Miguel de Cervantes: Biografía y el Debate sobre su Lugar de Nacimiento

Reconstruir la vida de Miguel de Cervantes implica explorar documentos históricos y analizar sus obras para llenar los vacíos existentes.

Las nuevas investigaciones sobre Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha, sugieren que su nacimiento podría haber sido en Córdoba y no en Alcalá de Henares.

El Documento Revelador de 1593

El investigador José de Contreras y Saro ha analizado un documento fechado en 1593 en el que el escritor ejerce como defensa de un acusado. En este documento se recoge la firma de Cervantes y su lugar de nacimiento, Córdoba: «Vecino de la villa de Madrid y natural de Córdoba».

En los datos que Cervantes ofrece en este documento se encuentran contradicciones con los conocidos anteriormente con respecto a él. Para el año 1593, Cervantes dice en el documento tener 46 años, teniendo en cuenta los datos previos, Cervantes debía tener 45 años en el 1593. En este documento, además, se especifica que Cervantes es autor de comedias.

La Importancia de las Firmas de Cervantes

En este momento, juegan un papel muy importante las firmas atribuidas a Cervantes, que se engloban en tres grupos, una al Cervantes de Alcalá de Henares, otras al de Madrid, y otras al cordobés. Las que se corresponden al de Madrid parecen caerse por su propio peso, ya que este, que habría nacido en el Alcázar de San Juan, no concordaría en su fecha de nacimiento con la biografía del autor.

Firma de Cervantes en este documento de 1593.

La duda se queda entre si el Cervantes autor de Don Quijote, La Galatea, Las Novelas Ejemplares, etc. es el de Alcalá de Henares o el de Córdoba. El investigador, José de Contreras y Saro, defiende que el verdadero es el de Córdoba debido a los datos que se vierten en el documento.

Estamos ante la posibilidad de que cambie algo que dábamos por sentado, como era el origen del mayor escritor de la historia en lengua castellana. Hasta entonces debemos mantener la mente abierta a la posibilidad de que la Historia sí puede cambiar.

La Vida Temprana de Cervantes en Alcalá de Henares

Tradicionalmente, se ha creído que Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares, probablemente el 29 de septiembre de 1547, día del Arcángel San Miguel. Por entonces, Alcalá, con sus más de diez mil habitantes, era la villa más importante del dominio arzobispal de Toledo. Las penurias económicas de sus padres -Rodrigo de Cervantes, cirujano de profesión, y Leonor de Cortinas- provocaron continuos traslados de domicilio durante su infancia.

Así, en 1551, cuando Miguel tenía cuatro años, la familia se instaló en Valladolid, corte de la monarquía, donde el padre contrajo una deuda de 45.000 maravedíes que lo conduciría a la cárcel. En 1553, acosados de nuevo por la mala suerte, Rodrigo y su familia marcharon a Córdoba. De este modo, a los seis años, Miguel contempló por primera vez la Mancha y visitó las primeras ventas. En Córdoba estudió en el colegio de los jesuitas, hasta que, en 1558, la familia se trasladó a Cabra, donde residió cinco años.

Llegó a Sevilla con 16 años, como los dos pícaros de su novela ejemplar Rinconete y Cortadillo. Como ellos, el joven Miguel quizá se lanzó también a recorrer la ciudad y quedaría fascinado «por la suntuosidad de su mayor iglesia y el gran concurso de gentes del río».

Aguadores. Escena de la novela ejemplar de Miguel de Cervantes, Rinconete y Cortadillo, recreada por Manuel Rodríguez. Siglo XiX.

En 1566 Miguel y su familia fijaron su residencia en Madrid, estrenada como capital de la monarquía cinco años antes. Se matriculó en el Estudio de la Villa, regentado por el maestro de gramática López de Hoyos. En Madrid dio sus primeros pasos literarios, componiendo, en 1567, con motivo del nacimiento de la infanta Catalina Micaela, su primera poesía conocida.

La Batalla de Lepanto y el Cautiverio en Argel

El año 1569 marcaría un antes y un después en la vida del escritor en ciernes. El 15 de septiembre, el Consejo Real dictó una orden de busca y captura en su contra por participar en una reyerta armada en Madrid y herir a un hombre llamado Antonio de Sigura. La sentencia le condenaba a perder la mano derecha y a diez años de destierro, ante lo cual, aconsejado por sus padres, decidió fugarse a Italia.

En Roma, el joven poeta entró al servicio de monseñor Acquaviva, un joven prelado, después de mostrarle un informe de limpieza de sangre que su padre le envió desde Madrid. Sin embargo, la amenaza creciente del Turco levantó vientos de cruzada en toda la Cristiandad. Corría el año 1571 y, como un joven español más, Miguel se alistó como soldado para la campaña de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», como él mismo escribiría en el prólogo al lector de la segunda parte del Quijote.

Cervantes y su hermano Rodrigo se embarcaron en la galera Marquesa. El día de la batalla, enfermo con fiebre, insistió en ser colocado en primera línea. Posteriormente, Miguel participó en más combates contra los otomanos a las órdenes de don Juan de Austria. En 1572 intervino en Modón y Navarino, en Grecia; en 1573 luchó con los tercios viejos en Túnez, y un año después sirvió en Génova, Cerdeña, Nápoles y Palermo.

Cervantes en Lepanto. Detalle de la obra de Juan Luna dedicada a la batalla.

En 1575, Cervantes embarcó en Nápoles con su hermano Rodrigo hacia España en la galera Sol, con cartas de recomendación de don Juan de Austria. Deseaba reencontrarse con sus familiares y amigos, pero, ante todo, anhelaba conseguir un ascenso en su carrera militar. Tenía 28 años y era lógico que quisiera asegurarse el porvenir.

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Pero la mala fortuna se cebó en ambos hermanos, ya que durante la travesía la galera fue capturada por una flotilla de piratas argelinos y Miguel y Rodrigo fueron conducidos a prisión en Argel, donde permanecerían cinco años. La experiencia de este cautiverio dejó una profunda huella en Cervantes. En la obra de teatro Los baños de Argel rememora el abatimiento que sintió: «Cuando llegué cautivo y vi esta tierra / tan nombrada en el mundo, que en su seno / tantos piratas cubre, acoge y cierra, / no pude al llanto detener el freno / que, a pesar mío, sin saber lo que era, / me vi el marchito rostro de agua lleno».

Hasta cinco veces trató de escapar, todas fracasadas. Rodrigo fue liberado en 1577, pero Miguel no saldría de los calabozos hasta el 19 de septiembre de 1580, cuando estaba a punto de ser llevado cautivo a Constantinopla, lugar del que no se solía regresar. Aquel día, el fraile trinitario Juan Gil pagó a Hazán Bajá quinientos escudos de oro como rescate de Cervantes. No obstante, el escritor aún permaneció más de un mes en Argel, ya que la nave que había de llevarlo a España no partía hasta el 24 de octubre. Tres días después, el escritor llegó a Valencia con algunos de sus antiguos compañeros rescatados. Si seguimos el relato del Capitán cautivo, inserto en los capítulos XXXIX-XLI de la primera parte del Quijote, Cervantes lloró por segunda vez, pero en esta ocasión de alegría: «Y con lágrimas de muy alegrísimo contento dimos todos gracias a Dios Nuestro Señor por el bien tan incomparable que nos había hecho».

Cervantes pasearía feliz por Valencia, ciudad que, en su recuerdo, debió de permanecer indisociablemente unida al sentimiento de alegría por la libertad recobrada. En Los trabajos de Persiles y Segismunda, Cervantes destacaría de la ciudad del Turia «la grandeza de su sitio, la excelencia de sus moradores, la amenidad de sus contornos y, finalmente, todo aquello que la hace hermosa y rica».

Regreso a España y Vida Literaria

En mayo de 1581, Cervantes partió hacia Portugal, donde estaba entonces la corte de Felipe II, para solicitar un empleo y poder pagar las deudas contraídas por su familia para rescatarlo en Argel. Se le encomendó una misión secreta en Orán, por la que percibió cincuenta escudos, y a su regreso a España, en febrero de 1582, pidió un puesto en las Indias, que le fue denegado. Al mismo tiempo se dedicaba intensamente a la literatura. En 1582 se estrenó como autor teatral con Los baños de Argel y tres años después publicó la novela pastoril La Galatea. Su vida personal también experimentó cambios. A principios de 1584, Cervantes conoció a una mujer llamada Ana Franca, casada desde 1580 con un tal Alonso Rodríguez. Fruto de su relación nacería la única hija de Cervantes, Isabel de Saavedra, aunque hay autores que dicen que la niña era hija de Magdalena, hermana del escritor, y de Juan de Urbina.

En 1587, el escritor se instaló en Sevilla. Allí trabajó como comisario de abastos de la armada española. Tres años después solicitó de nuevo un destino en las Indias, que otra vez le fue denegado, de modo que en 1593 pasó a ser recaudador de Hacienda. Los dos trabajos que desempeñó en Sevilla eran ingratos y Cervantes fue acusado de irregularidades que lo llevaron dos veces a prisión: en 1592, por un embargo de trigo a los canónigos de Castro del Río, y en 1597, en Sevilla, por no haber entregado debidamente las cantidades recaudadas para la Corona. En esta última etapa, en la cárcel real de Sevilla, Cervantes concibió Don Quijote de la Mancha, que luego reanudó y acabó de escribir en 1604.

No fue su último embrollo con la justicia. En 1605, cuando residía en Valladolid y se había publicado ya la primera parte del Quijote, se vio mezclado en el proceso por la muerte del noble navarro Gaspar de Ezpeleta; durante dos días fue encarcelado con casi toda su familia. Al año siguiente Cervantes se instaló en Madrid, iniciando una fase de gran actividad literaria. Entre 1613 y 1617 aparecieron las Novelas ejemplares, la segunda parte del Quijote, las Ocho comedias y entremeses y, de forma póstuma, Los trabajos de Persiles y Segismunda. También se aprecia en él un nuevo fervor religioso, como demuestra su ingreso, en 1609, en la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento. En 1616, Cervantes profesó en la Orden Tercera franciscana. A los pocos días, el 22 de abril, el escritor murió en su casa en Madrid.

El Legado de Cervantes

Si bien sabemos, desde mediados del siglo XVIII, cuál fue la patria de Cervantes -Alcalá de Henares-, así como el día en que fue bautizado -el 9 de octubre de 1547-, la fecha exacta de su nacimiento no se ha podido averiguar. Tan sólo se supone que podría haber sido el 29 de septiembre, día de San Miguel. Más llamativo resulta, a la hora de situar este acontecimiento en su debida circunstancia, el hecho de que ocurriese en una fecha clave: ese año, en efecto, desaparecen Francisco I en Francia y Enrique VIII en Inglaterra, mientras que el emperador Carlos V, vencedor en Mühlberg de los príncipes protestantes alemanes, se encuentra en la cumbre de su poder, y en tanto que se inicia una profunda reforma de la Iglesia Católica, al inaugurarse los trabajos del Concilio de Trento.

Aunque se le tenga por cristiano viejo en el informe preparado a instancias suyas a su regreso de Argel, nunca presentó la prueba tangible de su limpieza de sangre. Es cierto que su abuelo paterno, el licenciado Juan de Cervantes, fue abogado y familiar de la Inquisición, pero la mujer de éste, Leonor de Torreblanca, pertenecía a una familia de médicos cordobeses y, como tal, bien pudo tener alguna «raza» de confeso. Así y todo, no debe exagerarse la trascendencia de esta controversia: caso de probarse algún día que Cervantes descendiera de cristianos nuevos, este descubrimiento dejaría intacto todo lo que media -y hay un abismo- entre su visión del mundo y la de un Mateo Alemán, contemporáneo suyo, y del que se sabe a ciencia cierta que lo era.

Nacido después de dos hermanas mayores, Andrea y Luisa, Miguel es el tercero de los cinco hijos que tuvo el cirujano -si se hace caso omiso de dos más, que murieron en la infancia-. Un hermano menor, Rodrigo, que compartiría su cautiverio en Argel, así como una hermana, Magdalena, vendrán luego a completar el cuadro.

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