El desarrollo del niño normal y físicamente sano se desenvuelve a través de la resolución de conflictos y síntomas que pueden variar según la etapa del desarrollo madurativo. Para discriminar entre lo normal y lo patológico hay que tener en cuenta la edad cronológica del niño, la etapa evolutiva, la estructura psíquica y los vínculos con los padres.
En Infantil, a partir de dos años, se establecen los vínculos de confianza, disfrutando y descubriendo espacios y materiales. El curso ha comenzado con mucha energía positiva y ganas de compartir buenas experiencias, como se ha visto en cinco años, donde la cohesión de grupo se ha trabajado a través del concepto tela de araña: si todos colaboramos, la tela no se rompe.
Atentas todas las mamis, madrinas, tías, mejores amigas, abuelas… ¡todas! ¿Qué les parece si les enseño cómo hacer un nuevo souvenir especial para bautismos o baby showers? Genial, ¿no? Con esta propuesta pueden preparar un souvenir original e incluir en él algunas de sus golosinas, dulces o confites favoritos.
Sólo necesitan goma eva o foamy de colores, pegamento y no olviden el patrón imprimible que encontrarán en el listado de materiales. Si no tienen goma eva, pueden hacer esta idea con cartulina gruesa u otro papel similar. Pero con goma eva es muy sencillo trabajar!
Materiales Necesarios
- Goma eva o foamy de colores
- Pegamento
- Patrón imprimible de biberón
- Papel celofán
- Confites o dulces
- Cinta para lazos (opcional)
Paso a Paso para Dibujar y Crear un Biberón de Goma Eva
Para dar comienzo a esta idea especial para bautismos y baby showers, pueden imprimir el patrón para biberón. O también pueden dibujar uno a mano ustedes mismas. Lo cortan, teniendo especial atención de calar el centro de mismo. Toman la goma eva de color, en este caso celeste y marcan dos biberones.
Una vez que ya tienen las dos piezas anteriores, pueden marcar y cortar la punta del biberón en goma eva de color blanco o natural. Presentan la punta con el biberón que ya tiene calado el centro y cortan los sobrantes de ser necesarios.
Reservamos todas las piezas que ya cortamos y tomamos el papel celofán y los confites o dulces que colocaremos en el interior. Tenemos dos opciones: podemos preparar una bolsita con el papel celofán o solo pegar una lámina contra el biberón con la caladura central.
En cualquiera de los dos casos, tenemos que pegar primero el celofán a la pieza del biberón antes de unir ambas piezas. Colocamos una buena cantidad de pegamento, pero sin ser excesiva. Verifiquemos que ambas piezas queden bien pegadas, retiremos los excesos de pegamento de ser necesario y ya podemos presentar y pegar la tetina o punta del biberón.
Un detalle extra que podemos añadir a nuestros biberones son pequeños lazos. Pueden ser simples o más elaborados. Yo he elegido hacer unos simples lazos de cinta que he pegado con la silicona líquida. Aquí pueden ver el paso a paso para un lazo simple.
Creación de biberón de goma eva.
Miren qué chulos han quedado! Tiernos y pueden personalizarlos tanto como quieran.
El Desarrollo Infantil y la Importancia de la Estimulación
Entre los 15 y los 18 meses el sostenimiento físico y psíquico de la madre moldeará los ritmos de sueño y alimentación, que son básicos para el bienestar del niño. Entre los dos y los tres años aparece el juego simbólico, la capacidad para jugar al “como si”, el control de esfínteres y la adquisición de normas. Aparecen las típicas rabietas.
Entre los cuatro y los cinco años el niño descubre que la relación entre los padres (niño-padre-madre) ya no es el centro del mundo. Hacia los cinco años se interiorizan las normas y el conflicto es ya interno. Este hecho consolida el control de impulsos.
Entre los seis y los diez años se producen la socialización y los aprendizajes escolares. El colegio y el mundo de los pares son fundamentales para el desarrollo del niño. La pubertad y adolescencia son etapas de profundos cambios físicos y psíquicos. Se produce un duelo por el mundo y el cuerpo infantil y las relaciones con los padres cambian.
Las intervenciones desde Atención Primaria son eminentemente preventivas. El seguimiento y apoyo en la crianza de los niños puede prevenir futuros trastornos. En todas las etapas del desarrollo pueden aparecer trastornos adaptativos que es necesario vigilar.
Cada etapa del desarrollo evolutivo y psicoafectivo del niño tiene sus propias características que conforman las adquisiciones y logros del desarrollo, de forma gradual, hasta conseguir una estructura estable. El tránsito desde la dependencia hasta la independencia, física y psíquica, requiere un largo periodo en el que es imprescindible el acompañamiento y apoyo de los padres.
El desarrollo del niño sano no esta exento de conflictos, síntomas y problemas. Establecer qué es lo normal en el niño, en términos estadísticos, es un planteamiento equívoco que resulta inútil en el campo clínico. Siguiendo esta línea, todo lo que no que se encuentre en la media estadística sería anormal, es decir, patológico.
Los términos normal y patológico son polos opuestos de un continuum en el proceso salud-enfermedad. Hay que precisar que la salud no esta definida simplemente por la ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar biológico y psicológico en un contexto familiar y social concreto. Por tanto, en este proceso hay una infinita variedad de situaciones individuales que hay que evaluar en el proceso de diagnóstico clínico.
El niño es un sujeto en evolución que sigue un proceso de desarrollo altamente complejo. Por una parte hay que considerar el desarrollo evolutivo de adquisición de funciones adaptativas e instrumentales. Este desarrollo se organiza en cuatro áreas principales: psicomotricidad, inteligencia, lenguaje y socialización.
Por otra parte está el desarrollo psicoafectivo que es el proceso de estructuración del aparato psíquico y que le llevará a lograr la independencia psicológica y afectiva de los padres y a conseguir una identidad propia al final de la adolescencia.
Por lo tanto, el desarrollo del niño normal y físicamente sano, se desenvuelve a través de la resolución de conflictos y síntomas que pueden variar según la etapa del desarrollo madurativo. Para poder discriminar entre normal y patológico es necesario tener en cuenta la edad cronológica del niño, la etapa evolutiva en la que se encuentra, la estructura psíquica alcanzada y el tipo de vínculos establecidos con los padres en el grupo familiar concreto.
Si el síntoma (interiorizado o a nivel de conducta observable) tiene un papel organizador para el funcionamiento mental será propio de la normalidad. El bebé recién nacido es totalmente dependiente, física y psicológicamente, de la madre. Está completamente indefenso ante los estímulos tanto internos como externos que además no discrimina. No tiene aparato psíquico organizado ni funcionamiento mental.
Será por tanto la madre y la interacción entre ella y el bebé la que organice este caos de sensaciones. Las manifestaciones del bebé ante tensiones desagradables, frío, hambre, presión, humedad, etc., serán totalmente somáticas, lloros, pataleos, protestas, etc.
Es el sostenimiento físico y psíquico de la madre el que moldeará los ritmos de sueño y alimentación, que son básicos para establecer el bienestar del niño.
Dibujo simple de un biberón.
Poco a poco se produce un progresivo desarrollo del funcionamiento mental del niño. Hacia el octavo mes empieza a diferenciar a la madre y a las personas significativas de los extraños. Este hecho es un indicio de que la simbiosis madre-hijo se ha convertido en vínculo. El niño empieza a discriminarse de la madre como algo diferente, la simbiosis se transforma en relación, aunque el niño, todavía inmaduro, seguirá dependiendo de su madre durante bastante tiempo.
En este proceso aparecen los objetos transicionales, normalmente muñecos o juguetes con una textura blanda, cálida y suave, que representan una zona intermedia entre la realidad y la fantasía y son el soporte de todo tipo de simbolizaciones, el cuerpo del niño, la madre, etc. Con ellos el niño puede transitar desde la fusión con la madre en la fantasía, a la realidad de la relación con ella. Sirven para apaciguar estados de malestar o angustia, facilitan el juego y el estado de quietud necesario para dormir.
Estos indicadores nos señalan el progreso del niño. Al final de este periodo se inician las representaciones psíquicas. El niño ya tiene una imagen mental de las cosas en su ausencia, es capaz de buscar un objeto cuando se esconde. En este periodo se producen además dos hechos fundamentales, la aparición del lenguaje y la deambulación. Ambos producen un salto importante en la autonomía del niño.
Puede pedir y nombrar las cosas y no depende del adulto para trasladarse de un sitio a otro, pasa de la pasividad a la actividad. Comienza una conducta exploratoria con el mundo circundante, quiere tocarlo todo y explorarlo todo. Al final de este periodo los ritmos en el sueño-vigilia y los de la alimentación se establecen de forma regular. Ya hay periodos de sueño nocturno y diurno claros y la alimentación pasa a ser sólida.
Los principales signos de alarma vienen dados precisamente por la ausencia de pautas establecidas en el ritmo sueño-vigilia y en la alimentación. Niños que están insomnes gran parte de la noche, bien llorando continuamente o de forma silenciosa; o bien que duermen durante gran parte del día y de la noche. Niños que rechazan la comida sólida y se aferran al biberón, o bien se niegan a comer.
Otro conjunto de signos alarmantes pueden ser la ausencia de una mirada fija y penetrante, la ausencia de lenguaje o un retraso importante en la deambulación. Todos ellos son signos que nos hablan de las dificultades del vínculo entre la madre y el niño para desarrollar las potencialidades que el bebé trae con el nacimiento.
Es un periodo de intensa actividad psíquica que se va reflejar en un cambio importante en la conducta y la actitud del niño. Comienza el control de esfínteres, cuestión que va más allá de la mera limpieza esfinteriana. Cualquier niño sano logra el control espontáneo del esfínter cuando está maduro neurológicamente. El asunto se puede complicar cuando los padres son exigentes y fuerzan el control antes de tiempo con adiestramientos que para el niño son siempre penosos (horas sentado en el orinal, etc.).
El ejercitamiento del control-expulsión del esfínter va acompañado de un ejercicio motor de mayor envergadura. El niño ejercita al tiempo toda la motricidad fina y gruesa obteniendo un gran placer de ello. Paralelamente, aparece el juego simbólico, la capacidad para jugar al “como si”. Puede ser un astronauta, un perro, hacer comiditas, dibujar, saltar, correr y por encima de todo jugar a “ser mayor”. En esta etapa quiere hacer las cosas solo y cada vez que algo le sale bien será una nueva conquista en su autonomía.
El apoyo y el impulso por parte de los padres de todas estas capacidades, ayudarán a que el niño pueda renunciar a ensuciarse en cualquier sitio y a cualquier hora a cambio de una satisfacción mayor. Simultáneamente, se produce la adquisición de normas, aparecen las primeras prohibiciones por parte de los padres, acordes con las mayores capacidades motoras.
El niño en su afán de conocimiento toca todo y quiere conocerlo todo y a veces se pone en peligro o rompe y destroza cosas. Es necesario “ordenar” toda esta actividad por parte de los padres mediante normas adecuadas a su edad. Empiezan por tanto las primeras nociones de lo que está bien o mal, lo que se puede hacer o no, etc.
Ante las primeras frustraciones para lograr el placer bruto aparecen las rabietas, la obstinación y el negativismo. El niño dice “no” a todo aunque a continuación, generalmente, hace lo que se le pide. Son reacciones normales que no obstante plantean muchas dificultades a los padres.
Al final de esta etapa se produce el establecimiento de la constancia objetal. Es decir de la capacidad de representar al objeto de amor ausente, fundamentalmente la madre, pero también el padre y cualquier persona significativa para el niño. Este hecho supone el correlato psíquico de la capacidad motora que abre las puertas a una mayor autonomía física y mental. El niño ya no necesita de la presencia permanente de la madre, cada vez con mayor frecuencia se entretiene solo, es capaz de jugar y hacer una infinidad de cosas sin ayuda directa de los padres, le empiezan a interesar los niños de su edad y disfruta cada vez más en compañía de sus iguales.
El periodo no esta exento de problemas y las adquisiciones tendrán avances y retrocesos. Las vicisitudes del desarrollo de cada niño y de la propia vida familiar, con cambios a veces importantes como muertes, separaciones, etc., producen a menudo trastornos adaptativos o reactivos de carácter transitorio. Generalmente pérdida de funciones ya adquiridas como trastornos del sueño, perdida del control esfinteriano logrado, somatizaciones diversas, dolores abdominales, vómitos, tics, ansiedad de separación, miedos, etc.
Los miedos en esta etapa son bastante frecuentes, producidos por la falta de madurez cognitiva y las características del pensamiento del niño, de tipo animista y mágico. Aparece el miedo a las tormentas, a los ruidos fuertes, a los animales, etc. Esta etapa está determinada por el paso de la relación dual a la triangular. El aparato psíquico está ya más estructurado y el niño reconoce ahora la relación entre los padres, ya no es el centro del mundo.
La madre no se completa con él, necesita de la relación afectiva de otro adulto, el padre (o su pareja). Este hecho supone un descubrimiento fundamental para el niño de profundas consecuencias. Por un lado le abre las puertas para la etapa posterior de la socialización; puesto que ya no es el sujeto imprescindible para el bienestar de los padres. Los avances en su desarrollo y los aprendizajes serán para su propia satisfacción en primer lugar y no estarán supeditados a las exigencias de otros.
Pero por otro lado siempre supone una gran frustración para el niño comprobar que no es el único objeto de amor de sus padres. El reconocimiento de la relación entre los padres conlleva la interiorización de la diferenciación sexual. El niño ya había comprobado las diferencias sexuales anatómicas, pero ahora estas diferencias se incorporan a nivel psíquico. En estos momentos suelen aparecer conductas muy estereotipadas entre niños y niñas que responden al tópico de los roles sexuales. Los juegos son diferentes, los niños y las niñas tienden a jugar separados y la conducta de unos y otras con los padres son distintas. Ambos niños y niñas necesitan competir, relacionarse y seducir de forma completamente diferente para consolidar su rol sexual.
En esta etapa aparecen las típicas preguntas sobre sexualidad que incomodan a los padres. Como se hacen los niños, como nacen, etc. Aumentan también las conductas masturbatorias de forma clara. El final de esta etapa se caracteriza por la interiorización del conflicto y de las normas. Es decir de la interiorización de la instancia parental.
El conflicto ya no se da entre los padres que prohíben o exigen, sino que la prohibición y la exigencia es interna y por tanto el conflicto está en el propio niño, entre lo que desea y no puede hacer, entre lo que tiene que hacer y no le apetece. Esto supone un logro fundamental en la autonomía afectiva, conlleva un importante aumento del autocontrol de los impulsos, de la capacidad de frustración, en definitiva de la demora de la satisfacción y la búsqueda de otros caminos más elaborados y sofisticados para obtenerla.
Se instaura la diferencia entre el pensar y el actuar. Ya no se puede actuar sin un proceso de pensamiento previo que supone hacerse cargo de la responsabilidad de los actos y sus consecuencias. Ya no sirve el “lo hice sin querer”: aunque el niño lo siga repitiendo, en su fuero interno ya sabe que es una excusa que no le exime del resultado de sus acciones.
En este período también suelen aparecer trastornos adaptativos o reactivos de carácter transitorio. Además de los ya mencionados en etapas anteriores pueden aparecer fobias a determinados animales o situaciones. Son mecanismos de desplazamiento de la angustia y una forma de elaborar los conflictos típicos de la etapa. Es muy frecuente la aparición de los llamados trastornos de conducta, impulsividad, descontrol de impulsos, fabulaciones y mentiras, adjudicación a otros de las propias acciones, etc. También son frecuentes cambios en el tono afectivo, ansiedad, irritabilidad, euforia, tristeza, ira, enfados, etc.
Es la etapa de la socialización y de los aprendizajes escolares por excelencia. Ahora el contexto extrafamiliar, el colegio y el mundo de los pares son el centro de atención y desarrollo del niño. Esto implica que los padres deben tolerar y fomentar el contacto del niño con sus iguales. El reconocimiento pleno del otro como sujeto con sus propias necesidades, gustos y deseos, hace que el contacto con los pares sea fundamental en esta etapa.
Los amigos se convierten en elemento fundamental para consolidar la identidad y la personalidad independiente del niño. Comienzan las reivindicaciones propias de la edad que indican la diferencia en gustos y deseos de los padres. El niño es ahora sumamente sensible y celoso de su intimidad. Se siente profundamente humillado si los padres o los profesores señalan en publico sus errores, sus miedos o inseguridades, hablan de él, de su carácter o de sus cosas sin ningún miramiento con otros adultos, vecinos o amigos. Ya no cuenta todo lo que le pasa ...
La mesa, además de ser el lugar donde se alimenta, también representa un punto de encuentro y convivencia para toda la familia. Por eso, elegir la mejor trona nunca es una decisión que deba tomarse a la ligera. La trona permite al niño participar activamente en muchos momentos familiares significativos, facilitando su implicación e interacción con el resto de la familia.
En este artículo, exploraremos los tipos más comunes de tronas para la alimentación, las características a tener en cuenta a la hora de elegir el modelo ideal, los criterios básicos de seguridad, junto con las características que garantizan comodidad, la facilidad de limpieza y la portabilidad. Como suele ocurrir cuando se habla de bebés, no hay una respuesta correcta para todo el mundo.
Elegir el momento adecuado para utilizar la trona de primera alimentación depende del bebé, de las preferencias de los padres y de las características del propio producto. La mayoría de los modelos de trona están diseñados para utilizarse a partir de los 6 meses de edad, cuando los niños empiezan a ser capaces de mantener una posicón sentada y participar en las comidad familiares.
Durante este periodo suele comenzar la fase del destete, es decir, la introducción de alimentos sólidos en la dieta como complemento de la leche materna o en polvo. Algunas de las mejores tronas del mercado son tronas evolutivas y pueden acompañar al niño durante muchos años gracias a sus ajustes de altura e inclinación.
Además, existen en el mercado tronas con rebote diseñadas para su uso desde el nacimiento, que proporcionan un apoyo ergonómico al bebé desde los primeros días de vida. Elegir una trona es una decisión importante en la trayectoria de crecimiento de un niño.
Tipos de Tronas y Características a Considerar
Una de las primeras consideraciones a tener en cuenta se refiere al tipo de trona que mejor se adapta a las necesidades de la familia. Existen muchos modelos en el mercado, desde las tronas más clásicas hasta las tronas de mesa, pasando por las tronas portátiles y las tronas evolutivas. Precisamente las tronas evolutivas se han impuesto como una de las opciones más populares de los últimos años por su versatilidad y adaptabilidad a las fases de crecimiento del niño.
Además de ser regulables en altura, de hecho, muchas tronas evolutivas pueden transformarse en asientos para niños mayores o en auténticas sillas, garantizando un uso prolongado en el tiempo. Es el caso de la trona evolutiva Crescendo Up de Chicco, que soporta hasta 110kg, transformándose en una verdadera silla para adultos y niños. Además, con los accesorios adecuados, también puede adaptarse a las necesidades de los recién nacidos.
Independientemente del modelo elegido, una buena trona debe elegirse prestando atención a factores como la seguridad, la comodidad, la facilidad de limpieza y la portabilidad. Ve aquí algunos aspectos a tener en cuenta:
- Seguridad: es importante que la trona tenga un cinturón resistente para mantener al niño seguro y en la posición correcta, así como dispositivos dobles de apertura y cierre. Además, debe estar libre de bordes peligrosos, tener una base suficientemente ancha para garantizar la estabilidad y, si está equipada, las ruedas deben ser frenables.
- Asiento: el asiento debe permitir al niño mantener una posición correcta y ergonómica. Además, aunque la función principal de la trona sea dar de comer, también puede convertirse en un lugar para jugar, dibujar y relajarse. Para ello. debe ser versátil, con un asiento reclinable, acolchado y regulable en altura.
- Reposapiés: El reposapiés debe ser ajustable para ayudar al niño a sentarse correctamente y evitar la fatiga durante las comidas. Además, una base de reposapiés suficientemente robusta permitirá a los niños mayores subirse y bajarse de forma autónoma, fomentando su independencia.
- Facilidad de limpieza: puede ocurrir que los niños se ensucien durante la hora de comer; forma parte de su proceso natural de crecimiento. Por eso, materiales como madera, el plástico y el metal son preferibles para permitir una limpiza fácil y garantizar una higiene adecuada de la trona.
- Bandeja: debe ser ajustable y extraíble, para permitir que el niño se mueva libremente durante las comidas y explore los alimentos de manera independiente. Además, su presencia proporciona una superficie extra, también adecuada para comidas rápidas.
- Practicidad: una buena trona debe ser compacta y plegarse fácilmente, ocupando poco espacio en el hogar.
- Diseño: el ojo también quiere su parte. A muchos niños, al principio, no les gusta estar en la trona, idependientemente del modelo o la comodidad. De hecho, esto pude percibirse como un obstáculo a la necesidad de contacto, movimiento e independencia. Por lo tanto, es importante introducir el uso de tronas gradualmente, promoviendo siempre una experiencia positiva. Por ejemplo, se puede incluir gradualmente al niño en la mesa durante las comidas de los adultos, utilizando la trona en modo tumbado desde los primeros meses, permitiéndole observar, familiarizarse con la comida y, en el momento adecuado, probarla (por ejemplo, iniciando un curso de autodestete).
Ejemplo de trona evolutiva.
Tabla de Desarrollo Infantil
Esta tabla resume las principales etapas del desarrollo infantil:
| Etapa | Edad | Características Principales |
|---|---|---|
| Bebé | 0-1 año | Dependencia total, desarrollo sensorial y motor. |
| Primera Infancia | 1-3 años | Juego simbólico, control de esfínteres, adquisición de normas. |
| Edad Preescolar | 3-5 años | Reconocimiento de la relación entre padres, interiorización de diferencias sexuales. |
| Edad Escolar | 6-10 años | Socialización, aprendizajes escolares, desarrollo de la intimidad. |
| Pubertad y Adolescencia | 10+ años | Cambios físicos y psíquicos, búsqueda de identidad. |
