Es relativamente frecuente notar un ganglio en el cuello de los niños. De hecho, esos ganglios están por todo el organismo conectados a los vasos linfáticos. A veces se inflaman, haciéndose más evidentes, y entonces hablamos de adenopatías.
Sois muchos de vosotros los que acudís a la consulta preocupados, en ocasiones alarmados, porque le habéis notado uno o varios bultos en el cuello.
¿Qué son los ganglios?
Los ganglios son parte del sistema inmunológico. Ayudan a defendernos de las infecciones. Son de tamaño pequeño (menos de 1 cm), redondeados, blandos y móviles, y no duelen. Están por casi todo el cuerpo, pero se agrupan más en las axilas, inglés y cuello.
¿Qué son las adenopatías?
Son ganglios, pero con cambios. Por ejemplo, pueden aumentar de tamaño, doler cuando se tocan o pegarse a otros órganos, como la piel. A veces, el niño se queja de molestias al mover el cuello, pero otras veces se detecta al tocarlo o verlo.
Causas de los Bultos en el Cuello
La aparición de un bulto o masa en el cuello es un problema médico relativamente frecuente. En la mayor parte de casos, sus causas son benignas, pero en algunos son malignas.
Causas más frecuentes
- Infecciones: Los catarros, otitis, faringitis y algunas lesiones de la piel. Que se inflamen los ganglios del cuello es muy frecuente en la primera infancia. Lo normal es que "se quiten" solos.
- Infecciones específicas: Hay infecciones como el citomegalovirus, la mononucleosis y el toxoplasma en las que es muy típica la inflamación de los ganglios del cuello.
- Otras causas raras: enfermedad por arañazo del gato, tuberculosis, enfermedades inmunológicas, endocrinas, reumatológicas, vasculitis, tumorales (leucemia o linfoma) y algunos fármacos.
Otras posibles causas
El médico internista Luis Cabrero analiza cuáles son las causas más frecuentes que llevan a la aparición de estos bultos en el cuello.
- Causas congénitas: Los bultos de causa congénita habitualmente se observan ya desde el nacimiento, si bien pueden aparecer a cualquier edad. Después de las causas inflamatorias, son el tipo de bulto en el cuello más frecuente en niños. En general se trata de quistes (como bolsas rellenas de líquido) que son siempre benignos. Suelen ser asintomáticos y detectarse por casualidad al notarse un bulto al tocarse el cuello. Sin embargo, en ocasiones, el diagnóstico se realiza tras infectarse el quiste y aumentar de tamaño, apareciendo en este caso un bulto doloroso acompañado de fiebre.
- Quistes de la hendidura branquial (quistes branquiales): Representan el 20% de los bultos en el cuello que aparecen en niños. Suelen notarse al final de la infancia, en general al aumentar de tamaño como consecuencia de su infección. Se localizan por delante del músculo esternocleidomastoideo en la zona más alta o más baja del cuello. Se trata de restos embrionarios que no tienen ninguna relevancia para la salud.
- Quistes del conducto tirogloso: Se presentan como un bulto en la zona media, en la parte anterior y alta del cuello. Suelen diagnosticarse en la infancia aunque un número importante se diagnostican después de los 20 años.
- Anomalías vasculares: Pueden ser tumorales, como el hemangioma, o malformaciones de nacimiento.
- Laringocele: Se trata de una herniación de una zona de la laringe rellena de aire.
- Ránula: Consiste en un quiste relleno de moco como consecuencia de la obstrucción de unas glándulas del suelo de la boca.
- Teratoma, quiste dermoide y quiste tímico.
- Ganglios linfáticos aumentados de tamaño: Una de las causas más frecuentes de bultos en el cuello son los ganglios aumentados de tamaño. Estos ganglios pueden aumentar como consecuencia de procesos inflamatorios, frecuentemente infecciones, o cancerosos.
- Infecciones bacterianas: Pueden producir ganglios locales, que solo aparecen en el cuello, (por infección de zonas cercanas, como anginas, faringitis, flemones dentarios, difteria, enfermedades de la piel) o pueden producir ganglios generalizados, por todo el cuerpo (fiebre tifoidea, brucelosis, tuberculosis, sífilis, enfermedad por arañazo de gato, etc.). En ocasiones, muy raramente, los ganglios pueden supurar y abrirse hacia la piel.
- Infecciones por virus: Pueden ser ganglios por infecciones localizadas en la zona (por adenovirus o rinovirus causantes de catarros) o por infecciones generalizadas, como la infección aguda por el VIH, mononucleosis infecciosa, sarampión, rubeola, etc. Se asocian a fiebre, tos, dolor de garganta u otra sintomatología. Es la causa más frecuente de bultos en el cuello en niños y jóvenes.
- Causas cancerosas: Aunque son más infrecuentes que los bultos de causa inflamatoria, dada su gravedad, son la primera causa que debe ser descartada en personas adultas. Muchas veces no presentan ningún síntoma y son un hallazgo casual por el propio paciente.
- Lipomas: Son tumores benignos del tejido graso de debajo de la piel.
- Cánceres de amígdalas o lengua.
- Cánceres de tiroides: A veces se trata de nódulos benignos de gran crecimiento que no son cancerosos.
- Cánceres de glándulas salivares, fundamentalmente la glándula parótida.
Otras causas de bultos en el cuello
Además de las adenopatías, existen otras causas de bultos en el cuello, tales como:
- Mononucleosis infecciosa: Es conocida por la población general como “la enfermedad del beso”, ya que se transmite por el contacto directo con la saliva de una persona infectada. El agente causal más común es el virus de Epstein-Barr, un microorganismo patógeno de la familia de los herpes. La mononucleosis infecciosa es uno de los desencadenantes del bulto en el cuello, pues este corresponde a la inflamación de los ganglios linfáticos. No existe una terapia específica para tratar esta infección, pues es el propio sistema inmunitario el que tiene que acabar con el virus.
- Nódulos tiroideos: Son bultos sólidos o rellenos de fluido que se forman en la tiroides, una glándula pequeña en forma de mariposa en la parte delantera del cuello. Cuando son visibles, los nódulos se pueden palpar y ver. Además, en algunos casos, son capaces de presionar la tráquea y el esófago, lo que desemboca en síntomas como dificultad para respirar y/o tragar. En caso de que el nódulo en sí curse con una producción hormonal adicional, aparecen signos clínicos típicos de hipertiroidismo.
- Quistes sebáceos: Son protuberancias benignas de crecimiento lento ubicadas debajo de la piel. El cuello es un lugar de aparición común, aunque también pueden aparecer en la espalda, los hombros, el pecho y otras partes del cuerpo. El quiste sebáceo es benigno y no supone ningún riesgo para la salud en la mayoría de los casos.
- Amigdalitis: Es la inflamación de las amígdalas, los ganglios linfáticos que se encuentran en la parte posterior de la boca y en la parte de arriba de la garganta. Al igual que en la mononucleosis infecciosa, la aparición del bulto en el cuello corresponde con la inflamación.
- Nudos musculares: Son contracturas muy frecuentes que pueden ocurrir en el cuello. Desde un punto de vista fisiológico, se trata de puntos localizados en los que existe un aumento del tono muscular, lo que puede llegar a dar al músculo un relieve con forma de bulto. Si bien los nudos no son problemas graves, si están presentes de forma sostenida pueden llegar a ser muy molestos y limitar la calidad de vida.
- Lipomas: También son causas comunes por las que puede aparecer un bulto en el cuello. Un lipoma es una masa de grasa de crecimiento lento que, en la mayoría de los casos, se localiza entre la piel y la capa muscular. Se siente pastoso al tacto, no duele (salvo excepciones) y se desplaza con facilidad al aplicar presión. Los lipomas no son cancerígenos y tampoco suponen un problema para la salud. Por lo tanto, no suelen requerir ningún tratamiento especial.
- Nódulos: El término nódulo se usa para designar a una agrupación de células en el cuerpo. Para que un bulto en el cuello cumpla este criterio, debe ser redondeado, circunscrito y profundo. Puede formarse en la piel, los tendones, los músculos y otras estructuras, incluyendo las cuerdas vocales.
- Bocio: Es el crecimiento irregular de la glándula tiroides. Puede consistir en un agrandamiento general de esta estructura o, en su defecto, ser resultado del desarrollo irregular de algunas de sus partes. La causa más común de bocio en el mundo es la falta de yodo en la dieta, sobre todo en regiones de bajo ingreso.
- Faringitis bacteriana: Es otro cuadro de naturaleza infecciosa que se traduce en un bulto en el cuello por la consiguiente inflamación de los ganglios linfáticos.
- Cáncer de tiroides: Se cita en último lugar el cáncer de tiroides, pues en gran parte de los casos este no es motivo de la aparición de un bulto en el cuello. Tal y como indican fuentes profesionales, se diagnostican cada año 449 000 casos en mujeres y 137 000 en hombres. Solo 1 de cada 20 bultos en el cuello son cancerígenos. De todas formas, merece la pena destacar la importancia del diagnóstico temprano, independientemente de la causa. La presencia de un bulto en el cuello no siempre indica un cuadro de salud preocupante, pero hay que encontrar su causa cuanto antes.
¿Qué debemos tener en cuenta cuando aparecen?
¿Hay algunos que pueden alertar de algo más grave? La Dra. Estefanía Barral Mena, facultativa especialista de Pediatría del Hospital Universitario Infanta Leonor, de Madrid, nos da las claves de todo ello.
Los ganglios habituales en el cuello del niño
Los ganglios forman parte del sistema linfático, que nos defiende de los gérmenes externos, entre otras funciones. Cuando los ganglios se inflaman se hacen más evidentes. En ese caso reciben el nombre de adenopatías, que es uno de los motivos de consulta pediátrica más frecuente. “En la absoluta gran mayoría de los casos son de curso benigno y autolimitado (se resuelven solos), pero cuando se inflaman se debe consultar al pediatra de forma programada para establecer su posible origen”, comenta.
Los ganglios suelen aparecen con más frecuencia en la parte cervical alta, justo bajo el reborde de la mandíbula. Otras localizaciones menos frecuentes, como detalla la Dra. Barral, son detrás de las orejas y en la zona de la nuca. “Si se presentan justo por encima de la clavícula las llamamos supraclaviculares. A estas las consideramos de alto riesgo”.
¿Por qué se inflaman los ganglios?
Ya sabemos que los ganglios forman parte del sistema defensivo del organismo. Cuando se inflaman, lo más habitual es que sea porque hay una infección cercana a esa zona. “Son las defensas de nuestro cupero activándose para defendernos”, comenta la pediatra. Esas infecciones pueden localizarse en distintos puntos: garganta, oído, ojos, boca...
En la mayoría de las ocasiones estas infecciones son debidas a virus, por lo que solo se pauta un tratamiento para aliviar los síntomas y se va observando la evolución.
¿Qué son los ganglios y que debo hacer con los niños cuando se inflaman?
¿Cuándo se necesita atención urgente?
Aunque en la mayoría de los casos los ganglios inflamados no revisten importancia, hay otros en que sí se requiere una atención urgente. “También nos preocupa que las adenopatías se acompañen de sudoración nocturna, pérdida de peso, disminución del apetito, fiebre persistente sin encontrar origen infeccioso o que se queden inflamados periodos de tiempo superior a las dos o tres semanas”, destaca.
¿Ganglios o quistes congénitos?
Algunos bultos en el cuello no son ganglios sino quistes congénitos, es decir, lesiones con las que el niño ha nacido. “Se producen por un desarrollo anormal de la zona del cuello durante el periodo fetal, dentro del útero manero. Esto conlleva que se formen una especie de bolsas con contenido líquido en su interior”, explica la Dra. Estefanía Barral.
El más frecuente es el denominado quiste del conducto tirogloso, que se localiza justo en el centro del cuello, por encima de la glándula tiroides. Hay otros como los quistes en los arcos branquiales, quistes tímicos o quistes dermoides, que pueden acompañarse de agujeros en la piel (fístulas). “Por esta fístulas puede salir el líquido del quiste, lo que nos da una pista clave para pensar en ellos”, asegura.
A veces, aunque el niño nace con el quiste, este es tan pequeño que no se manifiesta hasta meses o años después, “cuando al tratase de un tejido débil o extraño se infectan con una bacteria, poniéndose rojos, grandes y calientes, pudiendo asociar fiebre”, comenta la pediatra.
¿Qué nos debe alarmar?
Hay que ir al pediatra cuando los ganglios son:
- De más de 1 cm o mayores de 0,5 cm en bebés menores de 1 mes.
- De consistencia dura como una piedra y no se pueden mover.
- Cuando crecen muy rápido.
- Con signos inflamatorios: rojos y con dolor.
- Si se acompañan de cansancio, pérdida de peso, palidez, fiebre prolongada, sudoración nocturna.
¿Qué suele hacer el pediatra?
Si la adenopatía solo tiene signos de benignidad y la exploración del niño es normal, se hará manejo conservador (con antiinflamatorios o nada).
Según el tamaño del ganglio se hará distinto manejo:
- Los ganglios de menos de 2 cm suelen ser de causa vírica. Se puede tratar al inicio con ibuprofeno y ver cómo va en unos días. Suelen disminuir de tamaño en menos de 2 semanas. Se suelen quitar en 3-4 semanas. En este caso se dará el alta.
- Los ganglios de más de 2 cm, que duelen y además hay fiebre y no disminuyen con los antinflamatorios, se suelen tratar con ANTIBIÓTICOS.
Si tras tratar con antibiótico, el ganglio sigue sin disminuir o dura más de 2-3 semanas, se solicita un análisis de sangre. Así se descartan algunas causas frecuentes de inflamación de ganglios (mononucleosis). A veces hay que hacer OTRAS PRUEBAS (radiografía de tórax, Mantoux), si se sospecha tuberculosis.
Si el ganglio sigue grande y la piel que lo cubre está roja o con tono morado y duele, indica una posible CELULITIS (infección del tejido cerca del ganglio). Si el bulto comienza a ponerse blando (lo que hace pensar en un ABSCESO), debe ser visto por un cirujano y drenarlo si procede.
Si la causa de la adenopatía son micobacterias atípicas se debe extirpar con cirugía.
Lo que más preocupa es que sea una enfermedad maligna. Se suele sospecha desde el principio por los signos de alarma. Y se mandará al hospital para estudio.
¿Cuándo consultar al pediatra por adenopatías?
Se recomienda consultar en las siguientes ocasiones:
- Si se asocian con fiebre alta.
- Si los bultos están rojos, calientes y son dolorosos al presionarlos.
- Si son grandes (más de 2 cm. de diámetro).
- Si siguen creciendo de tamaño más allá de dos semanas de su inicio, o no empiezan a disminuir de tamaño pasadas 4 semanas.
- Si son muy duros de consistencia.
- Si además de los ganglios agrandados tienen otros síntomas, tales como adelgazamiento, cansancio persistente, palidez, hematomas diversos por el cuerpo o sangrado por encías y nariz, tos seca irritativa o dificultad para respirar, o tiene el abdomen hinchado.
Diagnóstico de los Bultos en el Cuello
El diagnóstico depende de la sospecha clínica. Normalmente se consulta sobre síntomas de resfriados, infecciones de garganta e infecciones dentales. A su vez se pregunta por síntomas de las neoplasias cervicales (como dificultad para hablar o tragar), así como los factores de riesgo de cáncer, especialmente el tabaquismo y el consumo de alcohol.
“Durante la exploración, el médico se centra en los oídos, la nariz y la garganta. Se intenta identificar signos de infección o crecimientos anormales, incluyendo una exploración de la laringe con un espejo o con un tubo flexible fino provisto de una pequeña cámara de vídeo (laringoscopia).
Tratamiento de los Bultos en el Cuello
El tratamiento dependerá de la causa subyacente del bulto.
- Los bultos de causa congénita habitualmente requieren de cirugía. Si estuvieran infectados se debe poner primero tratamiento antibiótico, y operar únicamente cuando la infección hubiera desaparecido.
- Los hemangiomas a veces desaparecen solos, por lo que se suele hacer un seguimiento cercano sin operar. Si crecen mucho se pueden operar con láser.
- Las malformaciones vasculares se operan si producen problemas estéticos, si comprimen estructuras vecinas o si sangran o se infectan.
- Los bultos como consecuencia de ganglios inflamatorios se tratan en función de la causa que los produzca. En muchas ocasiones se tratará únicamente del crecimiento de un ganglio en relación con una infección local, una flemón, una faringitis, unas anginas, etc.
Tipos de Bultos en el Cuello y sus Características
Que un bulto en el cuello sea o no doloroso depende en gran medida de la causa que lo produzca. En el caso de las infecciones, los ganglios son blandos y por lo general no son dolorosos a la palpación. Los tumores malignos, por su parte, no son dolorosos o sensibles al tacto y con frecuencia tienen una consistencia pétrea.
| Causa del Bulto | Características | Dolor |
|---|---|---|
| Infecciones | Blandos, móviles | Generalmente no dolorosos |
| Tumores Malignos | Duros, pétreos, fijos | No dolorosos al tacto |
| Quistes | Pueden ser blandos o firmes, dependiendo del contenido | Generalmente no dolorosos, a menos que estén infectados |
La aparición de cualquier bulto en el cuello debe motivar una consulta con el médico excepto si la causa del ganglio es muy obvia, como una infección en un diente o muela, unas anginas, una faringitis, etc.
