De todos los géneros musicales, la ópera es el que más pasiones ha desatado a lo largo de sus más de cuatrocientos años de existencia. La ópera fascina y encanta. Está de moda desde hace décadas en todo el mundo.
Interior del Teatro alla Scala de Milán, uno de los teatros de ópera más famosos del mundo.
Las propuestas escénicas de teatros de prestigio como la Royal Opera House del Covent Garden de Londres, el Metropolitan de Nueva York, la Opéra National de París, La Scala de Milán, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, el Teatro Real de Madrid, la Bayerische Staatsoper de Múnich, el Teatro Colón de Buenos Aires o el Municipal de Santiago de Chile trascienden sus paredes para llegar a un público global desperdigado por todo el mundo.
España no es ajena a este fenómeno, liderando una de las revoluciones más impresionantes respecto del género, con un crecimiento imparable desde hace casi treinta años. Ahora el mercado operístico crece con la construcción de nuevos teatros en Oriente, como sucede en China o en los países árabes, con el China National Centre for the Performing Arts de Pequín o la Royal Opera House de Mascate, en el Sultanato de Omán, como pioneros en la introducción de este arte escénico en unas sociedades que lo desconocían por completo.
Los Orígenes Remotos de la Ópera
Las formas músico-escénicas tienen un origen antiquísimo. Ya en la antigua Grecia la tragedia se representaba como una integración de diferentes artes, siendo inseparable de la danza y de la música. La palabra música procede del griego mousiké, “el arte de las musas”, lo que implica la inseparabilidad del sonido respecto al conjunto de las artes.
Teatro de Dionisio en Atenas, un ejemplo de la integración de las artes en la antigua Grecia.
De ahí partieron los miembros de la llamada Camerata florentina cuando, a finales del siglo XVI y en un intento de recuperar la tragedia griega, consideraron que se trataba de un compendio artístico que iba más allá del teatro. "La ópera es una síntesis que traspasa la simple unión entre música y poesía.
La Ópera como Síntesis Artística
La ópera es una síntesis que traspasa la simple unión entre música y poesía. Como forma músico-escénica, requiere de la perfecta unión entre la idea musical y la idea literaria, lo cual solo puede lograrse con la absoluta simbiosis entre el texto, el teatro, la danza y el sonido. Para que una ópera pueda ser representada se requiere una labor titánica, en la que participan numerosos artistas y técnicos, quienes deben coordinarse perfectamente.
Aparte de los solistas, del coro, la orquesta, el director musical, el maestro concertador, los bailarines, el director de escena, el escenógrafo, el figurinista, los regidores y un sinfín de participantes, hay que añadir al personal administrativo que gestiona la producción, los figurantes, los técnicos de iluminación y de tramoya, y todo esto por citar solo una pequeña parte de los responsables de que se alce el telón de un teatro de ópera.
El Nacimiento Formal de la Ópera en Florencia
Cuando queremos definir a la ópera y caemos en la humana necesidad de buscar su origen encontramos muchas, diferentes y algunas contradictorias, definiciones. Si partimos del hecho de que se trata de un arte complejo, y siempre cambiante, nos parecerá lógico que nunca encuentre su definitividad ni cognitiva ni semánticamente.
Hasta hace muy poco tiempo el estudio de este género no se había dado cuenta de que determinar el origen de la ópera por el trabajo de la Camerata de la Florencia renacentista, es limitar su naturaleza a la forma europea, además de ignorar muchos antecedentes que tuvo dentro del mismo continente.
Si consideramos la ópera como la integración de los diferentes lenguajes escénicos en busca de un mensaje común, encontramos que hay manifestaciones operísticas en distintas culturas y en tradiciones muy antiguas, que crearon lo que conocemos como ópera mucho antes de que la Camerata Florentina existiese.
La verdad es que cuatrocientos años antes de Cristo el Natya-Sastra (cuyo origen es hindú y no europeo) ya habla de espectáculos que combinan la literatura con la música, el teatro, el canto, la danza e incluso habla de un director de orquesta y de un director de escena.
Por su parte la ópera china, así como numerosas y muy diferentes manifestaciones representacionales asiáticas y africanas, son susceptibles de ser consideradas óperas por que buscan el mismo efecto que la ópera europea: la conjunción multidisciplinaria de las artes escénicas. En el continente americano, específicamente en México, la cultura náhuatl tiene un género conocido como cuicatl y que estaba precisamente destinado a jugar con la música, el movimiento y la palabra.
Dentro de la propia Europa tampoco se puede considerar a la Camerata como la única que ha pensado en las posibilidades expresivas de la polisemia artística, Eckhardt van den Hoogen se pregunta en su libro ‘El ABC de la ópera’ : “¿Y por qué, aunque fuera sólo por probar, no aceptamos que en todas las épocas ha habido unidades de texto, música y movimiento, es decir, una especia de ópera en el amplio sentido de la palabra?”[2] Y comienza por considerar los dramas litúrgicos compuestos por la madre Hildegard von Bingen (1098-1179), o a los misterios, como una pre-ópera medieval y no parece nada extraño si tomamos en cuenta su descripción:
Tras estas manifestaciones encontramos siempre el mismo afán por la creación de movimiento sonoro, lenguaje cantado e imágenes dinámicas que la humanidad ha conocido en todas las épocas y culturas. En la propia celebración de la liturgia cristiana subyace aún la representación de la tragedia ritual de la antigüedad con un actor principal, algunas figuras acompañantes, un coro y un grupo de espectadores que reviven las hazañas y al muerte de un héroe protagonista, donde la música desempeña un papel destacado.
Hildegard von Bingen, compositora de dramas litúrgicos que pueden considerarse precursores de la ópera.
Todas estas formas representacionales, plenamente congruentes con la naturaleza polisémica y compleja que ha hecho de la ópera el género maravilloso que nunca deja de sorprendernos ni de enfrentarnos a nosotros mismos, abren un mundo de posibilidades para considerar a la ópera muy lejos de la idea de elitista o clasista, para explicar su permanencia en nuestra sociedad a pesar de sus costes económicos y el hecho de que cada vez tiene más espectadores.
La ópera habla de los seres humanos, de nuestra manera de ver el mundo y sobre todo, de sentirlo. Está relacionada con la parte más irracional de nuestra naturaleza y es por eso que no sólo nos enseña que la ficción no es una mentira, sino otra realidad y, sobre todo, que cuando la palabra deja de tener sentido es la música la que explica. Una manifestación así de compleja lógicamente proviene de un proceso y un quehacer netamente humano y aunque su forma más famosa es la europea, no puede soslayarse la posibilidad de sus expresiones en el resto del mundo y diferentes culturas.
La Ópera se inicia en Italia, en una región que se llama La Toscana, hace quinientos años aproximadamente (siglo XVI y XVII). En esta región de Italia estaban los señores más ricos del mundo, los llamados mecenas que con su dinero pagaban a fantásticos compositores para que hicieran óperas.
El primer compositor de Ópera es Claudio Monteverdi. Su primera ópera se llama Orfeo (1607) y tiene tanto éxito que compone otra al año siguiente (1608) Arianna, de la que sólo se conserva una pequeña parte. Pronto la Ópera se extiende por todas las cortes más importantes de Europa (París, Londres, Moscú…). Tiene tanto éxito como hoy en día lo tiene el cine. Los señores de la época también aprovechan los teatros de ópera para hacer vida social.
En esa época, Florencia era uno de los focos culturales y artísticos más importantes de Italia. Con la Camerata florentina nació la ópera cuando un grupo de nobles italianos combinaron el arte de la canción con el drama de una historia narrada, acentuando el contenido de los textos. El origen de la ópera se sitúa a finales del siglo XVI, en la ciudad de Florencia, donde un grupo de intelectuales y músicos conocidos como la Camerata Florentina buscaba revivir la tragedia griega, integrando música y poesía: de este experimento surgió la obra Dafne (1597) de Jacopo Peri, considerada la primera ópera.
El Nacimiento y Evolución de la Ópera: Origen, Historia y Legado del Pre Barroco
Evolución de la Ópera a Través de los Siglos
La ópera como género musical nació en Italia durante el Renacimiento, a partir de dos tradiciones distintas: una más elitista y refinada, proveniente de la música de las cortes medievales, y otra más popular ligada a los artistas de calle. Maduró durante la época barroca, se diversificó con el Clasicismo y alcanzó su apogeo durante el Romanticismo, conservando su popularidad hasta nuestros días. ¿Su secreto? Los orígenes de la ópera.
La música nunca había dejado de acompañar a las narraciones, ya fuera en las cortes o en las plazas; pero por lo general era considerada, precisamente, como un mero acompañamiento. Fue durante el Renacimiento cuando los gobernantes y otros grandes personajes amantes de las artes empezaron a financiar representaciones más elaboradas musicalmente y, en ocasiones, a componer ellos mismos.
Entre estos destacaba, a finales del siglo XVI, un grupo de humanistas de Florencia conocidos como la Camerata de los Bardi -el nombre de la familia aristocrática que los financiaba- a quienes se atribuye el nacimiento formal de la ópera como género propio. Los miembros de la Camerata consideraban que la música se había corrompido y que había que recuperar el estilo de la antigua Grecia. Dos de ellos, el músico Jacopo Peri y el poeta Ottavio Rinuccini, estrenaron en 1598 Eurídice, considerada como la primera ópera.
Jacopo Peri, compositor de "Dafne" y "Eurídice", consideradas las primeras óperas.
Algunos músicos “ortodoxos” criticaron duramente la ópera en sus inicios por considerarla como algo estridente, vulgar y más cercano al teatro ambulante que a la música. En aquella época vivió también el que es considerado como el primer gran compositor de ópera: el cremonés Claudio Monteverdi. Entre sus obras se encuentran composiciones como Orfeo, Ariadna o El regreso de Ulises a la patria; muchas de ellas, por lo tanto, inspiradas en el mundo antiguo, aunque también tocó otras temáticas.
Para todos los públicos. A pesar de estas críticas, las clases altas adoptaron el gusto por esta nueva música, que suponía además una ocasión para ostentar su patrocinio de las artes. Empezaron a distinguirse entonces dos tipos de ópera.
- La primera, llamada ópera seria, trataba temas sacados de los mitos, la literatura épica y la historia, que se escenificaban de manera espectacular, con grandes escenarios y elaborados vestidos; por su alto coste, se dirigía sobre todo a un público de alta cuna como la realeza y la nobleza.
- Junto a esta se desarrolló otro tipo de ópera más ligera llamada ópera buffa: esta iba dirigida a la gente común, tenía una puesta en escena más sencilla y trataba temas más humanos como el amor o las relaciones entre amos y sirvientes. Con el paso del tiempo también esta se ganó su lugar entre las élites, que anteriormente la habían mirado con cierto desdén o como un divertimiento.
A medida que la ópera ganaba en popularidad, nacieron otros subgéneros: de entre estos se hizo especialmente popular la opereta, nacida en el siglo XIX y que enfatizaba la comicidad y el aspecto teatral por encima del musical. En principio iba dirigida a un público de clase humilde, pero también acabó por llegar a todos los públicos. Algunos libretistas -el término para referirse a quienes escribían el libreto, es decir, el texto de la obra- incluso se atrevieron a hacer algo que habría sido impensable en los primeros tiempos del género: tratar los temas típicos de la ópera seria en clave cómica.
La ópera pronto se hizo muy popular y para los grandes eventos se organizaban fastuosas representaciones, una ocasión perfecta para los compositores y libretistas de ganarse la estima de la corte. A principios del siglo XVIII, la ópera ya era uno de los géneros musicales más demandados. Los encargos generalmente se realizaban para las grandes ocasiones, como los matrimonios reales; cualquier compositor que aspirase a un lugar destacado sabía que aquellas eran ocasiones perfectas para ganarse la estima de la corte.
Entre los autores del Clasicismo hay que destacar a Mozart, creador de algunas de las óperas más representadas de la historia, como La flauta mágica, Las bodas de Fígaro o Don Giovanni, así como a su libretista, el véneto Lorenzo Da Ponte.
Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los compositores más influyentes del Clasicismo.
Pero aunque su nombre sea menos conocido que el del genio de Salzburgo, hay otro personaje al que la ópera debe mucho: Christoph Willibald Gluck. Este compositor alemán fue el primer gran reformador del género en un aspecto clave: el equilibrio entre música y teatro, que había sido uno de los conflictos intrínsecos de la ópera desde sus comienzos. En aquel entonces la música para la clase alta era concebida como algo estático, lo que a menudo convertía la ópera en una mera sucesión de arias para gloria de los cantantes, en las que la actuación jugaba un papel de transición entre una escena y otra. Gluck reformuló la idea de la ópera como música escenificada para convertirla en una historia cantada y eliminar los excesos barrocos.
Bajo la influencia del Romanticismo, el siglo XIX vio nacer a muchos de los grandes compositores de ópera de la historia como Berlioz, Verdi, Wagner y el que puede considerarse el primer operista romántico, Rossini. Sin renunciar a las reformas del clasicismo, las composiciones de esta época están marcadas por el sentimiento, ya sea este épico, amoroso o nostálgico.
Como sucedía en todas las artes, también la música y por supuesto la ópera sonaban con acordes patrióticos, relacionados con la unificación de dos nuevos estados en Europa. Si Verdi puso música al nacimiento de la Italia unificada hasta el punto que Va' pensiero, el coro de los esclavos hebreos en Nabucco, fue propuesto como himno nacional, Wagner buscó la identidad alemana en raíces míticas en su ciclo El anillo del nibelungo.
Como por un capricho romántico, el último gran operista fue originario de la tierra que había visto nacer la ópera, la Toscana. Puccini puso de nuevo las pasiones humanas en el centro de sus obras, como La bohème, Tosca, Madama Butterfly y Turandot. En estas dos últimas -especialmente en Turandot, que la muerte le impidió terminar- se aprecia el gusto por el exotismo propio de la época colonial, que en épocas recientes ha sido objeto de críticas por la caricaturización en la que caían algunos libretistas, como el británico William S. Gilbert en su célebre opereta El Mikado.
La Ópera Seria: Un Género Operístico del Siglo XVIII
La ópera seria es un género operístico definido como un dramma per musica (su historia se cuenta en recitativos, música rápida y acompañamiento sencillo) que se desarrolló durante el siglo XVIII en Italia. Se originó en el siglo XVII en Venecia, Italia. En ese momento, la ópera era un género relativamente nuevo que se había desarrollado en Florencia unos años antes. Uno de los primeros compositores fue Scarlatti, sin embargo, el más importante en el desarrollo de la ópera seria de mediados del siglo XVIII fue Metastasio, que escribió los libretos más destacados.
Algunos compositores destacados de ópera seria incluyen:
- Georg Friedrich Händel: Händel es considerado uno de los más grandes compositores de ópera seria.
- Christoph Willibald Gluck: Gluck fue un compositor alemán que escribió algunas de las óperas más famosas de la época, incluyendo "Orfeo ed Euridice" y "Alceste".
- Wolfgang Amadeus Mozart: Mozart es conocido por sus óperas cómicas, pero también compuso varias óperas serias, incluyendo "Idomeneo" y "La clemenza di Tito".
- Antonio Vivaldi: Vivaldi es conocido principalmente por sus conciertos para violín, pero también compuso óperas serias, incluyendo "Orlando furioso" y "Farnace".
- Johann Adolf Hasse: Hasse fue un compositor alemán que compuso numerosas óperas serias, incluyendo "Cleofide" y "Artaserse".
El Canto en la Ópera
Entre los diferentes instrumentos musicales que participan en una ópera, el único que no puede faltar es la voz, el más complejo de todos. Según el diccionario de la Real Academia Española, cantar es “producir con la voz sonidos melodiosos, formando palabras o sin formarlas”. Sin embargo, lo que parece una práctica connatural a la especie humana, conlleva uno de los procesos técnicos y fisiológicos más complejos de la interpretación instrumental.
Representación esquemática del funcionamiento de las cuerdas vocales durante el canto.
La evolución de la interpretación musical -incluyendo todos los instrumentos, no solo la voz- puso los retos primero en el pentagrama y solo después en la ejecución; la adaptación de la voz a las exigencias de una partitura significó una pequeña revolución tanto en la praxis como en la metodología. La lista de músculos y partes del cuerpo que intervienen en la fonación es larga: la laringe y las cuerdas vocales; la cavidad bucal con todos sus elementos; la caja torácica, los pulmones, el diafragma y toda la musculatura que participa en el proceso respiratorio. La finalidad de la técnica vocal es la de incorporar los hábitos correctos -mediante la práctica constante- para que la voz fluya en plenitud.
Existen diferentes tipos de voces. El primer intento de clasificación vocal se traslada al siglo I, cuando Quintiliano ordena la voz según la cantidad -grande, mediana o pequeña-, o según la calidad, pudiendo ser clara, sombría, dulce, áspera, flexible, dura o sonora. El reinado de la música coral renacentista dio lugar a una clasificación más concreta, distinguiéndose entre voces masculinas -tenor y bajo-, y femeninas -superius y contralto-, categorías que incluían subdivisiones.
Pero en los albores del XIX esta clasificación resulta insuficiente por los nuevos repertorios y el paulatino aumento de la masa orquestal; por ello pronto nacerán nuevas subdivisiones hasta llegar a la actualidad, basándose en parámetros que no siempre permiten establecer una delimitación precisa. Una soprano dramática, por ejemplo, suele haber iniciado su carrera como soprano lírica. Además, determinados papeles pueden ser ambiguos: Don Giovanni lo puede interpretar un bajo o un barítono; en Werther, Charlotte puede ser afrontada por soprano o mezzosoprano.
Pero si la clasificación básica comienza por la simple distinción entre voces masculinas y femeninas, esta se amplía en diferentes direcciones que no siempre son categorías taxativas: por tesitura, timbre, intensidad y estilo. La tesitura -del italiano tessitura, tejido o tramo- divide la voz en aguda, media y grave, es decir, la zona de la extensión vocal de un cantante en la que se mueve con comodidad y plenitud. Las condiciones a tener en cuenta en la clasificación por el timbre -que sería la cualidad particular que lo hace diferente de otras voces-, dependen del espesor, el volumen o proyección y el vibrato.
La clasificación por estilo es la que conlleva un mayor subjetivismo, puesto que depende no solo del timbre, la intensidad y la tesitura, sino también de factores sociológicos y educacionales, como la formación académica, el repertorio en el que se ha especializado el cantante, las circunstancias profesionales o la preferencia hacia un autor concreto. La especialización vocal ha llegado hoy a su mayor diversificación, lo que ha dado lugar a múltiples clasificaciones.
Las Escuelas de Canto y su Influencia
Otro de los factores históricos que ha marcado al cantante -al margen de sus cualidades innatas para el arte de la lírica- es su lengua materna y la tradición académica en la que se ha formado. La primera escuela de canto fue la italiana. La ópera y el bel canto nacieron en Italia, patria que atesora un idioma ya de por sí musical, de sonidos claros y articulación nítida y abierta, que ha buscado en el arte canoro la fusión entre la comprensión de los textos, la belleza de fraseo y el virtuosismo vocal.
El Bel Canto, un estilo de canto asociado a la ópera italiana.
Ya Monteverdi -quien en su momento fue criticado por sus osadías musicales- investigó la forma sonora ideal para la palabra, hallando la simbiosis entre texto y música para reflejar las emociones más conmovedoras del ser humano. Al músico cremonés le importaba sobremanera el aspecto teatral: para su segunda ópera, L’Arianna (Mantua, 1608), cuando la cantante que debía interpretar a la protagonista enfermó, contrató una actriz como sustituta.
Cada geografía desarrolló una particular escuela de canto ligada a las propiedades idiomáticas y a su tradición musical. Francia, con su idioma principalmente nasal, mimó la comprensión de los textos y buscó su perfecta dicción, apartándose de la tendencia melódica italiana. Los autores franceses escriben para un público diferente al italiano, tratando la voz con un lirismo distinto, refinado y elegante, pero sin la carga dramática y la voluptuosidad teatral de los italianos.
El alemán es un idioma eminentemente gutural, que obliga a adaptarse a las incomodidades físicas de sus consonantes. Aunque tanto Gluck como Mozart se formaron en la escuela italiana, ambos marcaron el punto de partida de la ópera alemana, la cual supone un hito en la historia musical al abandonar el italiano como lengua operística para cambiar su curso después de Fidelio (1805, rev.
Tabla resumen de la evolución de la ópera:
| Periodo | Características | Compositores Destacados |
|---|---|---|
| Renacimiento | Nacimiento de la ópera, recuperación de la tragedia griega. | Jacopo Peri, Claudio Monteverdi |
| Barroco | Carácter fastuoso, ornamentación musical y virtuosismo vocal. | Händel, Vivaldi |
| Clasicismo | Profundidad dramática, equilibrio musical, crítica social. | Mozart, Gluck |
| Romanticismo | Grandes pasiones humanas, nacionalismo, emociones intensas. | Verdi, Wagner, Puccini |
| Siglo XX y XXI | Nuevas corrientes, elementos del jazz, música contemporánea, tecnología. | Philip Glass |
