¿Cómo se alimenta el feto en el vientre materno?

¡Ya estás embarazada! El momento que has estado planteándote toda la vida -o bien que ha surgido hace poco- está aquí. Al principio es algo novedoso, imperceptible al ojo ajeno, pero tú sí sabes que una vida nueva está surgiendo en ti. La máxima preocupación de cualquier mujer al quedarse embarazada es saber si su bebé está bien dentro del útero materno.

Si estás embarazada seguro que ya te han comentado lo importante que es todo lo que comes durante los meses de gestación porque el bebé se alimenta de todo lo que ingieres, pero ¿Cómo se alimenta el feto en el vientre?

Para entender cómo se nutre el feto, es crucial conocer el papel de la placenta y el cordón umbilical.

El rol de la placenta y el cordón umbilical

La placenta es considerada un órgano que se desarrolla durante el embarazo en el útero de la mujer. El feto recibe alimento a través de los vasos sanguíneos de la placenta, un órgano especializado que contiene células tanto del bebé como de la madre. Es fundamental que tanto la placenta como el cordón umbilical funcionen perfectamente ya que son los encargados de garantizar la supervivencia y el óptimo desarrollo del bebé.

La vena se encarga de llevar hasta el feto la sangre con nutrientes, alimento y oxígeno, transformados y depurados previamente por la placenta. Cuando la madre ingiere alimentos, su intestino acaban absorbiendo los nutrientes que éstos le aportan, y finalmente acaban llegando a su sangre. Esta sangre llega hasta la placenta, donde pasa un filtro para evitar que las sustancias que no son beneficiosas para el feto lleguen a él.

Como ves, es vital llevar una dieta sana y equilibrada porque todo lo que entra por la boca de la madre, llega de manera directa al bebé. Todas las vitaminas, proteínas, minerales, etc. Además de alimentarse de manera directa a través del cordón umbilical, los fetos también degluten líquido amniótico y se benefician de las sustancias nutritivas que lo conforman y que han llegado a través de la membrana amniótica.

Esquema del funcionamiento de la placenta.

Nutrición en las primeras semanas de gestación

Al principio de la gestación, en la semana 3, antes de la semana en la cual falta la regla, y en la que muchas mujeres aún no saben que están embarazadas, los embriones que están formados por tan sólo unas decenas de células necesitan una nutrición. Los nutrientes básicos y la oxigenación la obtienen de la decidua materna. La decidua es la capa interna del útero en la cual el embrión va a anidar o implantar.

Cuando el embrión llega a la cavidad uterina, hacia la semana cuarta de embarazo, comienza a penetrar en la pared del útero hasta encontrar una zona vascular donde asentarse. De este modo, el embrión queda envuelto por una sustancia muy nutritiva que le permite su desarrollo. Esta nutrición es básica hasta la semana 8. Poco a poco, la placenta se desarrolla y es a partir de la semana 8 cuando la capacidad nutricional de la placenta es la principal.

Las vellosidades coriales son las partes más pequeñas funcionales de la placenta. Estas vellosidades son como dedos que tiene la placenta y que se encuentran sumergidos en lagos vasculares de sangre materna. En estas vellosidades se realiza el paso desde la sangre materna a la fetal de oxígeno, glucosa, inmunoglobulinas, ácidos grasos, aminoácidos y un sinfín de sustancias necesarias para el desarrollo del bebé.

Cuando esta formación adecuada de la placenta no se produce en las primeras semanas existe lo que se denomina una placentación anómala. Por otro lado cuando existe un déficit de penetración de la placenta la oxigenación es defectuosa, y el organismo materno responde aumentando la presión de las arterias que van al útero para poder responder a las necesidades del feto. Esto acaba desencadenando una hipertensión a nivel sistémico.

Cuando ocurre lo contrario, que la placentacion es excesiva, las células precursoras de la placenta infiltran demasiado la pared uterina, llegando incluso hasta el músculo, o pudiendo incluso atravesarlo.

Representación del cordón umbilical y la placenta.

El feto como "gourmet": Influencia de la dieta materna en las preferencias del bebé

Sandovici et al. El bebé ya antes de nacer es un gourmet, que prefiere unos sabores a otros, que reacciona cuando algo le agrada al paladar . Y al parecer el sabor dulce de la zanahoria le gusta, pero a las coles no las quiere ni ver.

O eso parece según una investigación del laboratorio de Investigación Fetal y Neonatal de la Universidad de Durham (Reino Unido), publicado en la revista 'Psychological Science'. Los investigadores observaron en ecografías 4D cómo reaccionaban los fetos a los sabores de la zanahoria o la col rizada poco tiempo después de que las madres los hubieran ingerido.

Y comprobaron que los fetos expuestos a la zanahoria ponían "cara de risa", mientras que la carita de los que "comieron" la col rizada era de pocos amigos: mostraron de "cara de llanto". ¿Quieres ver como sonríe un bebé dentro del útero materno? No te lo pierdas.

Fetos sonríen con zanahoria y hacen muecas con col rizada

Reacciones faciales de fetos a diferentes sabores.

El sabor de los alimentos lo experimentamos a través de una combinación de gusto y olor. En el caso de los fetos, se cree que esto podría ocurrir al inhalar y tragar el líquido amniótico. Para comprobarlo, científicos de la Universidad de Aston y Durham (Reino Unido) y de la Universidad de Borgoña (Francia), les dieron a las madres participantes de estudio, de entre 18 y 40 años, una sola cápsula que contenía aproximadamente 400 mg de zanahoria o 400 mg de col rizada en polvo unos 20 minutos antes de cada ecografía, realizada a las semanas 32 y 36.

Se les pidió que no consumieran ningún alimento o bebida aromatizada una hora antes, ni debían comer ni beber nada que contuviera zanahoria o col rizada el día de las exploraciones.

Lo importante de este estudio no es saber que los bebés prefieren las zanahorias. Estudios anteriores, como el elaborado en el Monell Chemical Senses Center de Filadelfia (EEUU), ya establecían que el gusto de los niños venía condicionado por la alimentación materna. Pero a diferencia de las investigaciones anteriores, esta ha observado cómo reaccionan bebés dentro del útero materno al gusto y al olor de dos alimentos diferentes.

Los autores de la investigación, que han publicado el hallazgo en 'Psychological Science', consideran que esto podría ampliar nuestra comprensión del desarrollo de los receptores gustativos y olfativos humanos y apuntan que lo que comen las embarazadas podría influir en las preferencias gustativas de los bebés después de nacer.

Al observar las reacciones faciales de los fetos “podemos suponer que una serie de estímulos químicos pasan a través de la dieta materna al entorno del feto”, cuenta Benoist Schaal, uno de los firmantes de la investigación, de la Universidad de Borgoña (Francia).

El equipo, encabezado por Beyza Ustun de la Universidad de Durham, destacó que fue “realmente sorprendente ver la reacción de los bebés no nacidos a los sabores de la col rizada o la zanahoria durante las exploraciones y compartir esos momentos con sus padres". Los efectos de tal exposición prenatal al sabor solo se habían medido hasta ahora después del nacimiento.

Las reacciones observadas en ambos grupos de sabores, comparadas con las de los fetos de un grupo de control que no se expusieron a ninguno de los sabores, mostraron que la exposición a una pequeña cantidad de sabor a zanahoria o col rizada “era suficiente para estimular una reacción”, indicó la universidad.

Este estudio podría tener “importantes implicaciones para comprender las primeras evidencias de las capacidades fetales para percibir y discriminar los diferentes sabores y olores de los alimentos ingeridos por sus madres", según otra de la firmantes de la investigación Nadja Reissland.

En un estudio publicado en 'Pediatrics' en 1993, un grupo de mujeres tragó una cápsula de ajo unos 45 minutos antes de que les practicaran una amniocentesis, una prueba prenatal común en la cual se extrae una pequeña muestra del líquido amniótico que rodea al feto para analizarla.

Todos estos experimentos sugieren que la exposición de los bebés al sabor cuando todavía están en el útero funciona como una especie de huella o impronta para sus preferencias culinarias futuras, en palabras de Gary Beauchamp y Julie A. Menella en un estudio publicado en la revista 'Digestion'.

Se trata, además, de un fenómeno en el que ni siquiera el ser humano tiene la exclusividad: también se ha documentado este efecto en ratas de laboratorio embarazadas, las cuales tuvieron crías más aficionadas a la comida muy dulce si las madres se habían alimentado con frecuencia con ella.

El Experimento del Anís: Un Clásico en la Investigación del Gusto Fetal

Actualizado el 12/12/2011La primera demostración empírica de cómo la dieta en el embarazo puede condicionar los gustos de los bebés fue realizada en Francia en el año 2000 con un muestra de 24 recién nacidos.

Los resultados de esta demostración han dado la vuelta al mundo y han puesto de manifiesto hasta qué punto es importante comer variado durante el embarazo puesto que el agrado o desagrado más inmediato se transmite ya al feto en el útero materno y podemos aprovechar esta circunstancia para que los bebés aprecien y disfruten una dieta saludable.

Este experimento realizado por biólogos franceses utilizó el anís para comprobar la reacción de los bebés ante su olor. Las reacciones de los recién nacidos frente al anís estaban fuertemente polarizadas entre los que tenían madres aficionadas a ese dulce típico y los que no: los bebés ya familiarizados con el sabor al anís mostraban preferencia por el mismo, sacaban la lengua y se relamían.

Las madres que habían probado el anís durante el embarazo tenían hijos que se sentían atraídos por el olor de éste. Sin embargo, aquellas embarazadas que jamás habían consumido anís resultaron tener hijos cuyo olor les desagradaba. La reacción de los bebés con tan solo 4 días de vida no dejaba lugar a dudas, su gesto, su llanto, sus aspavientos, etc. demuestran que tienen ya unos gustos muy bien definidos.

Otro sabor que se ha demostrado que los bebés recuerdan de su paso por el claustro materno es el ajo. Existen también estudios que han demostrado que los bebés identifican los sabores de la dieta de su madre a través del líquido amniótico. Uno de ellos fue llevado a cabo en el 94 por Mennella Y Beauchamp mediante identificación olfativa de aceite de ajo que había sido ingerido por las madres durante el embarazo.

Se llegó a la conclusión de que los bebés beben el líquido amniótico y de ese modo identifican en el futuro el olor de esos alimentos. Un experimento semejante fue realizado años después con zumo de zanahoria, en este caso meses después de que la gestante hubiese tomado zumo de zanahoria, se complementaba la dieta del bebé con cereales con sabor a zanahoria y dicho sabor resultó ser claramente identificado por los bebés.

El tema de la lactancia es quizá ya más conocido, parece evidente pensar que los sabores de los que se “contagia” la leche materna y pasan al bebé van a ser sabores con los que se familiarice y en general disfrute. Los niños que se alimentan a base de leche materna van a hacerse partícipes de los gustos de su madre en cuanto a dieta se refiere y es más fácil que compartan con ella preferencias alimenticias en comparación con aquellos niños que se alimentan a base de fórmulas artificiales.

Recomendaciones para una dieta saludable durante el embarazo

Está claro que debemos aprovechar esta circunstancia y procurar que las embarazadas y la madre lactante tengan una dieta rica y variada, con gran cantidad de frutas y verduras que predispongan a los futuros niños a su consumo. Además de los estudios a los que nos referimos anteriormente, existe uno en marcha en este momento que pretende averiguar el tiempo de exposición necesario para que el bebé llegue a identificar y apreciar una determinada sustancia. Llevará tiempo pero sus resultados serán muy interesantes.

Las embarazadas tienen prohibido el consumo de tabaco y alcohol ya que estos tóxicos acaban influyendo negativamente en el desarrollo del feto. Al igual que fumar y beber alcohol pueden afectar al feto, lo que comemos y bebemos puede dirigir al bebé cuando se alimente hacia sabores y olores determinados.

Hecho este breve pero necesario paréntesis, no tenemos esa mirada con una embarazada que come una pizza ultraprocesada o una hamburguesa de una cadena de comida rápida. Transmitidas por el líquido amniótico, el feto codifica eficazmente estos sabores, lo que resulta en una mayor aceptación después del nacimiento.

Esta extensiva revisión pone de manifiesto que la preferencia del bebé irá dirigida a sabores y olores "que ya conozca". Los hallazgos de los investigadores no implican que una dieta inadecuada durante el embarazo haga que el hijo nunca coma brócoli y solo beba refrescos azucarados. En este artículo de Vitónica explicamos por qué los primeros años de vida son importantes para la obesidad infantil y adulta. La infancia es una etapa muy sensible para potenciar las preferencias por alimentos saludables.

Todos podemos con fuerza de voluntad escoger unos u otros alimentos, pero esa sensación de prácticamente ser adictos a ciertos productos viene marcada desde pequeños, incluso durante el embarazo.

Ejemplo de una dieta saludable durante el embarazo.

Crecimiento Fetal y el Papel del IGF2

A medida que este crece, su demanda nutricional es mayor. Entre el 10 y el 15 % de los bebés presentan un bajo crecimiento en el vientre materno, a menudo debido a un menor desarrollo de la vasculatura de la placenta. En un estudio publicado hoy en Developmental Cell, un equipo dirigido por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) utilizó ratones modificados genéticamente para mostrar cómo el feto produce una señal que fomenta el crecimiento de los vasos sanguíneos dentro de la placenta.

Esta señal también provoca modificaciones en otras células placentarias para permitir que más nutrientes de la madre lleguen al bebé.“A medida que crece, el feto necesita el alimento de su madre; y unos vasos sanguíneos sanos en la placenta son esenciales para obtener la cantidad adecuada de nutrientes que necesita”, explica Ionel Sandovici, primer autor del trabajo.

“Hemos identificado una de las formas que utiliza el feto para comunicarse con la placenta y provocar la correcta expansión de estos vasos sanguíneos. En los seres humanos, los niveles de IGF2 aumentan progresivamente entre las 29 semanas de gestación y el término: un gran aporte de IGF2 se asocia a un crecimiento excesivo, mientras que una cantidad insuficiente de IGF2 se asocia a un crecimiento deficiente.

Los bebés demasiado grandes o demasiado pequeños tienen más probabilidades de sufrir o incluso morir al nacer, y tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes y problemas cardíacos en la edad adulta.“Hace tiempo que sabemos que el IGF2 favorece el crecimiento de los órganos donde se produce. En este estudio, hemos demostrado que el IGF2 actúa como una hormona clásica: es producido por el feto, pasa a la sangre fetal y, a través del cordón umbilical, a la placenta, donde actúa”, añade el científico.

En ratones, la respuesta al IGF2 en los vasos sanguíneos de la placenta está mediada por otra proteína, llamada IGF2R. Los dos genes que producen el IGF2 y el IGF2R son genes improntados, es decir, que se expresan de un modo específico según el sexo del progenitor. En este caso, solo la copia del gen IGF2 heredada del padre y la de IGF2R heredada de la madre están activas.

“Una teoría sobre los genes improntados es que los genes expresados por el padre son ‘codiciosos y egoístas’. Quieren extraer el máximo de recursos posibles de la madre. “El gen del padre estimula las necesidades del feto de vasos sanguíneos más grandes y más nutrientes, mientras que el gen de la madre en la placenta intenta controlar la cantidad de alimento que proporciona. Hay un tira y afloja, una batalla de sexos a escala del genoma”, subraya el experto.

El equipo afirma que sus hallazgos permitirán comprender mejor cómo se comunican entre sí el bebé, la placenta y la madre durante el embarazo.

Parece evidente que las madres condicionan los gustos de sus hijos ya desde la barriga, tanto a través del líquido amniótico como en la leche materna, puesto que la dieta consumida durante el embarazo va a predisponer a nuestros hijos a que se sientan atraídos o rechacen determinados alimentos.

En conclusión, la alimentación del feto es un proceso complejo y fascinante, influenciado directamente por la dieta materna y mediado por la placenta y el líquido amniótico. Las preferencias gustativas del bebé comienzan a desarrollarse en el útero, lo que subraya la importancia de una dieta equilibrada y saludable durante el embarazo.

Referencias

  • Asociación Española de Pediatría. (2019).
  • Huggins-Cooper, Lynn. (2005). Maravillosamente embarazada. Ed. Mayo Clinic.
  • Hospitales Ángeles. El cordón umbilical, la línea de la vida.
  • Zorrilla, Francisco. (2015). ¿Qué es el líquido amniótico?
  • MaterTraining. (2014). Cómo viven los bebés antes de nacer.
  • Forestell C. A. (2024). Does Maternal Diet Influence Future Infant Taste and Odor Preferences? A Critical Analysis. Annual review of nutrition, 44(1), 313-337. Madrid

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