A lo largo de la historia, muchos monarcas han pasado a la posteridad no solo por sus logros políticos y militares, sino también por su vida privada. En la historia de España, la cuestión de los hijos legítimos e ilegítimos ha sido un tema recurrente y de gran importancia en el ámbito de la monarquía.
La condición de hijo natural o de bastardía cercenaba en gran medida la posibilidad de acceder a los derechos hereditarios, mientras que en el entorno oficial, las normas de derecho eclesiástico y civil marginaban por completo al hijo nacido fuera del matrimonio. En el caso de los reyes, era frecuente que tuvieran hijos naturales o bastardos, y en este supuesto la herencia podía ser un trono o, por el contrario, la desaparición de la dinastía.
Un bastardo es aquel hijo que nace fuera del matrimonio de sus progenitores, algo que en el pasado era muy importante pero que en el presente, con las nuevas costumbres sociales que restan peso a esta unión, pierde cierto sentido. Por otro lado, un hijo ilegítimo es aquel a quien su padre biológico no reconoce legalmente. Existen diversos registros que demuestran que los bastardos eran considerados inferiores a los hijos legítimos y, algunas veces, tratados con el mayor rigor.
Antiguamente en Italia, España, Portugal y sobre todo en Francia, no tenía el estado de bastardo nada de deshonroso. Heredaban los bienes de sus padres luego que les habían reconocido, llevaban su nombre y usaban sus armas con la sola diferencia que una banda cortaba diagonalmente su escudo. En Francia, los señores territoriales heredaban de todos los bastardos que morían en sus estados sin haber hecho testamento, lo que se denominaba “derecho de bastardía”.
Los primeros escenarios en los que uno podría pensar que un bastardo suponga un conflicto de intereses son los relacionados con la realeza y la nobleza.
Carlos IV y María Luisa de Parma: ¿Un Linaje en Duda?
El gran problema de la casa de Borbón surge con Carlos IV y su esposa María Cristina de Borbón Parma. El problema se centra en el reinado de Carlos IV, rey que se casó con María Luisa de Parma, Carlos IV es uno de los reyes más incompetentes que ha tenido este país. Su padre Carlos III era consciente de las limitaciones intelectuales de Carlos IV, y no dudaba en decírselo. Duras palabras expresadas para obtener el perdón divino y el descanso de su alma.
Otro ejemplo de la poca capacidad de Carlos IV se produjo en medio de una fiesta que daba en la Corte, el príncipe de Asturias pregunta a su padre, Carlos III “Padre, hay una cosa que no comprendo… Si todos los reyes somos designados por la gracia de Dios ¿Cómo pueden existir malos reyes?
Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana, María Luisa de Borbón Parma. María Luisa de Parma tenía como confesor a fray Juan de Almaráz le dijo: “Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV, y por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España”. Hoy en día sería fácil demostrar sin son legítimos o ilegítimos.
Los restos de Carlos IV y Fernando VII están en el panteón real de los reyes de España en el Escorial, con la prueba del ADN se podría demostrar si después de Carlos IV, los siguiente Borbones son o no son bastardos.
Carlos I y sus Descendientes Ilegítimos
📌Todos Los Hijos Secretos De Juan Carlos I
El emperador Carlos I no podía faltar a la cita. Su llegada a Castilla, en concreto a Valladolid, dio ocasión a que conociera a Germana de Foix, última esposa de su difunto abuelo Fernando el Católico. El emperador debía tener alrededor de 18 años. A esa edad hay necesidades que es vital satisfacer. El resultado del experimento con la viuda de su abuelo fue una niña, cuya existencia fue guardada con celo, para evitar posibles conflictos.
Ya en edad más madura el Emperador mantuvo estrecha relación con Bárbara de Blomberg a resultas de la cual nació D. Juan de Austria. También en este caso se guardó el secreto.
Hijo ilegítimo del emperador Carlos V y Bárbara Blomberg, Don Juan de Austria, nació en el año 1547. Siendo el único hijo bastardo reconocido por Carlos I. Felipe II, su medio hermano, cumplió la voluntad expresa de su padre y lo reconoció como miembro de la familia real, otorgándole el nombre de don Juan de Austria y las rentas apropiadas para un infante, aunque sin aceptar que recibiera el título de “su alteza”.
Su clara vocación por lo militar, le llevó a comandar numerosas y exitosas campañas en toda Europa y llegó a dirigir la flota de la Liga Santa contra los turcos en el año 1570. Fue un personaje con una gran fama por sus grandes cualidades militares, participando en grandes batallas defendiendo los intereses de España.
Tal y como asegura el prestigioso hispanista Geoffrey Parker en Una nueva vida del emperador Carlos V (Editorial Planeta), el monarca sentía una fuerte "inclinación por los placeres sexuales". En El sexo y el emperador I: tres hijas ilegítimas Parker narra cómo varios diplomáticos y un soldado aseguran que el rey pagaba "hasta dos ducados por noche a cualquier mujer" que se acostaba con él. También que "en todos los lugares que visitó dio gusto a su placeres venéreos, tanto con mujeres de clase baja como alta", aunque prefieren no decir que la mayoría eran mujeres muy jóvenes, adolescentes. Otro se atreve a asegurar que "cada vez que el emperador se acostaba con una mujer hermosa no se marchaba hasta haber eyaculado tres veces".
Su primer hija, Margarita, fue fruto de las seis semanas de finales de 1521 en las que Carlos residió en el castillo de Oudenaarde, en los Países Bajos. El monarca mantuvo una relación con Juana van der Gheynst, una de sus criadas, y volvió a España sabiendo que a los pocos meses sería padre por primera vez. Por eso, dejó ya escrito su nombre, Margarita, como su tía, y dio órdenes de enviar a su primer vástago a casa de un cortesano para que esta fuera criada dentro de la nobleza.
Un año más tarde, en 1522, Carlos se encaprichó con Ursolina de Cancellieri de Perugia, de la que al poco tiempo nacería Tadea, a la que también reconoció como su hija y le hizo una señal en la pierna derecha con un objeto punzante para reconocerla. En 1523, nacería la tercera. Tanto Margarita como Tadea se casaron. La primera tuvo dos matrimonios, el primero con Alejandro de Médici, que murió un año después del enlace apuñalado por uno de sus parientes, y después con el nieto del papa Pablo, Octavio Farnesio. Tadea fue "secuestrada" del convento donde se encontraba y obligada a casarse con un noble, que a cambio le pagó 3.000 coronas de oro a Carlos. Tras quedarse viuda se hizo monja y no volvió a ver a su padre. La última, Juana, cayó por un pozo del convento a los 7 años y se ahogó.
En 1526 Carlos se casó con Isabel de Portugal y, como explica Parker en su nueva obra, no se puede asegurar que le fuese fiel aunque no constan hijos ilegítimos durante aquellos años. De su matrimonio nacieron Felipe, María, Fernando, Juana y Juan. "Mientras residió en Ratisbona entre abril y agosto de 1546 para negociar la Dieta y preparar un ataque contra los protestantes alemanes, tuvo un romance con Bárbara Blomberg, una adolescente de la misma edad que su hijo Felipe", rememora Parker. Cuando murió y Felipe heredó fue cuando se enteraron de que tenían otro hermano. Don Juan de Austria había estudiado en Alcalá de Henares con el hijo de su hermana Margarita, la primera hija ilegítima de Carlos.
Germana de Foix y Carlos I: ¿Una Relación Secreta?
Fue principalmente el famoso historiador Manuel Fernández Álvarez el que dio a conocer esta historia. Fernando el Católico murió el 23 de enero de 1516, a los 63 años. Ciertamente, la situación de la reina viuda estuvo, en un principio, rodeada de incertidumbre. Asimismo, Germana comenzó a apuntar que cedería al nuevo monarca todos los supuestos derechos que todavía conservaba sobre el conquistado reino de Navarra, lo que haría finalmente algún tiempo después, en 1518.
El encuentro entre ambos se produjo finalmente en Valladolid en noviembre de 1517 y no pudo tener mejores auspicios. El joven rey trató a su abuelastra de veintinueve años con un gran respeto y la rodeó de atenciones. Su relación se fue haciendo cada vez más estrecha. Pero, ¿se convirtió Germana únicamente en una colaboradora de confianza del nuevo monarca o fue algo más? El cronista Laurent Vital, citado por este autor, indica que se decía que el futuro emperador se había enamorado de “una dama” de la corte. Sin embargo, no nos quedan testimonios más explícitos de la relación entre Germana y Carlos durante estos años.
En 1523, Germana fue nombrada virreina de Valencia y su marido lugarteniente general de este mismo reino. Es a su muerte cuando surgen más pruebas de la existencia de una relación con Carlos V y de que de esta nació una niña de nombre Isabel. En su testamento, lega un collar de 133 perlas gruesas a “Isabel, infanta de Castilla, hija de su Majestad el Emperador, mi señor e hijo”. Este testimonio por sí mismo solo indicaría que Carlos V tendría una hija fuera de su matrimonio con la reina Isabel de Portugal con la que compartiría nombre.
Carlos V tuvo varios hijos fuera del matrimonio cuya existencia es de sobra conocida. Pero se sabe que tuvo más y se ha verificado la existencia de al menos otras dos niñas, Juana, que se crió en el convento de Madrigal de las Altas Torres, y Tadea, que vivió en Roma y que llegó a pedir a Felipe II un reconocimiento oficial de su condición de hija del emperador en 1562.
Pero es una carta del tercer marido de Germana, Fernando de Calabria, a Isabel de Portugal, la que indica que la misma Germana era la madre de dicha niña.
Constantemente vigilados, por muy discretos que fueran, es muy posible que su relación nos hubiera dejado más testimonios escritos que los simples rumores de Vital. Fernando de Calabria la llama “su hija”, pero es muy constante en la edad Moderna que se hiciera referencia a diferentes vínculos familiares sin que estos fueran reales desde el punto de vista sanguíneo. De hecho, la misma Germana llamaba “hijo” al propio Emperador, sin que, por supuesto, lo fuera, haciendo lo mismo con la emperatriz y el resto de los hermanos de Carlos V, por citar solo un ejemplo.
Es lo que plantea el historiador Pere Maria Orts en un texto que acaba de publicar la revista Afers dentro de una publicación especial para conmemorar los 50 años de Nosaltres, els valencians. "Margarida o Isabel. Dos noms per a una mateixa filla il·legítima de l'emperador Carles d'Àustria" es el título (definitorio) del estudio de Orts i Bosch.
Hoy está extendido entre la historiografía que esa Isabel de Castilla a la que la virreina trata de "infanta" -un gesto de afecto y reivindicación, porque infantes solo eran los hijos legítimos- sería el fruto de la relación que la viuda de Fernando el Católico y abuelastra por tanto de Carlos I mantuvo con éste a su llegada a España en 1517 (él tenía 17 años y ella, 29).
Pere Maria Orts da por desvelado el enigma a partir de unos documentos que manejó en 1971 por otros trabajos, pero que aparcó en los cajones.
Felipe IV y su Prolífica Descendencia
A estas alturas, queda claro que lo de las infidelidades y la descendencia ilegítima es algo generalizado en las casas reales. Felipe IV fue uno de los monarcas españoles que más hijos bastardos suma en la lista.
Felipe IV de España es un claro ejemplo de ello. Apodado el Grande o el Rey Planeta, su reinado (1621-1665) fue uno de los más largos y turbulentos, marcado por guerras, crisis económicas y el esplendor del Siglo de Oro. Sin embargo, su legado no solo se encuentra en el campo de batalla o en la política, sino también en su impresionante número de descendientes.
Felipe IV es considerado el monarca español con más hijos documentados, más de 40 entre legítimos e ilegítimos. Su vida amorosa fue tan intensa como su reinado, con dos matrimonios y una infinidad de amantes que dieron lugar a una extensa descendencia. Aunque el número exacto de sus hijos sigue siendo motivo de debate, la historia ha registrado al menos 14 hijos legítimos y entre 15 y 30 bastardos, de los cuales solo dos fueron reconocidos oficialmente.
Su primera esposa fue Isabel de Borbón, con quien tuvo ocho hijos, aunque solo dos llegaron a la edad adulta. Tras la muerte de Isabel en 1644, el rey se casó con su sobrina, Mariana de Austria, con quien tuvo seis hijos, de los cuales solo uno, Carlos II, logró alcanzar la madurez y heredar el trono, aunque su frágil salud y la decadencia del imperio español marcarían su reinado.
Hijos Legítimos de Felipe IV
Con Isabel de Borbón:
- María Margarita (1621) - fallecida al nacer.
- Margarita María (1623) - fallecida al nacer.
- María Eugenia (1625-1627).
- Isabel (1627) - fallecida al nacer.
- Baltasar Carlos (1627-1646) - príncipe heredero, murió antes de llegar al trono.
- María Antonia (1635-1636).
- María Teresa (1638-1683) - futura reina consorte de Francia, esposa de Luis XIV.
Con Mariana de Austria:
- Margarita Teresa (1651-1673) - casada con el emperador Leopoldo I.
- María Ambrosia de la Concepción (1655) - fallecida a los pocos días.
- Felipe Próspero (1657-1661).
- Fernando Tomás Carlos (1658-1659).
- Carlos II (1661-1700) - último rey de la dinastía de los Austrias en España.
- Una hija nacida muerta (1662).
A pesar de estos numerosos descendientes legítimos, las tragedias marcaron la vida de Felipe IV, pues la gran mayoría de sus hijos murieron en la infancia, dejando al frágil y enfermizo Carlos II como su único heredero.
Hijos Ilegítimos de Felipe IV
El otro gran capítulo de la descendencia de Felipe IV se encuentra en sus relaciones extramatrimoniales. Su intensa vida amorosa le llevó a mantener aventuras con muchas mujeres, desde damas de la corte hasta actrices y sirvientas. De estas relaciones se calcula que nacieron entre 15 y 30 hijos bastardos, aunque solo dos fueron reconocidos oficialmente.
Uno de los más famosos fue Juan José de Austria (1629-1679), hijo de la actriz María Inés Calderón. A diferencia de otros hijos ilegítimos, Juan José fue legitimado en vida por el propio rey y llegó a desempeñar un papel clave en la política española, ejerciendo como gobernador en Nápoles y Cataluña, y finalmente como primer ministro de España.
Nace en el año 1629. Fue inscrito en el registro de la parroquia de los Santos Justos como “hijo de la tierra”, que era como se reconocía a los nacidos, que tenían padre desconocido. Debemos saber, que Felipe IV era sifilítico desde los catorce años y que tuvo más de 42 hijos y la gran mayoría fueron bastardos.
Juan José de Austria pasó toda su vida intentando hacerse un hueco en la Corte a través de la política y de las campañas militares, hasta el punto de que en el año 1677 entró a Madrid a la cabeza de 15. 000 hombres.
El gobierno de Juan José de Austria fue corto e inestable y terminó cuando el bastardo murió en extrañas circunstancias, probablemente envenenado.
El otro hijo reconocido, aunque de manera póstuma, fue Fernando Francisco Isidro de Austria (1626-1634), cuya madre fue Ana María Manrique. Murió en la infancia y fue aceptado como hijo del rey después de su fallecimiento.
Otros hijos ilegítimos de Felipe IV:
- Alonso Henríquez de Santo Tomás (1631-1692) - monje dominico y obispo.
- Ana Margarita de Austria (1631-1658) - hija de Margarita del Escala.
- Alonso Antonio de San Martín (1636-1705) - eclesiástico y obispo de Oviedo.
- Carlos Fernando de Austria (1639-1696) - abad en Guadix, Granada.
- Juan Cossío (1640-1701) - religioso.
Se dice que su pasión por las mujeres era tan desbordante que su válido, el conde-duque de Olivares, le proporcionaba amantes cuando la reina estaba embarazada, con el fin de evitar riesgos para la salud de Isabel de Borbón.
Incluso, en sus últimos años, el rey mostró remordimientos por su comportamiento, consultando con confesores y adoptando una postura más religiosa. Sin embargo, el daño estaba hecho. Su obsesión por el placer dejó un legado de hijos ilegítimos y una corte donde la intriga y los favores se movían a través de la descendencia real.
A pesar de haber tenido tantos hijos, el destino quiso que solo Carlos II sobreviviera para heredar el trono, y su frágil estado de salud llevó al declive final de la Casa de Austria en España. Su muerte sin descendencia en 1700 provocó la Guerra de Sucesión Española y marcó el inicio de la dinastía borbónica en el país.
Carlos II: El Hechizado y el Fin de una Dinastía
Carlos II fue hijo tardío de Felipe IV y de una sobrina de éste, convertida con premura en su segunda esposa para concebirlo. Si su padre había tenido doce descendientes legítimos -casi todos muertos en la niñez- y al menos una veintena de ilegítimos, él no pudo engendrar un sucesor. "No fue niño nunca, subió al trono a los tres años y recibió una educación muy deficiente".
Luis Ribot, miembro de la Real Academia de la Historia y Premio Nacional (2003), recorre en el libro la inquietud cortesana ante el previsible fin de la dinastía. "Estaba convencido de que él, un protector de la religión, tenía que estar protegido por Dios y, por tanto, Dios habría de darle un heredero".
Ese hijo que no nació legó, paradójicamente, a su frustrado padre el sobrenombre de 'El Hechizado' y condicionó "mucho", ya en su época, los juicios sobre él. "En sus últimos años se dijo que si no dejaba embarazada a la reina era porque había sido víctima de un hechizo, y se le empezó a exorcizar. Pero todo el mundo en la época creía en los exorcismos y en los hechizos", relativiza el historiador. "Creo que era débil, era feo, pero no anormal físico, ni tampoco intelectualmente. Tenía mala salud, pero una capacidad enorme de recuperación. Y la prueba está en que vive 39 años, que no es poco".
Luis Ribot admite que la consanguineidad, "algo buscado en la época", tuviera un efecto negativo pero rechaza el determinismo. Menciona la falta de dotes de mando. "Un hombre que tiene escasa confianza en sí mismo, indeciso, muy dubitativo". En paralelo, destaca su conciencia moral. "Un creyente, un piadoso, temeroso de Dios".
La madre regente que trata de ejercer el gobierno, dos esposas sucesivas con sus camarillas, una alta nobleza dividida, el ascenso de advenedizos. Distintos actores se mezclan en el libro Carlos II, el final de la España de los Austrias (1665-1700). De fondo, un hilo conductor: la dispersión del poder.
Sobre la primera mitad del reinado de Carlos II gravita además su hermanastro don Juan de Austria, hijo bastardo pero reconocido de Felipe IV y la actriz la Calderona. Luis Ribot lo describe "con una amplia formación, culto, con capacidad política y una enorme ambición", pese a que su origen le vetaba el acceso al trono. Implicado en conjuras, don Juan de Austria recurrió a la guerra de plumas. Textos satíricos, cartas, burlas que se distribuían entre los nobles o se fijaban en las paredes. "Utiliza la opinión como arma política para llegar al poder, nunca se había hecho con esa intensidad". Con apoyo popular y de sectores de la nobleza, consiguió que el rey, en 1677, le llamara a su lado para impulsar reformas. Murió de fiebres palúdicas dos años después, cuando las críticas se habían vuelto contra él.
Este prolijo examen al reinado de Carlos II relata las incertidumbres y amenazas que sentía la España del momento. "Hay decadencia: Felipe II podía oponerse a varios enemigos al tiempo y sin unirse a nadie, y ahora no se puede hacer". Sin refutarlo, Ribot aporta matices a ese declive, que sitúa sobre todo en Castilla. Apunta que el comercio con Indias no decae, se inicia la reforma hacendística, se ponen las bases de la recuperación económica, se acota el poder de la Inquisición.
Con una bibliografía que cita a más de 350 autores, con documentos de archivos españoles y extranjeros, esta monografía ilustra cómo la Monarquía Hispánica todavía jugaba un papel destacado aunque ya antes, en el Tratado de los Pirineos (1659), hubiera perdido la hegemonía ante la Francia de Luis XIV. "Tiene un ejército más poderoso de lo que se pensaba, una hábil política exterior, capacidad de unirse a otros países". De este modo, sostiene el historiador, la España de la decadencia fue, al mismo tiempo, la España de la resistencia, rodeada de potencias que llegaron a firmar tratados de reparto para desmembrar los dominios de Carlos II.
El rey sin hijo, y en algunas etapas poco dedicado a sus tareas, vivió sus últimos días sometido a las presiones exteriores para hacer valer los vínculos de parentesco de distintos aspirantes al trono español. Con la responsabilidad de que su testamento definitivo despejara la incógnita que mantenía en vilo el orden internacional. Lo dictó en octubre de 1700, un mes antes de morir. Relegó "por pragmatismo" las aspiraciones del Imperio de Leopoldo I y transmitió la Corona a Felipe de Anjou, un príncipe de los Borbones franceses que renunció a sus derechos en su país. "Lo que quieren los consejeros de Estado y el rey es que la monarquía se mantenga unida, y ¿quién garantiza eso? Luis XIV tiene 40.000 hombres al otro lado de la frontera, nunca ocultó que si alguien quería quitar los derechos de sus descendientes, los reivindicaría por las armas". Finalmente sería el candidato postergado, el archiduque Carlos de Austria, quien iniciara la Guerra de Sucesión.
"A un rey se le exigían dos cosas. Conseguir un heredero, esto no dependía de uno mismo y Carlos II no lo consiguió. Y mantener íntegros los territorios heredados y transmitirlos", recapitula Luis Ribot. Con algunas variaciones territoriales, el monarca español contuvo al pujante Luis XIV. "El imperio y la monarquía prácticamente en su enorme extensión se mantienen, y esto es un éxito". Carlos II, sin embargo, ha arrastrado una particular leyenda negra que ha subrayado sus limitaciones. El historiador considera que esa visión tan negativa ya "convenía mucho a nuevo la dinastía" y fue alimentada después por la Ilustración y el liberalismo del siglo XIX. Su balance de luces y sombras remite, en definitiva, a la importancia de los monarcas en el Antiguo Régimen. "El rey es la clave de bóveda. Si falta, se hunde todo.
| Monarca | Hijos Legítimos | Hijos Ilegítimos (Estimados) | Hijos Ilegítimos Reconocidos |
|---|---|---|---|
| Carlos I de España (Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico) | 5 | Al menos 3 | 1 (Don Juan de Austria) |
| Felipe IV de España | 14 | 15-30 | 2 |
| Carlos II de España | 0 | 0 | 0 |
