Placentofagia: Beneficios y Riesgos de Consumir la Placenta Después del Parto

Kim Kardashian, Eva Luna y Jennifer López son solo algunas de las famosas que han consumido la placenta después de dar a luz. Sin embargo, los especialistas advierten que la práctica tiene más riesgos que beneficios para la madre y el bebé.

Diagrama de la placenta y su función durante el embarazo.

¿Qué es la placentofagia?

La conocida como ‘placentofagia’ no es más que un método natural que siguen muchos mamíferos después de dar a luz (de hecho, una de las pocas excepciones son los humanos). Como su propio nombre indica, no es más que la ingesta de la placenta por parte de la madre justo después de dar a luz.

La placenta, cuyo nombre en latín significa "torta" por su forma redonda, es un órgano vascular fundamental para la gestación. Es el primer nexo entre la madre y su bebé, la vía de comunicación por la que se transmiten hormonas, nutrientes y sangre.

Tom Cruise, Kim Kardashian, EvaLuna Montaner, Jennifer López, January Jones...; todos ellos son nombres más que conocidos en el plano social y del núcleo de los súper famosos. Más allá de sus apellidos o su profesión, las celebridades son conocidas por su estilo de vida y algunas de sus excentricidades. Entre ellas, hace años surgió una corriente que pareció triunfar entre este selecto panorama: los placentófagos.

Sin duda, la placentofagia -que así es como se llama esta rara experiencia culinaria- no es apta para todos los bolsillos. Convertir en cápsulas una placenta puede costar hasta 400 euros y, para ello, hay que cocer, deshidratar y moler este órgano.

Y aunque el consumo de la placenta se ha recomendado por lo menos desde el año 1500 -en la antigua China se mezclaba con la leche humana como un antídoto para el agotamiento-, ha habido un resurgimiento en la práctica en las últimas décadas, y especialmente en los últimos años, en Estados Unidos, Canadá y Europa.

Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad.

Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene.

La sangre de una mamá y la de su bebé nunca se mezclan pero la placenta es quien se encarga de tomar, del cuerpo de la madre, todo lo que el bebé necesita para formarse y devolverle los desechos, que la madre limpiará a través de sus riñones.

Es un método controvertido y puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica.

Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada. Se ha convertido en moda de estrellas de cine y práctica entre mujeres que reivindican el poder sobre su parto.

¿Qué es la placentofagia y cuáles son sus beneficios?

¿Cómo se consume la placenta?

Los mamíferos se comen la placenta cruda, pero es cierto que en humanos esto no es tan común. La forma más conocida es someter a la placenta a ciertos tratamientos de desinfección y deshidratación para, posteriormente, encapsularla y tomarla de esta manera durante tres veces al día hasta terminar.

Se suele tomar en crudo (en batido de frutas o chocolate, por ejemplo), en tinturas o encapsulada. Además la puedes congelar en trocitos para irla consumiendo en el tiempo.

Encapsular la placenta significa ingerirla a través de pequeñas cápsulas, como píldoras.

Existen dos métodos principales para encapsular la placenta:

  • El método tradicional chino: En este método, la placenta se calienta a vapor, se corta en rebanadas y se deshidrata a unos 70ºC durante unas 4-8 horas (depende del grosor de las rebanadas). Luego se muele y finalmente se encapsula.
  • El método crudo: En este método la placenta se limpia con agua y se deshidrata directamente para luego ser molida y encapsulada.

En el proceso de encapsulación, la placenta se cuece al vapor, se deshidrata, se muele en polvo y se sella en cápsulas.

Cápsulas de placenta, una forma común de consumir este órgano después del parto.

Riesgos de ingerir la placenta

"No existe ninguna demostración científica publicada que demuestre que comerse la placenta tenga algún beneficio para la madre o el niño. Muy por el contrario, se pueden producir infecciones y/o intoxicaciones por metales pesados”.

En su estudio hablan de varios riesgos:

  • Riesgo potencial de exposición del bebé a infecciones de transmisión vertical (a través de la lactancia)
  • Riesgo de que la madre desarrolle un tromboembolismo debido al contenido de estrógenos de este órgano o a su acumulación de metales pesados y toxinas ambientales, los cuales pueden llegar a ser venenosos para la mujer y su hijo

“La preparación más común de la placenta (la cápsula) se realiza al vaporizar y deshidratar la placenta o procesarla de forma cruda, porque algunas personas la comen cocida, en batidos u otros extractos líquidos, pero estas preparaciones no eliminan por completo las bacterias y los virus infecciosos que podría contener este órgano”, asegura la web especializada Mayoclinic.

Las bacterias y virus son uno de los principales riesgos asociados al consumo de placenta.

Como muestra de que esto es verdad, el caso descrito por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Hace algunos años emitieron un comunicado desaconsejando por completo esta práctica después de que un bebé de apenas semanas se infectase con estreptococo del grupo B a consecuencia de que su madre había tomado la placenta en cápsulas: se lo trasladó a través de la leche materna, que estaba infectada por esta bacteria.

Así que, no, no hay ninguna evidencia científica que asegure que ayuda a prevenir la depresión posparto, ni el sangrado, ni a sentirse de mejor humor, ni tampoco a tener más energía. Y, muchísimo menos, existe evidencia que afirme que ayude al bebé.

“El proceso de encapsulación de la placenta no erradica per se los patógenos infecciosos; por lo tanto, debe evitarse la ingestión de cápsulas de placenta”, aseguran los CDC.

Es importante pensar que lo que ingiere la madre le llegará al bebé a través de los nutrientes de la leche. Hasta la fecha, no existe evidencia científica que sostenga que la placenta, ya sea «vuelta y vuelta», encapsulada o preparada de cualquier otra forma, sea recomendable para absolutamente nada.

Como recuerdan desde el Colegio Oficial de Enfermería, la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de toxinas y contaminantes. De ahí que, además de no existir evidencias sobre los supuestos beneficios relacionados con su consumo, este se relacione incluso con riesgos para la salud.

En palabras de Farré, una de las principales preocupaciones son las infecciones, ya que la placenta o los productos derivados de su procesamiento (como las cápsulas) pueden contener bacterias susceptibles de afectar tanto a la madre como al recién nacido, si el tejido no se procesa adecuadamente.

Otro de los motivos por los que consumirla puede suponer riesgos es la acumulación de toxinas que se puede dar en este tejido. “La placenta actúa como barrera y filtro durante el embarazo, por lo que podría contener metales pesados u otras sustancias potencialmente tóxicas”, recuerda Farré. Según la evidencia científica disponible, los contaminantes pueden persistir tras la cocción o encapsulación.

Además, “algunos preparados contienen niveles residuales de estrógenos, progesterona y oxitocina, que podrían interferir con la lactancia, coagulación o incluso producir efectos adversos en personas sensibles”, añaden desde CODiNuCoVa.

Por último, el consumo de la propia placenta puede relacionarse con una falsa sensación de seguridad, según Garcés: “Las mujeres pueden confiar en la placentofagia como ‘prevención’ natural de la depresión postparto, retrasando el acceso a tratamientos probados y eficaces”.

En la misma línea, la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) indica que la placentofagia “no tiene beneficios clínicamente probados y puede implicar riesgos”, por lo que no recomienda esta práctica. “Ningún nutriente ni hormona placentaria se retiene en cantidades suficientes después de la encapsulación de la placenta para ser potencialmente útiles para la madre después del parto”, añade.

Tres meses después, un estudio de la Universidad Northwestern, de Estados Unidos, en el que se han revisado 10 investigaciones publicadas recientemente sobre la placentofagia ratifica la postura de la Organización Colegial y apunta que no existe ninguna evidencia científica para apoyar esta ingesta, ya sea cruda, cocida o encapsulada. Además, alertan de los posibles riesgos que tiene esta práctica, ya que la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y contaminantes.

Según la American Pregnancy Association, algunas madres han reportado haber experimentado síntomas negativos como mareos o nerviosismo después de tomar las pastillas.

¿Por qué se come la placenta?

No se han logrado descubrir las causas exactas, aunque las hipótesis manejan varias razones: el intento de no atraer depredadores al nido, evitar riesgos por la descomposición del órgano o, incluso, devolver nutrientes a la madre o calmar su hambre después de dar a luz.

Los humanos, como decimos, no siguen esta práctica de forma innata, aunque ya vemos que cada vez son más las mujeres que deciden seguir el ejemplo de otros animales de su especie, pese a que no está demostrado científicamente ningún beneficio (y sí los riesgos).

Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral.

El dato de que muchos mamíferos se coman la placenta nada más nacer su camada tampoco parece convencerles. No hay pruebas, por otro lado, de que esta haya sido una práctica llevada a cabo por pueblos ancestrales.

Alternativas a la placentofagia

"Creo que la placentofagia en humanos se ha hecho popular en los últimos tiempos más por lo que representa la placenta como órgano de unión entre el bebé y la mamá, que por el simple hecho de comérsela", asegura la doctora Campos Pereiro a este medio. "En este sentido me gustaría destacar que existen otras formas de honrar a la relación entre placenta y unión que no implican riesgos para la salud".

Habla, por ejemplo, de enterrar la placenta en la tierra, pintarla para plasmar un dibujo con su forma y otras alternativas que te contamos en este artículo.

En algunos países, incluidos España, se puede solicitar la placenta de manera formal, aunque puede haber reticencias por parte del hospital al tratarse de un desecho biológico. Cuando se entrega la placenta, se indican las medidas necesarias para disminuir al máximo los riesgos sanitarios (como usar guantes en su manipulación, que no esté en contacto con personas sin protección o animales). La mayoría de las madres que la toman, sin embargo, tienen el parto en casa.

La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”.

Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche. Y también hay empresas que las usan para comésticos y suplementos.

Consideraciones finales

Ante la duda, la recomendación es consultar a un dietista-nutricionista. La recomendación de ambas expertas en estos casos es basarse siempre en la evidencia científica actualizada: “Explicar que no se ha demostrado que tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen otras estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación específica y el descanso”, concluye Farré.

Si deseas mejorar tu salud después de parir, la mejor de las opciones es consultar con un profesional médico acerca de métodos aprobados que puedan marcar un antes y un después en tu bienestar.

Publicaciones populares: