La historia de Bobby, Eddy y David es un relato único, una de esas historias que inspiran a los reporteros a soñar con el Pulitzer y a los directores de documentales con éxitos de taquilla y desfiles por la alfombra roja. Sin embargo, clasificarla resulta complejo. Cuando saltó a los periódicos de EEUU en los años 80, se consideró un cuento de hadas: la crónica de unos trillizos separados al nacer que se reencuentran tras casi 20 años por puro azar. Su historia es fascinante e increíble.
Los trillizos Bobby Shafran, Eddy Galland y David Kellman
El Azaroso Reencuentro
¿Eddy, quién es Eddy? Una pregunta parecida a esa debió de hacerse Bobby Shafran cuando en 1980 se trasladó al campus de la Universidad de Sullivan, en Nueva York. Aunque era la primera vez que se paseaba por el centro, todo el mundo parecía conocerlo. Se interesaban por cómo le iban las cosas y le trataban con una confianza que le resultaba incomprensible, con palmadas en la espalda, abrazos e incluso besos.
"Yo estaba nervioso. Nunca había sido popular. Y entonces empecé a caminar buscando mi habitación y mucha gente empezó a acercárseme y a preguntar cómo estaba. Todos eran muy amigables y se desvivían por serlo", recordaría tiempo más tarde Robert: "Estaba un poco desconcertado porque a nadie lo reciben así en su primer día". Aquel misterio empezó a aclararse cuando un joven llamó a su puerta y se presentó como Michael, compañero de habitación y amigo de aquel misterioso Eddy a quien todo el mundo parecía confundir con Robert. Michael tenía buenas razones para hacerle una pregunta tan extraña. Aquel joven recién llegado a Sullivan era calcado, idéntico, a su amigo Eddy.
El parecido era tan asombroso que Robert y Michael acudieron a una cabina, llamaron al tal Eddy y al rato estaban ya en la carretera, conduciendo para encontrarse con él. Cuando al fin se reunieron, Bobby y Eddy, Eddy y Bobby, descubrieron que eran como dos gotas de agua. Idénticos. Coincidía hasta la fecha de su nacimiento, en julio de 1961. Demasiado parecidos para tratarse de una casualidad. "El mundo desapareció y nos quedamos solo él y yo". Contra todo pronóstico, los dos jóvenes, ambos adaptados y hermanos, se habían encontrado en un puro golpe de suerte. Y eso que desconocían la existencia del otro. Ver para creer.
De Gemelos a Trillizos: La Historia se Viraliza
Su historia resultaba tan rocambolesca que no tardó en despertar el interés de los periodistas estadounidenses. Uno de esos artículos, en los que aparecían retratados Eddy y Bobby, risueños y abrazados, acabó llegando a algunos lectores a los que la historia les llamó la atención de forma peculiar. Y no por lo extraña que resultaba o lo estrambótico de que aquellos hermanos se hubiesen reencontrado tantos años después de separarse. Los jóvenes Eddy y Bobby eran idénticos a otro chaval de su misma edad, David Kellman, el tercer protagonista de esta historia. Y cuando hablamos de "idéntico" lo hacemos de nuevo a un nivel que solo se puede explicar por la genética.
Si la historia del reencuentro de dos gemelos que no sabían nada el uno del otro resultaba increíble, la de unos trillizos que se reúnen tras pasar sus infancias ignorando la existencia de sus hermanos era directamente un bombazo. Y así fue. De la noche a la mañana Eddy, Bobby y David se convirtieron en celebridades, el centro de un circo mediático: hicieron un cameo en 'Buscando desesperadamente a Susan', una película de 1985 protagonizada por Madonna, y llegaron a montar su propio negocio: un restaurante que, claro está, bautizaron Triplet´s y acabó triunfando entre los turistas deseosos de conocerlos. Su historia era digna de Hollywood, desde luego.
Aparte de la separación y reencuentro, los trillizos descubrieron que compartían mucho más que su aspecto: les gustaban los cigarrillos Marlboro, la lucha libre y el mismo tipo de chicas. Dos de ellos incluso habían afrontado el mismo problema de visión durante la infancia. "Todo era nuevo, todo era celebración. Pero… ¿Cómo es posible? Por grande que fuera la alegría del reencuentro, las celebraciones y la diversión, había una pregunta incómoda en la historia de Bobby, Eddy y David. Sobre todo para ellos y los matrimonios que los habían adoptado en los años 60: ¿Cómo era posible que se hubiese separado a aquellos tres hermanos al nacer?
La explicación de Louise Wise, la agencia que se había encargado de los trámites en su día, fue sencilla: había separó a los bebés por una cuestión práctica, para facilitar la adopción. Tras aquella historia de hadas, reencuentros y reuniones fraternales había sin embargo otra crónica, mucho más oscura y macabra. Si hoy la conocemos es en gran medida gracias al reportero Lawrence Wright, quien publicó un artículo en The New Yorker en el que arrojaba luz sobre lo que realmente le había pasado a los trillizos: la suya no era una historia de reencuentros emocionantes, o esa no era al menos toda la verdad.
El Experimento Secreto y sus Consecuencias
El documental dirigido por Tim Wardle explora la historia real de los trillizos que fueron separados al nacer el 12 de julio de 1961 y adoptados por distintas familias. Detrás había un supuesto experimento científico llevado a cabo por el Dr. Neubauer para evaluar el comportamiento de los niños para discernir hasta qué punto influye la educación y la genética.
"Parecía cosa de nazis". La frase es de Bobby y resume sus sentimientos al enterarse del experimento que había protagonizado sin ser consciente junto a sus dos hermanos. El objetivo de Neubauer era esclarecer hasta qué punto influye en nuestras vidas la genética y hasta qué punto la crianza, así que decidió realizar un experimento descabellado: separar gemelos y trillizos cuando eran pequeños para darlos en adopción a hogares en los que afrontarían educaciones y circunstancias distintas. Luego su equipo se encargaba de hacer un seguimiento de cada uno de aquellos "conejillos de indias" involuntarios.
El caso de Bobby, Eddy y David parecía preparado al dedillo. La agencia los entregó en adopción a tres hogares de diferente extracción social: uno de clase obrera, otro de clase media y un tercero acomodado. Cuando los investigadores acudían a sus domicilios a realizarles entrevistas lo hacían bajo el pretexto de que solo buscaban controlar el progreso de los niños. Pura formalidad. Nada más. "Nos llamaban 'sujetos'. Somos víctimas. Hay una gran diferencia. Ahora no queremos sonar como personas heridas y como adultos tenemos familias, hijos y somos relativamente normales; pero nos trataron como ratas de laboratorio".
El Dr. Peter B. Neubauer, cerebro detrás del controversial experimento.
Tabla resumen del experimento:
| Participantes | Fecha de Nacimiento | Agencia de Adopción | Investigador Principal | Objetivo del Experimento |
|---|---|---|---|---|
| Bobby Shafran, Eddy Galland, David Kellman | 12 de julio de 1961 | Louise Wise Services | Dr. Peter B. Neubauer | Determinar la influencia de la genética vs. la crianza en el desarrollo de la personalidad |
Un Final Trágico
Con el paso de los años los hermanos emprendieron sus propios caminos. Se casaron y se distanciaron. El mayor mazazo llegó sin embargo en 1995, cuando uno de ellos, Eddy Galland, se suicidó tras luchar contra una enfermedad mental. 'Tres extraños idénticos' lleva a la pantalla la historia de estos hermanos separados al nacer en el cruel nombre de la ciencia pero lo hace sin Eddy. Se suicidó hace unos años dejando entrever que el reencuentro con sus hermanos no pudo esconder un experimento que les dejó marcados de por vida.
"No sé por qué decidieron hacer esto, no puedo verlo como algo humano. No podéis jugar con las vidas humanas. Teníamos que estar juntos y nos separaron por motivos científicos", confiesa Bobby. A su cabreo contribuyen una serie de circunstancias: Neubauer falleció en 2008 y buena parte de su investigación acabó en la Universidad de Yale, donde permanecerá cerrada hasta 2065.
"Se recopilaron los datos, pero los resultados nunca se publicaron y estamos llegando a un punto en el que estamos bastante seguros de que nunca se hizo nada con eso", lamenta Bobby, que acabó ejerciendo de abogado en Brooklyn, en declaraciones a Los Angeles Times: "Entonces… ¿Qué sentido tenía todo esto, verdad?
En 2018, después de ver la cinta, Michele Mordkoff logró identificar a través de Ancestry.com a una mujer que resultó ser su hermana gemela, Allison Kanter, de cuya existencia no tenía constancia hasta ese momento. Dos gemelos a los que el tiempo ha restado parecido y que se criaron, adoptados, en distintas familias, nos cuentan a cámara cómo se encontraron y qué sintieron. Pero no fueron dos, eran tres: tres muchachos iguales, criados en entornos muy diferentes, a los que su mutuo hallazgo les cambió la vida.
Wardle ha logrado que nos pongamos en la piel de sus protagonistas al transmitir esa mezcla de euforia y extrañeza que experimentaron al dar con sus iguales, no una vez sino dos, pero también ha realizado un virtuoso ejercicio de dosificación de la información al adentrarse en los numerosos giros inesperados de ese relato que es su vida. Lo que parecía una historia con final feliz sobre el reencuentro de tres hermanos separados acaba siendo solo el inicio de otra, que tendrá muchas caras y en la que, como en la mayoría de las vidas en los márgenes de lo extraordinario y del cine, lo oculto y lo no resuelto acaban por explotar en forma de drama o tragedia.
Les gustaban los mismos cigarrillos y los mismos deportes, tenían en común gestos e incluso palabras, pero no formas de ser, maneras de vivir. En lo que no se parecían era en lo más íntimo y también en su educación, de modo que el documental termina haciendo partícipe al espectador del dilema eterno, puede que irresoluble, sobre lo que más nos define: sangre o circunstancias. Y sobre hasta qué punto una y otras nos dejan espacio para ser libres o no.
