En el fascinante mundo de la traducción, donde las palabras son metáforas de objetos y conceptos, surge la pregunta: ¿cómo se dice "cuna" en catalán? La respuesta es sencilla: "bressol". Sin embargo, detrás de esta simple traducción se esconde una rica historia y una cultura vibrante que vale la pena explorar.
Para comprender la importancia de esta traducción, es fundamental adentrarnos en la esencia misma de la lengua catalana. Educados como estamos desde que aprendemos a leer y a operar numéricamente a pensar que dos y dos son cuatro, y que 2 es por supuesto igual a 2, rara vez caemos en la cuenta de que tal cosa es lisa y llanamente imposible, salvo en tanto concepto puramente teórico y más bien caprichoso, toda vez que el segundo 2 es obviamente un pelo más joven que el primero, y por lo tanto no puede ser igual. Teniendo esto en mente, no deberíamos de ninguna manera esperar que una palabra, en una determinada lengua, halle su equivalente exacto en otra lengua.
Una palabra no es más que la metáfora de un objeto o, en algunos casos, de otra palabra. Una palabra, en una traducción, se halla no a uno, sino a dos pasos del objeto que pretende describir. La palabra "dog" y la palabra «perro» tal vez conjuren una imagen semejante en la mente del inglés y en la mente del español, pero otra serie de imágenes subliminales seguramente acompaña a cada una de las versiones, dando por tanto a las dos palabras nuevas diferencias más allá de las puramente sonoras. Por eso, "dog" nunca puede traducir «perro» en todos sus sentidos ocultos.
A la luz de todo esto, toda traducción es realmente lo que llamaríamos una transformación. Es una forma de adaptación, gracias a la cual se consigue que la nueva metáfora encaje en la metáfora original. En una mala traducción, los resultados pueden ser bastante más propios de un forcejeo realizado con un calzador.
En este contexto, la traducción de "cuna" como "bressol" en catalán no es solo una equivalencia lingüística, sino una puerta de entrada a la cultura y la historia de Cataluña.
Mapa de los territorios de habla catalana
Historia y evolución de la lengua catalana
El catalán tuvo una considerable expansión como lengua de creación y de gobierno (Cancillería Real) entre los siglos XIII y XVI, tiempo en que la Corona de Aragón extendió sus dominios por el Mediterráneo, en Sicilia, Cerdeña, Nápoles e incluso en Atenas. Entre las obras literarias de relieve universal de este período se pueden mencionar las de Ramon Llull, contemporáneo de Dante, las cuatro Cròniques (la de Jaime I o Llibre dels fets, la de Bernat Desclot, la de Ramon Muntaner y la de Pedro el Ceremonioso), las obras de Francesc Eiximenis, Anselm Turmeda, Bernat Metge, Ausiàs Marc o el Tirant lo Blanc, considerada como la primera novela moderna de la literatura occidental.
También están en catalán los grandes textos legislativos de este tiempo, como son los Furs de València, Costums de Tortosa, Usatges o el Llibre del Consolat de Mar, recopilación de leyes de comercio marítimo que se aplicaron en todo el Mediterráneo hasta el siglo XVIII. A pesar de que la lengua catalana tuvo un acceso precoz a la imprenta -como lo demuestra el hecho de que en 1474 ya aparece el primer libro impreso en catalán, Les trobes en llaors de la Verge Maria-, en los siglos del Renacimiento y el Barroco vivió una etapa de decadencia, en cuanto a la literatura culta.
A pesar de ello se mantuvo como lengua de la legislación y de la Administración, y como lengua popular. Después de la Guerra de los Segadores (1640-1659), las tierras del norte de Cataluña fueron cedidas a la corona francesa e, inmediatamente, el catalán fue prohibido en la educación y en los usos oficiales. En la Guerra de Sucesión a la corona de España (1704-1714), los territorios de la antigua corona de Aragón tomaron partido a favor del archiduque Carlos y lucharon junto a las potencias aliadas.
En la segunda mitad del siglo XIX, este movimiento dio obras de nivel universal y de un gran éxito popular como son las de Jacint Verdaguer, autor de los poemas épicos L'Atlàntida y Canigó; Àngel Guimerà, que otorgó nivel literario al teatro nacional con obras como Terra Baixa; Narcís Oller, autor de novelas de gran modernidad, como es el caso de La febre d'or.
A principios del siglo XX, en Cataluña el catalanismo político reivindicó la enseñanza de la lengua catalana y su uso en la Administración. Desde las instituciones de poder local que controló y, en especial, desde la Mancomunidad de Cataluña, Enric Prat de la Riba dio un gran apoyo institucional al catalán con la creación del Institut d'Estudis Catalans (1907) y de su Sección Filológica, cuyo primer presidente fue el mallorquín Mn. Antoni M. Alcover, el impulsor del Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana (1906) y del Diccionari català-valencià-balear (1926-1962), obra capital de la lexicografía catalana.
La Constitución republicana de 1931 y el Estatuto de autonomía de 1932 permitieron en Cataluña recuperar la Generalidad, que el catalán fuera declarada lengua oficial y la realización de una activa política de apoyo a su enseñanza.
Entre los años 1939 y 1975, durante la dictadura subsiguiente a la Guerra Civil (1936-1939), la persecución del catalán fue intensa y sistemática, sobre todo durante los años cuarenta y cincuenta. El régimen de Franco prohibió el uso de la lengua catalana en la educación, en la edición de libros, periódicos o revistas, la transmisión de telegramas y las conversaciones telefónicas en catalán. Es decir, tanto en los usos públicos como en algunos estrictamente privados. La exhibición de películas era forzosamente en castellano y el teatro únicamente podía ser representado en esta lengua, la única que podía ser utilizada en las emisiones de radio y de televisión.
La documentación administrativa, notarial, judicial o mercantil era exclusivamente en castellano, y la que se hacía en catalán se consideraba nula de pleno derecho. La señalización vial y la comercial, la publicidad y, en general, toda la imagen exterior del país era en castellano.
A pesar de todo, la lengua catalana se mantuvo como lengua de transmisión familiar, tanto en Cataluña y las Islas Baleares, como en el resto de los territorios de habla catalana.
A la muerte del dictador Franco (1975) y una vez recuperadas las libertades democráticas, la Constitución de 1978 reconoció la pluralidad lingüística y estableció que las lenguas españolas diferentes al castellano podían ser oficiales de acuerdo con los estatutos de autonomía. Los estatutos de Cataluña (1979) y de las Islas Baleares (1983) reconocían el catalán como lengua propia de estos territorios y la declararon lengua oficial junto con el castellano, y también lo hizo, con la denominación legal de valenciano, el del País Valenciano (1982).
Desde el punto de vista institucional, Generalidad, Parlamento, diputaciones y ayuntamientos adoptaron el catalán como lengua de comunicación habitual, internamente y en su relación con la ciudadanía. El compromiso institucional se reforzó con la creación de la Dirección General de Política Lingüística, dentro de la Generalidad de Cataluña como órgano de análisis, dirección, planificación, coordinación y ejecución de su política lingüística.
En cuanto a la enseñanza, en 1982 se iniciaba en Cataluña el modelo de conjunción lingüística, con el cual el catalán es la lengua vehicular en la escuela. Por último, en cuanto a los medios de comunicación, desde 1976 se han ido creando medios de comunicación, entre los que cabe destacar, por el alcance y la difusión, Televisió de Catalunya, Ràdio 4, Catalunya Ràdio y RAC1 en Cataluña. Hoy, entre públicos y privados, hay más de 20 canales de televisión en catalán, y más de 100 emisoras de radio. En Cataluña, la Xarxa de Comunicació Local reúne una gran cantidad de radios y televisiones locales.
La presencia social de la lengua catalana en Cataluña al inicio del siglo ha estado condicionada por dos hechos notables: el alud de población inmigrada (en 2015 eran poco más de 1 millón de personas, el 13,7% de la población) y la emergencia de las tecnologías de la información y la comunicación. En cuanto al mundo digital, el catalán está presente con fuerza en diferentes entornos y redes. En un fenómeno de alcance mundial, y teniendo en cuenta las cifras de población catalanohablante, es remarcable el posicionamiento y nivel de uso del catalán dentro de las tecnologías de la información y la comunicación.
El catalán en la sociedad actual
La imposición del catalán en los centros educativos de Cataluña traspasa los límites de las aulas. La Consejería de Educación de la Generalitat, a través de directores, profesores y personal de servicio, interviene en los patios, los comedores, las actividades extraescolares y en el ámbito familiar. No son incidentes aislados. Es una estrategia para imponer el catalán como lengua habitual fuera del horario lectivo.
Como en cualquier sistema de dominación en el que los cómplices pasivos son necesarios, la inmersión lingüística en Cataluña requiere de colaboradores tácitos que ejecuten las reglas que emanan de la Consejería de Educación de la Generalitat.
Para el Colegi de Educació Infantil i Primaria Gayarre, en el barrio de Sants de Barcelona, su rebelión no es baladí. Sara Burgos es natural de Barcelona y vive en la cercana localidad de Santa Susana, en la comarca del Maresme. Aunque su lengua materna es el castellano, habla perfectamente catalán.
«Cuando comencé a estudiar, siempre en colegio público, acababa de ponerse en marcha la enseñanza en catalán, así que lo hablo sin problemas. Quien se dirige a mí en catalán le contesto en ese idioma y si me hablan en español, cambio con naturalidad. «Hay críos ecuatorianos, incluso un chico de seis años con una edad mental de tres, con problemas de desarrollo y dificultades en el habla, que tiene el castellano como lengua materna y una necesidad muy fuerte de que le hablen en su idioma.
Tras las vacaciones, Sara Burgos ha vuelto a trabajar, pero ha puesto una condición: que no sea en el CEIP Gayarre. Los colegios en Cataluña se rigen por la Ley de Inmersión Lingüística y por las resoluciones 1 de julio de 2005 de la Generalitat «para la organización y el funcionamiento de centros docentes».
Bressol (cuna en catalán)
En resumen, la traducción de "cuna" como "bressol" en catalán es mucho más que una simple equivalencia lingüística. Es un reflejo de la rica historia, la vibrante cultura y la compleja realidad social de Cataluña. Al aprender esta palabra, no solo estamos ampliando nuestro vocabulario, sino también abriendo una ventana a un mundo fascinante.
Además, la lengua catalana, como cualquier otra, está llena de matices y particularidades que la hacen única. Por ejemplo, la expresión "néixer en bressol d'or" (nacer en cuna de oro) tiene el mismo significado que en español, pero con un toque distintivo.
Aquí hay algunas frases que usan la palabra "bressol":
- Revolución francesa es la cuna de los derechos del hombre. → Revolució francesa és el bressol dels drets de l'home.
- ...que también haya servicios de interés general para los que no nacen en cuna de oro. → ...que també hi hagi serveis d'interès general per als que no neixen en bressol d'or.
- La Tierra es la cuna de la vida y la patria común de la humanidad. → La Terra és el bressol de la vida i la pàtria comuna de la humanitat.
- ...eterna que mece la cuna de los niños. → ...eterna que bressola el bressol dels nens.
Así que la próxima vez que escuches la palabra "bressol", recuerda que estás escuchando mucho más que una simple traducción. Estás escuchando la voz de una cultura milenaria que sigue viva y vibrante en el corazón de Europa.
