Día triste para el mundo del cine. Uno de los grandes nombres del séptimo arte deja huérfanos a los espectadores: esta pasada noche se ha confirmado la muerte de Claudia Cardinale. La actriz ha fallecido el martes 23 de septiembre a los ochenta y siete años, según se ha podido confirmar en medios europeos, en su casa de Nemours, a las afueras de París, donde llevaba años instalada. La italiana ha sido uno de los grandes nombres de la interpretación, no solo en su país o en Europa, sino también a nivel mundial.
Con más de ciento cincuenta películas a sus espaldas, habiendo trabajado con los principales directores, actores y actrices de su época, y en grandes títulos del cine de autor europeo, Cardinale fue uno de los grandes rostros que catapultó el cine italiano en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, dando su particular salto a Hollywood y participando en largometrajes de gran éxito internacional. Musa de Fellini, Visconti o Sergio Leone, trabajó en 'Hasta que llegó su hora', 'Ocho y medio', 'Rocco y sus hermanos' o 'El gatopardo ' y ganó dos premios Davide di Donatello y un Oso de Oro honorario en la Berlinale.
La actriz Claudia Cardinale ha fallecido a los 87 años en su casa de París, dejando tras de sí un legado artístico de leyenda. De 'El Gatopardo' a 'Ocho y medio', pasando por sus últimos papeles en 'El artista y la modelo' o 'La isla del Perdón', su nombre está ligado a la gran pantalla. Sin embargo, más allá de su sólida trayectoria en el cine, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, queremos descubrir más sobre su faceta personal. Una vida familiar marcada por sus dos hijos, que la acompañaron en sus últimos momentos. Claudia Squitieri, fruto de su larga relación con el director de cine italiano Pasquale Squitieri, y su hijo mayor, Patrick (o Patrizio) Cristaldi.
Un Legado Artístico Inolvidable
La actriz Claudia Cardinale, icono del cine italiano, ha muerto este martes a los 87 años en Nemours, cerca de París, donde vivía. La franco-italiana nació en Túnez y trabajó a las órdenes de directores de renombre como Federico Fellini, Luchino Visconti y Sergio Leone. Su muerte deja al cine sin "una de las más grandes actrices italianas de todos los tiempos", en palabras del ministro de Cultura de Italia, Alessandro Giuli, quien la ha recordado como "la personificación de una gracia completamente italiana". Giuli ha lamentado la muerte de la actriz, que fue "conocida en todo el mundo" y "supo inspirar con su extraordinario talento a los principales directores del siglo XX".
"Nos deja el legado de una mujer libre e inspirada tanto en su trayectoria como mujer y como artista", ha expuesto su agente, Laurent Savry. Cardinale creció en Túnez, hija de una familia de orígenes sicilianos. En ese país ganó un concurso de belleza y el premio fue un viaje al festival de cine de Venecia. Debutó en el séptimo arte en 1956.
Fue musa de directores como Luchino Visconti, Federico Fellini o Sergio Leone y apareció en películas míticas como Il Gattopardo (El gatopardo), Rocco e i suoi fratelli (Rocco y sus hermanos) o C'era una volta il West (Hasta que llegó su hora). Alcanzó la fama mundial en 1963 con su participación en la película Ocho y medio, de Federico Fellini. Ese mismo año, la actriz coprotagonizó junto a Burt Lancaster la inolvidable adaptación de Visconti de la novela de Lampedusa.
Ha participado en títulos como La pantera rosa, La amante de Mussolini o Las petroleras junto a Brigitte Bardot. Su debut fue en 1958 junto al actor Omar Sharif en la cinta Goha. Con la película Rufufú, protagonizada por Vittorio Gassman, empezó a hacerse un nombre conocido. Pese a su amistad con Alfred Hitchcock, Barbara Streisand o Steve McQueen, en Hollywood nunca llegó a sentirse como en casa: "Yo me siento europea y en Europa quiero vivir", decidió.
Algunas de sus últimas producciones han sido la española El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012) y el largometraje búlgaro Twice upon a time in the west (Boris Despodov).
Vida Personal: Amores, Hijos y Secretos
La intérprete se caracterizó siempre por mantener su vida personal al margen de la ecuación mediática, a y a menudo reivindicaba para sí misma la palabra "indomable", admitiendo que toda su vida había estado en búsqueda de libertad. Dos son los nombres con los que compartió su faceta sentimental y amorosa, aunque se le relacionó, además, con rostros famosos como los de los actores Alain Delon, Marlon Brando, Marcello Mastroianni o el expresidente francés Jacques Chirac, romance que ella siempre negó.
Su primera relación conocida fue la que mantuvo con el productor Franco Cristaldi, su mentor durante sus inicios en el mundo de la interpretación y con quien se acabó casando en 1966. El matrimonio acabaría por divorciarse en 1975, reconociendo Claudia que la suya siempre fue una historia "asimétrica" y el productor volvería a casarse con la actriz eritrea Zeudi Araya. Desde el mismo año de su divorcio, la intérprete empezó una relación con otro cineasta, el director Pasquale Squitieri.
De él dijo siempre que fue el gran amor de su vida, con quien formó una familia en la que se integraron no solo sus propios hijos, sino también los tres hijos de Pasquale, Vittoria, Paola y Mario, fruto de una relación anterior. El director de cine, que acabaría entrando en política en los noventa, volvería a casarse, tras el fin de su relación con Cardinale con la también actriz y cantante Ottavia Fusco, y fallecería en Mónaco en 1992.
Patrick Cristaldi: Un Hijo Nacido del Dolor
Claudia fue madre en dos ocasiones. Su primera maternidad fue verdaderamente traumática, fruto de una violación que sufrió cuando tenía solo diecisiete años y aún vivía en Túnez. Patrizio, al que también se conoce como Patrick, nació en 1958 en Londres, y durante años la actriz mantuvo sus orígenes en secreto, presentándolo como su hermano pequeño en apariciones públicas y entrevistas. Posteriormente, durante su relación con Squitieri, este acabaría adoptándolo y reconociéndolo como propio.
Precisamente nos centramos en la historia de Claudia Cardinale y Patrick, una relación oculta durante años, de la que no se conoció la verdad durante décadas. Nacida en Túnez en 1938, entonces protectorado francés, la actriz de familia italiana comenzó a despuntar en el mundo de la moda y el cine en 1957. Entonces, la acompañaba su hermano pequeño, Patrick. No sería hasta unos 7 años después, cuando en plena ola de su fama, la prensa filtró sin su consentimiento la auténtica partida de nacimiento de su 'hermano'. Claudia Cardinale había sido madre soltera a los 18 años, de un bebé al que había dado a luz en Londres.
Sin embargo, los estrictos códigos morales de la época habían hecho que el productor, y su futuro marido y padre adoptivo de Patrick, Franco Cristaldi; la convenciera para presentar al bebé como su hermano. No solo para proteger su reputación en su entorno, sino también para no truncar su ascendente carrera laboral. De hecho, hasta para el propio niño, ella era su hermana, no su madre. Un hijo secreto que, al salir a la luz pública, llevó a la actriz a hablar con Benno Graziani, de 'Paris Match': "Mi hijo creía que era su hermana mayor".
Cardinale quiso explicar que nunca había abandonado a su hijo, sino que había ocultado su existencia, asegurando que había nacido fruto de una noche de aventura, un "error en Túnez" de juventud. Sin embargo, de nuevo los prejuicios sociales llevaron a la actriz a protegerse, ya que en ese momento no tuvo fuerzas para revelar toda la verdad.
Claudia Cardinale sobre su hijo Esa posible noche de amor en Túnez realmente había sido una violación, que sufrió siendo una adolescente de 17 años. Un terrible hecho que narró décadas después, en 1995, en su autobiografía 'Yo Claudia, Tú Claudia'. "No podía hablar, no podía gritar, me quedé paralizada. Cuando descubrí que estaba embarazada, supe que mi vida no volvería a ser la misma". "Fue espantoso, pero la cosa más bella es que de aquella violencia nació mi maravilloso Patrick. De hecho, aunque fuese una situación muy complicada para una joven madre, decidí no abortar", revelaría también en 'Il Corriere della Sera'.
"Hablé con mis magníficos padres y con mi hermana Blanche y todos juntos decidimos que mi niño crecería en familia, como un hermano menor", añadía sobre el apoyo de su familia. Además de explicar en una entrevista con la revista 'Elle' que "el nacimiento de mi hijo fue un impulso". "Me obligó a luchar, a ser fuerte, a labrarme un camino sola", confesaba.
"No fue fácil crecer con una historia tan complicada, pero nunca dudé del amor de mi madre. Siempre estuvo presente para mí, incluso cuando el mundo no sabía quién era yo realmente", aseguró por su parte el propio Patrick Cristaldi en una entrevista para la prensa francesa. Arquitecto y diseñador de arte, alejado de la fama y muy unido a su madre y a su hermana, también destacó en varios momentos su papel como abuela.
Claudia Squitieri: Siguiendo los Pasos de sus Padres
La diva volvió a ser madre por segunda vez años después. En 1979 cuando Cardinale tenía cuarenta y un años, dio a luz a su hija pequeña, Claudia Squitieri, fruto de su historia de amor con Pasquale. La benjamina de la familia ha seguido los pasos de sus progenitores en el ámbito artístico y de la cultura. En concreto, en disciplinas como la dirección y la realización de contenidos audiovisuales. En este sentido, ha estado volcada en proyectos que homenajean a figura de su madre desde hace años, siendo la impulsora de la Fondazione Claudia Cardinale, desde la que se apoya a artistas en sus carreras.
Nietos y Otros Familiares
La intérprete era, además de madre, abuela. Sus dos hijos le dieron nietos, que se han mantenido lejos del foco mediático. En los años setenta llegó al mundo su primera nieta, Lucilla, hija de su primogénito Patrizio. Años más tarde nacería Milo, su segundo nieto, el hijo de su hija pequeña, Claudia. Con respecto a otros parientes, se sabe que la intérprete tiene, también, una sobrina conocida: Francesca Cardinale, actriz italiana de treinta y cinco años, con trabajos en publicidad, teatro y cine.
Últimos Años y Legado
Angelica, su personaje del Gatopardo, no abrirá nunca más el baile. Claudia Cardinale falleció a los 87 años en su refugio campestre de Nemours, a 80 kilómetros de París. Allí, en una antigua curtiduría transformada en hogar, pasó sus últimos años rodeada de sus hijos, de recuerdos y de la serenidad que siempre buscó lejos del ruido. No era un retiro impuesto por la edad o la fragilidad, como llegó a especularse, sino una decisión consciente: prefería la compañía de los suyos a la vorágine de alfombras rojas y homenajes. Aunque nunca dejó de ser un mito del cine italiano, su última etapa estuvo marcada por una intimidad cuidada y una rutina sencilla, casi doméstica.
La actriz, que durante décadas deslumbró en películas como 'El gatopardo' de Visconti o 'Ocho y medio' de Fellini, había convertido su finca francesa en algo más que un hogar. Allí abrió un pequeño restaurante y, sobre todo, instaló la sede de la Fundación Claudia Cardinale, un proyecto al que dedicó buena parte de sus energías. Se centraba en apoyar a artistas contemporáneos en el ámbito audiovisual, además de promover causas que la acompañaron toda la vida, como la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha por el medio ambiente. Era su forma de dejar un legado que fuera más allá de la pantalla.
Con su hija Claudia, fruto de su relación con el cineasta Pasquale Squitieri, mantenía un vínculo inseparable. Ella fue su mano derecha en la administración de la fundación y su sostén diario. Juntas organizaron los últimos homenajes internacionales, entre ellos el tributo que el MoMA de Nueva York le dedicó en 2023, con la proyección de 23 de sus películas restauradas. La actriz ya no pudo viajar hasta allí, pero su hija acudió en su nombre. En entrevistas posteriores, Cardinale confesó que los viajes la cansaban demasiado y que necesitaba un bastón para desplazarse, pero nunca perdió el humor ni la capacidad de reírse de sí misma.
La última foto en la que aparece en sus redes sociales fue en junio de 2024, en un acto celebrado en el Ciné du Paradis de Fontainebleau, a pocos kilómetros de su casa. Allí fue homenajeada como la gran dama del cine europeo. Un año antes se publicó su último trabajo, el cortometraje 'Un Cardinale Donna', un retrato poético rodado por su hija y presentado dos años antes en el MoMA dentro de la retrospectiva de Cinecittà. Era un cierre perfecto: la artista observada desde la mirada amorosa de su propia familia.
En los últimos años, Cardinale se dedicó por completo a los suyos. De su hijo Patrick, joyero y restaurador en Nueva York, nació su primera nieta, Lucilla. De su hija Claudia llegó Milo. Ella, que durante décadas había sido símbolo de glamour, encontraba ahora su mayor satisfacción en la vida doméstica, en la cercanía de los nietos y en la rutina de su finca francesa.
Por eso le incomodó profundamente que hace un par de años circulara el rumor de que vivía enferma en una residencia de ancianos. Lo desmintió con ironía, recordando que nunca había dejado de estar acompañada de sus hijos. Pero ese retiro no significaba renuncia al cine. Hasta el final siguió vinculada a proyectos que tenían para ella un sentido especial.
En lo sentimental, Cardinale siempre reconoció que el gran amor de su vida fue Pasquale Squitieri, a quien conoció en los años 70, poco después de divorciarse del productor Franco Cristaldi. Su unión con Squitieri, aunque nunca llegó a formalizarse en matrimonio, fue intensa, polémica y duradera. Juntos tuvieron a su hija Claudia y se mantuvieron unidos en una amistad hasta la muerte del director en 2017. La actriz ya se había instalado en París, mientras que él permanecía en Roma, pero el vínculo nunca se rompió.
En entrevistas tardías, la intérprete reflexionaba con nostalgia sobre la intensidad de sus años de juventud. Recordaba con cariño a compañeros como Alain Delon, al que definía como “gruñón” hasta que comprendió que no caería rendida a sus encantos, o a Jean-Paul Belmondo, con quien confesaba haberse divertido como una niña en los rodajes. También rememoraba a Visconti, “culpable” de haberla hecho fumar, o a David Niven, que en 'La pantera rosa' la bautizó como “el invento italiano más bello después de los espaguetis”. Ese sentido del humor y esa distancia respecto al mito erótico que la acompañó siempre fueron su sello.
“Las actrices hermosas van y vienen, pero muy pocas logran sostenerse durante más de seis décadas”, dijo en una ocasión Joshua Siegel, curador del MoMA. Ella lo consiguió, aunque nunca se consideró una belleza consciente de su poder, sino una actriz que quería vivir muchas vidas a través de la cámara. "Cuando era joven, quería ir a todas partes y ser todos, y con este trabajo lo he logrado. Lo interesante para una actriz es ser otra persona. En eso he tenido suerte", declaró poco antes de retirarse definitivamente.
Claudia Cardinale falleció a los 87 años en su refugio campestre de Nemours, a 80 kilómetros de París. Allí, en una antigua curtiduría transformada en hogar, pasó sus últimos años rodeada de sus hijos, de recuerdos y de la serenidad que siempre buscó lejos del ruido. Claudia Cardinale falleció el 23 de septiembre de 2025 a los 87 años. Con ella se va no solo una actriz, sino una figura que dejó huella en la sociedad y el cine italianos e internacionales. Un icono de la belleza mediterránea, sí, pero también una mujer que tuvo que luchar para que su cuerpo y su voz no quedaran reducidos a la propiedad de otros. Detrás de los platós de Visconti, Fellini y Leone, detrás de la leyenda, había una vida privada marcada por secretos, relaciones engorrosas y grandes amores no exentos de complicaciones.
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Tabla Resumen de la Vida Familiar de Claudia Cardinale
| Relación | Nombre | Información Adicional |
|---|---|---|
| Hijo | Patrick Cristaldi | Nacido en 1958, fruto de una violación. Criado inicialmente como su hermano. |
| Hija | Claudia Squitieri | Nacida en 1979, hija de Pasquale Squitieri. |
| Nietos | Lucilla y Milo | Hijos de Patrick y Claudia Squitieri respectivamente. |
| Primer esposo | Franco Cristaldi | Productor de cine, se casaron en 1966 y se divorciaron en 1975. |
| Pareja | Pasquale Squitieri | Director de cine, relación desde 1975 hasta su muerte en 2017. |
Con el paso de los años, nunca se permitió ser nostálgica. Siguió acudiendo a festivales, recibiendo homenajes y premios, con una sonrisa sin retoques. Para ella, contar significaba proteger más que revelar. No le gustaba mostrar dolor, pero tampoco negaba nada: "El tiempo no me ha cambiado. fui y seguiré siendo indomable".
