Cuando muchas personas piensan en Carmen Lomana, visualizan al personaje mediático que supone la socialité desde que apareciera, hace 17 años, en los informativos de Telecinco. Pero más allá de su inspirador vestidor o de sus acertados estilismos en sus apariciones públicas, la influencer atesora una romántica, a la par que triste, historia de amor que finalizó con la abrupta muerte de su marido en un accidente de tráfico.
Carmen Lomana y Guillermo Capdevila el día de su boda.
Un Matrimonio Idílico y la Frustración de no Poder Ser Padres
De todo esto, de los 23 años de matrimonio que vivió con Guillermo Capdevila, sus problemas para poder ser madre y sobre cómo perdió al amor de su vida, ha hablado Carmen con Vanitatis. En el pódcast de este digital, 'La mala reputación', la empresaria se ha sincerado para narrar uno de los episodios más duros de su vida.
Durante la grabación del programa, Carmen ha explicado cómo la mala praxis de un médico que la operó de urgencia, a causa de un embarazo extrauterino, le provocó problemas de fertilidad. La consecuencia de aquella operación, a la que llegó muy grave debido al crecimiento del óvulo fecundado fuera del útero, hizo que no pudiera tener hijos. "Me operaron a vida o muerte porque me estaba muriendo ya, de hemorragias, de todo. Perdí la criatura y casi pierdo la vida. Y al médico no se le ocurre nada mejor que cortarme la otra trompa también”, narra sobre la operación.
Fue entonces cuando la pareja decidió probar un, entonces, novedoso tratamiento de fertilidad. Trataron de ser padres mediante la fecundación in vitro, aunque tras numerosos intentos y desilusiones, había optado por dejar a un lado la idea de ser madre sin por ello perder la felicidad. Un testimonio que la socialité ha querido compartir con el público.
Este duro revés supuso una inesperada unión de la pareja formada por Lomana y Capdevila, en vez de haber sido motivo de distanciamiento entre ellos. "Acepté que no iba a ser madre cuando me hice la quinta fecundación in vitro y perderlo. Cuando paso esto, le dije: 'vamos a separarnos'. Yo no tengo por qué condenarte a ti a que no tengas hijos, porque los dos queríamos tener una familia", cuenta la socialité sobre el momento en que asumió que no sería madre y la reacción que tuvo hacia su marido.
No obstante, el matrimonio consiguió ver el vaso lleno en una circunstancia tan adversa y mantenerse unidos hasta la trágica muerte del ingeniero chileno. "Pensé: 'Tienes un marido maravilloso, estás superenamorada y pues mira, a lo mejor lo vamos a pasar mejor sin tener niños. Y vamos a tener una vida maravillosa, como si fuéramos novios. Yo para él y él para mí'. Y así fue", explica.
Sin embargo, Carmen no ha pasado por alto en su testimonio los momentos más difíciles que vivió en esta etapa tan convulsa para su marido y para ella. Como cuando todo su entorno comenzaba a formar su familia y a tener hijos y ella se encontraba en un momento vital distinto. "Siendo muy joven, estando loca de amor por tu marido, teniendo los dos la idea de tener una familia… Y luego, todas tus amigas en plena producción. Yo iba al parque en San Sebastián y todas estaban con los niños y estaban hablando de los niños y yo decía: 'Qué voy a hacer".
Un testimonio con el que la colaboradora de televisión ha dado buena muestra de su faceta más personal, de lo que hay más allá del personaje y la manera de enfrentarse a la adversidad. Un programa de poco más de una hora en el que, como sucediera con Sonsoles Ónega en el primer episodio, Carmen Lomana ha recorrido parte de la historia de su vida y algunas de sus anécdotas más desconocidas.
Carmen Lomana en una aparición pública.
La Trágica Pérdida de Guillermo Capdevila
Corría el año 1999 cuando Carmen Lomana recibía la peor noticia de su vida: su marido, Guillermo Capdevila, perdía la vida en un accidente de tráfico. Iba en su coche cuando, tras salir de un túnel, chocó contra una placa de hielo que le hizo salir despedido.
"Fue horrible, me desmayé al enterarme", recuerda. La socialité recibió la terrible noticia por teléfono y asegura que sintió un sufrimiento real en el corazón: "El corazón duele". Desde entonces, Lomana no ha vuelto a ser la misma y a día de hoy, asegura que no lo ha superado.
La muerte de su marido fue el mayor trauma de Carmen Lomana, que confiesa que ese dolor le ha hecho aprender mucho. Tras 24 años de relación llegó la tragedia. Acababa de iniciarse el año 99 cuando Guillermo Capdevila, marido de Carmen, sufrió un accidente de tráfico: el coche que conducía se salió de la calzada.
Carmen recuerda lo felices que eran en aquel momento y cómo vivió aquel duro momento: “Cuando le vi, le acaricié, le dije que todo iba a salir bien. Vino el médico y me dijo que estaba muerto, que tenía muerte cerebral”. Carmen revela un testimonio desgarrador en el que confiesa que se desmayó al abrazarle y que en ese momento, se hubiera “ido con él”.
A los pocos días de fallecer Guillermo, cuando ya se había celebrado su funeral, Lomana aseguró que la presencia de su marido apareció en su casa mientras dormía. "Me despertó un ruido enorme y dije 'se ha caído la lámpara del salón'. Abro los ojos, miro la puerta y veo una cosa como magnética, plateada. Era él", afirmó, relatando que la figura se acercó a ella, que estaba en la cama.
"Yo creo que me estaba besando, y los ojos eran como fluorescentes. Era todo pura energía. Era como si hubiera unido toda su energía para despedirse de mí. Por supuesto, yo no le oí hablar, pero sí me transmitió 'qué horror, qué espanto, qué desgracia lo que nos ha pasado'. No os penséis que estaba nada contento. A mí lo que me transmitió fue un dolor, una tristeza, un desgarro por la separación. Yo creo que él todavía no sabía ni lo que le había pasado, el accidente tan bestial que tuvo", afirmó.
"Yo le miraba, notaba como que me estaba besando, y le fui a coger el brazo derecho pero era intangible, no pude. En ese momento, me entró un miedo... Cuando dije 'qué miedo tengo', se fue, desapareció. Pero eso de que desapareció yo no me lo creo, que se quedó en mi casa, se quedó por ahí", agregó.
La Fortaleza de Carmen Lomana
Carmen no necesita levantar la voz para acaparar las miradas. Le basta con una frase para abrirse en canal y demostrarle a España que, detrás de esa pija a la que todos creen conocer, hay una mujer que sufrió por no poder ser madre: "Era mi gran anhelo. Cuando supe que no podría serlo, le pedí a Guillermo que me dejara", cuenta la socialité en Vanitatis.
Todo comenzó en un paseo entre Celorio y Barro, junto a su madre. Fue entonces cuando, con apenas veinte años y la vida por delante, Lomana verbalizó un deseo que parecía irrenunciable: "Si no tengo hijos, me sentiré la mujer más desgraciada del mundo". Aquel augurio acabaría cumpliéndose años después tras un embarazo extrauterino y una operación que derivó en una negligencia médica: le extirparon ambas trompas de Falopio.
"Desde niña sentí una inclinación profunda hacia los niños. Ser madre era mi gran anhelo", repite en la entrevista. Pero Carmen, fiel a su estilo, no se detiene en el drama, sino que lo enmarca con elegancia y contención. Habla sin regodeo, sin lágrimas. "Le pedí a Guillermo que me dejara", cuenta.
Él, Guillermo Capdevila (su gran amor, fallecido en un accidente en 1999), le dio entonces una de las respuestas más hermosas y desarmantes: "No me casé contigo por los hijos. Me casé porque te amo. Y si no los tenemos, seguiremos siendo novios eternos". Y eso fueron: novios eternos, sin hijos, sin rutina, sin resignación.
La maternidad frustrada no solo le dejó un vacío físico. También le impuso una losa emocional que aún pesa. "Es duro que la mujer tenga un sentimiento de culpabilidad por no poder ser madre", dice Lomana con una claridad que desarma. No fue su elección. No fue un renuncia libre.
Carmen aún lleva el anillo de casada. Y no por superstición o nostalgia vacía, sino porque Guillermo sigue ahí, presente, en cada recuerdo, en cada gesto. El hijo que no tuvieron nunca empañó su amor.
Carmen Lomana es un ejemplo de resiliencia y superación, una mujer que ha sabido afrontar las adversidades con elegancia y fortaleza, sin perder nunca su esencia.
