Rodrigo Díaz de Vivar: El Nacimiento y la Biografía del Cid Campeador

Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como El Cid Campeador, es una figura legendaria en la historia de España. Su vida, llena de hazañas y desafíos, ha sido objeto de numerosas obras literarias y cinematográficas. A continuación, exploraremos su biografía, desde su nacimiento hasta su muerte, destacando los momentos más importantes de su vida.

Infancia y Juventud

Rodrigo Díaz nació en Vivar, una pequeña aldea situada a 7 kilómetros de la ciudad de Burgos, alrededor del año 1043. Otra fuente indica que nació hacia 1048 en Vivar, a orillas del río Ubierna, cerca de Burgos.

Hijo de Diego Laínez, noble caballero de la Corte Castellana y de una hija de Rodrigo Alvarez. Su padre, Diego Laínez (o Flaínez), era, según todos los indicios, uno de los hijos del magnate Flaín Muñoz, conde de León en torno al año 1000. A los 15 años quedó huérfano de padre y se crió en la corte del rey Fernando I junto al hijo del monarca, el príncipe Sancho. Ambos crecieron juntos y trabaron buena amistad durante cinco años.

Fue éste quien lo nombró caballero y con el que acudió al que posiblemente sería su primer combate, la batalla de Graus (cerca de Huesca), en 1063. En aquella ocasión, las tropas castellanas habían acudido en ayuda del rey moro de Zaragoza, protegido del rey castellano, contra el avance del rey de Aragón, Ramiro I, quien murió precisamente en esa batalla.

Servicio a Sancho II

Al fallecer Fernando I, en 1065, había seguido la vieja costumbre de repartir sus reinos entre sus hijos, dejando al mayor, Sancho, Castilla; a Alfonso, León y a García, Galicia. En 1068 Sancho II y Alfonso VI se enfrentaron en la batalla de Llantada, a orillas del Pisuerga, vencida por el primero, pero que no resultó decisiva.

El joven Rodrigo (que a la sazón andaría por los veintitrés años) se destacó en estas luchas y, según una vieja tradición, documentada ya a fines del siglo XII, fue el alférez o abanderado de don Sancho en dichas lides, aunque en los documentos de la época nunca consta con ese cargo. En cambio, es bastante probable que ganase entonces el sobrenombre de Campeador, es decir, «el Batallador», que le acompañaría toda su vida, hasta el punto de ser habitualmente conocido, tanto entre cristianos como entre musulmanes, por Rodrigo el Campeador.

Después de la derrota de don Alfonso (que logró exiliarse en Toledo), Sancho II había reunificado los territorios regidos por su padre. A finales del mismo año de 1072, un grupo de nobles leoneses descontentos, agrupados entorno a la infanta doña Urraca, hermana del rey, se alzaron contra él en Zamora.

El Cid al Servicio de Alfonso VI

La imprevista muerte de Sancho II hizo pasar el trono a su hermano Alfonso, que regresó rápidamente de Toledo para ocuparlo. Por el contrario, nadie le exigió semejante juramento y además el Campeador, que figuró regularmente en la corte, gozaba de la confianza de Alfonso VI, quien lo nombró juez en sendos pleitos asturianos en 1075.

Es más, por esas mismas fechas (en 1074, seguramente), el rey lo casó con una pariente suya, su prima tercera doña Jimena Díaz, una noble dama leonesa que, según las investigaciones más recientes, era además sobrina segunda del propio Rodrigo por parte de padre. Un matrimonio de semejante alcurnia era una de las aspiraciones de todo noble que no fuese de primera fila, lo cual revela que el Campeador estaba cada vez mejor situado en la corte.

Así lo muestra también que don Alfonso lo pusiese al frente de la embajada enviada a Sevilla en 1079 para recaudar las parias que le adeudaba el rey Almutamid, mientras que García Ordóñez (uno de los garantes de las capitulaciones matrimoniales de Rodrigo y Jimena) acudía a Granada con una misión similar.

El Primer Destierro

Rodrigo Díaz partió al exilio seguramente a principios de 1081. Como otros muchos caballeros que habían perdido antes que él la confianza de su rey, acudió a buscar un nuevo señor a cuyo servicio ponerse, junto con su mesnada. Al parecer, se dirigió primeramente a Barcelona, donde a la sazón gobernaban dos condes hermanos, Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero no consideraron oportuno acogerlo en su corte.

Ante esta negativa, quizá el Campeador hubiera podido buscar el amparo de Sancho Ramírez de Aragón. No sabemos por qué no lo hizo, pero no hay que olvidar que Rodrigo había participado en la batalla donde había sido muerto el padre del monarca aragonés. Sea como fuere, el caso es que el exiliado castellano optó por encaminarse a la taifa de Zaragoza y ponerse a las órdenes de su rey.

Cuando Rodrigo llegó a Zaragoza, aún reinaba, ya achacoso, Almuqtadir, el mismo que la regía en tiempos de la batalla de Graus, uno de los más brillantes monarcas de los reinos de taifas, celebrado guerrero y poeta, que mandó construir el palacio de la Aljafería. Pero el viejo rey murió muy poco después, quedando su reino repartido entre sus dos hijos: Almutamán, rey de Zaragoza, y Almundir, rey de Lérida.

El Campeador siguió al servicio del primero, a quien ayudó a defender sus fronteras contra los avances aragoneses por el norte y contra la presión leridana por el este. Las principales campañas de Rodrigo en este período fueron la de Almenar en 1082 y la de Morella en 1084.

Reconciliación con Alfonso VI

Almutamán murió en 1085, probablemente en otoño, y le sucedió su hijo Almustaín, a cuyo servicio siguió el Campeador, pero por poco tiempo. En 1086, Alfonso VI, que por fin había conquistado Toledo el año anterior, puso sitio a Zaragoza con la firme decisión de tomarla.

Fue por entonces cuando Rodrigo recuperó el favor del rey y regresó a su patria. No se sabe si se reconcilió con él durante el asedio de Zaragoza o poco después, aunque no consta que se hallase en la batalla de Sagrajas. Al parecer, le encomendó varias fortalezas en las actuales provincias de Burgos y Palencia.

Campañas Levantinas

Después de permanecer con la corte hasta el verano de 1087, Rodrigo partió hacia Valencia para auxiliar a Alqadir, el depuesto rey de Toledo al que Alfonso VI había compensado de su pérdida situándolo al frente de la taifa valenciana, donde se encontraba en la misma débil situación que había padecido en el trono toledano.

El Campeador pasó primero por Zaragoza, donde se reunió con su antiguo patrono Almustaín y juntos se encaminaron hacia Valencia, hostigada por el viejo enemigo de ambos, Almundir de Lérida. Después de ahuyentar al rey leridano y de asegurar a Alqadir la protección de Alfonso VI, Rodrigo se mantuvo a la expectativa, mientras Almundir ocupaba la plaza fuerte de Murviedro (es decir, Sagunto), amenazando de nuevo a Valencia.

Tal actitud sugiere que durante su estancia en la corte, Alfonso VI y él habían pactado una situación de virtual independencia del Campeador, a cambio de defender los intereses estratégicos de Castilla en el flanco oriental.

Segundo Destierro

En 1081 el Cid es desterrado por primera vez de Castilla. 300 de los mejores caballeros castellanos le acompañaron en tan difícil situación. En los diez años siguientes, la fama del Cid se acrecentó espectacularmente al contrario que el reinado del rey Alfonso VI.

Bajo la acusación de conspirar contra la vida del monarca, Alfonso despojó al Cid de todos sus bienes, mandó a prisión a Jimena y sus tres hijos y lo expulsó de sus dominios. A principios de 1090, derrotó primero a Mundir en tierras de Denia y arrasó desde Orihuela hasta Játiva; en abril alcanzó la paz con el rey de Lérida.

En Tevar, en mayo de 1090, hizo un nuevo alarde de valor y capacidad estratégica al derrotar a Berenguer y su numeroso ejército. La victoria le proporcionó un valioso botín, entre el que se encontraba la espada Colada, que usaría en adelante.

Conquista de Valencia

En los años siguientes, las campañas para la conquista de Valencia, hasta ese momento en poder de Ibn Ŷaḥḥāf, asesino de al Qadir, fueron constantes. En 1093, el Cid cercó la capital, que empezó a sufrir privaciones.

El ejército del Cid emplazó máquinas de guerra que causaron grandes daños en los muros de la ciudad y por fin, tras un año de sitio, Valencia cayó en manos del Cid que se proclamó "príncipe Rodrigo el Campeador" el 17 de junio de 1094.

Muerte y Legado

En torno al 1093, matan a su protegido de Valencia Al-Cádir, ciudad que fue tomada por Ben Yehhaf. Aún habría de combatir numerosas batallas, como la que el mismo año le enfrentó al emperador almorávide Mahammad, sobrino de Yusuf, el cual se presentó a las puertas de Valencia con 150.000 caballeros.

El domingo 10 de julio de 1099, muere el Cid. En Valencia en julio de 1099, quizá por una infección. No imprimar esa zona, dejarla como viene. Los héroes de las epopeyas y gestas antiguas y modernas son, en muchos casos, fruto de la imaginación individual o colectiva.

Así pues, El Cantar del Cid, es una canción recitada por los juglares de aquellos tiempos medievales. El texto que nos ha llegado, es una transcripción de un copista llamado Per Abbat en un manuscrito (del s.

El Cid es importante por varias razones. No solo fue un guerrero excepcional, sino también un líder capaz de unir a cristianos y musulmanes bajo su mando. En una época marcada por las luchas entre musulmanes y cristianos, sus hazañas se convirtieron en símbolo de la lucha de España por recuperar su territorio, y su historia, ha sido fuente de inspiración de la literatura y el cine. El "Cantar de Mio Cid" es uno de los primeros ejemplos de literatura en español y cuenta las hazañas heroicas de este caballero.

Tabla Cronológica del Cid Campeador

Año Acontecimiento
1043 Nacimiento de Rodrigo Díaz de Vivar en Vivar, Burgos.
1063 Participa en la Batalla de Graus.
1074 Matrimonio con Jimena Díaz, prima de Alfonso VI.
1081 Primer destierro de Castilla.
1086 Batalla de Sagrajas.
1094 Conquista de Valencia y se proclama "Príncipe Rodrigo el Campeador".
1099 Muerte del Cid en Valencia.

El CID Campeador🔻 HISTORIA, LEYENDA y MITO de Rodrigo Díaz de Vivar

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