Las usamos todos los días, una y otra vez. Son las palabras, la base sobre la que se asienta la comunicación. De hecho, aunque en el Diccionario de la Real Academia Española se recogen unas 93.000, en el día a día usamos entre unas 300 o 500 (cuestión aparte es si se trabaja directamente con la lengua: en el periodismo o la literatura, se pueden usar unas 3.000). Las repetimos, las combinamos y hasta las deformamos según necesidades y hasta estados de ánimo. Poco pensamos, mientras lo hacemos, en cómo han llegado hasta la lengua cada una de ellas.
Pero detrás de la respuesta a esa cuestión de dónde vienen las palabras hay muchas variantes. El castellano es una lengua romance, derivada del latín, pero, obviamente, no todos sus términos lo han hecho directamente desde esa lengua. El español ha importado palabras según necesidades desde muchos otros idiomas o ha creado lo que necesita juntando de allí y de allá para responder a las demandas de sus hablantes. Todo ese proceso ha dejado no pocas curiosidades etimológicas.
ETIMOLOGÍA GRIEGA Y LATINA | PARTE 1
Si hay algo que nos constata es el lenguaje, como un árbol infinito de voces que siempre nos buscan, y a veces buscamos nosotros, intentando llegar a aquella primera voz que pronunció la primera palabra. De ese enigma que nos interpela no podemos desconectarnos: ¿Cuál fue el comienzo? ¿Quién inventó esta palabra? ¿De dónde proviene esta otra?
Con casi 600 millones de personas en el mundo, el español es uno de los idiomas referentes a nivel mundial. Una lengua que convive con otras muchas lenguas vivas y dialectos diferentes que brotan de él y que pueden, incluso, cruzarse en algún momento. Por todo ello, nuestro idioma también destaca por ser uno de los más amplios, por su elevado número de palabras y términos.
La única forma de medir la cantidad de palabras que tiene en la actualidad el español es teniendo como referencia el número de términos recogidos a través del diccionario de la RAE. Sin embargo, ni en este ni en ningún otro diccionario podremos encontrar todas las palabras utilizadas en un idioma. Siempre aparecerán nuevas palabras que escaparon, o que aún no están recogidas.
En la actualidad, según dicha institución, el español cuenta con más de 93.000 palabras, entre las que es posible encontrar más de 19.000 palabras calificadas como americanismos. Aunque la cifra varía en función de la fuente que consultemos, como por ejemplo con el Diccionario Histórico de la Lengua Española, que también pertenece a la RAE y que aglutina más de 150.000 palabras, entre las que además se encuentran arcaísmos y palabras en desuso que ya no se utilizan en el lenguaje hablado.
El vocabulario de una lengua se va formando a través del tiempo con aportaciones muy diferentes. En el castellano, el mayor número de palabras viene directamente del latín que dio origen a las lenguas romances como la nuestra, pero a lo largo de su historia y evolución ha ido recibiendo aportaciones de muchas otras lenguas.
Curiosidades Etimológicas de Palabras Comunes
A continuación, exploraremos el origen de algunas palabras comunes, revelando las curiosidades que se esconden detrás de su evolución:
- Trabajar, de torturar: El verbo viene del latín vulgar tripaliāre, que a su vez viene de otra palabra latina, la que daba nombre a un instrumento de tortura.
- Siesta, de la sexta hora: En la Antigua Roma, el día se dividía siguiendo una estructura de horas vinculadas a la luz del sol. La siesta actual no es más que una evolución de una de esas franjas horarias, la sexta hora. Era, como apunta el Diccionario de la Real Academia España, «tiempo que equivalía al mediodía».
- Amarillo, de amargura: Una teoría apunta que el nombre del amarillo viene la palabra latina amarus; o, lo que es lo mismo, amargo o triste. Que este sea el color que se adquiere en la enfermedad y la muerte sería la razón de este vínculo. Aunque, quizás, nada es más curioso que el color azul. Su nombre viene de lazawárd, la palabra andalusí para el lapislázuli.
- Gominola, de una marca registrada: Es una marca que pertenece desde 2015 a Migueláñez. Es lo mismo que ocurre -con diferentes dueños para el copyright- con clínex -quizás la metonimia de marca que más gente identifica-, celo, plastilina, vaselina o tirita.
- Ojalá, o si Dios quiere: Es una evolución de una expresión árabe hispana: law šá lláh, que significa «si Dios quiere». Hasta 1817, el diccionario la incluía con x, un oxalá.
- Gazpacho, de las limosnas en la iglesia: El término viene del árabe hispánico gazpáčo, que es a su vez un derivado del griego. γαζοφυλάκιον (gazophylákion) significa cepillo de la iglesia. Esta conexión tan rara no lo es tanto: el gazpacho sería tan diverso como la ecléctica recaudación.
- Recordar, o volver a pasar por el corazón: El verbo recordar viene del latín recordāri, que es «traer algo de nuevo al corazón», como explicaba Laín Entralgo y llevaba a redes la RAE.
- SOS, de salvar nuestras almas: En realidad, lo que está diciendo es save our souls, salven nuestras almas, y ni siquiera es un término tan antiguo como podría parecer. Está muy conectado con la vida moderna y la revolución industrial, ya que su uso llegó vía telégrafo y navegación a vapor.
- Macarrón, una promesa de felicidad eterna: Al castellano, macarrón llegó desde el griego bizantino con una parada en medio por el italiano dialectal. El término original era una expresión funeraria, algo que se decía en las comidas de los entierros: μακαρώνεια (makarṓneia). Significa «felicidad para siempre».
- Chicle, una incorporación del náhuatl: Viene de la palabra tzictli, del náhuatl, la lengua azteca que se habla en México y Centroamérica. No es la única palabra que el español debe a las lenguas indígenas de América. Barbacoa, iguana, cacique o chapapote también llegaron desde ellas.
Estas son solo algunas muestras de cómo las palabras han viajado a través del tiempo y las culturas, transformándose y adaptándose a nuevas realidades.
| Palabra | Origen | Significado Original |
|---|---|---|
| Trabajar | Latín (tripaliare) | Torturar |
| Siesta | Latín (sexta hora) | Sexta hora del día romano |
| Amarillo | Latin (amarus) | Amargo |
| Ojalá | Árabe (law šá lláh) | Si Dios quiere |
| Macarrón | Griego bizantino (μακαρώνεια) | Felicidad para siempre |
Aunque el latín clásico perduró en el tiempo como lengua culta, del latín vulgar nacieron lenguas hermanas, llamadas lenguas romances, como el catalán, el francés, el italiano, el portugués, el provenzal o el rumano, con las que el castellano comparte la gran parte de las etimologías, algo que facilita en cierta medida el aprendizaje de estas lenguas y, por tanto, su traducción.
Por otro lado, no sólo tenemos que agradecer al griego y al latín su herencia, sino también al árabe que una vez se habló en la península ibérica. Como cuenta la historia de nuestro rico pasado cultural, la conquista del reino visigodo por parte de dirigentes musulmanes del Califato Omeya se inició en el año 711. Los Omeyas ocuparon todo el territorio actual de la España peninsular y Portugal continental hasta 1492, más de 700 años en los que actualmente seguimos viendo el reflejo de aquellos días, no sólo en el léxico, sino también en su gastronomía o en su arquitectura.
La etimología es una cosa muy seria. Descubrir el origen de una palabra, la razón de su existencia, de su significado y de su forma puede ser apasionante y soporífero en la misma proporción. Qué le importa al común de los mortales si un vocablo viene del latín, del griego o del alemán. Son datos fríos. Quizá por eso el Diccionario no profundiza mucho en este tema. Pero hay otras historias que explican el nacimiento de las palabras o de sus significados que no se encuentran allí. Anécdotas, sucesos, objetos de película… Son la chicha, la sal y la pimienta de nuestro idioma. Porque además de significar, las palabras tienen su propio storytelling.
Si hay algo que nos constata es el lenguaje, como un árbol infinito de voces que siempre nos buscan, y a veces buscamos nosotros, intentando llegar a aquella primera voz que pronunció la primera palabra. De ese enigma que nos interpela no podemos desconectarnos: ¿Cuál fue el comienzo? ¿Quién inventó esta palabra? ¿De dónde proviene esta otra?
En su ampliación surge directamente en internet como “un diccionario electrónico, relacional y de acceso público en Internet” con 6.325 artículos. Es un trabajo etimológico cuyo objetivo fundamental, afirma la RAE, “es ofrecer a los filólogos y al público en general aquella información relevante sobre la historia de las palabras que les permita interpretar los textos del pasado y del presente.
Según apuntan desde la Fundación Comillas, comenzaría a tomar forma en el año 1200 con el rey Alfonso X. "Él y su corte de eruditos adoptaron la ciudad de Toledo como la base de sus actividades. Allí se escribieron obras originales en castellano y tradujeron historias, crónicas y obras científicas, jurídicas y literarias de otros idiomas (principalmente de latín, griego y árabe). Este esfuerzo histórico de traducción fue un vehículo importantísimo para la diseminación del conocimiento en la Europa occidental antigua. Alfonso X también adoptó el castellano para el trabajo administrativo y todos los documentos y decretos oficiales".
Tras la caída del imperio romano, en el siglo V, la influencia del latín culto fue disminuyendo poco a poco, señalan desde la Fundación, pues además ya "se hablaba un latín vulgar, es decir, diferente en fonética, sintaxis y léxico. En este contexto donde surgen las deformaciones del latín, nace el 'romance castellano', típico de la región que dio origen al Reino de Castilla y que se expandió por toda la península durante la Edad Media".
Los historiadores sitúan en ese momento el surgimiento de la primera versión del español, que inicialmente tenía "no solo una influencia del latín vulgar, sino que también tenía vocablos provenientes del griego, celta y germánico". Sin embargo, en el siglo VII, la invasión de los musulmanes haría que se formaran dos zonas bien diferenciadas: Al Ándalus al sur, donde irían poco a poco hablando dialectos romances como el mozárabe neoárabe, además de las lenguas de la minoría extranjera invasora árabe y bereber; y las zonas centrales y del norte, dominadas por los reinos cristianos, donde comenzaría "una evolución divergente en la que surgieron las modalidades romances catalana, aragonesa, astur y gallego-portuguesa, además de la castellana que sería después dominante entre la población de la península".
De esta forma, lo que resulta evidente es que el español es un idioma híbrido, ya que lo que hablamos y escribimos ahora es una mezcla infinita de palabras que dejaron los distintos pueblos que pasaron por aquí. Se calcula, por ejemplo, que el español moderno cuenta con aproximadamente 4.000 palabras con raíces árabes.
Las palabras tienen vida propia y su interrelación con otras crean la comunicación convirtiendo el lenguaje en un organismo vivo en continua metamorfosis. El rastro y la biografía de las palabras en español tienen ahora un testimonio más amplio en el Diccionario Histórico de la Lengua Española, impulsado por la Real Academia Española (RAE).
Se documenta por primera vez, con la acepción ‘virus de la familia Coronaviridae, compuesto por un núcleo de ARN y cubierto por una corona de glucoproteínas, que causa enfermedades respiratorias e intestinales en personas y animales’, en 1980, en la Guía de enfermedades de los cerdos de J. A. Chipper. Se consigna por primera vez en el Vocabulario científico y técnico (1983) de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. A partir del 2020, una pandemia mundial pone el foco en un virus concreto, el ‘virus del género Betacoronavirus de tipo 2 que puede causar la covid’; en los primeros testimonios acopiados, el nombre del virus se acompaña de sigla (inglesa) de la enfermedad que provoca, de tal modo que se denomina «coronavirus SARS-CoV-2» en un artículo publicado El País (Madrid) el 25 de febrero de ese año.
Entendemos con esto que las palabras, como organismos vivos, no se crean por generación espontánea, no nacen de la nada, no se inventan «ex novo». Parten, por evolución, por contagio o por deformación, de otras palabras anteriores del mismo idioma o como corrupción del mismo a cargo de idiomas vecinos. Y es este glorioso entramado de idas y venidas, de interacción mutua, de exportación e importación, lo que crea el idioma, que nunca permanece quieto.
La palabra idioma también viene del griego, IDIOS (?διος) y significa uno mismo. Idioma denota algo propio. Por el contrario, lenguaje tiene origen latino, de lingua, lengua. El paso del tiempo, los extranjerismos, las modas lingüísticas, los medios de comunicación, todo vale para adaptar un significado distinto a las palabras o para cambiar su grafía.
Bizarro (Del it.). -¡Es una persona tan bizarra! -Sí, es extraña, sí, ¿y has visto cómo viste? ¡Error! 'Bizarro' no significa 'raro', 'extraño', 'extravagante' ni todo esos sinónimos, sino (y atención) que se refiere a una persona 'valiente', 'arriesgada', 'generosa' y 'espléndida'. ¿Vaya cambio, verdad? Entonces, ¿por qué le damos un significado que no tiene? Indudablemente es por influencia del inglés, francés e italiano y quién sabe que más lenguas. Escucho tantas veces la palabra con este significado que parece haberse puesto de moda, puede que algún día esté reflejada en el Diccionario de la Real Academia.
Los derivados de kilo se escriben con k, sí, eso lo sabemos (con k de kilo), pero, ¿por qué no con qu? Esta letra procede del griego, en latín no existía tal grafía (aunque sí su sonido) y en español no se incorporó al diccionario hasta 1734. En la octava edición de la ortografía de 1815 (en la que muchos cambios se mantienen hoy en día) la Academia reduce los grupos dígrafos ph, th y ch (de origen griego que sonaban f, t y k) y pasan a f, t y c, qu respectivamente. Entonces, ¿qué ocurre con kilogramo? Según mi fuente (abajo señalada), fue un error de los franceses que no transcribieron correctamente con qu, por lo que la palabra etimológica es 'quilo'. De hecho, tanto kilómetro como quilómetro (y sus derivados) se pueden encontrar con las dos gracias en el Diccionario, eso sí, 'quilo' te remitirá a 'kilo'.
Ale, de aquí os lleváis una nueva palabra.
Imagen de Alfonso X el Sabio y miembros de su corte. Fuente: Wikipedia.
