El Desarrollo del Lenguaje en Niños: Opiniones y Consejos

El desarrollo del lenguaje es una de las habilidades más importantes en la infancia, no solo es fundamental para la comunicación, sino que también juega un papel crucial en el aprendizaje y el desarrollo social de los niños. Es por eso que la estimulación del lenguaje desde una edad temprana es esencial para garantizar un desarrollo óptimo.

Entre los tres y los seis años, los niños experimentan un enorme salto en su desarrollo lingüístico. Empiezan a construir frases más elaboradas, hacen preguntas constantemente y descubren que el lenguaje es una herramienta para comprender y explicar lo que sienten y piensan. Cada niño avanza a su propio ritmo, pero existen tendencias generales que ayudan a entender este proceso.

A continuación, exploraremos el impacto del lenguaje en los niños, las etapas del desarrollo del lenguaje, y cómo los padres y educadores pueden fomentar un entorno lingüísticamente rico.

El Impacto del Lenguaje de los Adultos en los Niños

¿Cuál es el impacto de nuestro lenguaje en los niños? El niño adquiere las capacidades puramente humanas de andar, hablar y pensar a través de la imitación. Los adultos somos cruciales en este aprendizaje.

El niño primero lalea, en un laleo que podríamos denominar universal, ya que es idéntico en todas las lenguas y culturas. También por esa época es capaz de entender por igual cualquier lengua. Aunque no comprenda los conceptos, tiene una percepción sutil de nuestro lenguaje. Capta nuestro estado de ánimo, nuestras emociones, incluso nuestros pensamientos.

Algo fundamental en el aprendizaje de la lengua es el modelo, cuyo impacto va más allá de la mera adquisición de la lengua. Nuestra coherencia, la unidad entre nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras emociones, además de facilitarle el aprendizaje, le aportará seguridad emocional y claridad en el pensar.

Cuánto más pequeño es el niño, tanto más importante es cómo decimos las cosas, ya que el niño presta más atención y es más sensible al contenido emocional de nuestras palabras. Así es que cuando le decimos que se tranquilice hablándole con nerviosismo, difícilmente se tranquilizará. Del mismo modo será difícil que hable más flojo si se lo pedimos gritando… También deberíamos evitar los mensajes confusos e irónicos como se da el caso cuando decimos “qué bonito, no”, en tono feo y regañando.

Nuestro tono y melodía al hablar influyen en los niños. Podemos calmarlos con un tono sereno y cálido, activarlos con un tono dinámico.

Otro problema actual es que tendemos a hablar a los niños pequeños con frases largas y complejas, dando exceso de explicaciones, cuando para el niño es un alivio escuchar una orden clara y simple como ¡Nos ponemos los zapatos! El peligro no está en la frase, sino en la emoción de nuestras palabras. Si lo decimos de manera dura, seca o gritando, se transforma en una frase negativa. Si decimos, “venga, cariño, vamos, que hay que ponerse los zapatos, ¿te parece? ¿Nos ponemos los zapatos?.” hay exceso de simpatía y duda y difícilmente será eficaz. Posiblemente a continuación pasemos a la antipatía, con un grito “¡te he dicho ya 10 veces que te pongas los zapatos!”

Suelo hablar de la importancia de hablar con claridad, de manera neutral, sin antipatía y a la vez con decisión y entusiasmo. Sin ñoñería y a la vez de manera cálida y natural. No es pecado hablar con claridad, siempre que la emoción no sea negativa. Falta de claridad en nuestra expresión hace que los niños no comprendan, sea poco efectivo y luego subamos el tono, con las consecuencias que esto conlleva.

Porque el grito no resuelve nada y tiene un impacto negativo hasta en lo fisiológico, ya que produce cierta contracción respiratoria. El grito a su vez nos delata, evidencia nuestro propio desbordamiento emocional y falta de control.

Tan importante como el cómo hablamos es el qué decimos. Por suerte en este ámbito ya hay mucha conciencia. Hoy día sabemos que nuestras afirmaciones tienen un profundo impacto, transformándose en decretos. A un niño al que digo “eres tonto”, lo estoy invitando a transformarse en tonto. En la frase “eres tonto” estoy atacando la integridad del niño. Esta afirmación podría afectar su nivel cognitivo. Si le digo “eres malo”, afectaría su conducta, si le digo “eres gordo”, a su metabolismo. Y siempre estaremos atacando su autoestima y autoimagen.

Diciendo “lo que has hecho es una tontería”, habremos mejorado bastante la situación, ya que no estaremos atacando al niño, sino a su acción. Sin embargo, sigue siendo una frase abstracta y subjetiva, que poco ayuda a mejorar la situación. Podemos en cambio decir, “ahora nos sentamos con los pies bien apoyados en el suelo y la silla bien pegada a la mesa”. Esta es una frase constructiva que ayuda al niño a saber qué esperamos de él. Es una frase que fácilmente podremos decir en un tono neutral, sin violencia. Es una frase descriptiva, concreta y objetiva, que aportará claridad al niño.

La voz es sonido y el sonido es vibración que mueve cada una de nuestras células y de las células de nuestro interlocutor. La cuestión es si esta vibración es positiva o negativa. Si nos ponemos la mano en el pecho y hablamos con un tono estridente, como de animación, veremos que no vibra el pecho sino la cabeza. Es un hablar mental que altera el sistema nervioso del que escucha.

Un hablar cálido que vibra en nuestro corazón, denota que estamos conectados (desde el corazón) con lo que decimos, y por tanto es un habla capaz de “tocar” los otros corazones. Con una voz sana, auténtica y armónica, resulta más fácil conectar con los niños que con una voz estridente, artificial o ñoña. Los niños están deseosos de percibir personas de verdad, no personajes.

Según Rudolf Steiner, una buena articulación aporta salud a todo el organismo, ya que garantiza una buena oxigenación, a la vez que permite a los sonidos ejercer su labor curativa. Por ejemplo, si la /r/ suena bien, activa todo el sistema circulatorio y respiratorio (corazón y pulmón) y desde el punto de vista emocional, aporta alegría. La /l/, activa especialmente nuestros fluidos y nos proporciona calma.

Comprender el efecto terapéutico de los sonidos es complejo, sin embargo a simple vista podemos vivenciar los efectos positivos de una buena articulación en relación a una articulación vaga y difusa.

Impacto Fisiológico del Lenguaje en el Cerebro del Niño

Hoy día a través del magnetoencefalograma (MEG), se ha podido constatar lo que ocurre en el cerebro del niño mientras nos escucha. El MEG demuestra científicamente lo que Rudolf Steiner ya decía sobre el impacto de nuestro lenguaje. A través de esta prueba se puede observar como cuando el niño escucha a un adulto que habla poco claro, en su cerebro se activan las mismas áreas que en el orador, en este caso, de forma difusa.

Al escuchar a un adulto que habla claro y bien articulado, se activan cantidad de conexiones neurológicas, de manera precisa y clara y sobre todo se ve la incidencia en una mayor comunicación entre los dos hemisferios. Nuestro lenguaje se imprime fisiológicamente, sobre todo en el cerebro del niño pequeño, dándole forma y estructura. En realidad son las consonantes las que hacen esta labor. Y es que articular significa moldear la consonante, que a su vez nos modela a nosotros.

También podemos percibir el efecto de la articulación en nosotros mismos cerebro, a través del siguiente ejercicio: En cuanto hablamos poco articulado, vocálico, con la mandíbula floja, lengua caída y labios entre abiertos sin tonicidad, inmediatamente nos sentimos algo tontos. En cuanto articulamos clara y bellamente las consonantes nos sentimos presentes, despiertos y más “listos”, sentimos claridad en nuestro pensar.

La voz y el lenguaje del adulto obstaculizan o apoyan el desarrollo del niño. Es una gran responsabilidad que está en nuestras manos. Nuestra coherencia en la expresión puede sin embargo facilitar a los niños el desarrollo de su propia capacidad de expresión. Y quien sabe comunicarse asertivamente no necesita de armas, ni gritos ni otras formas de violencia… La semilla de la paz del mundo comienza con los modelos de comunicación no violenta y convivencia de cada hogar y escuela.

Fomentar el Lenguaje en los Más Pequeños (3-6 Años)

A partir de los tres años, el lenguaje empieza a ganar claridad y estructura. Entre los cuatro y cinco años se observa un salto significativo: ya no solo nombran objetos, sino que expresan opiniones, hacen comparaciones y narran pequeñas historias con mayor coherencia. Aunque la mayoría de los niños sigue una evolución natural, es importante prestar atención a determinadas señales.

El hogar es el mejor escenario para potenciar la comunicación. Leer con los niños es una de las herramientas más poderosas para ampliar su vocabulario y despertar su curiosidad. El juego simbólico (imitar profesiones, representar escenas cotidianas, inventar aventuras) favorece que los niños creen diálogos, resuelvan situaciones y expresen ideas de forma natural.

Hablar con los niños de manera clara y con un lenguaje variado contribuye enormemente a su aprendizaje. Las pantallas forman parte de su vida, pero no deben sustituir la interacción humana.

En muchos centros educativos, el lenguaje no se limita a una actividad puntual, sino que forma parte de toda la jornada escolar. La asamblea diaria es un espacio valioso donde los niños aprenden a expresarse, a escuchar y a participar activamente. Además, los proyectos de trabajo permiten que sean ellos quienes expliquen lo que han descubierto, desarrollando la capacidad de narrar procesos y compartir ideas.

Por lo tanto, fomentar el lenguaje en la etapa de 3 a 6 años es un proceso natural que puede potenciarse con gestos sencillos: leer juntos, conversar, jugar, escuchar y acompañar sin prisa.

Actividades para estimular el lenguaje: 1 a 2 años l Mi terapia con Ximena

Hitos Clave en el Desarrollo del Lenguaje

El niño empieza a pronunciar las primeras palabras hacia el final del primer año de vida, y, entre los 18 y los 24 meses, aparecen breves frases compuestas de más de dos vocablos. Hay que tener en cuenta que no todos los niños siguen las mismas etapas de desarrollo: cada uno tiene sus propios tiempos y ritmos, que dependen, en parte, de factores hereditarios y ambientales.

  • Entre el cuarto y quinto mes: el niño empieza a emitir sonidos chillones y agudos, en los que puede reconocerse la vocal "u".
  • Entre el sexto y el octavo mes: comienza la llamada lalación, caracterizada porque el niño emite sus primeras sílabas: ba, ta, la, pa, ma.
  • A los diez meses: el pequeño empieza a pronunciar de una forma clara sus primeras palabras: "papa" y "mama", de las cuales todavía no conoce el auténtico significado.
  • Entre los once y doce meses: comienza a pronunciar palabras de las que conoce el significado: papá, mamá, agua. Suele inventar palabras con un significado concreto, por ejemplo, "brum", que significa coche.
  • A los dieciocho meses: domina un vocabulario de, por lo menos, diez palabras. También puede componer frases con un sentido completo, por ejemplo, "quiero la pelota".
  • Entre los dos años y dos años y medio: ya es capaz de entablar un diálogo sencillo y de contestar correctamente a las preguntas que se le hacen.

Es importante recordar que la lactancia prolongada es la mejor forma de garantizar el desarrollo de la musculatura necesaria para el lenguaje. No hay que hacer caso a asociaciones de lactancia y retraso en la adquisición del lenguaje, ya que es precisamente lo contrario, tal como recuerda la logopeda Mariana Vas.

Algunas recomendaciones adicionales incluyen:

  • No corregir al niño, ni abochornarlo.
  • Cuando el niño dice algo incorrecto, repetir la frase correctamente. Por ejemplo, si dice "fff... fff... aacalle!", responder "Quieres que vayamos a ver el tren? En la calle, claro, vamos ahora".
  • No usar expresiones incorrectas. Ofrecer siempre un lenguaje correcto. Si él dice guauguau, tú dices perro.
  • Alargar sus expresiones. Si él dice agua, tú dices vaso de agua.
  • Mirarle a los ojos y procurar hablarle a su altura.
  • Intentar dejar de "hacer cosas" cuando él quiere hablarte. Es el mejor refuerzo.

El desarrollo del lenguaje se favorece con el desarrollo psicomotor, ya que hay más interacción con el entorno. Primeras palabras con significado generalizado. Sobre los 18 meses, inicio de holofrase. Una palabra como mensaje completo. Unión de dos palabras. Oraciones con tres elementos. Aparición de las primeras frases coordinadas. El lenguaje se continúa desarrollando y perfeccionando hasta los 7 -8 años donde los niños tienen un completo dominio del mismo.

Señales de Alarma en el Desarrollo del Lenguaje

Aunque la mayoría de los niños sigue una evolución natural, es importante prestar atención a determinadas señales. Te contamos algunas señales de alarma que debes tener en cuenta:

Aquí tienes un resumen de los signos de alarma para cada etapa de desarrollo del lenguaje, desde los 6 meses hasta los 5 años:

Edad Signos de Alarma
6 a 12 meses
  • Ausencia de respuesta a estímulos verbales familiares.
  • Falta de balbuceo y emisión de sonidos variados.
  • Poca atención dirigida hacia las personas.
  • Escaso interés en juegos interactivos.
  • No muestra anticipación ante acciones predecibles.
12 a 18 meses
  • No utiliza gestos para comunicarse.
  • Dificultad para reconocer objetos familiares.
  • Incomprensión de instrucciones básicas.
  • Ausencia de gestos sociales como decir "adiós".
  • Dificultad para seguir indicaciones verbales simples.
18 a 24 meses
  • Incapacidad para comprender órdenes sencillas.
  • Conocimiento limitado de palabras sin apoyo visual.
  • Emisión reducida de sonidos consonánticos.
  • Falta de señalización para compartir intereses.
  • Escaso vocabulario expresivo y falta de interés en interacciones sociales.
24 a 30 meses
  • Persistencia en la dificultad para comprender instrucciones sencillas.
  • Ausencia de combinaciones de 2 palabras.
  • Dificultad para expresarse verbalmente.
  • Presencia de ecolalias y falta de variación tonal en el habla.
  • Limitaciones en la comprensión y expresión verbal.
3 a 6 años
  • Habla ininteligible en parte significativa de sus producciones verbales.
  • Escasa producción de frases complejas.
  • Ausencia de uso de adjetivos, pronombres y partículas interrogativas.
  • Dificultad para narrar eventos pasados y futuros.
  • Manifestación de comportamientos agresivos en respuesta a la frustración en la comunicación.

Cómo Actuar Ante Signos de Alarma

Cuando se observan signos de alarma en el desarrollo del lenguaje del niño, como la falta de cumplimiento de hitos lingüísticos para su edad, es crucial no desestimarlos con expresiones como "ya hablará" o "es muy pequeño". Es recomendable acudir a un profesional del lenguaje, como el logopeda, para una evaluación exhaustiva y orientación adecuada.

Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL)

Uno de cada catorce niños en edad escolar padece trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) -también conocido como trastorno específico del lenguaje (TEL)-, según el estudio epidemiológico SCALES, realizado en el Reino Unido. Se trata de una patología poco conocida entre la población y que afecta a la adquisición y el desarrollo del lenguaje de algunos niños, en cuya habla es frecuente que no aparezcan preposiciones, artículos, adverbios o pronombres: por ejemplo, podrían decir «queca roto» en lugar de «la muñeca se ha roto».

Además de la omisión de palabras y problemas con las flexiones verbales, hay otros signos de alerta que pueden hacer sospechar a los adultos de un posible problema. «Alrededor de un 25 % de los niños con TDL son hablantes tardíos, es decir, comienzan a decir las primeras palabras alrededor de los dos años», afirma Llorenç Andreu Barrachina, director de la Jornada sobre Dificultades del Aprendizaje. Otras señales que podemos encontrar son que el niño no preste mucha atención a lo que dicen los demás y que en algunos casos incluso no responda a su nombre, señala Elvira Mendoza, catedrática de Logopedia, doctora en Psicología por la Universidad de Granada y ponente en la Jornada.

Según los especialistas, la primera dificultad con la que se encontrará es que le costará seguir el ritmo de la clase. Y ese es solo uno de los obstáculos en su aprendizaje. Otras dificultades asociadas al TDL son las sociales.

La intervención de los padres es clave para resolver la situación, ya que, según los especialistas, la mejor respuesta es anticiparse a un posible problema. «A edades tempranas como los dos años no podemos afirmar, ni mucho menos diagnosticar, que un niño padece trastorno del desarrollo del lenguaje, sino que solo podremos decir que se trata de un hablante tardío. En muchos casos estos hablantes tardíos evolucionan hacia la normalidad. De hecho, el TDL no se diagnostica hasta aproximadamente los cinco años.

Sin embargo, los expertos coinciden en señalar que debe comenzarse a hacer una intervención logopédica antes incluso de esa edad si se cree que el pequeño puede tener TDL. «En cuanto se tenga alguna sospecha de que el niño no sigue el curso de desarrollo típico del lenguaje se recomienda una intervención, ya que cuanto antes se intervenga, mejor es el pronóstico. Además, en casa pueden ayudar al pequeño estimulando lo máximo que puedan su lenguaje, lo que se traduce en hablarle constantemente, enseñarle nuevas palabras y expresiones y procurar que el niño o la niña cuente con el máximo de experiencias comunicativas posibles.

«El logopeda enseñará a los padres técnicas adecuadas de interacción con su hijo. No hay que considerar el lenguaje como un simple conjunto de sonidos o palabras que se intercambia entre un emisor y el receptor, es mucho más. Es la forma en que podemos expresar emociones, sentimientos, información y a su vez adquirirla. Además, el lenguaje es un instrumento de planificación y organización de nuestros pensamientos, para la toma de decisiones o la realización de acciones.

Estrategias para la Estimulación del Lenguaje

El desarrollo del lenguaje en los primeros años de vida es una de las etapas más fascinantes y fundamentales en el crecimiento de un niño.

  1. Aunque tu bebé no pueda responder con palabras al principio, es importante que hables con él desde el momento en que nace. Los estudios han demostrado que la exposición temprana al lenguaje ayuda a desarrollar las conexiones neuronales que forman la base para el aprendizaje del idioma. Usa frases simples, haz preguntas, y describe lo que estás haciendo. Por ejemplo, «Mamá está preparándote la comida» o «Vas a jugar con tus bloques».
  2. Crea un ambiente rico en lenguaje a través de interacciones diarias que fomenten la comunicación. Lee libros, canta canciones, habla sobre los objetos que veis a su alrededor y descríbele actividades cotidianas. Por ejemplo, cuando salgas de paseo, señala y nombra los objetos que veas, como «Mira el perro» o «Ahí está el sol».
  3. A medida que los bebés comienzan a balbucear y hacer sonidos, es importante que los padres respondan y participen en la conversación. Aunque no entiendas completamente lo que están diciendo, responder a sus intentos de comunicación es fundamental. Si tu bebé hace un sonido, puedes responder imitando ese sonido o agregando palabras, como «¡Ah, veo que te gusta esa pelota!
  4. La lectura temprana es una de las mejores maneras de apoyar el desarrollo del lenguaje. Al leerle a tu bebé, no solo aumentas su exposición al lenguaje, sino que también fomentas su capacidad para comprender historias y asociar palabras con imágenes. Incluso si tu bebé aún no entiende completamente el contenido de los libros, el simple hecho de pasar páginas, señalar imágenes y escuchar las palabras crea una experiencia de aprendizaje positiva.
  5. Los juguetes de estimulación temprana también pueden jugar un papel importante en el desarrollo del lenguaje. Un ejemplo muy popular son los juguetes que tienen diferentes botones con sonidos y palabras.
  6. La imitación es una de las formas más efectivas de aprender. Los niños imitan a los adultos, por lo que es importante modelar el lenguaje correctamente. Anima a tu bebé a imitar sonidos, gestos y palabras. Un juego divertido es imitar animales. Por ejemplo, haz el sonido de una vaca («mu, mu») y anímale a repetirlo.
  7. La comunicación no verbal es otra parte fundamental del desarrollo del lenguaje. Los bebés aprenden rápidamente a utilizar gestos, expresiones faciales y lenguaje corporal para comunicarse. El uso de gestos también es una excelente forma de fomentar el lenguaje. Puedes enseñar a tu bebé a decir «adiós» con la mano o usar otras señales que refuercen el significado de las palabras que está aprendiendo.
  8. El desarrollo del lenguaje no es un proceso que ocurra de la noche a la mañana. Cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje. Sé paciente y mantén una actitud positiva, incluso si el progreso es lento. Recuerda que, aunque el desarrollo del lenguaje de tu hijo es fundamental, también lo es su bienestar emocional.

Fomentar el desarrollo del lenguaje en los primeros años es esencial para el éxito académico y social de tu hijo en el futuro. A través de simples acciones cotidianas, como hablar, leer, escuchar y jugar con tu bebé, puedes ayudarle a construir una base sólida para el aprendizaje del lenguaje.

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