Un Viaje Nostálgico al Pasado: Recuerdos de Infancia en España

Este artículo te invita a un viaje en el tiempo, explorando recuerdos de infancia y cómo era la vida cotidiana en España hace algunas décadas. Desde la tecnología hasta las costumbres, descubriremos cómo ha cambiado el mundo desde la perspectiva de quienes lo vivieron.

Madrid en los años 60.

La Tecnología en el Hogar

El teléfono era un aparato que no había en todas las casas, y que servía principalmente para dar recados. A veces venía algún vecino a pedir el favor de que le dejaran hacer una llamada urgente. En mi casa estaba colgado en el pasillo, lejos de mi alcance, y a veces me cogían en brazos y me dejaban descolgar el auricular o marcar los números en el dial. Los aparatos eran negros y pesaban mucho. Después los modernizaron y los hicieron más manejables y de color gris. Y tardaban una eternidad en darte la línea.

La televisión no estaba en todas las casas, y en las que sí, era en blanco y negro y solamente había un canal. Cuando apareció el segundo, conocido familiarmente como "el UHF", como los televisores no estaban preparados para sintonizarlo, y era de todo punto impensable comprar un televisor nuevo, en mi casa pusieron un aparato que parecía una radio y estaba colocado debajo del televisor. La programación tenía un horario: empezaba más o menos a mediodía con un telediario, y a la hora de la siesta se interrumpía, hasta que empezaba la programación infantil.

Electrodomésticos

La lavadora (si la había) no era automática. Recuerdo vagamente una especie de bidón con patas, una goma de desagüe y unos rodillos en la parte superior, para escurrir la ropa. Los que no se podían permitir ese lujo, lavaban la ropa en la pila (en aquel entonces las pilas eran muy grandes, o al menos así me lo parecían a mí, que me bañaban en ella).

Tampoco había frigoríficos. En mi casa teníamos una nevera a la que había que meterle hielo para mantener fríos los alimentos. Tengo un recuerdo muy vivo de haber ido con mis tíos a la fábrica de hielo, donde agarraban con un garfio unas enormes barras de hielo, te partían un pedazo y te lo echaban en el cubo que llevabas a esos efectos. Después había que volver corriendo a casa para evitar que el hielo se derritiera por el camino. En la cocina, debajo de la ventana, había una fresquera, que era un armario cuyo fondo era una rejilla que daba al patio. En invierno sí debía ser “fresquera”; en verano, supongo que no tanto. El aspirador, sabíamos de su existencia porque lo habíamos visto en las películas de la tele.

Antigua fábrica de hielo.

La Comida y las Compras Diarias

Como no había donde conservar las cosas, teníamos que hacer la compra a diario. Los supermercados, al menos en mi barrio, no existían. La compra se hacía en el mercado (mi abuela lo llamaba “la plaza”) y en las tiendas de ultramarinos, lecherías, hueverías, droguerías, carnicerías, pescaderías y otros establecimientos acabados en "ías". No existían los envases desechables, los líquidos los vendían en botellas de cristal que te cobraban y, una vez vacías, había que llevar a la tienda para cambiarlas por otras llenas o que te devolvieran el dinero.

La mayor parte de los alimentos se vendían a granel. El aceite lo embotellaban directamente en la aceitera que llevabas de casa, y lo hacían con unas máquinas en las que se veía subir una enorme pompa de aire a medida que se llenaba la botella. Los fideos y los macarrones no venían en paquetes, sino que los vendían sueltos (los fideos en una especie de nidos, los macarrones en unas varas largas que había que partir antes de cocerlos). Los yogures (naturales, por supuesto, no había de otros) se compraban en la farmacia, y solamente cuando alguien de la familia tenía la tripa mala. Y de bolsas de plástico, nada de nada. Los cubos de basura se forraban con papel de periódico, y a la compra se iba con la propia bolsa y, si eras pudiente, con un carrito. En los grandes almacenes (léase SEPU, El Corte Inglés y Galerías Preciados, a los que íbamos muy de tarde en tarde) las compras te las envolvían en papel.

Todavía me acuerdo de los bocatas que me hacía mi madre de mantequilla con azúcar o el membrillo de tres colores, y por supuesto el bocata de chocolate Vitacal, el del chascarrillo de “Chaval, toma Vitacal que tu culo huele mal”.

Los hábitos alimenticios poco saludables crecen entre la infancia de las ciudades latinoamericanas

El Cine y el Entretenimiento

Algunos sábados por la tarde, cuando no tenía que trabajar, íbamos toda la familia al cine. En lo que se llamaba la prolongación de General Mola, actual calle Príncipe de Vergara, había varios cines. El que más lejos nos pillaba era el Cine Morasol. Entonces no íbamos mucho por su lejanía, pero al cabo de los años, vimos muchísimas películas maravillosas allí. El que más visitábamos era el Cine Roma, en la Plaza de la República Dominicana, hoy convertido en un gimnasio más.

Para una buena sesión en el Cine Roma había que llevar provisiones. Aquellas sesiones continuas, en las que se proyectaban dos películas seguidas, el NO-DO al principio, el descanso (cuando salía el famoso cartel de “Visite nuestro Bar”) y varios minutos de publicidad. Echábamos la tarde completa en el cine, incluso algunas veces nos gustaba tanto la primera película, que veíamos el comienzo de la misma peli otra vez o hasta la volvíamos a ver entera.

Al lado del cine, en la esquina con General Mola, estaba la pastelería La Suiza donde comprábamos suizos, trenzas y tejas, que nos merendábamos dentro del cine. En los descansos, algunos jóvenes llevaban colgadas sus cajas de madera blancas a modo de hielera donde guardaban sus helados. Seguro que muchos recordáis el famoso “¡Al rico bombón helado, de nata y chocolateee!”. Durante la exhibición de la peli pasaban pero sin cantar la frasecita.

El Deporte y la Bicicleta

Coleccionaba los cromos de ¡Chaval, toma Vitacal!, unas chocolatinas donde aparecía un ciclista de nombre impronunciable: Gabicagogeascoa. Íbamos a las fiestas de los pueblos, primero andando, pero visto lo que tardábamos sobre todo a la vuelta, cogíamos la bici, dormíamos en las eras y volvíamos al día siguiente.

Disfrutamos con los triunfos de Miguel Induráin, cinco veces seguidas vencedor de la prueba francesa, y sufrimos lo indecible el año en el que Perico Delgado llegó 2:40 minutos tarde a la salida del prólogo de Luxemburgo que le costó su segundo Tour. Estar pendiente todas las tardes de la televisión, esperar ansioso en tu pueblo la llegada de la Vuelta Ciclista, ir a verlos a un puerto de montaña o atravesar la carretera en la llanura.

En esta tierra tenemos a un campeón de la Vuelta a España, Faustino Rupérez. Existe mucha afición a este deporte. Pruebas, competiciones, marchas, como la BTT Ruta de las Icnitas en Villar del Río, organización de recorridos, agrupaciones, clubs. El último en fundarse, hace apenas dos años, EponaBike liderado por Hugo Jiménez.

Tabla Comparativa: Antes y Ahora

Aspecto Antes Ahora
Teléfono Pocos hogares, uso limitado, aparatos pesados Acceso universal, teléfonos móviles, comunicación instantánea
Televisión Blanco y negro, un canal, programación limitada Color, múltiples canales, streaming, contenido a la carta
Electrodomésticos Lavadoras no automáticas, neveras con hielo Electrodomésticos modernos y eficientes
Compras Diarias, en mercados y tiendas especializadas, sin envases desechables Supermercados, envases desechables, compras online
Entretenimiento Cine con sesiones continuas, NO-DO Variedad de opciones: cine, streaming, videojuegos
Transporte Bicicletas, transporte público limitado Bicicletas eléctricas, coches, transporte público extenso

Evolución de la bicicleta.

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