Cómo saber si un bebé recién nacido tiene un resfriado: Síntomas y cuidados

Aunque un recién nacido resfriado no es algo muy frecuente, puede ocurrir. Los resfriados suelen ser más comunes en bebés mayores, pero los más pequeños no están exentos. Es común que un bebé sufra entre seis y ocho resfriados durante su primer año, así que no te alarmes si parece que está siempre acatarrado.

El resfriado común es la enfermedad humana más frecuente. Todos hemos pasado por un resfriado y ya sabemos en qué consiste. Está causado por un gran número de virus, siendo los rinovirus los responsables más habituales. Es una enfermedad no estacional aunque es cierto que es más frecuente en los meses más fríos.

Ante un resfriado, es común “echar la culpa” a que el niño ha estado expuesto a corrientes de aire, ha sudado, ha salido con el pelo mojado de la piscina o que no ha ido suficientemente abrigado. Al igual que en el caso de los adultos, para el resfriado en recién nacidos el tratamiento no está establecido.

Al nacer, el sistema inmune del bebé no está completamente activo. Durante los primeros meses de vida, el sistema inmunológico de los bebés es aún inmaduro y sus defensas son débiles.

¿Qué es el resfriado común? El resfriado común es una infección vírica de nariz y garganta. Como ya hemos mencionado, durante sus primeros 12 meses de vida, un bebé puede tener entre 6 y 10 resfriados. Este número es tan elevado porque los recién nacidos aún no han desarrollado inmunidad a muchas infecciones comunes.

Además, si están en contacto con otros niños como pueden ser sus hermanos, o incluso si van a la guardería, este número puede aumentar, ya que estos virus se transmiten con mucha facilidad. A pesar de que este número tan elevado de resfriados pueda alarmarnos, afortunadamente, la mayoría desaparecen por sí solos y no tienen consecuencias mayores.

¿Cómo combatir el resfriado en el bebé? Consejos de un pediatra

Síntomas de un resfriado en recién nacidos

En el resfriado del recién nacido, es posible que los síntomas no se presenten de la misma forma. Los primeros síntomas de un resfriado en un bebé son similares a los de un adulto. En primer lugar, notarás que tiene la nariz congestionada o que empieza a tener un goteo nasal.

También es probable observar que la nariz empieza a gotear. En los primeros días, la secreción nasal será de color claro, pero más tarde es probable que se espese y cambie de color a amarillo o verde. Un poco más tarde empezarás a ver otros síntomas, como estornudos, toses, irritabilidad y dificultad para dormir.

Es posible que también durante el catarro a tu bebé le suba un poco la temperatura y que tenga dificultades con la lactancia materna o para tomar el biberón. La tos es un síntoma menos habitual en bebés de tan corta edad.

  • Moqueo
  • Tos
  • Estornudos
  • Irritabilidad
  • Dificultad para dormir o alimentarse

Conviene tener en cuenta que cuando el bebé presenta un cuadro de estornudos, mucosidad y obstrucción nasal la causa no es necesariamente un resfriado. Es habitual que el resfriado aparezca acompañado de febrícula (hasta 38ºC) o fiebre (a partir de 38ºC), sobre todo en niños de entre tres meses y tres años.

Cuando el niño es menor de seis meses siempre hay que consultar con el pediatra cuando tenga fiebre a partir de 38ºC. Para controlar la temperatura a un bebé de tres meses o menos, es recomendable medir la temperatura rectal con un termómetro digital.

El síntoma más predominante en los lactantes, sobre todo en los menores de tres meses, es la obstrucción nasal, que puede causar dificultades para amamantar o tomar el biberón. Al contagiarse con algún germen, el niño produce una capa fina de moco como primera defensa que actúa como barrera para impedir que se multiplique y penetre en las vías respiratorias.

Un catarro común en un bebé debería durar como máximo 15 días y no pasar de ser una molestia. Sin embargo, debido a su sistema inmune poco desarrollado, un resfriado común puede complicarse.

En cuanto nuestro bebé o niño tiene fiebre nos ponemos nerviosos y queremos salir corriendo al médico o incluso a urgencias. Los recién nacidos presentan un gran desafío para los padres. Tantas cosas nuevas. ¿Esto es normal? Este artículo proporciona consejos útiles y consejos para los padres sobre cómo tratar el moco en los recién nacidos.

Es una preocupación común que los padres noten que su recién nacido tiene la nariz tapada o suelta mocos. La presencia de moco en un recién nacido es algo normal y forma parte del funcionamiento y desarrollo normales del sistema respiratorio. El moco ayuda a proteger al bebé de agentes externos como bacterias y virus, y también sirve para humidificar, calentar y filtrar el aire que respira el bebé.

Es importante que los padres entiendan que la presencia de mocos en un recién nacido no es necesariamente un signo de enfermedad, sino más bien una respuesta natural del organismo. Los recién nacidos de forma fisiológica tienen las fosas nasales muy estrechas.

Además, de forma muy habitual regurgitan, y las secreciones de leche se pueden convertir en mocos. Y encima los bebés lloran a menudo, lo que hace que también creen mucosidad. Estas tres cosas juntas hace que sea muy habitual que un recién nacido tenga mocos. Esto es completamente habitual y normal.

¿Y qué hago con estos mocos? Pues nada. Irán y vendrán. Como mucho intentaremos alcanzarlos con una gasita o algo parecido. Pero no se recomienda gran cosa. Ni siquiera hacer lavados nasales. Y ni mucho menos succionarlos con aspiradores nasales ni con peras.

Para saber si un bebé recién nacido está resfriado, observa síntomas como moqueo, tos, estornudos, irritabilidad y dificultad para dormir o alimentarse. La congestión nasal puede causar que el moco sea transparente al principio y, luego, amarillento. Busca atención médica si hay fiebre alta, respiración rápida, tiraje costal, labios azulados, vómitos frecuentes o si el bebé no se alimenta bien.

También es importante consultar si los síntomas duran más de 10 días o empeoran. La fiebre en bebés menores de 3 meses siempre requiere atención urgente.

Los síntomas de resfriado en bebés incluyen congestión y secreción nasal, estornudos, tos leve, irritabilidad, dificultad para dormir y disminución del apetito. La secreción nasal puede comenzar clara y luego volverse espesa y de color amarillo o verde. También puede presentarse fiebre baja. Es importante buscar atención médica si el bebé tiene dificultad para respirar, fiebre alta (o cualquier fiebre en menores de 3 meses), síntomas que empeoran o persisten más de 7 a 10 días, o tos fuerte en espasmos. Estos síntomas indican que se necesita una evaluación pediátrica.

Un resfriado en bebés dura entre 7 y 14 días, aunque la tos y la congestión pueden persistir más tiempo. Es fundamental consultar al pediatra si el bebé tiene menos de 3 meses, fiebre alta, dificultad para respirar o si los síntomas empeoran. La mayoría de los resfriados se resuelven en ese periodo, pero el moco puede cambiar de color y consistencia sin necesidad de antibióticos. En casa, se recomienda mantener al bebé hidratado, limpiar la nariz con solución salina y usar un humidificador. No se deben administrar medicamentos sin indicación médica.

Tratamiento y cuidados para el resfriado en bebés

Para los catarros comunes, no existe un tratamiento específico, ni para bebés ni para adultos.

En todo caso, lo mejor que podemos hacer es aplicar lavados nasales con suero fisiológico, sobre todo antes de las tomas y también antes de acostarle, para despejar las vías aéreas y que pueda alimentarse y descansar mejor. Cuando se trata de abordar el moco de las fosas nasales de un recién nacido, el uso de suero fisiológico puede ser muy beneficioso.

Utilizando la solución salina de la forma adecuada, los padres pueden contribuir a mantener las fosas nasales despejadas, reduciendo el malestar potencial causado por la acumulación de mocos. A continuación, se puede utilizar una jeringa en forma de pera o un aspirador nasal para aspirar el moco aflojado.

Existen medidas adicionales que pueden tomarse para ayudar al bebé a respirar cómodamente, especialmente cuando se trata de mocos excesivos. Por ejemplo, utilizar un humidificador en la habitación del bebé puede ayudar a mantener un nivel óptimo de humedad en el aire, lo que puede evitar que los mocos se sequen y agravar cualquier congestión.

Además, asegurarse de que el bebé adopta una postura que favorezca la apertura de las vías respiratorias durante la alimentación y el sueño también puede contribuir a una respiración más fácil.

Un aspecto importante de la atención sanitaria a un recién nacido, especialmente en relación con los mocos y el bienestar respiratorio, es la aplicación de medidas preventivas. Para minimizar el riesgo de que el bebé se exponga a virus u otros patógenos que puedan contribuir a la formación de mocos y afecciones respiratorias, es fundamental evitar el contacto con personas que presenten síntomas de resfriado o gripe.

Además de minimizar el contacto con personas que se encuentren mal, también es importante que los padres y cuidadores sigan estrictas prácticas de higiene de las manos. Lavarse las manos de forma regular y minuciosa, sobre todo antes de manipular al bebé, preparar su comida o atender a sus necesidades de higiene, es una estrategia fundamental para reducir la transmisión de patógenos potencialmente peligrosos.

Dado que las manos y la saliva de las personas que manipulan o utilizan los juguetes y chupetes del bebé pueden servir de fuentes potenciales de contaminación, es esencial mantener una rutina regular de limpieza y desinfección de estos objetos. Esta práctica ayuda a disminuir la acumulación y transmisión de patógenos que podrían contribuir al desarrollo de mocos y problemas respiratorios asociados.

Cuando se trata del manejo de los mocos y la salud respiratoria de un recién nacido, es imperativo que los padres permanezcan atentos a cualquier signo o síntoma que pueda indicar la necesidad de una evaluación médica. En los casos en que al bebé le cueste respirar de forma persistente o grave, muestre signos de dificultad respiratoria o si le preocupa su bienestar general, es esencial acudir sin demora a un profesional sanitario.

La mucosidad tapona las fosas nasales de tal modo que al niño le cuesta comer. Se nota porque el bebé no puede respirar y comer a la vez. La mucosidad hace que le cueste respirar. Ante cualquiera de estos síntomas o si tenemos la duda de que el recién nacido pueda no estar bien, siempre se recomienda consultar a un pediatra.

Los síntomas de los resfriados en bebés pueden abordarse desde casa con remedios de farmacia como humidificadores, sueros fisiológicos y bálsamos. Los resfriados en bebés son más comunes de lo que nos gustaría. Durante los primeros años de vida, su sistema inmunológico aún se está desarrollando, lo que los hace más vulnerables a virus respiratorios.

Aunque la mayoría de los resfriados son leves y desaparecen solos en unos días, pueden causar preocupación o resultar muy incómodos tanto para el pequeño como para sus padres y/o cuidadores. Por eso, saber cómo aliviar sus síntomas y cuándo consultar al pediatra es clave.

Con el objetivo de arrojar luz y de ayudar a sobrellevar los síntomas de los resfriados en recién nacidos y bebés, repasamos en este post las herramientas y cuidados más útiles para tratar un resfriado en casa.

Reconocer los síntomas del resfriado es clave para poder abordar la situación correctamente. Los mocos son el síntoma más visible, pero también pueden acompañarse de otras molestias como la tos, los estornudos o, incluso, la fiebre, que puede ser leve o moderada.

La fiebre no es una enfermedad en sí, sino una respuesta del cuerpo ante una infección. En bebés, especialmente en menores de 3 meses, cualquier fiebre debe vigilarse muy de cerca. Por eso, resulta indispensable contar en casa con un termómetro digital.

Si la temperatura supera los 38?°C, es necesario consultar al pediatra cuanto antes. Aún más especialmente, si dura más de 48 horas o va acompañada de otros síntomas preocupantes (rechazo del alimento, dificultad para respirar, irritabilidad excesiva o decaimiento, entre otros).

Existen algunas medidas generales que pueden tenerse en cuenta para mejorar el bienestar de los bebés cuando están resfriados. Por ejemplo, deberás mantener a tu bebé bien hidratado, ofreciéndole el pecho el biberón con más frecuencia. También deberás evitar ambientes con humo, polvo o perfumes fuertes y, por supuesto, no medicarlo sin que lo haya indicado su pediatra.

En cuanto a los síntomas del resfriado, en la farmacia podemos encontrar algunos remedios útiles, desde aparatos para realizar aspirados nasales hasta sueros fisiológicos, pasando por bálsamos pectorales o humidificadores. ¡Veámoslos!

Remedios y productos útiles

  1. Sueros fisiológicos: para la congestión nasal.
  2. Aspirador nasal: para eliminar la mucosidad.
  3. Bálsamos pectorales: con ingredientes naturales como eucalipto o lavanda.
  4. Humidificadores: para mantener un nivel de humedad adecuado en la habitación.

Uno de los síntomas más molestos del resfriado en bebés es la congestión nasal. Como aún no saben sonarse la nariz, es necesario ayudarles a liberar las vías respiratorias. El suero fisiológico es la herramienta básica y más segura para ello y podemos encontrarlo en diferentes formatos como:

  • Monodosis: muy prácticas e higiénicas para usar fuera de casa.
  • Sprays nasales, diseñados especialmente para bebés, con una presión suave.

Para usarlo, conviene acostar al bebé de lado antes de aplicar unas gotas o un chorrito de suero en una fosa nasal, permitiendo que el líquido arrastre la mucosidad. Luego, se ha de cambiar de lado y repetir el proceso. Si la congestión es muy intensa, puede ser útil utilizar un aspirador nasal de pera.

Es importante no abusar del suero, pero sí usarlo siempre que el bebé esté muy taponado o antes de las tomas, para que pueda respirar mejor mientras come.

A la hora de dormir, elevar ligeramente el colchón de la cuna, colocando una toalla debajo, también puede facilitarle la respiración.

En la farmacia, podemos encontrar bálsamo pectoral para bebés que contiene ingredientes naturales como eucalipto, lavanda o romero. Estos productos no curan el resfriado, pero pueden ayudar a que el bebé respire mejor, relaje su musculatura respiratoria y duerma más tranquilo.

A la hora de usarlos, es importante tener en cuenta que sean específicos para bebés, sin mentol ni alcanfor, que pueden resultar demasiado agresivos. Se pueden aplicar en el pecho y en la espalda, pero no cerca de la nariz o boca.

Como con cualquier producto, es recomendable hacer una pequeña prueba en la piel para descartar reacciones alérgicas.

El aire seco puede empeorar los síntomas del resfriado, sobre todo la congestión nasal. Aquí es donde los humidificadores y la esencia de eucalipto juegan un papel importante. Ayudan a mantener un nivel de humedad adecuado en la habitación, facilitando la respiración del bebé y reduciendo la sequedad de las mucosas.

Lo ideal es optar por un humidificador ultrasónico (de vapor frío), ya que son más seguros que los de vapor caliente, que podrían causar quemaduras si el niño se acerca demasiado.

Para usar el humidificador, conviene colocarlo en un lugar elevado y fuera del alcance del bebé. Se debe mantener la humedad relativa de la habitación entre el 40 % y el 60 %. También es necesario limpiarlo a diario para evitar la proliferación de moho y bacterias.

Aquí tienes una tabla con recomendaciones clave para el cuidado de tu bebé resfriado:

Recomendación Descripción
Hidratación Asegúrate de que tu bebé esté bien hidratado, ofreciéndole el pecho o el biberón con frecuencia.
Lavados nasales Si tu bebé tiene mocos, realiza lavados nasales con suero fisiológico antes de las tomas para facilitar la alimentación y antes de dormir para un mejor descanso.
Control de la temperatura Vigila su temperatura. Si tu bebé es menor de 6 meses y tiene fiebre por encima de 38ºC, consulta inmediatamente con tu pediatra.
Posición elevada para dormir Eleva la cabecera de la cuna para que el bebé esté semi-incorporado.

Resfriado vs. Gripe: ¿Cuál es la diferencia?

Confundir estas dos enfermedades es bastante común, sin embargo, no son lo mismo. A continuación, te resumimos sus principales diferencias:

  • Están originadas por virus distintos: aunque las dos patologías son víricas, el tipo de virus que las causa es distinto. De este modo, el virus de la gripe se llama “influenza”, mientras que el virus que origina el resfriado suele ser el “rinovirus”.
  • Frecuencia: en un año, la gripe suele darse solo una vez, mientras que el resfriado puede aparecer en varias ocasiones.
  • Intensidad de los síntomas: aunque los síntomas en ambas son muy similares, en el caso de la gripe son bastante más intensos y suelen estar acompañados de fiebre durante aproximadamente 3 días, dolores musculares que pueden ser moderados o intensos y fatiga. Normalmente todos sus síntomas aparecen de forma súbita y pueden prolongarse hasta dos semanas. En el caso del resfriado los síntomas son más leves, suelen presentarse de manera gradual y tienen una duración más corta que los de la gripe. Además de los síntomas que comparte con la gripe, el resfriado presenta síntomas adicionales como estornudos. La fiebre que se produce en estos casos suele ser baja e incluso en ocasiones puede ser que no se presente.

La bronquiolitis es muy común en niños menores de dos años, y sus síntomas iniciales son iguales a los del resfriado. La diferencia con este es que en la bronquiolitis la tos empeora pasados un par de días, y el bebé comienza a presentar dificultades para respirar.

Esta dificultad para respirar puede identificarse si el abdomen del bebé se mueve mucho y si en su pecho se escucha una especie de silbido. Otras señales de que al niño le cuesta respirar pueden ser la pérdida de apetito, el rechazo a los líquidos y los vómitos.

Ante cualquier duda, es importante acudir al médico para evitar complicaciones mayores como puede ser la deshidratación.

La bronquiolitis suele durar entre 7 y 10 días, mostrando con el tratamiento adecuado una mejoría gradual tanto de la dificultad para respirar como del estado general de salud, aunque la tos puede prolongarse hasta 4 semanas.

El resfriado es una enfermedad de las vías respiratorias altas más habitual que la gripe. Suele estar causado por los virus rinovirus y no es tan estacional como la gripe, por lo que los niños pueden contraer resfriados en cualquier época del año.

La gripe suele estar causado por el virus de la gripe o influenza y, como decíamos, suele presentarse de forma epidémica entre los meses de octubre a abril. También los síntomas varían ligeramente entre una enfermedad y otra.

Así, los síntomas del resfriado más habituales son dolor de garganta, nariz taponada, estornudos, tos y fiebre que comienza al tercer día y no suele ser muy alta. Mientras que los síntomas de la gripe son más intensos y comienzan más repentinamente con fiebre más alta desde el primer día, dolor muscular, cansancio, escalofríos, dolor de garganta, tos seca (generalmente), congestión nasal.

En general, no hay tratamiento para estas enfermedades ya que son víricas, por lo que no se deben administrar antibióticos nunca. Por eso, el tratamiento en caso de resfriado o gripe va encaminado a aliviar los síntomas y mejorar el estado del pequeño. Se deben administrar muchos líquidos para hidratar y ayudar a expulsar los virus y los mocos.

Si todavía es lactante, ofrécele el pecho o el biberón más a menudo. También se deben hacer lavados nasales con frecuencia y, para facilitar el sueño, elevar ligeramente su colchón poniendo una almohada o cuña por debajo del mismo. Para prevenir los contagios más graves y la transmisión del virus de la gripe se puede poner la vacuna de la gripe, que se inocula antes de la temporada de gripe.

Evitar el contacto cercano con personas enfermas.

¿Cuándo consultar al pediatra?

A veces no tendrás claro si es necesario o no llevar a tu peque al pediatra. Este tipo de infección puede ser una bronquiolitis o una neumonía.

Dificultad respiratoria: Si respira hundiendo las costillas y levantando el abdomen, es un claro signo de dificultad respiratoria. Los pulmones no son capaces de hacer por ellos mismos el trabajo y se ayudan de toda la musculatura abdominal e intercostal para llenar y vaciar los pulmones.

Como ves, mantenerse informado y vigilante es fundamental para la salud de tu bebé.

Por seguridad, al menor síntoma de resfriado en bebés de 1 mes o edad inferior, se le debe procurar atención médica de inmediato por la fragilidad de sus defensas inmunológicas.

En estos casos es importante acudir al pediatra sin demora, ya que una valoración médica permitirá descartar complicaciones como bronquiolitis, otitis o neumonía, que pueden confundirse con un simple resfriado en las primeras fases.

Los progenitores deben abordar los resfriados en recién nacidos siguiendo las pautas y recomendaciones de su médico de cabecera.

Prevención de resfriados en bebés

Un gesto tan sencillo y cotidiano como es el lavado de manos frecuente reduce mucho las posibilidades de que el catarro en un bebé pase a algo peor. También una buena higiene nasal puede prevenir complicaciones y molestias en el catarro del bebé. Además, si tienes un bebé menor de 6 meses y algún miembro de la familia está acatarrado, estornudando o tosiendo; no lo acerques a él.

Optimizar la calidad del aire también es beneficioso para el descanso de los ‘peques’. Para lograrlo, instalar humidificadores de aire caliente reduce la sequedad del ambiente. Mantener una cierta humedad en la habitación del bebé puede diluir las mucosas y mejorar su respiración.

Existen estudios que demuestran que la leche materna contiene anticuerpos que no se encuentran en la leche de fórmula, por ello, la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Asociación Médica Estadounidense (AMA), entre otras, recomiendan la lactancia materna, siempre que sea posible, ya que aporta una protección añadida contra posibles infecciones e incluso otras enfermedades.

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