El término "Estado de Bienestar" es un concepto político-económico que designa un modelo de estado y de organización social en el que el Estado cubre los derechos sociales de todos los ciudadanos del país.
“Estado de bienestar” y “Estado del Bienestar” suelen utilizarse hoy de forma indistinta, pero mientras del primer rótulo hay usos en español ya en 1852, el segundo no aparece sino cien años después.
El estado del bienestar consiste en un conjunto de acciones llevadas a cabo por parte del gobierno para conseguir una mayor redistribución de los recursos y mejorar el bienestar general de la población. Se produce, por tanto, una intervención del estado en la economía y la sociedad para combatir la desigualdad en estos ámbitos y repartir los beneficios de forma más equitativa entre la población. Para ello, el Estado debe asumir la responsabilidad de la prestación de servicios tales como la educación o la sanidad y ofrecerlos de forma no discriminatoria y sin costes para los ciudadanos.
La cultura, las prestaciones por jubilación, desempleo, orfandad o invalidez o los servicios sociales son otros de los pilares de los estados del bienestar.
El principal método del que disponen los gobiernos para redistribuir la riqueza necesaria para alcanzar el Estado del Bienestar es la recaudación de impuestos y tasas. De esta manera, el Estado necesita intervenir en la economía, retirando fondos de algunos ámbitos para destinarlos a otras partidas.
El gasto del gobierno para mantener el estado del bienestar puede dirigirse a tres grupos principales. Por un lado, las prestaciones contributivas se orientan a aquellas personas que han contribuido previamente a la sociedad a través de sus cotizaciones. Por otro lado, las prestaciones universales se dirigen a toda la población y para concederse necesitan solamente el requerimiento por parte de estas. Por último, estarían las prestaciones compensatorias, designadas a ayudar a aquellos colectivos sin o con escasos recursos.
Con estas políticas de redistribución de la renta se busca proteger a los trabajadores de los cambios en los mercados y a los ciudadanos en general de las diferencias sociales. Con las prestaciones se busca que las personas con una desventaja económica o social dispongan de unos ingresos mínimos para evitar que caigan en la marginalidad.
Los estados del bienestar han ido evolucionando con el progreso de los países de forma que se han extendido más allá de los elementos básicos anteriormente mencionados. Surgen, de esta forma, otras medidas más avanzadas como ayudas a la vivienda, a la juventud, para la conciliación laboral y familiar, subvenciones para las actividades económicas....
Las críticas que recibe este sistema, especialmente por parte de los sectores más liberales, argumentan que el estado está sustrayendo recursos a los ciudadanos que producen para mantener a los que no crean riqueza.
Qué es Estado de Bienestar - Bully Magnets - Historia Documental
Origen y Evolución del Término
El término "estado del bienestar" procede de la expresión inglesa Welfare State, concepto con el mismo significado y del que es una traducción literal. Se acuñó en torno a 1945, con el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque antes ya se habían utilizado otros términos para hacer referencia a la misma idea.
Esta propuesta de sistema organizativo del estado nace muy ligado a las reivindicaciones por las mejoras laborales y al desarrollo de los partidos democráticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, caracterizada por el enfrentamiento entre sistemas totalmente opuestos, se trató de buscar una opción intermedia entre el liberalismo más radical de no intervención y el comunismo de total control por parte del estado.
“Estado del Bienestar” es rótulo que, en español, comienza a propagarse desde 1960 de manera organizada, de la mano del Congreso por la Libertad de la Cultura, instrumento ideológico anticomunista durante la Guerra Fría, con sede en París, tutelado y financiado desde Langley, a diez millas del Pentágono, por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos del Norte de América.
Los primeros usos en español del rótulo “estado de bienestar” se documentan ya mediado el siglo XIX, una década más tarde de que Jaime Balmes utilizase “estado de malestar” en 1844.
No debe resultar extraño, por tanto, que el rótulo “estado de malestar” aparezca en español antes que el rótulo “estado de bienestar”, cualidad del estado dada por supuesta. Debemos al presbítero católico Jaime Balmes Urpía (1810-1848) el primer uso conocido de aquel rótulo.
El discreto papel de las ideologías
Al hablar de las causas, lo primero que hay que advertir es que, en contra de la visión más generalizada, el Estado del Bienestar no surgió por obra de una ideología o de un partido político concretos, ni tampoco fue el resultado de procesos políticos revolucionarios que pretendieran implantar una sociedad comunista.
El Estado del Bienestar es un concepto que, como hemos dicho, engloba múltiples funciones, facetas e instrumentos de la intervención del Estado, cada uno de los cuales tuvo unos orígenes distintos. Por tanto, la formación del Estado del Bienestar ha resultado de múltiples factores históricos y ha tenido manifestaciones muy distintas por períodos, por países y por continentes.
Frente a la pureza teórica y el rigor formal de conceptos como el capitalismo y el socialismo, las economías actuales son, en realidad, economías capitalistas mixtas, en las que el mercado y el Estado se complementan.
Al contrario de lo que ha sucedido con las corrientes políticas liberales o socialistas, el Estado del Bienestar no ha contado con grandes pensadores que hayan abanderado un pensamiento político en torno al Estado del Bienestar. No hay ningún gran libro sobre el Estado del Bienestar que se haya difundido y estudiado en las universidades del mundo tanto como los que han tratado teóricamente el capitalismo o el socialismo, como fue el caso de las obras de Adam Smith o Carlos Marx.
Para hablar de textos influyentes en la formación del Estado del Bienestar, se suelen citar, como mucho, el Informe Beveridge.
Por otro lado, no hay ningún “ismo” particular que pueda asociarse al Estado del Bienestar, al contrario de lo que sucede con el liberalismo, el socialismo o el fascismo. No hay ninguna “filosofía” o “doctrina” asociada al Estado providencia; ni tampoco, frente a la abundancia de partidos liberales, socialistas o comunistas, puede hallarse en la historia un “Partido del Estado del Bienestar”.
Quienes han propuesto las ideas y han creado los organismos encargados de configurar el Estado del Bienestar han sido autores y políticos menos prolíficos y menos famosos que los filósofos del liberalismo, del socialismo y del fascismo.
Al contrario que los liberales, que compartían un sustrato ideológico común (otro tanto puede decirse de los socialistas), los creadores del Estado providencia han sido personajes de creencias, mentalidades y posiciones políticas muy distintas, cuando no crudamente enfrentadas entre sí.
Esto no significa negar la existencia de pensadores que hayan propuesto medidas que hayan llevado a la transformación del Estado liberal, sino la existencia de un cuerpo doctrinal sobre el Estado providencia. Existieron, desde luego, los economistas y políticos, en Inglaterra y en Alemania, que propusieron esa vía de reforma del Estado liberal, pero sus escritos quedaron eclipsados por los economistas clásicos y marxistas.
No obstante, es innegable que las ideologías influyeron indirectamente en el surgimiento del Estado providencia; sobre todo como una forma de reacción frente a las instituciones e ideologías existentes (a los seguidores del liberalismo más radical) y a las propuestas revolucionarias presentadas por las doctrinas socialistas.
De hecho, puede decirse que, de una forma pragmática y sin grandes “acontecimientos revolucionarios“ con la formación del Estado benefactor se ha conseguido que el desarrollo del capitalismo se apartase de la hipotética, y peligrosa para su supervivencia, senda que hubiese seguido de mantenerse las políticas liberales del siglo XIX.
El surgimiento del Estado providencia explica, entre otras cosas, que no se cumpliesen las sombrías predicciones de Carlos Marx sobre la evolución del capitalismo (su colapso y sustitución por el socialismo) y de la suerte de las clases trabajadoras.
Como es natural los aspectos técnicos o tecnológicos siempre estarán de alguna manera cruzados con aspectos nematológicos cuando el referente sea un concepto tan vaporoso e impreciso como “Estado del Bienestar”, en general, sin precisar otros parámetros.
¿Son intercambiables los planes y programas de “Estado del Bienestar” aplicados a naciones que históricamente han sido cabeceras de imperios, generadores o depredadores, a naciones de tradición católica, protestante, islámica, budista o confuciana?
¿Cómo afecta al “Estado del Bienestar” respectivo que en España el 84% de sus habitantes sean propietarios de su vivienda, frente al 63% en Inglaterra, el 60% en Estados Unidos, el 58% en Francia, o el 53% en Alemania?
¿Y el hecho de que España sea después de Japón (86 años) la nación con más esperanza de vida media (84 años), mientras que Francia es el sexto (82,9 años), Estados Unidos el 20 (81,5 años), Reino Unido el 22 (81,4 años), Alemania el 26 (81 años), México el 48 (76,6 años) o Rusia el 105 (71,9 años)?
Si por “Estado” entendemos la sociedad política histórica en la que, a partir de la evolución de dos o más sociedades políticas primarias (uniarquías, protoestados), se pueden ya distinguir las tres capas características del cuerpo de una sociedad política organizada a partir de la apropiación de un territorio -capa basal, capa conjuntiva y capa cortical-, sociedad política estatal que se conforma frente a otras sociedades políticas primarias o ya estatales, todo Estado lo será necesariamente por haber alcanzado cierta eutaxia política, “buen orden” necesario para su cristalización y cierta persistencia en el tiempo.
Por tanto, que por su génesis histórica, todo estado ha de ser considerado “estado de bienestar” (en sentido político). No tiene sentido imaginar, por su génesis, ningún “estado de malestar”. Otra cosa será que la distaxia de una sociedad política estatal pueda determinar su corrupción, transformación, desaparición, absorción, &c.
