Cristian del Real, hijo del reconocido cantante Francisco, es una figura que ha transitado un camino musical fascinante y poco convencional. Desde su infancia, demostró un talento innato para la música, especialmente en los timbales, llegando a ser considerado un prodigio de la salsa. Sin embargo, su historia dio un giro inesperado cuando decidió dedicarse al piano, explorando nuevos horizontes en el mundo de la música clásica.
Cristian del Real junto a Tito Puente
Un Comienzo Prodigioso en la Salsa
Víctor “El Nene” del Real, padre de Cristian, ha contado como su hijo empezó a tocar la clave al año, el instrumento que marca el ritmo sobre el que se construye toda la música tropical. Cristian, con tan solo tres años, ya mostraba una pasión desbordante por los timbales. Lily Barreto, la madre de Cristian, recuerda que él hacía todo lo que hacía Mayoyo, el timbalero de la orquesta de su padre. Los berrinches se hicieron frecuentes porque no le prestaban los timbales o no lo dejaban estar en los ensayos.
La primera de la familia en enterarse de la noticia de la muerte de Tito Puente fue Lily del Real, hermana de Cristian. Tito Puente era un tema diario para Cristian. Victor no soportó más que Cristian quería tocar y le dijo a Mayoyo, su timbalero, que Cristian quería tocar. Cristian se había plantado en frente de los timbales, encaramado en el estuche del piano eléctrico de su papá y había tocado enfrente de unas diez mil personas. Y la sorpresa fue que aquel niño que ya silbaba y tocaba la clave hizo sonar los timbales como si llevara años de práctica.
Unas semanas más tarde llamaron a Lily, querían contratar al Nene y sus traviesos para un concierto en Barranquilla. La historia se repitió: el llanto, el berrinche, que Cristian quería ir y tocar los timbales. Cristian lloró dos horas porque quería era tocar los timbales. En Barranquilla Victor no alcanzó a bajarse del bus cuando le preguntaron si había traído al niño. Los empresarios le dijeron a Victor que ellos lo habían contratado para que trajera a Cristian.
Lily le mandó a hacer un uniforme miniatura que coincidiera con el de los músicos de la orquesta. Cristian se volvió “un niño genio”. Nunca tocó más de dos o tres canciones en escena, pero esas dos o tres las tocaba como un maestro. Luego vinieron las entrevistas, los especiales y los reportajes en los que decía que sería un timbalero cuando grande, que tendría su propia orquesta que se llamaría Cristian y sus muchachos.
Uno de los programas que quiso saber más de Cristian fue Sábado Gigante, el show más popular de la cadena internacional Univisión. La escena parecía de mentiras. Cristian no solo era un niño, no solo era un timbalero, no solo lo hacía bien, era además un showman. Su hermana Lily, trece años mayor, fue su coach. Ella le enseñó a bailar, a poner el codo encima de los timbales como lo hacía Puente. Cristian no era un loro que repetía como autómata lo que le habían enseñado. Cada golpe que le daba sus timbales era un acto de honestidad: apretaba los labios cuando daba los golpes más graves, abría la boca cuando reventaba el platillo. Cristian saltaba, le daba en la parte de abajo a los timbales.
A mediados de los noventa vino la grabación de su disco Cristian suena el timbal, bajo el sello GIM, que poco o nada sonó en las emisoras. Vinieron las declaraciones de todos los grandes, del Joe Arroyo quien en un Festival de Orquestas de Barranquilla dijo que a Cristian había que “admirarlo, cargarlo y besarlo”. Cristian tocó con Oscar de León y la Fania All-Stars. Luego se robó el show con su participación en la telenovela Perro Amor, donde interpretaba un personaje que no era otro que él mismo. La primera línea que dijo en la novela se la enseñó su hermana Lily. El actor Oscar Borda le decía que tenía que tocar los timbales y Cristian debía responder “Bacano. Lo voy a hacer mejor que Tito Puente”.
La familia viajó a Bogotá y se quedó en el Hotel La Fontana. Lily Barreto, su mamá, abrió la puerta de la habitación de Cristian y le pidió al equipo que entrara en silencio. Cuando Cristian despertó, se encontró con un set de TV armado. En ese documental, el periodista le preguntaba a Cristian qué se sentía al tocar los timbales, pero solo recibía a cambio la mirada del niño. Victor tuvo que interceder, le pidió que le preguntara cosas que pudiera responder diciendo sí o no.
Cristian del Real en el programa Sábado Gigante
El Encuentro con Tito Puente
Cristian apareció en Sábado Gigante a los cuatro años. Don Francisco le hizo la pregunta de siempre: que qué quería ser cuando grande, y Cristian, como siempre, dijo que como Tito Puente. Unos meses más tarde los Del Real recibieron otra llamada de Univisión. Les dijeron que el programa que habían hecho antes se había “dañado”. Viajaron de nuevo a Miami sin entender del todo la razón. Fue allá, luego de que le dijeron a Cristian que esperara en una oficina, que le confesaron la verdad a Victor: “Lo que pasa es que le tenemos acá a Tito Puente”.
En internet existe un video de ese encuentro en el que sorprende una suerte de complicidad entre los dos timbaleros. Ambos se miran, como si pudieran decirse qué viene luego. Tito, como siempre, sonríe. Seis años después, con 11, Cristian volvió al programa. Fue poco después de esa mañana en la que Tito Puente no sobrevivió a una operación de corazón abierto y en la que a Cristian los periodistas no lo dejaron entrar a clase. En esa ocasión se le hacía un homenaje al Rey del timbal. Cristian, vestido con un saco blanco con cuello de tortuga pensó que no lloraría, que si no lo había hecho cuando se enteró no lo haría frente a las cámaras.
En el show le mostraron los videos de ambos tocando juntos, mostraron imágenes de Puente, hablaron de los dos pares de timbales que le había regalado a Cristian. Y entonces Cristian lloró, la cara llena de una mezcla extraña de confusión y dolor.
La Transición al Piano
La fórmula del éxito se le borró de la cabeza. Hoy no sabe cómo hacía para tocar canciones. Recuerda, eso sí, que sabía exactamente dónde quedaba cada cosa en su par de timbales. Para él era todo un juego. Nunca lo obligaron, dice. No hubo rollo cuando decidió parar, asegura. Salir a escena, bailar, dar entrevistas: todo era un juego que en algún momento dejó de ser tan entretenido como tocar el piano. Una niñez normal, según él. Un juego de niños, dice. Como un niño que juega Nintendo, solo que para él eran timbales. Como admirar a Superman, solo que él admiraba a Tito Puente.
Víctor y Cristian estaban limpiando una biblioteca en su casa de Cartagena, sacando libros para regalar. Fue entonces cuando apareció la partitura de Muzio Clementi. Cristian ensayaba en el piano eléctrico de su papá. Luego de Clementi pasó a un estudio de Chopin, pero era claro que la educación autodidacta no iba a ser suficiente. Fueron dos años en los que estuvo estancado en Cartagena. Estudiaba por su lado, coqueteó con tener una carrera como cantante tropical y, cada vez que podía, tocaba timbales. Pero lo cierto es que ya Cristian no era un niño. Ya verlo tocar no producía esa sensación de estar presenciando un milagro. Los contratos dejaron de aparecer.
En los últimos años de colegio Cristian empezó a tocar con la Cartagena Caribe Big Band en el teatro Heredia de Cartagena. En enero del 2008, durante el Festival de Música en Cartagena, Jorge Marín Vieco le pidió a Pilar Leyva que le regalara una clase de piano. Esa misma noche Pilar Leyva se encuentra con Angulo en un concierto y le dice, mira, conozco a un muchacho y le dijo, sí, Cristian. Y le dijo: reunión pasado mañana con los papás de Cristian. Estaba en Bogotá gracias a una beca que el Concurso Nacional de Belleza le había dado. Encontró un apartamento al norte de Bogotá y empezó a estudiar en la Universidad Juan N. Corpas. De ahí se desprenden horas de estudio junto a su tutora Pilar Leyva.
Vinieron también los concursos, un segundo puesto en el Concurso Nacional de Piano en Bucaramanga en el 2009, su debut en el 2010 en el Festival de Música de Cartagena, su participación como invitado en el Festival internacional Salomón Mikowsky en París, el Festival Internacional de Gijón, España, donde fue seleccionado por docentes de la Julliard School entre 70 participantes para dar un concierto en Oviedo. Luego, en 2011, fue el XX Festival Internacional de piano Torrelodones, en Madrid.
Cristian del Real en su faceta de pianista
El Presente de Cristian del Real
Hoy, Cristian dedica gran parte de su tiempo al estudio del piano. Él dice que todos son músicos en la mesa. A corto plazo lo que quiere es ir a muchos concursos. Quiero también cambiar de profesor. Lo que he aprendido en esos festivales es que no vale la pena quedarse con un solo profesor. Yo pienso que por lo menos en el mundo clásico es como una gran construcción.
Otra consecuencia de su carrera como pianista fue el regreso de los medios a su vida. Una vez más, la gente volvía a verlo, la gente quería volver a saber de él. Él insiste que sigue tocando timbales, que volverá a ellos siempre. Me mandaron una pista pero no la he oído. La primera vez que Cristian apareció en Sábado Gigante fue a los cuatro años. Llegó con un trajecito negro con pepas blancas. Don Francisco le hizo la pregunta de siempre: que qué quería ser cuando grande. Y Cristian, como siempre, dijo que como Tito Puente.
En la mesa están tres amigos suyos. Una que tocó violín cuando niña y otro que en algún momento tocó piano. Ahora ambos estudian economía. Cristian del Real dice que todos son músicos en la mesa.
Cristian Del Real- Timbal Genius- Christian Del Real - Video
Tabla de Logros Musicales
| Etapa | Logros Destacados |
|---|---|
| Infancia | Reconocimiento como niño prodigio de la salsa, apariciones en televisión (Sábado Gigante), presentaciones con Tito Puente. |
| Adolescencia | Grabación del álbum "Cristian suena el timbal", colaboraciones con grandes artistas de la salsa, participación en la telenovela "Perro Amor". |
| Juventud | Beca del Concurso Nacional de Belleza para estudiar piano en Bogotá, segundo puesto en el Concurso Nacional de Piano en Bucaramanga, presentaciones en festivales internacionales de piano. |
