Es posible que, al empezar a leer, estés oyendo una fanfarria en tu cabeza. La compuso John Williams en 1978 para la primera película del Hombre de Acero. Tal vez hayas pensado fugazmente “Es un pájaro, es un avión…” como en el musical de Broadway. O te haya bailado en la memoria un trozo de mineral verde que se ha convertido en sinónimo de “Talón de Aquiles” desde su presentación en el show radiofónico.
Tal vez, entre ilusionado y escéptico, aguardes el estreno del blockbuster del verano, luego de quemar las pestañas viendo unos trailers prometedores. O evoques una figura roja y azul que, desde su modesto púlpito de papel, volvió ilimitada tu infancia. No sé qué preciso recuerdo despierta en ti, pero estamos dispuestos a asegurar que no hay nadie a ese lado de la pantalla que no conozca a Superman.
Entre películas, series de televisión, muñecos y cómics hemos aprendido a reconocer la capa roja y la S en el pecho. Nombres como Clark Kent, Lois Lane, Lex Luthor o Daily Planet nos resultan familiares. Por descontado, en una página como esta el grado de exigencia es mayor.
Algunos (no muchos) habrán leído historietas de todas las décadas del personaje y podrán citar al menos diez, veinte, treinta nombres -al margen de sus creadores- relacionados con su devenir. Claro que 75 años de publicación constante, con infinidad de apariciones en cualquier medio reproducible, dan para mucho.
Es el padre de los superhéroes, el género de moda durante, al menos, la próxima hora, el más influyente y, sin duda, el más estudiado y analizado tanto dentro como fuera del medio. Si hay una mitología del Siglo XX, Superman es su Zeus, su Rey Arturo. Su capacidad de fascinación, como su fuerza física, parece inagotable.
En el siguiente artículo hablaremos largo y tendido, en profundidad y sin ningún tipo de prisas, sobre la historia de Superman y su relación con los cómics, un especial construido desde sus cimientos por dos geniales arquitectos como Javier Agrafojo y Enrique Ríos, con el aporte del fondo documental de Zona Negativa recopilado y resumido por el compañero Jordi T. Pardo.
Esperemos este completo artículo, a mayor gloria de El Hombre de Acero, guste a los aficionados del más grande superhéroe de todos los tiempos y, en general, a los aficionados al cómic y al género superheroico. En los próximos días podréis disfrutar de otros especiales en los que trataremos la historia de Superman ligada a otros medios como el cine, la televisión o la animación.
Los Orígenes de un Icono: Siegel y Shuster
En 1933 dos adolescentes residentes en Cleveland (Ohio), el estadounidense Jerry Siegel (1914-1996) y el canadiense Joe Shuster (1914-1992), compartían su afición por el cómic, el cine de aventuras y la naciente industria del pulp, donde se refugiaban nuevos géneros como la Ciencia Ficción, de la que ambos eran apasionados. Con 19 años, decidieron emplear sus energías creando sus propios personajes e historias y publicándolos en un fanzine, llamado, precisamente, Science Fiction.
Una de esas aventuras precoces llevaba el profético título El reinado del Superhombre (The reign of the Superman). Este “Superman” poco tenía que ver con el personaje que su nombre evoca hoy. Se trataba de un villano calvo con poderes telepáticos más parecido a Lex Luthor que al futuro Clark Kent. La experiencia encendió una chispa en la imaginación de ambos jóvenes.
Descartada la idea inicial, reescribieron el personaje para convertirlo en un campeón de los oprimidos. El ágil actor Douglas Fairbanks, popular por sus protagonistas en La marca del Zorro (F. Niblo, 1920), Robin de los Bosques (A. Dwan, 1922) o El ladrón de Bagdad (R. Walsh, 1924), prestó su apostura al nuevo héroe, mientras que su tímido alter ego -la doble personalidad fue incorporada rápidamente- recordaría a Harold Lloyd, por quien Shuster sentía afinidad.
Siegel lo llamó Clark Kent en homenaje a Clark Gable y Kent Taylor, dos de sus intérpretes favoritos. Su colorida indumentaria heroica, a medio camino entre las mallas del circo y los atuendos futuristas vistos en las portadas de las revistas pulp o en las dominicales de Flash Gordon (Alex Raymond, 1934), fue añadiendo y refinando elementos incluso después de su primera aparición pública, con la intención de que fuera lo más llamativa posible.
Aunque en algún momento Siegel se planteó que Clark fuera el hijo del último hombre en la Tierra que viajaba al pasado (nuestro presente), pronto se descartó en favor de referentes mitológicos (Hércules) y, por supuesto, bíblicos (Sansón). Poco a poco, las piezas iban encajando. Gladiador, novela de Philip Wylie aparecida en 1930, sirvió como fuente de inspiración para nutrir a Clark de habilidades sobrehumanas y explicaciones pseudo científicas sobre ellas, así como John Carter de Marte, la creación de Edgar Rice Burroughs (autor también de Tarzan), lo que, a la postre, sugirió su procedencia extraterrestre.
Una vez presentado en sociedad, los estudiosos no tardaron en indicar las similitudes biográficas con Moisés e incluso Jesucristo, interpretando como una metáfora las raíces alienígenas. Este Superman primitivo no era ni un boy scout ni una simpática figura paterna, sino un cruzado feroz contra la injusticia. Siegel y Shuster, ambos judíos, eran hijos de padres inmigrantes y habían sufrido en sus carnes la pobreza y la marginación derivada de la Gran Depresión. Sus textos y sus trazos se alimentaban de la frustración de la vida diaria.
En palabras del escritor Mark Waid, devoto del personaje, “Superman no era sólo una fantasía de poder; quizá era la ficción más pura de América, ya que había surgido de la rabia emocional de dos niños que buscaban un vengador personal”.
Mientras mimaban a su criatura, Siegel y Shuster empezaron a colaborar con la futura DC Comics en 1936, creando personajes como Dr. Occult, Slam Bradley, Federal Men, Spy o Radio Squad para el emergente mercado del comic book. Este formato había nacido para reimprimir tiras de prensa de los personajes más populares (Flash Gordon, Popeye), pero su éxito urgía a la creación de producto original.
Trataron de vender a su superhombre, infructuosamente. Quienes recibían el material, preparado para tiras de prensa, lo juzgaron crudo e inmaduro. En verdad, el estilo de Shuster carecía de toda sofisticación. Nervioso y de línea descuidada, tendente a la caricatura (su modelo era el Wash Tubbs de Roy Crane), tampoco estaba dotado para la iluminación o la perspectiva y mucho menos para el detalle. A su favor diremos que las figuras, aunque toscas, resultan dinámicas.
También acierta a retratar a Superman como un tipo de cuidado, lo que no es poco mérito si tenemos en cuenta que es un forzudo que se pasea por ahí con los calzoncillos por fuera. Tal vez el secreto es que lo mueve como si fuera un acróbata, justificando así su atuendo de circo. La mezcla con la visceralidad de los textos de Siegel da un cóctel explosivo, no apto para todos los paladares.
Entonces, en 1938, por una de esas carambolas del destino, M.C. Gaines, del Mc Clure Syndicate, examina en su despacho la propuesta que le ha pasado el editor Sheldon Mayer, cuando el presidente de DC, Harry Donnenfeld, telefonea preguntando por material no publicado para elaborar una nueva revista. A Donnenfeld le hace gracia el pintoresco personaje de Siegel y Shuster y decide dedicarle la portada. Las tiras son remontadas para encajar en el formato escogido. Superman es vendido por $130.
Action Comics #1: El Nacimiento de una Leyenda
En abril de 1938 (aunque con fecha de portada Junio de 1938), el Action Comics#1 llegó a los kioscos norteamericanos. Hoy día, cuando la ilusión cibernética nos lleva a cuestionar qué es realidad y qué simulacro, es difícil hacerse a la idea del impacto que supuso en 1938 la aparición de Superman.
El lector actual encuentra, además, otro obstáculo a menudo insalvable. Las historias en sí pueden localizarse, pero no hay siquiera un conato de análisis o contextualización que las ponga en valor, de suerte que, aparte de la curiosidad histórica de leer la primera aparición del personaje, o de algunos de sus villanos, como Luthor, se prefiere pasar directamente a los más coloristas años 50. Craso error. No se puede entender lo que significa Superman sin estudiar, al menos, sus tres primeros años. Veamos los motivos.
Desde su primera aparición en Action Comics#1, las letras “Superman” se proyectaban dando volumen al título, tradición que ha llegado intacta hasta nuestros días. La primera página establece los orígenes y habilidades del personaje. ¿Nos lo sabemos, no?
Kal-El -el futuro Superman- es el único superviviente del planeta Krypton, que llega a la Tierra en un cohete enviado por su padre Jor-El, es recogido por Jonathan y Martha Kent, quienes lo llaman Clark y lo crían como hijo suyo en Smalville (Kansas), y, al crecer, desarolla una fuerza inaudita, es capaz de volar y ver a través de los objetos y nada puede dañarlo. Pues no del todo.
El planeta y el científico que lanza el niño al espacio son anónimos. Al llegar a la Tierra es recogido por un motorista que lo deja en un orfanato. No asoman los Kent por lado alguno (su primera aparición data de la reedición revisada de este número publicada en Superman#1; lo veremos). Clark crece atendido por médicos y cuidadores, que se asombran de sus hazañas, como levantar sillones por encima de su cabeza.
En la juventud descubre los poderes que le caracterizarán en esta primera época: saltar grandes edificios, levantar pesos espectaculares, correr mas rápido que un tren expreso y una piel impenetrable, sólo vulnerable a “un proyectil ardiente”, sea lo que sea eso. A continuación, un par de viñetas de cientifismo pulp trataba de justificar estas maravillas con la socorrida comparación con hormigas y saltamontes, extraída de la citada novela de Wylie.
La decisión de usar sus habilidades para el Bien le llega por ciencia infusa (recordemos: no están los Kent). Es curioso como en esta primera página no hay dicotomía entre Clark y Superman (no se dice, por ejemplo, “la fuerza de Superman”, sino “la fuerza de Clark”).
Este primer uniforme, con la S roja inscrita en un triángulo amarillo, capa sin emblema (que aparece y desaparece misteriosamente), mallas muy oscuras, sin las botas rojas -lo que, sorprendentemente, lo emparenta con el diseño para la nueva película Man of Steel (Z. Snyder, 2013)- irá cambiando número a número.
Las botas de Superman se regularizan a partir de Action Comics#5, aunque dudan a veces entre el amarillo y su definitivo color rojo. El símbolo en la capa no se normaliza hasta la intervención de Fred Ray y Jack Burnley, contratados por Shuster como asistentes en 1939 para afrontar la cada vez mayor carga de trabajo.
Tal vez la inspiración en Douglas Fairbanks explique la fisonomía de este primer Superman, de espaldas anchas, torso amplio, cuello de toro, manos grandes, abdomen plano y brazos y piernas proporcionados, sin las exageraciones anatómicas que generaciones de ilustradores endogámicos han originado (la más evidente: la reducción del tamaño de la cabeza en relación al tronco para sugerir mayor envergadura, rémora que inició Wayne Boring a finales de los 40). También el traje parece, en efecto, unas mallas y no pintado sobre la piel.
Clark trabaja como periodista en el Daily Star, futuro Daily Planet, donde conoce a Lois Lane, cronista de sociedad. A estas alturas, el único punto en común entre ellos es este y que ninguno de los dos fuma, a despecho del dominio del vicio en el Hollywood dorado. [Alguna vez parece verse a Clark con una pipa (Action Comics#21), pero en Action Comics#48 desmiente este hábito.]
Lois es una mujer independiente, obstinada, con un ramalazo cruel. “Me paso el día escribiendo historias lacrimógenas. No me hagas escribir otra ahora”, contesta a Clark cuando le pregunta por qué no acepta salir con él. Aparte de otros desprecios, en Action Comics#5 le engaña para cubrir una noticia que le habían asignado a él, poniéndole en apuros. Clark es despedido y, además de tener que rescatarla en circunstancias similares a las vistas en Superman I (R. Donner, 1978), debe luego recuperar su puesto.
El Daily Star pasa a su denominación definitiva durante la ausencia de ambos como corresponsales en Europa (AC#22 y #23), por lo que se entiende que es la misma empresa que, o bien cambia de marca comercial, o bien es absorbida por un conglomerado más poderoso.
Lois suele cargar con el sambenito -merecido casi siempre- de “damisela en peligro”, “reportera metomentodo” o “novia eterna”. Es, sin embargo, una pieza capital de las aventuras del Hombre de Acero, el personaje más importante de la tira después del propio Superman. Y, como también Clark, no siempre se comporta de la misma forma.
Lo primero que debemos señalar es que se trata de una serie de acción; los personajes apenas están esbozados para cumplir con su papel. Por tanto, Lois, pero también Clark, carecen de profundidad psicológica. En un sentido estricto, ni siquiera se les podría llamar personajes, pues no representan a “personas”, sino actitudes éticas o roles profesionales y sociales. Esto es aún más claro en el caso de los oponentes.
En Action Comics#1, el corrupto congresista Barrows aglutina las características asociadas a este “tipo” en períodos de escasez: descarada obesidad, sonrisa satisfecha, trajes caros, ademanes de opulencia como las manos sujetándose las solapas de la chaqueta, etc. En su habla no hay rastros de personalidad, sino de su misión: “La Ley será aprobada antes de que se den cuenta de las implicaciones reales. Antes de que puedan tomar medidas reales para remediarlo, nuestro país estará enfrentado a Europa.” A lo que el compinche responde: “¡Genial!
Si bien Superman es descrito como “un portento físico, una maravilla mental”, en esta primera etapa de la serie las proezas físicas serán, con mucho, más destacadas que las intelectuales. En una época en que ni el cine explotaba apenas este exhibicionismo sobrehumano, Siegel y Shuster se recrean con la mayor rotundidad y esmero posibles: la salvación de una condenada a muerte allanando el domicilio del gobernador supone una carrera de obstáculos y “trampas”, un cuchillo se rompe contra la impenetrable piel de Superman durante la zurra a un maltratador, un coche vuela por los aires mientras el Hombre de Acero se sacude de encima a unos gangsters y libera a Lois, etc.
Los estímulos cinematográficos planean por toda la tira, no sólo en la narración sino en la iconografía. Tras rescatar a la reportera de ese secuestro con intenciones poco claras, la composición imita maneras del género de terror, con Superman inclinándose sombrío sobre Lois, que retrocede y se lleva las manos a la cara con gesto estupefacto. Repárese en el detalle del tirante que se desliza por el hombro.
La presentación del héroe consta de 98 viñetas exactas, incluyendo el anuncio final de que Superman aparecerá cada mes en la revista, una imagen icónica del Hombre de Acero rompiendo unas cadenas que será versionada hasta la saciedad, de Neal Adams a Jim Lee.
La Evolución del Traje de Superman
El traje de Superman ha experimentado numerosas modificaciones a lo largo de los años. La siguiente tabla muestra una evolución del traje desde sus inicios hasta la actualidad.
| Año | Características del Traje | Imagen |
|---|---|---|
| 1938 | S roja en un triángulo amarillo, capa sin emblema, mallas oscuras sin botas rojas. | |
| 1940s | Botas rojas regularizadas, símbolo en la capa normalizado. | |
| Actualidad | Diseños modernos con variaciones en el símbolo y la textura. |
