Características Normales de la Placenta Durante el Embarazo

La placenta es un órgano fascinante y esencial que se desarrolla durante el embarazo. Actúa como un puente vital entre la madre y el feto, proporcionando los nutrientes y el oxígeno necesarios para el desarrollo del bebé. Además, es la encargada de secretar hormonas fundamentales para el correcto curso de la gestación.

De hecho, es una de las cosas que los especialistas necesitan observar y controlar en cada una de las revisiones . Su papel es muy importante durante el embarazo, por no decir fundamental.

Formación y Desarrollo de la Placenta

El proceso de fecundación es bastante conocido en la sociedad. El espermatozoide fecunda al óvulo en la trompa de Falopio y, posteriormente, el embrión desciende hacia el útero dónde consigue implantar en el endometrio. Sin embargo, es posible que haya desconocimiento acerca de cómo se originan las estructuras extraembrionarias de la placenta y el cordón umbilical.

Después de la fecundación, el embrión comienza a dividirse, de forma que de una célula pasa a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho, y así sucesivamente. Cada una de las células del embrión se divide en dos.

A partir del día 3 del desarrollo embrionario se empieza a formar el blastocisto, la estructura embrionaria necesaria para que pueda tener la implantación en el útero y, por tanto, el embarazo. Para ello, el embrión tiene que pasar de estar compactado a tener una estructura con una cavidad interna y dos grupos celulares bien diferenciados.

Así, cuando el embrión se implanta en el endometrio, alrededor del 5º o 6º día después de la fecundación, se pueden distinguir claramente dos capas:

  • Trofoblasto: Dará lugar a la placenta y al cordón umbilical. Las células que forman el trofoblasto, a su vez, se van a diferenciar durante la segunda semana de embarazo en 2 capas de células, una interna denominada citotrofoblasto y otra externa denominada sincitiotrofoblasto.
  • Masa celular interna: De aquí derivarán todos los tejidos que formarán el embrión. En concreto, se produce la transformación de la masa celular interna del blastocisto en un disco embrionario, el cual es el inicio de todos los tejidos y órganos.

Para que tenga lugar la implantación del embrión, el sincitiotrofoblasto es el encargado de digerir el endometrio mediante enzimas proteolíticas. En este proceso se van a romper los vasos sanguíneos del endometrio y se va a producir una rápida invasión por parte del sincitiotrofoblasto.

Formación del Corion y la Placenta

Una vez completada la implantación embrionaria, quedarán totalmente conectados los vasos sanguíneos de la madre con el sincitiotrofoblasto.

Toda esta unión de vasos entre el embrión, la madre y el sincitiotrofoblasto dará lugar a una estructura llamada corion. Esta estructura junto con la pared mucosa del útero formarán la placenta. De este modo se establecerá una circulación útero-placentaria gracias a la formación de vellosidades profundas, las cuales se ramifican.

La placenta es un órgano con forma redondeada que suele medir alrededor de 22 cm de diámetro y tiene un grosor de 2,5 cm. El peso de la placenta suele oscilar entorno a los 500 gramos, aunque este peso no contempla las membranas ni el cordón. Además, en la placenta se distinguen una superficie fetal o placa coriónica y otra materna o placa basal.

Funciones de la Placenta

La placenta se encarga de aportar oxígeno y nutrientes al bebé a lo largo de su desarrollo y, por tanto, del embarazo. Además, esta estructura tiene una acción inmunológica, ya que la placenta permite que el embrión no se reconozca como extraño. Otra de las funciones de la placenta es sintetizar hormonas y factores de crecimiento. Estas moléculas son fundamentales para el metabolismo del bebé, pero también de la madre. Una de las hormonas producidas por la placenta es la gonadotropina coriónica o más popularmente conocida como beta hCG.

Aparte de esta hormona, la placenta también segrega estrógenos, progesterona, relaxina y otras hormonas femeninas (GnRH, TRH, inhibina, etc.). También se produce el desarrollo del lactógeno placentario, una hormona que promueve el crecimiento del feto, la lactancia y la producción de otras hormonas como la prolactina.

Funciones protectoras, ya que permite el paso de los anticuerpos de la madre al feto, con mecanismos que previenen la aparición de daños oxidativos, el ataque de compuestos tóxicos, tanto endógenos como exógenos, etc.

La madre proporciona al feto oxígeno, agua y principios inmediatos; y el feto cede a la madre el dióxido de carbono procedente de la respiración, y otros metabolitos (por ejemplo, la urea).

Formación del Cordón Umbilical

El embrión irá creciendo a su vez, aunque de forma más lenta que las estructuras externas. El crecimiento embrionario depende de la llegada de nutrientes y oxígeno, así como de la eliminación de los productos de desechos.

Para conectar el embrión y la envoltura trofoblástica se forma el denominado pedículo de fijación, que se convertirá posteriormente en el cordón umbilical.

El cordón umbilical es la conexión entre la placenta y el feto. Su composición consta de dos arterias que salen del feto en dirección a la placenta y una vena que sale de la placenta hacia el feto.

Así pues, no existe intercambio directo de sangre entre la madre y el embrión, todo se realiza a través del corion y el cordón umbilical. Estas estructuras sirven también de filtro, ofreciendo protección al feto frente a posibles agentes dañinos que estuvieran presentes en la sangre materna.

Aunque el origen del cordón umbilical y la placenta sea extraembrionario, se necesitan los tejidos maternos para formar todo el conjunto materno-fetal. Este conjunto servirá durante los nueve meses de embarazo para que el feto se alimente e intercambie los gases necesarios durante el desarrollo embrionario.

Asimismo su tamaño puede variar entre 33 y 100 centímetros. Se considera normal 55 cm., pero puede presentarse de 0,5 cm. y de 198 cm. Si el cordón es muy corto, el abdomen del feto está en contacto con la placenta.

Posición de la Placenta

Cuando se comienza a formar, se adhiere a la capa más interna del útero y, depende de dónde se coloque, tenemos la que podemos definir como primera clasificación y quizás de las más importante. La placenta suele ubicarse en la parte superior del útero.

Y según sea su localización, hablamos de placenta de cara anterior, posterior o fúndica. ¿Qué significa esta clasificación?

  • Placenta anterior: Si se sitúan hacia delante, más hacia la propia barriga. La placenta anterior quiere decir que se encuentra insertada en la cara uterina más próxima al ombligo de la madre. La única posible repercusión es que la placenta anterior puede hacer que las mujeres comiencen a percibir movimientos fetales de forma más tardía. En estos casos la placenta funcionaría como una especie de amortiguador de estos movimientos, como una almohada. En cuyo caso, hasta que estos no son más intensos, no son percibidos por la futura mamá.
  • Placenta posterior: Si están hacia atrás del útero, es decir, parecen pegadas hacia la espalda.
  • Placenta fúndica: La que se sitúa en la parte más superior del útero.

Cualquiera de estas tres posiciones de la placenta se considera como normal durante el embarazo y no conlleva ningún control especial ni riesgos específicos.

Tipos de Placenta y sus Características

También hay algunas placentas, nos explica la experta, “mucho más raras de ver y que presentan anomalías”.

  • Placenta de baja implantación: La primera de la que podemos hablar es la placenta de baja implantación, “cuando se inserta muy cerca del orificio cervical (por donde sale nuestro bebé)”. En estos casos, pueden aparecer complicaciones, “pero es algo que no se puede prevenir”. Se suele observar ya al principio de la gestación, con la primera ecografía incluso, y se ve cómo es su evolución en los sucesivos controles. Además, nos dice, “en ocasiones puede dar lugar a sangrados durante el embarazo, ya que los vasos sanguíneos que se deberían conectar con el útero pueden sangrar con mayor facilidad en esa zona, debido a que la inserción será subadecuada y habrá exceso de movimiento en esa zona”.
  • Placenta previa parcial: El siguiente tipo de placenta que puede llamarnos la atención es la placenta previa parcial, que “nos sitúa en la misma posición que una placenta previa total (de la que hablaremos a continuación), pero con algunas especificaciones”. En este caso, la placenta se implanta parcialmente sobre el orificio cervical interno, obstruyendo la salida del útero. Una circunstancia que tiene efecto directo sobre el parto. En líneas generales, nos dice la matrona, “se puede intentar un parto vaginal con una placenta de inserción marginal, pero se debe realizar una monitorización más estrecha de la evolución del parto”. De hecho, nos dice, “tampoco es muy seguro plantear un parto vaginal”.
  • Placenta previa total: Es la única vía posible, “ya que le bebé no puede atravesar su propia placenta para poder nacer, está físicamente taponando la salida que tiene”. Y, aquí, nos confirma la matrona, “esto implica necesariamente una cesárea el día del parto”.
  • Placenta acreta: Un tipo de placenta que se inserta demasiado dentro, en la capa interna del útero y puede llegar a atravesarlo. De la misma manera, la placenta increta y percreta son placentas que penetran aun más en el músculo uterino o en la pared uterina y que, a veces, se extienden a estructuras próximas como la vejiga. En estos trastornos, la placenta no se separa totalmente del útero como debería hacerlo cuando la mujer da a luz al bebé, lo cual puede producir una hemorragia peligrosa después del parto vaginal. Por lo general, la placenta debe extirparse quirúrgicamente para detener la hemorragia y, con frecuencia, es necesario realizar una histerectomía (extirpación del útero). Cuando se diagnostica placenta accreta antes del nacimiento, suele realizarse un parto por cesárea seguido inmediatamente por una histerectomía para reducir la pérdida hemorrágica y otras complicaciones en la madre.
  • Placentas bilobuladas: “Bastante curiosas”, que es cuando se encuentra dividida en dos.
  • Placentas circunvaladas: Aún menos frecuentes, se caracterizan por la unión de las membranas y una depresión central con zona anular blanquecina engrosada.

Inserción del Cordón Umbilical

Habitualmente, nos explica la matrona, “se inserta en el centro de la misma, pero hay veces que puede estar en un lateral (placenta con cordón de inserción marginal o placenta de raqueta) o en las membranas amnióticas (inserción velamentosa)”. No implica complicaciones, salvo en este último caso, “que puede suponer riesgos importantes, especialmente para el bebé”.

Tamaño y Peso de la Placenta

Por último, como hemos visto, la placenta va aumentando en tamaño según avanza la gestación, sin embargo, su diámetro suele oscilar entre los 15 y los 25 centímetros (su tamaño medio es de 18,5 cm), con un espesor de 3 centímetros y un peso aproximado de unos 500 gramos.

  • Placenta grande: Se da en aquellos casos de eritobastosis fetal (afección que hace que los glóbulos rojos de un bebé no sean los suficientes), sobrepasando el 50% del tamaño del feto.

Madurez Placentaria

PLACENTA PREVIA en el embarazo, placenta baja ¿Qué es? ¿Cómo afecta al parto la placenta previa?

La placenta es un órgano con un ciclo de vida muy corto, ya que dura lo mismo que el embarazo. Por tanto, la madurez de la placenta es su edad, que nada tiene que ver con la edad de la mujer. El estado de madurez se mide en cuatro grados según va evolucionando. Para ello se tienen en cuenta las calcificaciones intraplacentarias. Esto se puede ver en las ecografías.

  • Placenta en grado 0: La placa corial y la placa basal se ven homogéneas.
  • Placenta grado 1: Se aprecian zonas de color blanco en la ecografía.
  • Placenta grado 3: Tiene grandes depósitos de calcio en todos los niveles.

Como has podido ver, según avanza el embarazo la placenta va envejeciendo. Esto entra dentro de la normalidad. Lo que puede ser preocupante es que lo haga antes de tiempo, porque el bebé podría no recibir los nutrientes suficientes. Es entonces cuando se habla de una placenta envejecida o hipermadura.

Placenta Previa: ¿Qué es?

Como ya hemos comentado en párrafos anteriores, lo habitual es que la placenta se situe en la parte superior, lateral o trasera del útero. Sin embargo, si se coloca cubriendo total o parcialmente el cuello del útero, es decir, la salida del útero, podemos hablar de placenta previa. Esta colocación anómala impediría que se llevara a cabo un parto natural.

Tipos de Placenta Previa Según la Colocación

  • Placenta previa baja: Se llama placenta previa baja a aquellas que se encuentran cerca de la abertura del cuello del útero, pero no llegas hasta el cuello del útero, más o menos a unos 2 cm. Habrá que esperar al final del embarazo para determinar si el parto vaginal es viable o no.
  • Placenta previa parcial: Encontramos el cuello uterino parcialmente taponado por la placenta.
  • Placenta previa total: La placenta cubre por completo la abertura del cuello uterino.

Síntomas de la Placenta Previa

  • Sangrado vaginal: Suele ser de un color rojo brillante, pero no te preocupes porque es indoloro.

Factores de Riesgo para Placenta Previa

  • Mujeres que ya han tenido un bebé.
  • Con cicatrices en el útero.
  • Placenta previa en un embarazo anterior.
  • Gestación de más de un feto.
  • Embarazada y fumadora.
  • Consumen drogas.

Diagnóstico de la Placenta Previa

Suele diagnosticarse, mediante ecografías en el tercer trimestre de embarazo.

¿Qué Hacer Ante una Placenta Previa?

Si la detección es temprana puede que la ésta se desplace y permita el parto vaginal. Si aparece sangrado abundante, dependerá del momento de la gestación:

  • Si el bebé es aún muy inmaduro será necesario el ingreso hospitalario para controlar la situación y preparar a la madre y al bebé por si fuera necesario llevar a cabo una cesárea prematuramente.

En cualquier caso, un control médico rutinario podrá despejar todas tus dudas. Aunque suele ser preferible evitar las cesáreas, no debes tenerle miedo si tu médico decide que es la mejor opción.

El Alumbramiento: Expulsión de la Placenta

Lo normal es que se sitúe de tal manera que, después de producirse el propio nacimiento del bebé, se produzca su expulsión, lo que conocemos como alumbramiento y que es una fase natural del parto. Un proceso siempre auxiliado por una matrona quien, además, debe cerciorarse de que no permanezcan restos placentarios dentro del útero, pues podría producir complicaciones en el postparto.

Después del nacimiento del niño, el útero sigue contrayéndose para que la placenta se desprenda de la pared uterina y sea expulsada junto con lo que fue la bolsa amniótica.

La placenta se expulsa después del nacimiento del bebé, en el periodo llamado 'alumbramiento'. La placenta se desprende de la pared uterina y es expulsada junto con las membranas amnióticas. Este proceso puede ocurrir entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más.

Para facilitar la expulsión de la placenta se hace un alumbramiento dirigido, que consiste en la administración de oxitocina una vez se ha desprendido el hombro anterior del feto. Posteriormente a la expulsión fetal, el ginecólogo realiza una suave tracción del cordón umbilical para comprobar el desprendimiento de la placenta. Es fundamental asegurar que la placenta se expulse completamente para evitar posibles complicaciones.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿A partir de qué semana se forma la placenta?

La placenta comienza a formarse desde el momento en que el trofoblasto hace contacta con el endometrio, aproximadamente a partir del quinto o sexto día después de la fecundación. Durante este proceso, el trofoblasto se diferencia en dos tipos celulares: el citotrofoblasto, formando internamente, y el sincitiotrofoblasto, formando externamente. El citotrofoblasto es poliédrico y altamente mitótico, mientras que el sincitiotrofoblasto es una estructura multinucleada que invade y prolifera en el endometrio, formando lagunas trofoblásticas.

Estas lagunas trofoblásticas son esenciales para la formación de la placenta, ya que constituyen una red compleja de vasos sanguíneos a través de los cuales el feto recibirá nutrientes y oxígeno de la madre y eliminará productos de desecho. La placenta, junto con el cordón umbilical, establece el sistema de transporte que permite el intercambio de sustancias entre la madre y el feto durante el embarazo. Así, la placenta es un órgano esencial para la nutrición, respiración, protección y producción hormonal durante el desarrollo del feto. Su correcta formación y funcionamiento son fundamentales para asegurar un embarazo saludable y el adecuado crecimiento del bebé en gestación.

¿Cuánto pesa la placenta?

La placenta presenta un peso aproximado de 1.500 gramos durante el embarazo, y juega un papel crucial en el transporte de sustancias necesarias para el adecuado crecimiento y desarrollo fetal durante toda la etapa de gestación.

¿Qué hormonas produce la placenta?

La placenta tiene una acción endocrina. Una de las principales hormonas producida por la placenta es la hormona coriónica humana o hCG.

Sin embargo, la hCG no es la única hormona, la placenta también es capaz de producir el lactógeno placentario humano (hPI), hormonas tiroideas y esteroideas. Esta producción hormonal por parte de la placenta tiene lugar entorno a la semana 12 de embarazo.

La placenta además segrega sus propias sustancias para crear el mejor entorno para el feto hasta que esté listo para nacer.

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