Canción de Cuna de Serrat: Un Análisis de Letra y Significado

Si hay una canción en la historia de la música popular española que haya impactado por igual a varias generaciones, esa es, indudablemente, “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat. Era la canción que abría el álbum del mismo título publicado en 1971.

Joan Manuel Serrat en 2010 (Fuente: Wikimedia Commons)

Nacido en Barcelona el 27 de diciembre de 1943, Serrat era en 1971 la máxima figura de la canción en España. Con su alma de marinero, Serrat tejió una letra de amor a todo lo que significa el mar Mediterráneo, tanto para su propia vida -“Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya / Y, amontonado en tu arena, guardo amor, juegos y penas”- como en el influjo cultural con que impregnan sus aguas a todos los países que baña -“Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / Que han vertido en ti, cien pueblos, de Algeciras a Estambul / Para que pintes de azul sus largas noches de invierno / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”-.

El año pasado, cuando se celebraba el cincuentenario del lanzamiento del citado álbum, considerado por la revista Rockdelux, la auténtica “biblia” española del pop-rock, por la calidad del criterio de sus periodistas especializados, Serrat recordaba, en una entrevista con el periodista Jordi Socías, que buena parte de ese disco se escribió en el Hotel Batlle, un pequeño establecimiento costero de la población barcelonesa de Calella de Palafrugell. Aquel hotelito ya no existe: hoy es el “edificio Batlle”, un bloque de apartamentos veraniegos. El cantautor recordaba que su habitación “estaba en la segunda planta”.

“Fui a Calella porque era un lugar precioso, tenía amigos y me lo pasaba muy bien. Las canciones de ‘Mediterráneo’ se gestaron allí porque yo estaba allí”. “Cada mañana me tumbaba a tomar el sol y luego me daba un chapuzón rápido porque el agua estaba fría -le contaba a Socías-.

La canción que hoy nos ocupa, curiosamente, no se compuso ni en Calella de Palafrugell ni en ningún otro rincón de la costa mediterránea, sino, curiosamente, en México, en medio de una larga gira de cinco meses por Hispanoamérica, tal y como su autor explicó en 2014 al periodista Jesús Ruiz Mantilla: “Estaba en México, llevaba semanas en el interior. Soñaba, literalmente con él. Agarré el coche y me fui a un lago, aunque sólo fuera por hacerme a la idea del mar que yo añoraba.

Sin embargo, que nadie piense en un rincón especialmente bucólico. En su entrevista con Socías, que terminaba en la montaña barcelonesa del Tibidabo, señalaba a lo lejos un punto: “Aquello que se ve allí es el castillo de Montjuic. Justo ahí, detrás, donde no se ve, debajo está el cementerio de Montjuic. Ahí debajo, si lo viéramos desde la otra parte, se vería toda la montaña sembrada de tumbas y nichos. Es como un cementerio de la Almudena en pendiente. Ahí enterramos a mi abuela y a mi padre, cuando yo era un niño. Fue en un nicho familiar. Cuando escribí ‘Mediterráneo’ pensaba en ese nicho. Desde él se ve la playa y el cielo. ¿Lo ves? No había intención poética.

Este impresionante canto al Mediterráneo, acompañado por una de las melodías más logradas de su producción musical, tuvo su continuación, a modo de epílogo, unos trece años después, cuando en 1984 publicó “Fa vint anys que tinc vint anys”, un álbum en el que se incluía “Plany al mar” (“Lamento por el mar”), de la que Serrat decía que cuando compuso “Mediterráneo” “aunque por aquel entonces las cosas no pintaban excesivamente bien para el mar, uno no podía sospechar hasta qué punto la soberbia y la incompetencia de la especie humana podría situar a nuestro querido y triste mar. Por eso, cuando ahora escucho esa estrofa que dice que a mí me gustaría que me enterraran entre el cielo y la playa, con vistas al mar, yo, personalmente, mucho me temo, que seamos nosotros los que tengamos que ir a su entierro y, evidentemente, al nuestro también. Por eso he escrito otra canción que es un ‘lamento a este mar’.

Hoy nos acercamos a esta canción de Serrat llamada “Plany al mar” (llanto al mar) también dedicada al Mediterraneo, mucho menos conocida que aquella primera con arreglos de Juan Carlos Calderón que se ha grabado a fuego en nuestra memoria colectiva. Joan Manuel Serrat nace el 27 de Diciembre de 1943 en el barrio obrero de Poble Sec .Su padre, Josep Serrat, fue un anarquista catalán afiliado a CNT y su madre, Ángeles Teresa, ama de casa originaria de Belchite (Zaragoza).

El pequeño Juanito estudió desde los tres hasta los diez años en las escuelas Pías de San Antonio, de los Padres Escolapios. Posteriormente continuó sus estudios en Barcelona hasta los trece años, edad en la que se trasladaba como alumno interno a la Universidad Laboral de Terragona, lugar donde aprende el oficio de mecánico tornero y fresador. En aquella misma época, Radio Barcelona a través de Salvador Escamilla, mantenía el programa “Radioscope”.

Así una mañana de 1964, presenta a un atemorizado Serrat. Aquella actuación logra gran interés y acogida por parte del público. Joan Manuel Serrat es animado a continuar en su recién estrenada carrera. El primer grupo promotor de la Nova Cançó fue (Los dieciséis jueces) que, como su nombre indica, fijaba un máximo de dieciséis cantantes en lengua catalana, Joan Manuel ocupó el puesto número trece de este grupo.

En enero de 1968 los periódicos anunciaron que Joan Manuel Serrat representaría a España en el Festival de Eurovisión que se iba a celebrar en Londres, pensaron que él podía dar una imagen distinta, joven, inconformista, rebelde dentro de un orden. La gira de 1984 queda inmortalizada gracias al elemento humano, (públicos masivos) y el técnico, siete toneladas de material, magnetófonos de 18/24 pistas, micrófonos de ambiente y 18 de sonido directo en cada escenario.

Ya en 2004, estando de gira se rumoreaba de que sufría de algún mal. Sin embargo, ante las consultas de la prensa, Serrat, con gran humor, señalaba “Si el doctor me pide que deje el vino, cambio de doctor”. Y es que ya llevaba, en silencio, un proceso de quimioterapia, para tratar de reducir un carcinoma en la vejiga. En 2005 se hace pública la noticia de la enfermedad. Pero Joan Manuel gana la batalla al cáncer y tras su recuperación emprendió una nueva gira .

Serrat sigue componiendo y cantando, sus últimas giras, acompañado por otros cantantes ( Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos o Sabina). Cantantes españoles y de otros paises han cantado con él y sin él sus canciones , en reconocido homenaje al que muchos consiferan su gran maestro.

“¿Qué por qué sigo cantando? Siempre quise escribir buenas canciones. Quizá porque mi niñez sigue sonando a sus notas. Y escondido tras las cañas de mi primera juventud dejaba ver a rasguños el fondo en rojo que tan pronto y tan inevitable heredé de un padre de extemporánea vocación sindicalista. Llevo la luz y el dolor de aquellas incipientes libertades por dondequiera que vaya. Es mi público homenaje a los que con él pelearon en los sesenta y están hoy en el camino de dejar atrás los setenta para buscar sus, aún más, mejores años. Amontonados me quedan amor, juegos y penas cantadas por extrarradios. De camino a algún concierto, de vuelta de cualquier mitin o repartiendo folletos.

Y, como demostración final de simbiosis con el mar, pide que cuando muera se lance al mar su barca, porque a esta, sin marinero que la posea, solo le queda el mar.

La naturaleza y sus elementos han sido notable fuente de inspiración para compositores de todas las épocas y no ha sido extraño, incluso, en las últimas décadas, que sus sonidos se hayan incorporado a las propias obras. El mar, en concreto, es capaz de provocar miedo y asombro, y maravillar con una belleza que inspira a los más dotados de sensibilidad.

Para empezar, el título de esta canción de Serrat es ya una declaración de intenciones. Sé que en algunos sitios mencionan esta canción simplemente como «canción infantil»…, pero creo que el subtítulo es mucho más evocador. Pero no es (solo) una canción infantil. Es un canto para empezar todos los días como si fueran el primero de nuestra vida, y quién sabe, también el último, pero eso no importa si vivimos siempre intensamente nuestra propia vida, no la de los demás, no dejando que otros la vivan por nosotros.

Además de "Mediterráneo", Serrat tiene otras canciones dedicadas a sus seres queridos. Por ejemplo, "Canción de Cuna para una Paloma de Tres Primaveras" es una nana que refleja la ternura y el amor paternal. Aquí te presentamos algunas otras canciones dedicadas a los hijos, que capturan las emociones profundas de la paternidad:

  1. Zoe Jane - Staind
  2. Niña de Agua - Ana Belén y Víctor Manuel
  3. Índigo - Camilo y Evaluna
  4. Milo - Residente
  5. Palabras para Paula - La Oreja de Van Gogh
  6. Tu Guardián - Juanes
  7. Organdí - Jorge Drexler
  8. Ven a Mí - Andrea Bocelli

Cada una de estas canciones refleja el amor incondicional y la conexión especial entre padres e hijos.

El Impacto de Serrat en la Cultura Catalana y Española

En diciembre se cumplen quince años desde que vivo en un país que no es el mío. Caí en Barcelona por casualidad, porque conocí a una catalana y me quedé a vivir con ella. Pero podría haber conocido a una madrileña o a una andaluza, y entonces no escribiría esto. Porque ahora, quince años después, empiezo a entender a los catalanes y a sus asuntos. No quiero decir que me convencieron (un argentino que cambia de opinión es un uruguayo), pero sí puedo confesar que cuando llegué, en el año 2000, sus afanes de independencia me daban risa.

Así como ahora el Barça es la excusa global para que los extranjeros vislumbren el conflicto catalán, en los tiempos analógicos los argentinos teníamos únicamente a Serrat como ancla de conocimiento geopolítico. Pero como somos narcisos, preferíamos que Serrat nos hablara sobre nuestros traumas, y no sobre el suyo. La primera vez que escuché el idioma catalán fue cuando di vuelta un casete y empezó a sonar una canción que se llama Pare, que quiere decir Padre.

Yo tenía doce años y apreté el botón de stop. Pensé que la cinta patinaba y que la voz de Serrat había empezado a sonar en reversa, como en esos discos de Kiss que, cuando se escuchan marchatrás, nombran a Lucifer. Es raro lo que nos pasa a los argentinos con lo catalán: convivimos con su cultura (porque en el siglo XX llegaron un montón) pero no tenemos clara su huella.

Cuando decimos patedefuá sabemos que viene del francés, cuando decimos laburo entendemos que atrás hubo italianos, pero cuando decimos capicúa no sabemos que eso significa cabeza-y-cola. Ni que el nombre Maricel fue siempre mar-y-cielo. Ni que el modo argentino de decir piyama, cambiando la jota por el yeísmo, también es un legado de ellos.

Es por esto que lo primero que pensé, cuando llegué a Barcelona, es que los catalanes eran esnobs. Que se querían diferenciar, que se sospechaban privilegiados respecto del resto, que lo que tenían no era tirria sobre lo madrileño, sino una obsesión oculta. Tenía la intuición de que su amor por la lengua era sobreprotección. Que cuidaban a su idioma como los padres cuidan a un chico débil que no se puede defender; que no lo dejaban vivir en paz, que no le abrían el portón para que jugara con otras lenguas en la plaza. Que encerraban a su idioma en casa y entornaban las ventanas. Que le tomaban la temperatura cada hora y media, creyendo que se iba a morir si no lo abrazaban fuerte.

Creí, en esos años, que un día se iban a dar cuenta, tarde y sin remedio, que de tanto cuidar la lengua se la habían mordido.

En esas discusiones descubrí que no hay ofensa mejor para enojar a un nativo que llamar dialecto a su idioma, folclore a su hábito y dulce de leche tonto a su crema catalana. Y a mí me encanta meter cizaña y levantar el dedito, incluso sin comprender el problema (un argentino que cierra la boca cuando no entiende es un uruguayo). Y fue entonces que España entera, con Cataluña incluida, me empezó a dar risa y muchas ganas hacerle burla. Hacer burla, en Argentina, se dice sacar la lengua.

Distribución geográfica del catalán (Fuente: Wikimedia Commons)

¿Cómo era posible que una extensión geográfica del tamaño de Buenos Aires se tomara en serio la esquizofrenia de tantos idiomas y culturas? Era como si de repente los nacidos en Mar del Plata quisieran hablar en marplatense, como si los nacidos en Chascomús dejaran de creer en Papá Noel y empezaran a cagar a palos a un tronco en Navidad, como si los de Bahía Blanca pretendieran participar del próximo mundial de fútbol con bandera propia. No tenía sentido.

En medio de todas las risas que me provocaba el conflicto catalán, nació mi hija Nina y empecé a hacer lo posible para que no fuera ni catalana ni española, sino argentina. Tenía en contra el contexto (sus dos abuelos, su madre, el sistema educativo, la programación de TV3), pero me creí fuerte. Puse todos los relojes de mi casa con un retraso de cinco horas, conecté parabólicas para que viera Canal 13 y Telefé por la mañana, le inoculé Charly García y dulce de leche por la tarde, le enseñé que los lunes se podía faltar a la escuela si el domingo jugaba Racing de madrugada. Y ella entendió todo.

Mi hija sabe decir «yo, vos, él, nosotros, ustedes, eyos», sabe decir yuvia, sabe conversar en abstracto y la enloquecen los alfajores triples y la pascualina. Pero cuando llegan los 11 de septiembre se manifiesta en la calle y sabe por qué se manifiesta, y en verano conversa en voz baja con su madre sobre lo que le pasaba a su abuela en los tiempos de Franco. Y sobre todo esto: cuando habla dormida usa su lengua materna.

De repente pasó algo: me dejé de reír. Ya no me burlé. Me empezó a provocar orgullo que mi hija tenga una patria que defender. Porque yo también tengo una, sin importar donde viva. Lo repito ahora y me parece un siglo: en diciembre cumplo quince años en un país que no es el mío. Y no hay un momento del día en que no piense, al menos una vez, qué hora es ahí. Cuando me fui de casa pensé que esta otra casa se llamaba España, pero ahora sé que tiene otro nombre.

No lo supe cuando me lo explicaron. No lo supe cuando me quisieron mostrar mapas. Lo supe cuando empecé a sentir amor por la palabra que la nombra. Ahora me descubro fantaseando con que mi hija, que nació en la Clínica del Pilar -donde nace media Barcelona-, tenga un día el nombre completo de esa patria en el documento de identidad, como yo tengo el nombre completo de la mía. Y aunque nací por casualidad a 340 kilómetros de Uruguay (y me encantaría ser uruguayo, porque son como nosotros pero sin los errores) soy irremediablemente argentino: mis defectos son los míos y quiero vivir con ellos.

Fue mi error creer que la canción Pare, de Serrat, era un casete trabado en el walkman, una cinta del reverso. Y me encanta ese error. Nunca hubiera sospechado, esa tarde de mis doce años, que un día iba a tener una hija de la misma edad y que ella, al nombrarme frente a sus amigas, me llamaría el meu pare.

Joan Manuel Serrat y Candela Tiffón (Fuente: EFE)

Y qué le voy a hacer si yo escuché de niño 'Mediterráneo'. Si se acercó esa canción tantas veces a mi cuna. Si se iba para demostrar adolescentes repudios. Si volvía a aparecer en una cena de lumbre, en un coche a ningún sitio, en un rincón de la casa anestesiando a mi madre. Hoy escucho esa canción añorándome humildades. Reconociendo un esfuerzo poderoso cual marea. Constante e inexplicable, a veces buscando orillas, a veces, como con una mujer, hundiéndote en un mar de dudas.

No quiero pensar en mi mal, ni en ladera que quiero para poder descansar. No sé aún si quiero vistas, formar parte de un camino, alimentar a los pinos o florecer a la vista de los que me echarán de menos. Quiero que me quiera el tiempo. Que me deje disfrutar de este nivel de consciencia. No puedo aspirar a más. Que me otorgue un bien preciado, el don de la supervivencia. Que me deje recorrido, que me dote de una historia. Y que pueda asimilar tanto bueno que nos pasa. Tanta energía que vibra para sujetarnos a todos. Tanta que también sujeta todo nuestro alrededor. Tan abundante y precisa que no se logra entender. Tanto reto, tanta vida que siempre que la recordamos nos gusta que suene a algo. A música celestial en este ambiente mundano.

A mí me suena a Serrat esa parte de mi vida que siento como verdad. Esos cantos de poeta que me pellizcaron por dentro. Esas letras que reviven mis más sentidos recuerdos. Esos himnos que mostraron un más que posible camino a un mundo de libertad. A la personal, a la de otros, a la de la dulce convivencia. A la de aceptarnos todos. A la libertad de ayudar. A la felicidad de la ayuda. Al disfrute de aquellas pequeñas cosas que demasiadas veces arrinconamos en las esquinas buscando dejar un hueco que, a fuerza de no rellenar con las cosas importantes, se convierte en un vacío cercano a lo existencial. Lo microscópico de un hombre

Todos hemos vivido nuestro particular Mediterráneo. Todos hemos conseguido la adaptación de ese vínculo a cualquier mar, pueblo blanco o meseta de Castilla. El amor a tus raíces admite cualquier matiz. Cualquiera menos el que excluye o el que no deja compartir. Serrat cantó sus raíces en palabras andaluzas, levantinas o uruguayas. Sin renunciar a su idioma le puso ritmo a Machado, cadencia a Miguel Hernandez, compás a Rafael Alberti, armonía a Benedetti. Puso melodía al verso para hacerlo inolvidable incluso para aquellos necios que nunca leímos de un libro. Poemas universales que describen hasta el barrio. Que cuentan cómo es el mundo contando lo microscópico que tiene un hombre por dentro.

Por ser un lugar común el alma, por ser escaso el talento, vaya mi reconocimiento a un genio de contar las cosas, de cantar los sentimientos. Las historias de Serrat las hemos vivido todos. Con algún toque de humor si nos jode una pelota. También con algún desprecio hacia los locos que mandan. Con profunda devoción, aun siendo un poco impíos, en lo alto de una escalera y a los pies de cualquier cruz. Admirando al tío Alberto, describiendo nuestro amor por muy platónico que sea. Reconociendo a Lucía el error de abandonarla. Identificando el desconsuelo en Penélopes y Curros. Haciendo del optimismo oficio que gana vidas. Porque hoy es un gran día, pero mañana también. Disfrutemos de la fiesta de darle rienda a los instintos. Vino cuando toque vino y música cuando toquen penas.

Todos somos de Serrat, lo sabe hasta el que no lo sabe. Ese, que relea letras, que documente verdades. Cuando le arrastren los ritmos, vea vibrar la garganta, note la verdad a chorros y le mire esa mirada se hará del Mediterraneo o de donde le dé la gana. Pero se hará de Serrat, de su lírica, de su prosa y de su saber estar. No caben ideologías, no caben nacionalismos, no importan predilecciones, olviden apriorismos. Serrat les gusta o les gusta. O tienen el gusto torcido. Hay casi ya seis décadas para elegir en sus discos. A sociedades diversas muchos versos sobreviven. Muchas canciones que muestran, y mostrarán de por vida, el amor, el día a día, el mirar a quien te rodea, el respeto a los mayores, el cuidado de los niños, lo importante de la aventura, lo infalible de ser libre, lo importante de ser hombre.

Le quedan pocos conciertos, por voluntad propia y aviso, para darle tantas gracias. Quiere despedirse en persona de tanto y tanto discípulo que seguimos sus canciones. Va a cantar las que nos gustan, todas esas que nos unen. Llevaré padres y hermana a reeditar nuestros vínculos, a cantarlos a su cara, a hacerle coros de cariño y pedir que no se vaya. Seguro que aprovecharé para preguntar a mis padres, castellanos de hace siglos, si es verdad, como sospecho, que el nombre de Montserrat, que pusieron a mi hermana, tiene todo que ver con esto.

Así que cuando un artista decide poner su voz al servicio de los que las sufren, siempre merece ser noticia. Mientras el drama humanitario no cesa, hay héroes como Carola Rackete (comandante del barco de la ONG Sea Watch) o los amigos de Open Arms que continúan salvando vidas en el Mediterráneo, desoyendo todo tipo de presiones, amenazas y coacciones. Y a su llegada a tierra, existen entidades como Cruz Roja que realizan su acogida humanitaria y, como tantas otras, luchan por su verdadera integración. «De nada sirve salvarlos del agua si no los salvamos de la falta de humanidad», subraya Julia de Miguel, Directora de Salud Cruz Roja Catalunya.

«Frágiles recuerdos a la deriva desgarran el alma, cala los huesos, el agua lo arrastra sin esperanza», reza esta letra que retrata el drama de los que abandonan sus hogares y se embarcan en una aventura cargada de ilusiones, tantas veces frustrada . LaMari incluyó esta pieza en el disco ‘Con otro aire‘, el primero en el que cogió el timón de Chambao y navegó por sonoridades más étnicas con instrumentos africanos, turcos y portorriqueños. ‘Papeles mojados‘, la pieza más lograda del álbum, la recuperó cuando festejó los 10 años de la banda cantándola con Lila Downs.

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