ocupaba Júpiter.

Se dice que Esopo escapó al castigo por su irreverencia y sus humoradas; muchas veces por su capacidad de hacer frente a sus acusadores con un giro inteligente de la frase, señalando sus ironías y la hipocresía. "Las ranas que piden un rey" fue su intento de disuadir a las personas de derrocar a su líder. Fue crítico con el acaparamiento avaro, y usó un perro para ilustrar la codicia irracional.

Como un hombre libre, habló con aristócratas, filósofos y reyes. De "El pastor y el lobo" hoy en día es la proverbial frase "el chico que gritó lobo", ejemplifica la lección de vida que, decir mentiras nos lleva a perder la credibilidad, hasta que uno "cosecha lo que siembra". En "El roble y las Cañas" utilizó elementos de la naturaleza y de ella se deriva el dicho "la supervivencia del más apto".

En cambio, parece que hay consenso en que el responsable de las fábulas más populares de la Antigua Grecia era un adefesio importante. En la estatua que le recuerda en Roma luce sin cuello. Tiene algo más de prestancia en el cuadro que le dedicó Velázquez.

Ahora, Carlos Baonza (Madrid, 1957) ha ido más lejos y ha puesto todo su talento para cumplir, sin renunciar a su trazo inconfundible, con la descripción que del fabulista leemos en las primeras líneas de Vida de Esopo cuando se nos cuenta que el personaje, esclavo del filósofo Janto, era “de imagen desagradable, inútil para el trabajo, tripudo, cabezón, chato, tartaja, negro, canijo, zancajoso, bracicorto, bizco, bigotudo, una ruina manifiesta.

A partir de ahí se suceden 141 estampas que dan cuenta de las correrías del fabulista con la traducción que del griego hizo a finales de los setenta y que ha actualizado para esta nueva edición Pedro Bádenas de la Peña (Madrid, 1947) con linograbados de Baonza.

Origen, andanzas, hazañas y muerte de un pícaro que encadena una treta tras otras y aspira a mejorar su condición social, todo ello bastante antes de que la novela picaresca española llegara a la imprenta de la mano de nuestro Lazarillo de Tormes.

Hablamos de diversión para cualquier lector, que nadie le tenga miedo a esta obra de hace 11 siglos y mucho menos en este formato ilustrado que tiene de todo: sexo, escatología, sacrificios, borracheras y, como no podía ser de otro modo, no pocas fábulas incluida alguna, claro, con animales que hablan.

Tiene Esopo sentencias sabias de lo más variado (“Si alguien mira el barril sin sacarle gusto, ¿entenderá cómo sabe?” suelta cuando se lamenta de quienes tienen prejuicios por el aspecto de la gente), consejos moralizantes y burlas llenas de guasa para casi todos.

Sentencias, consejos y burlas de un despojo humano sobrado de ingenio e inteligencia que no te debes perder.

Esopo (Frigia, siglo VI a. Escritor griego, de quien se tienen escasos datos fidedignos. Aparece mencionado por primera vez en Heródoto (2.134), donde se le caracteriza como creador de narraciones (logopoiós). Se dice que nació en Frigia (Asia Menor), que vivió como esclavo en la isla de Samos y que encontró la muerte a manos de los habitantes de Delfos por haber cometido un robo sacrílego.

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