Carlos I de España y V de Alemania, una de las figuras más destacadas de la historia moderna, cuyo nombre completo era Carlos de Habsburgo, nació el 24 de febrero de 1500 en Gante, una región de Flandes que actualmente pertenece a Bélgica. Sus padres fueron Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, y Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano I y María de Borgoña, lo que significó la implantación de la Casa de Habsburgo en España. Su nacimiento tuvo lugar en el Palacio de Prinsenhof. Juana, sintiendo dolores durante una fiesta, se retiró y dio a luz en una letrina del palacio.
Retrato de Carlos V
Segundo de los seis hijos de Juana I (1479-1555) y de Felipe El Hermoso (1478-1506), el futuro Carlos I de España y V de Alemania pasó su infancia en Malinas (Bélgica). Conde de Flandes y Señor de los Países Bajos desde la muerte de su padre en septiembre de 1506, su tía, la Archiduquesa Margarita de Austria (1480-1530) -viuda del Príncipe Juan (1478-1497), segundogénito de los Reyes Católicos, y hermana menor de Felipe El Hermoso-, ejerció la Regencia hasta que en 1515 fue declarado mayor de edad. Su educación estuvo a cargo de Adriano de Utrecht, futuro Papa Adriano VI. Si bien el entonces Príncipe Carlos contó con un preceptor español, Luis Cabeza de Vaca, su infancia y primera juventud transcurrieron en un ambiente cultural predominantemente francófono.
Quienes lo conocieron lo describen «como de estatura mediana, ni muy alto ni muy bajo, de piel clara, pelo rojo y liso, ojos azules y nariz aguileña, de cuerpo proporcionado y aquejado de prognatismo», herencia común en los Habsburgo. Un problema que dificultaba tanto comer como hablar y que aporta a la expresión de quien lo padece un aspecto un poco tonto. Era de un carácter serio y poco dado a los halagos o las juergas, pese a haber nacido en una de las cortes más brillantes de la época, o quizá se podría achacar al haberse criado lejos de su progenitores, quedando al amparo de su tía Margarita de Austria. Un carácter que fue empeorando con el transcurso de los años, porque lo que sí era, y mucho, bastante aficionado a la buena mesa y al buen vino.
Ascenso al Poder
A la muerte de su abuelo Fernando II (1516) y dada la incapacidad de su madre, heredó las coronas de Castilla y Aragón. Fue también rey de Sicilia desde 1516 a 1556, bajo el nombre de Carlos IV. En 1517 llega por primera vez a España para hacerse cargo del reino, en 1519 muere su abuelo Maximiliano I y en 1520 sale de España con la intención de ser elegido heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, pero para ello tiene que recaudar dinero y por lo tanto elevar los impuestos.
Carlos I se convirtió en Rey de España tras la muerte de su abuelo materno, Fernando El Católico, el 25 de enero de 1516. Debido a la inestabilidad mental de su madre, la Reina Juana, se dispuso que el nuevo Monarca reinara conjuntamente con ella, quien por su parte continuó recluida en Tordesillas hasta su muerte el 12 de abril de 1555. El 28 de junio de 1519, Carlos fue elegido Emperador de Alemania con el nombre de Carlos V, tras el fallecimiento de su abuelo paterno, el Emperador Maximiliano I, en enero de ese mismo año.
Cuando murió su padre en 1506 fue nombrado rey de Borgoña, recibiendo Holanda, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado, a lo que se le añadiría más tarde la herencia de su abuelo materno, que por incapacidad de su madre la reina doña Juana recibió los reinos de Castilla, Aragón, Navarra, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y los territorios conquistados en América.
Mapa del Imperio de Carlos V
Conflictos Internos
Los comienzos del nuevo reinado se caracterizaron por la inestabilidad. La incomprensión hacia los intereses europeos del Monarca, añadida a la conflictividad reinante en las grandes ciudades y a los errores iniciales de Carlos I, como las mercedes y cargos públicos que concedió a algunos de sus consejeros flamencos, se encontraron en el origen del estallido en 1520 de la revuelta de las “Comunidades” en Castilla y del movimiento agermanado en Valencia y Mallorca. Ambas insurrecciones, que pusieron en tela de juicio la autoridad real, se prolongaron hasta 1522, año en el que fueron sofocadas definitivamente por las fuerzas leales al Monarca y éste aprobó la concesión de un “perdón general”. Otros factores que contribuyeron al restablecimiento de la normalidad fueron la mayor integración de las elites locales en la Administración de la Monarquía, la continuidad con algunas de las reformas institucionales iniciadas en su día por los Reyes Católicos, como el incremento del número de Consejos de gobierno, y la presencia en territorio castellano de la esposa del Monarca, Isabel de Portugal, que le sustituyó al frente del poder durante sus ausencias, así como de sus hijos.
Matrimonio e Hijos
El 11 de marzo de 1526 contrajo matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal (1503-1539). La pareja real tuvo cinco hijos: el futuro Felipe II (1527-1598); la Infanta María (1528-1603), Emperatriz de Alemania como esposa de Maximiliano II de Austria (1527-1576); el Infante Fernando (1529-1530); la Infanta Juana (1535-1573), Princesa heredera de Portugal por su matrimonio con el príncipe Juan -hijo mayor del monarca portugués Juan III y de Catalina, hermana de Carlos V-, y el Infante Juan (1537-1538). Tras la muerte de Isabel de Portugal el 1 de mayo de 1539, Carlos I permaneció viudo hasta su muerte.
El Monarca también fue padre de dos hijos extramaritales: Margarita de Austria (1521-1586), Duquesa de Parma como esposa, primero, de Alejandro de Médicis, I duque de Florencia, y después de Octavio Farnesio, duque de Parma, y futura Gobernadora de los Países Bajos, y Don Juan de Austria (1547-1578), uno de los artífices de la victoria de Lepanto frente a los turcos el 7 de octubre de 1571.
Política Exterior y Conflictos
En calidad de Soberano, Carlos I aspiró a consolidar la posición de la Monarquía Hispánica como potencia hegemónica en las relaciones internacionales europeas. A lo largo de su reinado, la política exterior carolina estuvo condicionada por la rivalidad con Francia y el Imperio Otomano, las consecuencias de la ruptura religiosa en Alemania y la amplitud de los frentes militares a los que el Monarca hubo de prestar atención.
La participación española en los conflictos bélicos de la Europa de la primera mitad del Quinientos se saldó con éxitos notables como las victorias de Pavía (1525) y Mühlberg (1547), la toma de Túnez (1535) y la incorporación del Ducado de Milán a los territorios bajo soberanía de la Monarquía Hispánica (1540), pero también con fracasos como los de la “Jornada de Argel” (1541), la precipitada huida de Carlos I de Innsbruck (1552) o la firma de la Paz de Augsburgo (1555), que consumó la división religiosa en el Imperio alemán. Frente a este balance desigual en el ámbito europeo, en el continente americano son de destacar la conquista de los Imperios Azteca e Inca por las huestes a las órdenes de Hernán Cortes y Francisco Pizarro, en 1521 y 1533 respectivamente; la creación de los virreinatos de Nueva España (1535) y Perú (1542), o la culminación de la primera vuelta al mundo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano entre 1519 y 1522.
El emperador Carlos, fue en su proceder un precursor de la globalización, con la espada en mano anheló un orbe católico tratando de hacer realidad el inicio de un imperio universal cristiano, pero para ello necesitaba el Milanesado como medio de unión de sus reinos. Esto lo consiguió en 1526, a través del Tratado de Madrid, y también el ducado de Borgoña al vencer en 1522 al rey francés Francisco I en Bicoca y en 1525 en Pavía, devolviéndole el dominio sobre el norte de Italia.
Su política internacional tuvo muchos frentes. La coronación como emperador de Carlos por el Papa, se fundamentaba en este hecho, un acto que se realizaba dos años más tarde del Saqueo de Roma el 6 de mayo de 1527 por las tropas imperiales, dando lugar al pacto de reconciliación mediante un tratado firmado en Barcelona el 29 de junio de 1529. Con todo el afán que puso en la unificación, fue incapaz de conseguir aquellos dos objetivos que se había fijado cuando fue elegido al más alto cargo que se podía aspirar: la cruzada contra el turco y la restauración de la unidad espiritual de la Cristiandad.
Manuel Fernández Álvarez nos viene a decir muy acertadamente, que se sentía: «borgoñón entre los borgoñeses, español en Castilla y en Aragón, italiano entre los italianos y no supo percibir la fuerza arrolladora de los modernos nacionalismos que se resistían a acatar cualquier comportamientos. De ahí la necesidad de cambiar el vocabulario». Este complejo conjunto que formó la monarquía hispánica se configurará uno de los estados más complejos de gestionar. Ello se debió a varios factores, como la multiplicidad y distancia de los territorios que formaron parte de ella, o la propia naturaleza política y jurídica de aquellos.
La hegemonía de los Austrias españoles en los siglos xvi y xvii, determinó el despliegue de una red de agentes y una movilización de recursos financieros y militares como nunca antes se había dado en Europa, afectando a espacios y territorios situados en el Mediterráneo, el centro y norte de Europa y al otro lado del Océano Atlántico. Todo esto nos hace pensar, que la noción de Europa en esos años de mediados del siglo xvi, ya no es meramente geográfica, sino cultural. Ya la Cristiandad es un concepto anacrónico, pues ya no responde a una realidad. A pesar de todo ello, Europa seguiría teniendo muchas cosas en común. Las naciones que la componen son hermanas y, en consecuencia, los enfrentamientos a que están expuestos son guerras civiles, fratricidas. Por lo tanto se puede deducir de todo ello que es implícitamente: una actitud pacificadora de los cristianos de confesiones diferentes que apoyan el ecumenismo irenismo conciliador.
Carlos enarbola la bandera de adalid y representante de lo que en la actualidad denominaríamos la civilización y cultura europea. Es tentador vislumbrar en su figura la del precursor de una Europa unida, que no fuese una resurrección del impero carolingio. Ahora bien la idea de civilización europea como tal, como acabará de imponerse dos siglos más tarde, será una sociedad laica y carecerá del absoluto componente religioso que todavía le daba a un Carlos fiel a la cristiandad medieval, heredada de sus abuelos los Reyes Católico y Maximiliano I de Habsburgo.
Abdicación y Muerte
Decepcionado con los resultados de su política exterior, entre octubre de 1555 y enero de 1556 Carlos I renunció a los territorios bajo la soberanía de la Monarquía Hispánica en favor de su hijo, Felipe II, en tanto la Corona imperial pasaba a su hermano Fernando (1503-1563). Tras su abdicación, el Monarca regresó a España. Desde febrero de 1557 se instaló en una Casa-Palacio aneja al Monasterio de Yuste (Cáceres), donde falleció el 21 de septiembre de 1558.
Las dificultades económicas y el cansancio de una vida tan agitada y sus múltiples ataques de gota, le llevaron a retirarse al monasterio de Yuste (1556), abdicando sus derechos imperiales en su hermano Fernando y la corona de España junto a los dominios de Italia y los Países Bajos en su hijo Felipe II.
| Acontecimiento | Fecha |
|---|---|
| Nacimiento | 24 de febrero de 1500 |
| Muerte de Felipe el Hermoso | Septiembre de 1506 |
| Declarado mayor de edad | 1515 |
| Muerte de Fernando El Católico | 25 de enero de 1516 |
| Elección como Emperador de Alemania | 28 de junio de 1519 |
| Matrimonio con Isabel de Portugal | 11 de marzo de 1526 |
| Muerte de Isabel de Portugal | 1 de mayo de 1539 |
| Abdicación | Entre octubre de 1555 y enero de 1556 |
| Muerte | 21 de septiembre de 1558 |
