Complicaciones del Puerperio Inmediato: Causas, Síntomas y Tratamiento

El puerperio es el período que comprende desde el final del parto hasta la aparición de la primera menstruación. En este tiempo se desarrollan simultáneamente multitud de cambios fisiológicos en la mujer con la finalidad de retornar gradualmente al estado previo al embarazo y establecer la lactancia. Las posibles patologías que acontecen en este período son un motivo frecuente de consulta en urgencias, siendo además estos procesos la causa más frecuente de mortalidad materna.

Los primeros días tras el parto son vitales para la supervivencia y el desarrollo del bebé, así como para la recuperación y el bienestar mental y físico general de su madre. Por eso es necesario que tanto la mujer como el bebé permanezcan ingresados en el hospital durante 48 horas, con el fin de hacer diversas pruebas al bebé, prevenir complicaciones en ambos y, si se producen, poder actuar.

Tras el alta, también durante las primeras semanas, hay que estar alerta por si la madre reciente sufre no solo depresión posparto, sino otros problemas que requieren de atención médica de inmediato. Si bien la madre reciente necesita en torno a un año para recuperarse del todo del embarazo y el parto, en solo seis semanas sufre una serie de cambios físicos, hormonales y emocionales, sin contar lo que supone la atención que debe prestar su bebé: el útero regresa a su tamaño normal, los músculos del suelo pélvico están más débiles, el sistema circulatorio vuelve a ser el de antes y por tanto la hinchazón de las piernas se reduce, los pechos están más sensibles por la subida de la leche, llanto fácil, insomnio…

A continuación, exploraremos las complicaciones más comunes del puerperio inmediato, sus causas, síntomas y tratamientos disponibles.

Signos de Alarma en el Puerperio

En la cuarentena (40 días) tras el parto -en el argot médico esta etapa se denomina puerperio-, se invierten los cambios funcionales y anatómicos del embarazo; es decir, el cuerpo de la mujer empieza a volver a su estado anterior a la gestación.

Puede ocurrir que las molestias e incomodidades que generan estos cambios se confundan con otros problemas más graves que necesiten de atención o consulta médica inmediata. Estas son las complicaciones más frecuentes del posparto que no debes pasar por alto.

Puerperio y cuidados.

1. Hemorragias

Durante el parto y el posparto inmediato se pierden en torno a 300 ml de sangre. Parte de estas pérdidas son los llamados loquios, con sus dolorosos entuertos, pues, además de sangre, están compuestos también por mucosidad y tejido del útero que el cuerpo expulsa tras dar a luz. Estas secreciones, completamente normales, duran un par de semanas y no precisan tratamiento.

Sin embargo, otras pérdidas de sangre sí que son una complicación grave en el puerperio, pues puede que se requiera transfusión o cuidados intensivos para mantener estables las constantes y, en el peor de los casos, se produzca la muerte de la madre. De ahí que, ante una hemorragia posparto, haya que actuar de inmediato.

Se considera hemorragia posparto a la pérdida sanguínea de más de 500 ml (de un litro en caso de cesárea). ¿Las causas?

  • Atonía uterina: Es la más frecuente. Ocurre cuando tras el alumbramiento (expulsión de la placenta) el útero no se contrae de manera adecuada. Es más habitual en partos muy largos (por el propio agotamiento) o en embarazos múltiples.
  • Retención de la placenta: Por lo general, la placenta se expulsa unos minutos después del alumbramiento, pero si esto no sucede, es porque está mal adherida. Si no se retira, puede ocasionar infección puerperal.
  • Desgarros cervicales o vaginales: Se suelen dar en partos instrumentalizados o si se ha recurrido a una episiotomía.
  • Ruptura uterina: Siempre se acompañará de irritación peritoneal y dolor intenso.

2. Fiebre Puerperal

La fiebre puerperal es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio. Esta infección puerperal es debida a las heridas o complicaciones ocasionadas en el aparato genital durante el parto. En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna. Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas. La administración de antibióticos ha conseguido disminuir la frecuencia y la gravedad de la fiebre puerperal.

Cualquier fiebre por encima de los 38 ºC a los pocos días o semanas de dar a luz es motivo de consulta médica. Ya la febrícula (más de 37 ºC) está indicando que tu cuerpo está poniendo sus defensas a trabajar ante una posible infección, aunque también puede ser por la subida de la leche.

Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:

  • La fiebre es igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
  • La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
  • En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.

La subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.

Síntomas de la Fiebre Puerperal

Evidentemente, la fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto. Sin embargo, hay otras manifestaciones que indican que algo no marcha bien en las mujeres que acaban de dar a luz.

  • Malestar general.
  • Palidez.
  • Sudoración fría.
  • Escalofríos.
  • Taquicardia.
  • Cefalea.
  • Loquios (secreciones vaginales típicas del puerperio) abundantes y malolientes.
  • Dolor abdominal.

Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.

Causas de la Fiebre Puerperal

En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones.

  • Endometritis puerperal: Es una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, en concreto en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente.
  • Infección de la herida quirúrgica: Ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea.
  • Mastitis puerperal: Consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia.
  • Infecciones urinarias: Debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural.
  • Otras infecciones sistémicas: Pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.

Factores de Riesgo

Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto).

  • Trabajo de parto prolongado
  • Parto instrumental
  • Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
  • Obesidad
  • Anemia o desnutrición
  • Ruptura prematura de membrana
  • Extracción manual de la placenta
  • Cesárea de urgencia
  • Relaciones sexuales días previos al parto

Cabe destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.

Tratamiento

El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre.

  • En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor.
  • A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina.
  • Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.

Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.

3. Dolor en la Parte Baja del Vientre

Sufrir un dolor intenso en la parte baja del abdomen durante el posparto siempre es señal de que algo no va bien, pues los entuertos van disminuyendo su intensidad. Puede que sea una infección puerperal, como las distintas ya comentadas, o que la placenta no se haya expulsado entera, por lo que también habrá una hemorragia. También podría pasar que la herida de la episiotomía o de la cesárea estuviera infectada (y por lo tanto enrojecida y dolorosa). En cualquier caso, coméntaselo a tu médico; no esperes a la cita de los 40 días.

4. Hinchazón o Dolor en una Pierna

Tanto el embarazo como el puerperio son estados protrombóticos, es decir, que favorecen la aparición de trombosis, ya sea trombosis venosa (formación de un coágulo de sangre en la vena) o tromboflebitis (si, además, la vena de inflama).

Pero no todas las mujeres tienen el mismo riesgo tras el parto. Sobre todo pasa en aquellas con antecedentes de trombos, las que han tenido una cesárea o presentan obesidad mórbida. Ellas deberán estar más al tanto ante los síntomas de dolor, enrojecimiento o hinchazón localizada en las piernas, además de fiebre.

Durante el embarazo y el puerperio hay cambios fisiológicos que pueden favorecer la aparición de trombosis, sobre todo en mujeres obesas o las que se ha practicado una cesárea. El dolor, el enrojecimiento y la tumefacción de un vaso en las piernas o el aumento de la temperatura corporal pueden ser una señal de la aparición de trombos. Para prevenir este problema es necesario que la mujer se mueva y deambule y evite la compresión de las piernas durante el parto.

5. Enrojecimiento o Dolor en los Pechos

Un pecho puede inflamarse y doler por varias razones: ingurgitación (produce más leche que la que el lactante extrae), obstrucción de un conducto lácteo o mastitis.

Esta última inflamación de la mama puede acompañarse o no de infección. Pero esta consecuencia de una retención de leche no resuelta puede derivar en infección bacteriana que habrá que tratar rápido para evitar complicaciones. La mastitis se manifiesta con dolor intenso (en ocasiones, “como agujas que se clavan hacia dentro del pecho”), enrojecimiento, tumefacción o induración del pecho, además de síntomas generales similares a los de un cuadro gripal: fiebre (hasta de 40 ºC), escalofríos, malestar general, cefaleas, náuseas y vómitos.

Es la inflamación del tejido mamario. Suele darse en un solo pecho y puede ser causada por la aparición de grietas el pezón, que son la puerta de entrada de los microorganismos (mastitis infecciosa) o que provocan la estasis de leche (mastitis no infecciosa). Generalmente, el dolor, el enrojecimiento y la induración de todo el pecho o de una zona del pecho se presentan con fiebre, que puede llegar a 40 ºC.

Para tratar la mastitis, el bebé debe vaciar el pecho de la madre; hay que observarlo cuando se agarra al pecho para ver si el vacío suficiente. Si no es así, se deberá hacer un vaciado manual o con sacaleches. En función del tipo de mastitis, habrá que llevar a cabo un tratamiento antibiótico.

6. Infección Puerperal

Si en los 15 primeros días tras el parto, se detecta fiebre que dura 48 horas y los loquios tienen un olor fétido, puede que estemos ante una infección en el tracto genital que se pueda extender al aparato urinario, al respiratorio o a las mamas. Otros síntomas son aumento de la frecuencia cardiaca, malestar y cansancio. Cuidado con la mastitis (inflamación de los pechos), si estás amamantando, o la menos frecuente endometritis, cuando se inflama el endometrio (recubrimiento interno de la cavidad uterina).

7. Infección de Orina

La incontinencia urinaria es una molestia típica del posparto, debido al debilitamiento del suelo pélvico tras dar a luz. Pero si sientes dolor o ardor al orinar, necesitas ir al baño con mucha frecuencia y, aun así, sientes que no se vacía la vejiga, puede que tengas infección urinaria.

Los cambios fisiológicos del embarazo y los sondajes vesicales (vaciamiento de la vejiga de la orina mediante una sonda) de repetición durante el parto, sobre todo en mujeres que han tenido un parto largo y con anestesia peridural, pueden favorecer las infecciones de orina durante el posparto.

8. Depresión Posparto

El parto conlleva un reajuste físico y emocional que se vive durante el puerperio. Generalmente, durante los primeros días hay una tendencia a la tristeza, que se supera a medida que la mujer adquiere habilidades de cuidado del bebé y lo conociendo. La tristeza posparto puede convertirse en una depresión si la madre no es capaz de adaptarse a la nueva situación.

Los trastornos del sueño, la pérdida de apetito y de ilusión, la sensación de pérdida de control y la incapacidad para concentrarse son algunos de los síntomas de la depresión posparto.

Tabla Resumen de Complicaciones Puerperales

Complicación Causas Síntomas Tratamiento
Hemorragia Posparto Atonía uterina, retención de la placenta, desgarros Pérdida excesiva de sangre Transfusión, cuidados intensivos
Fiebre Puerperal Infecciones en el tracto genital, endometritis, mastitis, infecciones urinarias Fiebre alta, malestar, loquios malolientes Antibióticos, higiene íntima
Trombosis Venosa Cambios fisiológicos, obesidad, cesárea Dolor, enrojecimiento, hinchazón en las piernas Movimiento, evitar compresión
Mastitis Grietas en el pezón, estasis de leche Dolor, enrojecimiento, induración en los pechos, fiebre Vaciado del pecho, antibióticos
Depresión Posparto Reajuste físico y emocional Trastornos del sueño, pérdida de apetito, tristeza Apoyo psicológico, terapia

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