El próximo 15 de octubre se cumplen 100 años del nacimiento del psiquiatra, académico y escritor Carlos Castilla del Pino, quien desarrolló la mayor parte de su trayectoria profesional y vital en Córdoba. Su legado se ha agigantado con los años y la psiquiatría en España, el pensamiento y el humanismo científico no serían los mismos sin su herencia escrita.
Castilla del Pino es uno de los nombres destacados de la medicina y la cultura españolas. Hijo Predilecto de Andalucía, también fue distinguido como Hijo Adoptivo de Córdoba y de Castro del Río, donde falleció a causa de un cáncer en 2009.
Primeros Años y Formación
Carlos Castilla del Pino nació en San Roque (Cádiz) en 1922. Desde su infancia supo que quería dedicarse a la medicina y se inspiró con sus primeras lecturas de Ramón y Cajal facilitadas por quien, en sus palabras, fue su mentor intelectual y moral: Federico Ruiz Castilla.
Se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Madrid en 1946 y se doctoró con la tesis 'Fisiología y Patología de la percepción Óptica del movimiento'. Se formó como interno junto al doctor Juan José López Ibor, con el que se especializó en psiquiatría. Allí conoció el trabajo de Manuel Peraita, que lo reafirmó en su compromiso social, ya marcado por las consecuencias del golpe de Estado y la represión franquista en su entorno familiar. En Madrid se le obstaculizó la posibilidad de conseguir la cátedra y dejó a López Ibor.
Trayectoria Profesional en Córdoba
En 1949 consiguió la plaza en el Dispensario de Psiquiatría e Higiene Mental de Córdoba, donde estaría hasta su jubilación a finales de los ochenta y donde conocería de cerca la realidad de los más pobres y excluidos, para los que la salud mental estaba vetada. Fue fundamental para la implantación de una nueva atención psiquiátrica basada en la atención ambulatoria, sin separar de inicio a los enfermos de su entorno familiar y social.
El "Psiquiatra Rojo"
Conocido como el "psiquiatra rojo" por su profundo compromiso ético con la sociedad y su firme postura antifranquista, militó desde los 60 hasta 1980 en el Partido Comunista para después vincularse al PSOE. En 1996 apoyó a Felipe González, pero firmó un escrito contra la presencia de José Barrionuevo en las listas del PSOE a resultas del GAL. Ni en política ni en medicina quiso estar muy alineado. Por eso denunció que la 'psiquiatrización' de la sociedad en gran parte estaba promovida por la industria farmacéutica.
Teórico conocedor de las corrientes internacionales e investigador de ámbitos como la depresión, la incomunicación, buscó una ciencia de la conducta y puso en primera fila el lenguaje como vía para la interpretación de los pacientes. Más tarde conseguiría ya en democracia, en 1983, la cátedra extraordinaria de psiquiatría y dinámica social de la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba (UCO).
Obra y Legado Literario
La obra de Castilla del Pino ha sido prolífica, desde sus obras puramente científicas hasta ensayos muy leídos como 'La Culpa', 'Teoría de los sentimientos' o 'Cuatro ensayos sobre la mujer'. Escribió sobre la depresión, la incomunicación o el delirio. Además, es autor de dos novelas, 'Una alacena Tapiada' y 'El discurso de Onofre'. Y resumió su vida en la biografía 'Pretérito Imperfecto'.
Entre Pretérito Imperfecto y Casa del Olivo, Tusquets editó Teoría de los sentimientos donde Castilla del Pino pone nombre a los trastornos que el hombre y la mujer padecen a consecuencia de amar, desear, poseer, encelar, traicionar o perder.
Si el yo obsesionó desde sus inicios profesionales a Castilla del Pino, cómo iba a desligarse de él en sus textos memorialísticos. En ambos títulos, del mismo modo que décadas antes había hecho en Discurso de Onofre, hay una materialidad introspectiva, un hurgar en la memoria, en lo bueno y en lo malo, sin mentira alguna, sin dobleces ni omisiones.
Castilla del Pino, primero con Pretérito Imperfecto y pocos años después con Casa del Olivo, corrige esa cicatería tan española del libro de memorias, del género autobiográfico que por pudor o miedo al qué dirán ha tenido tan escasos ejemplos. Es cierto que no todas las vidas valen lo mismo. O mejor dicho: No todas son lo mismo de fascinantes, aleccionadoras o ejemplares. La de Castilla del Pino lo es por muchos motivos, pero por encima de todos por la definición de resistencia, pundonor y ahínco que el psiquiatra puso en pie a lo largo de sus ochenta y seis años de vida.
En aquella España timorata que acababa de estrenar elecciones generales, las ganadas por un tinglado capitaneado por aquel alférez de complemento que parecía resultarnos Adolfo Suárez, el psiquiatra Carlos Castilla del Pino publicó una obra que tituló 'Discurso de Onofre', nombre que destila connotaciones tan entrañables en mi vida. A manera de proclama, el texto partía de una premisa que subrayaba, cual metáfora, que todos somos unos mierdas. Corría el año 1977 cuando, a trazos autobiográficos, el autor nos desveló desde una pretendida ficción, algunos detalles rayanos en su propio existir. Años después publicaría su autobiografía oficial, 'Pretérito imperfecto' -mantenía que todos tenemos una conocida y otra secreta “y una no es menos real que la otra”- en la que enumeraba un pasado personal e histórico, ambos imperfectos, decía, porque cualquier tiempo pasado fue peor.
Casa del Olivo, además, es el nombre del hogar que él abre en Castro del Río, próximo a Córdoba. Todo regresa allí. Pero es en Córdoba donde se desarrolla la trama de sus recuerdos porque fue aquí donde durante treinta y siete años dirige el dispensario de psiquiatría.
Entre esos veintisiete años media su educación en un colegio del terror en Ronda, la vileza de la Guerra civil, sus primeros trabajos en el manicomio que dirigía López Ibor y las primeras certezas morales y éticas que de modo insobornable mantendrá a lo largo de su vida. Casa del Olivo es un libro más jugoso y adictivo porque hallamos en él una España que reconocemos con mayor nitidez que aquella en la que creció. Pretérito Imperfecto comienza hace cien años, en San Roque, y termina en 1949 cuando abre en Córdoba su despacho de psiquiatra.
En la Biblioteca y Archivo de la Casa de la Memoria contamos con algunos ejemplos que dan buena fe de ello. Nos referimos en especial a los dos tomos de sus memorias publicadas por Tusquets en 2005: Pretérito imperfecto: autobiografía (1922-1949) y Casa del Olivo: autobiografía (1949-2003). Recomendamos encarecidamente la lectura de este primer libro de sus memorias, Pretérito imperfecto, pues además de disfrutar de su sobrio pero exquisito dominio de la escritura y los tiempos narrativos, nos sirve de trampolín de la memoria histórica para sumergirnos en el San Roque de los años veinte y treinta del pasado siglo.
El niño y adolescente que era Carlos Castilla del Pino en aquellos años vivió con perplejidad y terror los sucesos posteriores a la sublevación fascista. Su familia, de posición conservadora y perteneciente a una élite acomodada, fue prácticamente la única en san Roque que sufrió represalias, incluidos fusilamientos, tras la intentona fracasada de recuperar la localidad por parte de milicianos procedentes del sector Manilva-Estepona. Pese a estos hechos dramáticos, en las siguientes décadas Carlos Castilla se iría posicionando en planteamientos políticos opuestos a los que por su condición social heredó de su familia y entorno, militando en el Partido Comunista de España hasta 1980.
Su labor como articulista en varios medios fue también prolífica, pero nos queremos centrar hoy en una de sus colaboraciones en la revista Triunfo, publicación que fue fundada en 1946, y que a partir de los años sesenta acabó convirtiéndose en lugar de encuentro y referencia de buena parte de la intelectualidad de la izquierda española.
Tabla Cronológica de Obras Destacadas
| Año | Título | Género |
|---|---|---|
| 1966 | Un estudio de la depresión | Ensayo |
| 1968 | La culpa | Ensayo |
| 1977 | Discurso de Onofre | Novela |
| 2005 | Pretérito Imperfecto: Autobiografía (1922-1949) | Autobiografía |
| 2005 | Casa del Olivo: Autobiografía (1949-2003) | Autobiografía |
Además, Castilla del Pino sobrevivió a cinco de sus siete hijos, muertos todos ellos en circunstancias traumáticas. Reconoció que sus hijos y él se fueron convirtiendo en extraños, que hablar empeoraba las cosas y que, aunque el silencio pesaba mucho, su salvación fue el trabajo.
Reconocimientos y Honores
La obra del psiquiatra andaluz, torrencial, firme, de una solidez abrillantada con el paso del tiempo, le valió numerosos reconocimientos. Fue académico de la lengua e hijo predilecto de Andalucía. La democracia le devolvió lo que la dictadura le robó y así en 1983 obtuvo la cátedra extraordinaria de Psiquiatría y Dinámica Social en la facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba.
Ingresó en la Real Academia Española de la Lengua marzo de 2004, ocupando la silla 'Q', con el discurso titulado 'Reflexión, reflexionar, reflexivo'. Doctor Honoris Causa por tres universidades, San Marcos de Lima, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Cádiz, ganó numerosos premios. Nunca se cansó de dar conferencias y fomentar el intercambio internacional. Y siempre mantuvo su compromiso con la educación, la sociedad, la medicina y el conocimiento.
Lo nominaron hasta cuatro veces a los premios Príncipe de Asturias. Fue incinerado tras celebrarse un funeral civil. En 1998, durante una conferencia sobre José Luis López Aranguren, dejó dicho que “si algo queda de alguien en cada uno de nosotros, su sitio, valga la expresión, es nuestra memoria personal”.
Legado Personal y Familiar
Divorciado y casado más tarde con Celia Fernández, profesora de la Universidad de Córdoba y hoy presidenta de la fundación, tuvo que superar la muerte de 5 de sus 7 hijos.
Castilla del Pino pierde a cuatro de sus hijos. Y pierde todas las oposiciones a cátedra a las que aspira durante el franquismo, mientras ve cómo la ganan los mediocres de aquella España pobre, vil, atrasada, cobarde y resignada.
La Fundación Carlos Castilla del Pino
Su capacidad, conocimiento y personalidad generaron una escuela que tomaría forma en la Fundación Carlos Castilla del Pino, creada en 1993 en Córdoba.
El psiquiatra y secretario de la Fundación Carlos Castilla del Pino, José María Valls, ha explicado en Hoy por Hoy Córdoba que su gran aportación "fue unir situaciones y enfoques que estaban fuera de la psiquiatría: la influencia social en la conducta y el carácter subjetivo de lo que hacemos".
La Fundación Castilla del Pino participará en distintos homenajes a la aportación del psiquiatra.
