La historia de la industria del calzado en España está llena de nombres propios que, con esfuerzo y visión, han logrado construir empresas emblemáticas. Uno de estos nombres es Calzados Moya e Hijos SL, una empresa con raíces profundas en la tradición zapatera de Elche. Para comprender la trayectoria de esta empresa, es esencial conocer los orígenes y la evolución de la familia Bernabéu Moya, fundadores de la misma.
Los Orígenes Familiares
Rafael Bernabéu Moya nació en Elche, en el barrio del Raval, el 10 de noviembre de 1930. Su abuelo, Rafael Bernabéu Ferrández, fue el primer empresario de la familia. En el año 1923 fundó una fábrica de alpargatas en la calle Olivereta, junto a su abuela, Manuela Maciá Urbán.
El Comienzo con las Alpargatas
Comenzaron los dos comprando la cuerda para las suelas y las bandas de lona para hacer lo que se llama el corte y que entonces se conocía como “pelotari”. El sistema de fabricación era dar a una cuadrilla los fardos de cuerda con las unidades que tenían que salir y los costureros en sus bancos hacían las suelas. A las mujeres se les daban los rollos de las bandas de lona, para cortarlas y unir la parte del talón con la careta. Los costureros les daban a las mujeres las suelas y las mujeres unían las suelas con la lona, lo que se conocía como el bordo, la unión de la suela con el corte, cosido a mano, borde o cadeneta, porque había dos formas de coser. El borde se hacía por dentro y la cadeneta servía como adorno. Todavía se hace. Era muy fácil y la gente era muy inteligente para fabricar.
Era muy fácil y la gente era muy inteligente para fabricar. Pero aquello no llegaba a fábrica, era más bien una “fabriqueta”, con un matrimonio que había conseguido independizarse. Tuvieron cuatro hijos. Mi abuelo materno, Mariano Moya López, tuvo un horno en el Raval, conocido como el horno del Tío Mariano, luego fue el del Tío Filomeno el de la coca. Recuerdo que tenía un carruaje para repartir el pan.
La Continuidad del Negocio Familiar
Ambrosio Bernabéu Maciá, padre de Rafael Bernabéu Moya, nació en 1904. Su padre murió en 1935 y la viuda y los hijos siguieron con el negocio. La empresa se llamó primero Rafael Bernabéu Ferrández, luego Viuda de Rafael Bernabéu Ferrández y, por último, Sucesores de Rafael Bernabéu.
En 1935 la fábrica la llevaron los hijos, la guerra interrumpió la producción. Mi padre fue teniente en 1937, llegó a ser nombrado capitán en enero de 1939 en el ejército republicano y formó parte del Batallón Elche. Acabó la guerra herido y estuvo 18 meses en la cárcel del Palacio de Altamira. Gracias que fue juzgado en Alicante y que un hermano de mi padre se había pasado al bando vencedor y eso le sirvió a mi padre. Le pidieron pena de muerte y se quedó en seis años. Por buen comportamiento salió en diciembre de 1940 y gracias a don Julio María López Orozco la herida sanó porque pudo quedarse mal del brazo. Don Julio le hizo ser aguador en la cárcel para tener que hacer fuerza con el brazo y así reponerse. Recuerdo que el director de la cárcel, D. Germán, vivía en lo que hoy es la casa de La Festa.
La experiencia de la guerra para mi padre significó el apartarse de la política y apartarme de paso a mí. Me dijo “si quieres ser empresario, no te metas en política”. A mí me han buscado, porque he sido socio de Vicente Quiles unos 40 años y me quiso apuntar. En ocasiones llegué a facilitarle amigos para que estuvieran con él: Ramón Segarra, Rafael Aledo o Carlos Ros.
Fue en 1945 cuando mi padre se hizo cargo de la empresa del abuelo. Allí estaba un sobrino, hijo de la hermana de mi madre, Marcos Sempere Bernabéu -cantor del Misteri-, porque su padre había muerto. La empresa creció y desde el año 1923 pasó por tres emplazamientos: calle Olivereta, Teniente Ruiz y Salazar Alonso. Siempre alpargatas, con trabajo a domicilio hasta que en 1948 se convierte en fábrica en un solar de 350 metros cuadrados, en Mariano Benlliure, esquina con Torres Quevedo, frente a la fábrica de Bonastre, cerca del Cementerio. Allí había ya 30 ó 40 trabajadores, dos naves, metalurgia, máquinas…
Los Primeros Pasos de Rafael Bernabéu Moya
Rafael Bernabéu Moya comenzó a trabajar a los 12 años. Su madre era modista y su padre trabajaba y fui a la Escola dels Conillets. Sería el año 1933. Recuerdo que iba con las dos manos ocupadas, con una sillita y con un orinal. No había retretes ni servicios. De ahí pasé a doña Clara, donde hoy está el Museo. Eso fue cuando tuve cuatro años y en 1935 mis padres me llevaron con don Crispín. Don Crispín hacía el mismo recorrido todos los días: por la calles Mocho, Ángel y Solares. Tenía la escuela en la calle Polit, junto al Salvador. Un hombre muy formal, con bigote, muy bien puesto.
Fui dependiente en la calle Salvador de la ferretería de Gaspar Parreño Quirant, al lado de la droguería Seguí y Martín Brotons. Me pagaron el primer mes cien pesetas en papel y yo más contento que unas pascuas. Se las di a mi abuela y no a mi madre porque era mi abuela quien me daba cinco céntimos para que me comprara cualquier chuchería. Luego terminé en ese sitio ganando 200 ó 250 pesetas, pero trabajando de lunes a sábado incluido. Me permitió conocer todo la maquinaría del sector industrial de Elche, porque allí teníamos la distribución de las botellas de oxígeno. Se vendía con vales y los sábados había que ir a cobrar, lo que me permitió conocer a mucha gente y muchas empresas. Aprendía la diferencia entre grandes empresarios y pequeños o macuteros.
El segundo trabajo fue en la Cooperativa de San Isidro, donde está la Hermandad de Labradores. El gerente de la cooperativa fue Francisco Oliver Quirant. Recorrí todo el campo de Elche en bicicleta. La cooperativa tenía un tractor, cosechadoras, abonos, semilla, pero lo fundamental era la venta de agua, del tercer canal, el cuarto, el quinto y la sexta, del Llano de San José hasta Altabix. Un turno eran tres horas de agua, los nocturnos eran más baratos. Varios se unían para hacer el turno. La venta se hacía en Puente Ortices. La Cooperativa de San Isidro tenía también un puesto en la Lonja. Lo llevaba un tal Antonio. Allí estaban los López, los Piñol… Estaba también la Cooperativa del Campo de Elche, la de Las Bayas. Algunas se fusionaron. Tanto Francisco Oliver como Carlos Antón fueron las dos personas más importantes de la agricultura. Los dos fueron concejales y uno de ellos procurador de Cortes. Conocían muy bien el campo.
Pasé entonces a la empresa Hijos de Mariano Sánchez Rojas, “La Borrera”, frente al Instituto Sixto Marco, en la esquina. Sánchez Rojas se casó con Ángeles Lagier. Allí entré en la oficina, con 17 años, en el año 1946. Ya no tengo que madrugar, ni bicicleta. Ya tenía un oficio desde las nueve de la mañana hasta la una y desde las tres hasta las siete de la tarde. Incluidos los sábados. Excepcionalmente los domingos si había algún trabajo.
La empresa de Sánchez Rojas tendría unos cien trabajadores. Compraba todos los retales de los paños de las industrias de alpargatas. Esa era la materia prima. Se trituraba con máquinas que llevaban unos pinchos que se llamaban diablos. Se quedaba como una borra y de ahí el nombre de la fábrica La Borrera. La materia más blanda se hilaba con unas máquinas llamadas mecheras. El hilo grueso se vendía a Crevillente para hacer alfombra y el fino se utilizaba para lonas que se llamaban lonas regeneradas. No era poco ingenio. Se compraba de donde fuera, ropa militar o lo que fuera. FACASA compraba caucho pero el material habitual era el caucho regenerado. Suelas que se volvían a triturar. En los años cuarenta no había nada y se aprovechaba todo.
En 1953 terminé los estudios de comercio y ya había conocido tanto la agricultura como la industria y el comercio. Hice entonces una reflexión y pensé en la fábrica es de mi padre. Había entonces demanda de zapatillas más que de alpargatas. Es lo que se llamó el “metis”, de piel muy fina de cuero de oveja o de cabra. Pensamos en reestructurar y le dije a mi padre que me veía preparado para comenzar una etapa nueva. Llegamos a un entendimiento e hicimos una separación. Mi padre se quedó una tercera parte del negocio y dos hermanos de mi padre las otras dos partes. Las negociaciones no fueron fáciles porque los relevos familiares son complicados. Siempre he puesto dos cosas encima de la mesa: la voluntad y la generosidad. Me parecen dos fundamentos básicos.
Iniciamos un proyecto innovador. Fue en febrero de 1954 y coincidió con una enorme nevada. Cuando fuimos al banco, estaba todo nevado. Un espectáculo. Pedimos el dinero prestado y yo tenía entonces 23 años cumplidos y la biblioteca de Deusto que me había leído entera. En aquellos momentos los bancos tenían el dinero en los estancos, el lugar donde vendían las letras. Dinero teníamos el que habíamos cobrado el último mes. Una hipoteca de ochenta, de cinco años, un local y para de contar. Pero con mucha ilusión. Pensé en lo que podía pasar en tres meses, en seis y en un año. Primero fui a los proveedores que te dan crédito a 60 días. Lo que se hacía entoces es ocho días vista, giro a 30 días, 45 ó 60. De pasivo teníamos 25.000 pesetas y nada más. Pensé que necesitaba un crédito de circulante de 25.000 pesetas para el muestrario y salir de viaje y otras 50.000 pesetas de riesgo comercial, como se llamaba entonces. Fui a hablar con don Ángel Gisbert, director del Banco de Bilbao un personaje que luego se fue a Alicante.
La HISTORIA del ZAPATO: Desde la Prehistoria Hasta la Moda Actual
El Auge de la Industria del Calzado en Elche
Elche se convirtió en un importante centro de producción de calzado, y varias empresas destacaron en este sector. Los grandes eran Ripoll, los Serrano, los Díez hermanos conocidos como los Matoleta, los Escoba, estos eran los grandes, pequeños había muchos. Ripoll era una empresa líder y modélica porque cubrían todo el proceso. Tenían hilados, tejidos, alpargatas, pisos de goma, regenerado que se llamaba entonces. Tenían hasta peluquería e imprenta. Don Vicente Serrano estaba en la Puerta de Orihuela en lo que ahora es el Casino. Los Matoleta estaban frente al llamado Horno de la Pava, cerca de El Salvador. Estaban también Los Casaquetes, tres hermanos, Serrano de apellido. Con cien o más trabajadores todas ellas. Estaba también la Viuda de Maciá, El Sord. Los Cachufes, El Pato de Valero, Ferrández y García, conocidos como Los Caprotjos. Cuando acabó la guerra, la fábrica de guerra que había en el Raval fue ocupada por los Ferrández y los Serrano.
Hubo empresarios ilicitanos que fueron inteligentes para sortear las dificultades y pusieron almacenes en diferentes ciudades. Los Serrano en Málaga, Los Matoleta en Sevilla, los Valero en Jerez, los Sempere en Barcelona, Paco Orts en Madrid. Los Bonastre hacían el calzado más popular, más barato, de plástico, el que más producía en Elche, unos ocho o diez mil pares todos los días. Los hijos aún siguen. Ahora están en la fábrica que fue de Ferrández y Compañía. Los Ferrández fueron muy importantes y se establecieron en Murcia con Diego y con Rafael el que vivió en la calle Hospital. La fábrica estaba en el palacio de Altamira. Otros muy importantes fueron Miralles Yuste que hacían planchas para plantillas y Manuel Jiménez Torres, fábrica de alpargatas.
Tabla Resumen de la Evolución de la Empresa Familiar
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1923 | Rafael Bernabéu Ferrández funda la fábrica de alpargatas. |
| 1935 | Fallecimiento de Rafael Bernabéu Ferrández; la empresa continúa bajo el nombre de Viuda de Rafael Bernabéu Ferrández. |
| 1945 | Ambrosio Bernabéu Maciá se hace cargo de la empresa. |
| 1948 | La fábrica se traslada a un solar en Mariano Benlliure. |
| 1954 | Rafael Bernabéu Moya inicia un nuevo proyecto empresarial tras separarse de su padre. |
La historia de Calzados Moya e Hijos SL es un testimonio del espíritu emprendedor y la dedicación de una familia a la industria del calzado. Desde sus humildes comienzos con la fabricación de alpargatas hasta su consolidación como una empresa innovadora, han sabido adaptarse a los cambios del mercado y mantener viva la tradición zapatera de Elche.
