El vínculo que estableces con tu hijo en sus primeros años de vida puede marcar su manera de relacionarse para siempre. El apego, siguiendo las influyentes conceptualizaciones de J. Bowlby, es el primer vínculo emocional que establece una persona, normalmente con sus cuidadores primarios. Es una necesidad humana básica que se activa desde el nacimiento: los bebés nacen con la urgencia de vincularse con un adulto protector que garantice su supervivencia.
Pero el apego va mucho más allá del alimento o el cobijo físico. Este lazo se construye a través de miles de microexperiencias cotidianas: el modo en que respondes a su llanto, cómo le sostienes la mirada, cómo calmas su angustia.
El apego en niños es un aspecto fundamental de su desarrollo emocional y social. Comprender cómo se forma y cómo afecta su bienestar puede ayudar a los padres a fomentar relaciones saludables y brindarles un entorno seguro. En este artículo exploraremos los tipos de apego, su desarrollo a distintas edades y cómo reconocer señales que puedan requerir apoyo psicológico.
El apego seguro es el estilo de apego más saludable y resiliente. Se forma cuando un niño percibe que su figura de apego es consistente, empática y emocionalmente disponible. Este tipo de apego no implica que todo sea perfecto ni que no haya conflictos.
¿Qué es el Apego?
El apego se define como el vínculo emocional y de seguridad, que se establece entre el niño y sus figuras de cuidado (generalmente los padres). Este vínculo influye en cómo los niños gestionan sus emociones, se relacionan con los demás y enfrentan los desafíos de la vida.
El apego es una necesidad profunda y básica. Por ello, autores como Wei et al. (2005) señalan que las personas con apego seguro presentan mayores niveles de resiliencia, mejor afrontamiento del estrés y más bienestar subjetivo.
El apego se construye a través de el sistema de exploración que es lo que permite al bebé entrar en contacto con lo que le rodea y esto sucede a través de los 5 sentidos, y el sistema afiliativo, que es el sistema que se activa para poder entrar en contacto con los otros.
Según la teoría del apego, los patrones de rapidez, generosidad y atención con que los padres (figuras de apego) responden a las necesidades de alimento, confort y afecto del niño quedan registrados en su sistema nervioso.
Autores como Siegel (2012) y Cozolino (2014) han observado cómo este registro condiciona la evolución de su cerebro social, estructura responsable de la empatía, la conducta prosocial, el razonamiento moral, el autocontrol, la flexibilidad en la respuesta y otras habilidades.
Tal y como recogen Pinedo-Palacios y Santelices-Álvarez (2006), las personas con apego seguro desarrollan un modelo mental de confianza hacia sí mismos (valoración personal, esto es, la autoestima) y los demás (confianza hacia el entorno). Esto explica porqué tienen un estilo de afrontamiento constructivo y confían en la búsqueda de apoyo emocional e instrumental.
El apego seguro impacta positivamente en el sistema inmunológico, el desarrollo del sistema nervioso y el equilibrio hormonal. Durante los primeros años de vida, el cerebro depende de las experiencias relacionales para madurar.
En este sentido, Moutsiana et al. (2015) y Choi et al. (2021) encontraron evidencias de que un entorno seguro y predecible ayuda a desarrollar el sistema límbico (emocional) y la corteza prefrontal (autorregulación, capacidad de juicio y empatía).
Respecto al desarrollo del sistema nervioso y hormonal, el apego seguro reduce la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA) ante separaciones y estrés. Dado que el funcionamiento del sistema inmunológico tiene una estrecha relación negativa con el estrés, el apego seguro favorece un sistema fisiológico más equilibrado y, por ende, una mejor respuesta inmunológica (McWilliams y Bailey, 2010).
De hecho, según Ahnert et al. (2012), el apego seguro puede incluso influir en la regulación del cortisol salival en los bebés.
Asimismo, el apego puede tener un impacto también en el propio crecimiento físico (Sirotnak, A. P., 2008). De hecho, cuando los niños no reciben el contacto, el apoyo y el amor suficientes pueden llegar a caer en un estado conocido como falta de crecimiento, rechazando el alimento. En el caso de abandono o negligencia graves (p. ej., síndrome del hospitalismo), el crecimiento puede verse comprometido de forma severa.
Señales de Apego Seguro en Niños
Estas señales pueden ayudarte a responder la pregunta clave: ¿cómo saber si mi hijo tiene apego seguro?
- Un niño con apego seguro sabe que acudir a ti es una estrategia válida y eficaz para sentirse mejor. Esto no lo vuelve “dependiente” ni “malcriado”; al contrario, fortalece su confianza en que sus emociones son importantes y que puede contar contigo cuando lo necesita.
- La rapidez con la que tu hijo se regula cuando estás cerca indica que tu presencia tiene un efecto reparador. Puede haber llanto o ansiedad, pero al notar tu cercanía, tu tono de voz o tu abrazo, su sistema nervioso se relaja.
- El apego seguro genera una base de seguridad desde la cual los niños se atreven a conocer el mundo. Un niño que se aleja para jugar, curiosear o conocer a otros, y que luego regresa para “recargar” afectivamente contigo, está mostrando una sana autonomía.
- El afecto no se mendiga: se ofrece. Si tu hijo te abraza, te besa, te trae un dibujo o te busca para compartir su alegría, es señal de que el vínculo es cálido y activo.
- Las separaciones -como ir al cole, quedarse con un familiar o ir a dormir a casa de un amigo- pueden generar algo de ansiedad, pero no se convierten en crisis insoportables.
- Llorar, reír, enfadarse, frustrarse, entusiasmarse… Todos los sentimientos forman parte de la vida emocional. Si tu hijo puede mostrarlos sin temor a ser ridiculizado o castigado, es que se siente seguro contigo.
- Este comportamiento, llamado “referenciación social”, es una señal de conexión emocional. Tu hijo te mira cuando se enfrenta a situaciones nuevas para ver cómo reaccionas, cómo interpretas tú lo que está ocurriendo.
- Confía en sus cuidadores y figuras de apego: Un niño o adolescente con apego seguro confía en que tanto en sus padres como otros cuidadores importantes (p. ej., abuelos, profesores, etc.) estarán ahí para apoyarle y protegerle.
- Muestra autonomía y se siente seguro al explorar su entorno: Un niño con apego seguro siente confianza a la hora de explorar su entorno y aprender, asumiendo pequeños riesgos.
- Exploración confiada: Estos niños se sienten cómodos explorando su entorno cuando su cuidador está presente.
- Relaciones sociales saludables: A medida que crecen, los niños con apego seguro tienden a desarrollar relaciones más equilibradas y saludables con otros niños y adultos.
Niño explorando su entorno con confianza, una señal de apego seguro.
Características del Apego Seguro
- Dan y reciben afecto de forma sana: Expresan el afecto y se sienten cómodos cuando alguien se lo expresa.
- Muestran una buena autonomía personal: No tienen miedo a estar solos o a no ser aceptados, sólo establecen vínculos sanos, optando por la soledad si no encuentran relaciones recíprocas.
- Confían en el vínculo: Creen que van a ser aceptados y apoyados por los demás, estableciendo vínculos seguros.
- Elaboran mejor la ruptura: Si tienen motivos para romper, lo hacen con mayor facilidad que el apego inseguro ansioso y mejor que el apego evitativo o aislado.
Tipos de Apego en Niños
Los principales tipos de apego que se desarrollan en la infancia son:
- Apego seguro: El niño confía en que su figura de cuidado estará ahí para satisfacer sus necesidades. Este es el tipo de apego más beneficioso para un desarrollo emocional saludable, ya que el niño se siente lo suficientemente seguro para explorar y volver a una base segura, que le tranquilizará y ayudará a regularse.
- Apego ansioso-ambivalente: Caracterizado por la inseguridad y el miedo a la separación. Los niños tienen miedo a explorar, lloran cuando se va su figura de apego, pero no se calman cuando esta aparece, ya que tampoco es una base realmente segura. Suele provocarse por conducta ambivalentes de los adultos, de ahí su nombre, haciendo que el niño no sepa a qué atenerse, ni cómo comportarse.
- Apego evitativo: También dentro del apego inseguro, se caracteriza por la evitación existente entre el niño y sus figuras de apego. El niño cuando se va la figura de apego no parece notarlo, y cuando esta vuelve tampoco le presta mayor atención. Este comportamiento se debe al aprendizaje que ha tenido el niño: si busca ayuda, o consuelo en sus figuras de apego no se lo darán o se molestarán, por tanto mejor evitar ya que no habrá reacción negativa. Generalmente se asocia a progenitores que no se encuentran cómodos con sus propias emociones, o que tienen un estilo educativo autoritario.
- Apego desorganizado: Se da cuando los niños presentan conductas contradictorias, como buscar proximidad y, al mismo tiempo, mostrar rechazo. Este apego inseguro es el más complicado de trabajar, ya que el comportamiento del niño suele deberse a conducta inapropiadas por parte de sus figuras de apego. Está relacionado con situaciones traumáticas provocadas por los adultos, y que hará que el niño no se sienta seguro con ellos, pero que a la vez trata de buscarlos al ser sus figuras principales.
AUMENTA LA CONFIANZA DE TUS HIJOS: 5 Claves para Criar Niños Seguros y Resilientes | Marian Rojas
Desarrollo del Apego en Diferentes Etapas
El apego evoluciona a medida que el niño crece y experimenta diferentes etapas de desarrollo.
Apego en Niños de 0 a 3 Años
Durante esta etapa, el vínculo con las figuras de cuidado es especialmente crucial. Un apego seguro en niños de 0 a 3 años les proporciona confianza para explorar su entorno y construir relaciones saludables en el futuro. Los padres pueden fomentar este tipo de apego al responder de manera consistente y cariñosa a las necesidades emocionales de sus hijos. La mentalización es también crucial, siendo esta la explicación de los adultos al niño de las emociones propias y ajenas, y asociándose con situaciones, herramientas y consecuencias. De tal manera, el niño crecerá conociendo, normalizando e integrando tanto sus emociones como las del resto, siendo esto la base para una buena salud mental en la adultez.
Apego en Niños de 6 a 12 Años
En esta etapa, los niños buscan más independencia, pero el apego sigue siendo vital para su desarrollo. El apego en niños de 6 a 12 años se manifiesta en cómo gestionan las relaciones con sus compañeros y enfrentan situaciones nuevas. Las dificultades en este periodo, como un apego ansioso en niños, pueden reflejarse en problemas de autoestima o ansiedad.
Etapas del desarrollo del apego en la infancia.
Fases del Apego
- Fase de Pre-apego (0 a 2 meses): reflejos innatos que favorecen la interacción. El bebé interacciona aplicando una serie de reflejos innatos para atraer la atención de los adultos, garantizando así su supervivencia (p. ej., llora, agarra y orienta su mirada hacia quienes le cuidan, respondiendo de forma positiva a los acercamientos).
- Fase de Formación del Apego (2 a 7 meses): aparición de respuestas diferenciales hacia la figura de apego. El bebé interactúa de forma diferente con su madre, orientando su conducta y respondiendo de manera clara a ésta (p. ej., sonríe, balbucea más fácilmente o se muestra más tranquilo).
- Fase de Apego Definido (7 a 24 meses): ansiedad por separación y fuerte vinculación. El bebé comienza a mostrar una clara preferencia por su madre, llegando incluso a rechazar el contacto con otras personas y a sufrir ansiedad si ésta se marcha. En esta etapa, sus acciones y el desarrollo de sus habilidades (p.
- Fase de Relaciones Recíprocas (24 meses en adelante): comprensión de la ausencia y autorregulación emocional. El niño comprende que la ausencia de su madre no es definitiva y que ésta responderá cuando lo necesite, por lo que adquiere la capacidad para calmar su propia ansiedad y, en adelante, no será tan necesaria la presencia física de su madre.
¿Cómo Fomentar un Apego Seguro?
El apego seguro no se construye con grandes gestos, sino con presencia cotidiana, con miradas que acogen, brazos que sostienen y palabras que validan.
Para fortalecer un apego seguro, es importante ser un cuidador receptivo y consistente.
Algunas recomendaciones para fomentar un apego seguro en los niños son:
- Seguridad: el niño necesita saber que estás presente de forma constante y predecible.
- Disponibilidad: estar presente no solo físicamente, sino emocional y mentalmente.
- Responde con sensibilidad: no todos los niños expresan sus necesidades del mismo modo.
- Sé predecible: los límites claros y las rutinas transmiten orden interno.
- Valida sus emociones: cuando un niño siente miedo o tristeza, necesita ser acogido, no corregido.
- Repara cuando hay errores: pedir perdón es un acto poderoso.
Además, es fundamental:
- Mostrar coherencia entre las acciones y las palabras, demostrando confiabilidad: La inconsistencia y la falta de confiabilidad generan confusión y ansiedad en el niño.
- Evitar el castigo físico y emocional: Esto puede generar miedo y resentimiento en el niño, dañando la relación al no haberse sentido respetado o justamente tratado.
- Fomentar la exploración y la autonomía del niño: Proporcionarle la oportunidad para ser independiente, descubriendo y aprendiendo cosas por sí mismo.
- Responder de manera sensible y rápida a las necesidades del niño: Para sintonizar emocionalmente con el niño es aconsejable observar sus expresiones, validando sus emociones y respondiendo a sus necesidades físicas y emocionales de manera adecuada, evitando que influyan los propios intereses.
- Tener una comunicación abierta, afectuosa y positiva, evitando las etiquetas negativas: Mostrar empatía y comprensión, validando sus emociones, sus gustos y sus necesidades.
- Practica la escucha activa. Escucha a tus hijos con atención y empatía. Valida sus emociones y presta atención a lo que están diciendo, incluso si no estás de acuerdo con ellos.
- Asegura un ambiente seguro. Asegúrate de que tus hijos se sientan seguros y protegidos. Establece límites claros y consistentes. Los límites y las normas son importantes para los niños.
- Dedica tiempo a estar juntos. Dedica tiempo de calidad con tus hijos todos los días.
- Es muy importante aceptar a los hijos tal y como son, con sus fortalezas y debilidades.
- No solo hay que atender a sus necesidades físicas, tales como, proporcionarles alimento, cambiar pañales y ducharles. Sino que también se deben cubrir sus necesidades emocionales, proporcionándoles protección y seguridad siempre que lo necesiten.
- Cuando un bebé llora hay que calmarle. Es necesario cogerlo en brazos y no dejarle llorar solo. Los bebés necesitan sentir y oler a sus padres.
- Pasar tiempo de calidad con ellos, escucharlos, jugar con ellos. El juego es una forma de comunicación.
- Es importante que los niños tengan claro qué es lo que está bien y lo que está mal.
- Es importante dejarles hacer cosas por ellos solos y no sobreprotegerles.
- El masaje infantil es una práctica que ayuda a fomentar el apego con los bebés a través del sentido del tacto. A través del masaje se puede interaccionar y comunicar mejor con el bebé.
¿Cómo Detectar Problemas en el Apego?
Si tu hijo presenta señales de inseguridad extrema, dificultad para relacionarse o dependencia excesiva, podría estar desarrollando un patrón de apego no saludable, como el apego ansioso. En estos casos, consultar con un profesional puede marcar la diferencia.
¿Cuándo Pedir Ayuda Psicológica?
Si observas dificultades persistentes en el comportamiento de tu hijo, considerar la ayuda de un psicólogo especializado puede ser el primer paso para mejorar su bienestar. La terapia psicológica, tanto presencial como online, es una excelente herramienta para trabajar estos problemas.
Cuando hay dudas sobre el desarrollo emocional de tu hijo o sientes que el vínculo podría fortalecerse, buscar ayuda profesional no es un signo de debilidad: es un acto de amor. Un psicólogo online puede acompañarte con recursos, escucha y estrategias adaptadas a tu realidad.
El Rol de las Figuras de Apego
Respecto a las figuras de apego, aunque las indicaciones anteriormente ofrecidas son los cimientos para el desarrollo del apego seguro, en ocasiones, resultan complicados de aplicar o parecen insuficientes para modificar el apego de su hijo.
Es imposible como padres cubrir 100% las necesidades de los niños. Todos tenemos lo que se llama falta básica, todos tenemos en mayor o menor media esta falta básica, que son esas situaciones en las que las necesidades no han sido satisfechas. Lo importante es la cantidad de estas faltas básicas.
¿Es Posible Reparar un Apego Inseguro?
Sí. No obstante, aunque el estilo de apego se origina en la infancia, éste no es inmutable y puede modificarse con el tiempo. Aunque las primeras relaciones con las figuras de apego son las bases de la futura forma de seguridad, confianza y amor, no todo el mundo tiene la fortuna de crecer en un entorno donde sus necesidades emocionales fueron detectadas, validadas y respondidas de forma consistente.
Esto puede hacer que se desarrollen patrones de apego inseguro (como el miedo al abandono, la autosuficiencia rígida o la desconfianza crónica) de forma silenciosa, afectando al propio bienestar emocional e influyendo en las relaciones interpersonales.
Para reparar el apego inseguro, es necesario identificar el modelo de apego presente, es decir, observar y analizar su forma de vincularse.
La razón para decantarse por este tipo de terapia reside en que permite trabajar las creencias disfuncionales desde una perspectiva completa, abordando las creencias disfuncionales con el apoyo de diversas técnicas propias de distintas corrientes terapéuticas como la terapia cognitivo-conductual y las de tercera generación (p. ej., mindfulness o terapia centrada en la compasión).
También será imprescindible abordar las heridas emocionales (recuerdos de la infancia y relaciones con las figuras de apego) a fin de entender cómo dichas experiencias moldearon el apego actual, sanándolo a través de herramientas propias de distintas terapias como EMDR, la terapia centrada en las emociones, la terapia psicodinámica y otras dinámicas propias de corrientes humanistas o gestálticas (p.
Todo lo anterior servirá para que el paciente desafíe su patrón habitual y viva nuevas experiencias emocionales a la hora de vincularse, fomentando la comunicación emocional, la reciprocidad y el establecimiento de límites, lo que aumentará su nivel de confianza en las relaciones.
Historia de la Teoría del Apego
La teoría del apego fue acuñada por primera vez por J. John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista inglés, formuló por primera vez la Teoría del Apego a mediados del S. XX, basándose en su amplia experiencia clínica con niños con problemas emocionales (tanto de clínicas mentales de Londres como de niños evacuados durante la Segunda Guerra Mundial).
Bowlby observó que los niños tenían en común la historia de separación temprana o vínculos inestables con sus cuidadores, lo que le llevó a elaborar "La salud mental del niño y su cuidado materno", concluyendo que las personas estamos programadas biológicamente para establecer vínculos afectivos, ya que estos incrementan la probabilidad de supervivencia.
Otra figura significativa relacionada con el apego fue René Spitz, psicoanalista y pediatra austriaco-estadounidense. Sus estudios se centraron en bebés y niños (primera infancia) privados de una figura materna estable y amorosa, observándolos en orfanatos y hospitales.
Spitz acuñó, en la década de 1940, los términos depresión anaclítica (estado de profunda angustia emocional por la pérdida del vínculo afectivo primario, el cual era reversible antes de los tres meses) y síndrome del hospitalismo (una forma grave de deterioro físico y emocional causado por la privación afectiva).
Respecto a la influencia de la etología del apego, Konrad Lorenz descubrió el imprinting (también conocido como impronta o troquelado), mecanismo innato de fijación y reconocimiento consistente hacia el primer objeto que se mueve visto después de la eclosión o el nacimiento, garantizando así su protección al seguirle.
Por su parte, Harry Harlow observó que los monos Rhesus preferían a una "madre" de felpa frente a una de alambre que proporcionaba leche.
Experimentos de Harry Harlow con monos Rhesus demostrando la importancia del contacto y el afecto.
Impacto a Largo Plazo
El apego seguro tiene un impacto duradero en el desarrollo emocional y social de los niños. A largo plazo, las personas que han desarrollado un apego seguro en la infancia suelen tener relaciones interpersonales más estables y satisfactorias.
