Cómo limpiar la nariz de un recién nacido: Guía completa

El cuidado de la nariz de un recién nacido es fundamental para su bienestar, especialmente porque los bebés respiran principalmente por la nariz durante los primeros meses de vida. Un lavado nasal adecuado ayuda a mantener las vías respiratorias despejadas, facilitando su alimentación, sueño y comodidad. El lavado nasal es una técnica sencilla pero muy efectiva para garantizar la comodidad y la salud respiratoria de tu recién nacido.

¿Por qué son necesarios los lavados nasales en bebés?

Además de lo mencionado anteriormente, hasta los 6 meses de vida, los bebés respiran exclusivamente por las fosas nasales. Por este motivo, despejar estos orificios se convierte en fundamental para una buena respiración de los bebés. La nariz es en los niños, después de la glotis, el lugar con mayor resistencia al paso del aire, de ahí la importancia de mantenerla despejada, ya que cualquier obstrucción en la nariz puede impedir al bebé respirar correctamente, así como causarle dificultades para dormir o alimentarse.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en los dos primeros años de edad la respiración es generalmente nasal, hecho que favorece la lactancia, pues la respiración se realiza de manera simultánea con la succión y deglución.

Además, entre otras diferencias, sus fosas nasales tienen un diámetro menor, la mucosa nasal tiene pocos vasos sanguíneos y los cilios están poco desarrollados, por lo que no son capaces de entibiar, humedecer o filtrar con eficacia el aire inspirado.

¿Qué son las fosas nasales y para qué sirven?

En concreto, las fosas nasales son las dos cavidades en las que el tabique nasal divide el interior de la nariz.

En el momento de nacer, ya desde la primera inspiración, el aparato respiratorio se pone en marcha para llevar aire a los pulmones. Pero esta corriente aérea debe reunir unas determinadas características de forma, dirección, velocidad, volumen, temperatura y humidificación.

Todas estas funciones las lleva a cabo la nariz y, en concreto, las fosas nasales, que son las encargadas de:

  • Filtrar el aire de partículas nocivas para impedir que lleguen a los pulmones.
  • Acondicionar el aire inspirado a una temperatura aproximada de 31ºC, para que llegue a los pulmones a unos 37ºC.
  • Humidificar el aire inspirado para que alcance un 95% de humedad relativa.
  • Desempeñar la función olfatoria, que está a cargo de la mucosa que se encuentra en la parte superior de las fosas nasales, llamada mucosa olfatoria o pituitaria amarilla, responsable del sentido del olfato.
  • Proteger de las agresiones externas: la zona de entrada a las fosas nasales (llamada vestíbulo nasal) está recubierta por una piel que contiene gruesos pelos que atrapan las partículas más grandes suspendidas en el aire que inspiramos antes de que alcancen la mucosa nasal.

Las fosas nasales y los senos paranasales también actúan como una cámara de resonancia para la fonación. Además, en las primeras se producen determinados tipos de reflejos que repercuten en otras partes del organismo, como el aparato respiratorio y el cardiovascular.

¿Qué es la congestión nasal?

La congestión nasal es una percepción de obstrucción o una reducción del flujo de aire que entra por las fosas nasales. Al contrario de lo que podemos llegar a pensar, esta obstrucción no es consecuencia únicamente de un exceso de moco o tapón, sino que se produce cuando los tejidos que recubren la nariz se inflaman. Ello origina una obstrucción que impide respirar con facilidad a través de las fosas nasales y dificulta la eliminación del moco.

¿Por qué se produce?

Las causas de la congestión nasal son diversas:

  • Infecciones de las vías respiratorias altas, como el catarro o la gripe.
  • Cambios bruscos de temperatura.
  • Ambientes demasiados secos. Por ejemplo, si la calefacción está encendida dentro de casa.
  • Por inhalación de sustancias irritantes.
  • La contaminación ambiental.

¿Cuáles son los síntomas de la congestión nasal en los bebés?

En los bebés, la congestión nasal puede dar lugar a una serie de síntomas que no se suelen atribuir a la nariz, como por ejemplo:

  • Molestias de garganta.
  • Lagrimeo excesivo.
  • Infecciones que se repiten en las vías respiratorias superiores.
  • Dificultades para respirar.
  • Neumonías.
  • Mala tolerancia al esfuerzo.
  • Somnolencia y alteraciones del sueño.

Por otro lado, si la mucosidad en la nariz es excesiva, los recién nacidos y niños pequeños pueden sufrir problemas para alimentarse.

Además, la congestión nasal puede interferir con los oídos, dificultar la audición y el desarrollo del habla.

Por otra parte, el exceso de moco provoca que los cilios pierdan su función protectora. La acumulación de mucosidad provoca más inflamación y acaba creándose un círculo vicioso.

¿En qué consisten los lavados nasales?

La anatomía de las cavidades nasales permite que un líquido que penetra por un orificio nasal circule por el interior de la nariz y salga al exterior por el orificio del otro lado, limpiando el interior de las fosas. Esta irrigación limpia el interior de las fosas nasales gracias a su efecto de arrastre, permitiendo eliminar las secreciones acumuladas y otros contaminantes que se depositan en la mucosa nasal durante la respiración.

Lo más aconsejable es emplear productos naturales como las soluciones salinas, ya sean de suero fisiológico o de agua de mar. El primero es una solución estéril de cloruro de sodio o sal común en agua al 0,9%, mientras que las aguas marinas son una solución con diferentes concentraciones de cloruro sódico, en la que el agua se obtiene directamente del mar y se somete a depuración y esterilización. De este modo, se conservan sus minerales y oligoelementos (potasio, calcio, magnesio, sulfatos, etc.), todos ellos considerados beneficiosos para la mucosa nasal.

¿Cuál es el mejor momento para llevar a cabo los lavados nasales?

Cuanto más tranquilo esté el niño, más fácil será realizarle el lavado de las fosas nasales. Puede llevarse a cabovarias veces al día; de hecho, todas las que se consideren necesarias para que el niño respire bien.

Un momento adecuado puede ser después del baño, pero cuando el niño ya esté seco y vestido para que se sienta más cómodo. También es importante hacerlo antes de la lactancia o de las comidas, puesto que comer le resultará más fácil si puede respirar bien, y también antes de acostarlo, para que pueda respirar mejor durante la noche.

Los mejores momentos para realizar un lavado nasal son: antes de comer y de dormir. ¿Por qué en estos momentos? Porque como comentábamos antes, la nariz, es el único medio por el que nuestros bebés respiran.

Lavado nasal para bebés y niños: guía rápida por una pediatra

Diez consejos prácticos para la descongestión nasal de tu bebé

En primer lugar, se recomienda seguir los siguientes pasos para realizar un lavado eficaz de las fosas nasales:

  1. Coloca al bebé de lado. Pon al bebé preferiblemente de lado sobre el cambiador y coloca una toalla bajo su cabeza y cuello. Si el bebé estuviera boca arriba, el líquido podría arrastrar la mucosidad hacia el oído y provocarle una otitis. Además, respiraría peor y estaría más nervioso e inquieto durante todo el procedimiento.
  2. Evita que se mueva. Si es posible, pide a otra persona que sujete al niño mientras realizas el lavado. Si no lo es, inmoviliza las manos del bebé con una mano y utiliza la otra para limpiarle las fosas. Otra posibilidad es envolver al bebé con una toalla para inmovilizarlo durante la maniobra.
  3. Introduce suavemente la solución salina. Con el niño tumbado de lado, empieza introduciendo el agua de mar por la fosa nasal que queda arriba. Para ello, debes introducir la boquilla en el orificio nasal y apretar suavemente el pulsador. De este modo, el líquido entrará por una fosa y saldrá por la otra sin que pase al oído ni a la faringe. Se puede presionar con el dedo ese mismo lado de la nariz y esperar a que el líquido salga por el otro orificio.
  4. Repite la operación del otro lado. Tras limpiar la mucosidad con una gasa o un pañuelo, repite el procedimiento en la otra fosa nasal con el niño tumbado del otro costado.
  5. Limpia la boquilla. Después de cada uso, debes lavarla con agua y jabón y secarla adecuadamente.
  6. Aspira la mucosidad, solo cuando sea necesario. Si el bebé tiene mucho moco, el lavado con suero o agua de mar puede no ser suficiente. En estos casos, se puede recurrir a un aspirador nasal, sorbiendo constante y suavemente desde el otro extremo. No obstante, tan solo hay que utilizarlo cuando haya mucosidad visible que no se pueda extraer sin él, puesto que abusar de esta práctica puede irritar la nariz y favorecer la congestión y el sangrado. En cualquier caso, el aspirador no debería usarse más de una o dos veces al día.

También las siguientes medidas pueden ayudar a que tu hijo respire más fácilmente y hacer que las secreciones nasales regresen a la normalidad:

  1. Intenta que el ambiente esté bien ventilado. Evita la humedad excesiva, pero también que el aire esté demasiado seco. Puedes aumentar la humedad en el aire con un vaporizador o un humidificador, pero consulta antes al pediatra si puede ser beneficioso para tu bebé y cómo manejarlo.
  2. Anima a tu hijo a beber más líquidos. El moco será menos espeso y la humedad de las fosas nasales, mayor.
  3. Inclina ligeramente su cuna o cama. La congestión a menudo es peor cuando se está acostado, por lo que mantener la cabeza uno poco elevada mientras duerme puede ayudarle a respirar mejor. Puedes introducir una toalla bajo la parte superior del colchón, por ejemplo, para que este quede inclinado.
  4. Si tiene mucha congestión, dale baños de vapor. Lleva a tu hijo al baño, cierra la puerta y abre el agua caliente. Lugo permanece sentada o sentado con él durante unos quince minutos en ese ambiente lleno de vapor. Si se añaden compuestos aromáticos a un vaporizador o a un baño, se podría favorecer la descongestión. Pero consulta previamente con tu pediatra, ya que no todos son beneficiosos o aptos para bebés.

Infografía: ¿Cómo debes hacer los lavados nasales?

¿Es mejor el suero fisiológico o los aspiradores nasales?

Desde Fisioterapia Vicetto siempre recomendamos que realicéis estos lavados nasales en bebés de manera manual y con jeringa. Nosotros no recomendamos en ningún caso el uso de aspiradores nasales, ya que pueden dañar al bebé.

Guía paso a paso para realizar un lavado nasal con jeringa

  1. Llena la jeringa con suero fisiológico. Suele ser suficiente con 1,5-2 ml en cada fosa nasal en bebés y hasta 5 ml en niños.
  2. Mete la jeringa en el orificio que queda “mirando al techo” y sin taponar el otro orificio, inyecta el suero. Es importante que a la hora de aplicar el suero no se dude.

Productos recomendados

Existen diversos productos disponibles en farmacias para facilitar la limpieza nasal de tu bebé:

  • Frimar Baby Isotónico de Farline: Solución de agua de mar 100 % natural ideal para la limpieza nasal diaria a partir de los 0 meses.
  • Suero Fisiológico Aposán: Indicado para hacer las irrigaciones nasales de todos los miembros de la familia, tanto bebés como adultos.
  • Fribalm Bálsamo Suave de Farline: Recomendado a partir de 0 meses, contiene eucalipto, abeto y trementina, que aportan frescor y suavidad.
  • Humidificador de Aposán: Mejora la humedad relativa de la habitación donde duerme tu bebé.
  • Jeringa de irrigación nasal de Aposán: Tiene la punta flexible y se recomienda su uso con el Suero Fisiológico Aposán.
  • Aspirador nasal anatómico de Suavinex: Una alternativa más suave para aspirar las secreciones.

Con los materiales adecuados, un poco de práctica y paciencia, podrás ayudar a tu bebé a respirar mejor y sentirse más tranquilo.

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