¿El bebé se acostumbra a los brazos? Información esencial para mamás

Es una de las grandes preguntas que sobrevuelan la maternidad y la paternidad desde el primer día: ¿mi bebé se está acostumbrando a los brazos? Te contamos lo que la ciencia, la experiencia y el sentido común dicen sobre este tema.

La necesidad innata de contacto

Detrás del deseo constante de un bebé de estar en brazos hay un código genético ancestral. No es un comportamiento aprendido ni manipulación emocional: es supervivencia pura y dura. Durante milenios, el contacto físico ha sido el mayor escudo de protección para los recién nacidos.

El piel con piel no es solo para el postparto inmediato. Es una herramienta que sigue siendo útil durante semanas, incluso meses. Cuando un bebé se calma en brazos, no solo deja de llorar: está aprendiendo que el mundo es un lugar seguro.

Evolución de la necesidad de consuelo

A lo largo del primer año, la forma en que un bebé busca consuelo y cercanía va evolucionando. En esta etapa, los brazos son casi una prolongación del útero. El bebé ha estado durante 9 meses escuchando la voz de mamá, el latido de su corazón y hasta su digestión. No hay sobreestimulación posible aquí.

Aunque ya levantan la cabecita y quieren ver el mundo, siguen necesitando la base segura que proporcionan los brazos. Aparece la ansiedad por separación.

Mitos sobre malcriar

¿Coger a un bebé en brazos es malcriar? Este mito ha hecho más daño que los cólicos. Dar brazos no malcría: educa en el afecto y la empatía. El problema no es dar brazos, sino negar la necesidad emocional del bebé en nombre de una independencia que aún no toca.

Las neuronas del bebé necesitan estímulos afectivos tanto como nutrientes. No todos los bebés piden brazos de la misma forma. Algunos lo hacen con llanto, otros con movimientos inquietos o alteraciones del sueño.

Señales de que tu bebé necesita más contacto

  • Llanto frecuente y falta de consuelo.
  • Sueño interrumpido y despertares nocturnos.

El sueño infantil no es lineal. Durante los despertares, buscan la seguridad que da el contacto. Todo en la crianza es equilibrio, y el contacto físico no es la excepción.

Herramientas y alternativas

Además de práctico, el porteo ergonómico es una forma segura y saludable de dar contacto. El bebé siente el movimiento, la voz y el olor del cuidador.

Juegos de mirada, canciones, masajes… hay mil formas de construir apego más allá de los brazos.

El rol del padre y otros cuidadores

El apego no es exclusivo de la madre. Los brazos de papá, de la abuela o del cuidador también cuentan.

La Asociación Española de Pediatría, la OMS y otros organismos coinciden: el contacto físico frecuente durante los primeros años favorece un desarrollo sano. La crianza respetuosa no es permisividad, es comprensión. Los niños con vínculos estables suelen ser en el futuro adultos seguros, empáticos y con buena autoestima.

El contacto físico es el primer idioma del amor. En definitiva, los brazos no malcrían, construyen. Y aunque no siempre puedas sostenerle, puedes ofrecerle un entorno que lo haga por ti.

¿Te gustan los abrazos? Experto explica porque el contacto físico libera oxitocina y endorfinas

El tacto, un sentido fundamental

El tacto, uno de los más importantes sentidos del recién nacido, es crucial para su desarrollo. El llanto es el único medio que tiene el bebé para comunicarse contigo, no le ignores. Sea cual sea la causa, tus brazos serán siempre su refugio. Si llora, coge a tu bebé en brazos. Para favorecer ese contacto tan necesario os recomendamos el porteo.

¿Qué hago si mi bebé siempre quiere estar en brazos?

La crianza de un niño despierta inquietudes entre los seres humanos y diversas son las maneras de entender lo que es saludable o no para un niño. Un tema frecuente de preocupación de los padres es si el bebé debe estar en brazos o esto es mal acostumbrarlo o malcriarlo.

Más que dar recetas de cuidado me gustaría transmitir como siente y percibe el recién nacido. Es cierto que los niños son cargados desde tiempos muy antiguos y existen todo tipo de registros de esta costumbre tan humana y de algunos mamíferos. Los motivos por los que se cargan los niños pueden variar, pero la necesidad de un bebé de ser sostenido física y emocionalmente permanece inmutable.

Poco aporta un fular o mochila de cargar un bebé sin una madre capaz de anticiparse a las necesidades del niño, identificarse con él, “pensar en él y por él”1. Puede llevarlo pegado todo el día sin que ello contribuya a incrementar sus sensaciones de sostén emocional, existencia y seguridad. Por lo tanto hablamos de algo más allá de cargar o sujetar un bebé, hablamos del modo de conexión emocional entre esa mamá y el bebé al estar en brazos.

La mamá debe intentar adivinar que es lo que a ese bebé le puede estar pasando: ¿Será que siente frío?, ¿Será que tiene hambre?, ¿Está incómodo? Tendrá que empezar a decodificar sus señales y tipos de llanto. La madre podrá desarrollar esta capacidad empática de entender las necesidades del niño gracias a la sensibilidad y observación en el contacto temprano, continuo y prolongado con su bebé.

Pero el bebé no sólo tiene necesidades corporales, sino también abrumadoras necesidades afectivas. Ser cogido en brazos no es un capricho es una necesidad. Los brazos son fundamentales y no generan dependencia. El contacto físico entre la mamá y el bebé es un modo de intercambio, un lenguaje que permite conocerse y descubrirse. Un bebé que ha tenido suficiente tiempo de brazos llegado su momento tendrá que crecer y descubrir el mundo sin brazos que lo retengan. Irá de la mano, luego irá sólo paso a paso por su camino sabiéndose acompañado y sostenido. Los abrazos no tenidos serán buscados durante toda la vida.

Durante el embarazo el bebé se encuentra sostenido en un entorno envolvente en el vientre de su mamá que actúa como una gran barrera ante los estímulos ante la luz y los sonidos, el espacio reducido lo mantiene sostenido, el ritmo de su mamá lo acuna. El nacimiento representa una variación radical, se vivencia un cambio en la fuerza de la gravedad que junto con otras modificaciones, conforman un conjunto de factores amenazantes de la integridad del niño.

La restitución temprana del contacto con el sostén del cuerpo disminuye las consecuencias de discontinuidad producida por los grandes cambios que acontecen al nacer, permitiéndole al niño la continuidad de contactos, con el efecto contenedor que esto tiene. Ya no es posible una vuelta a la vida orgánica de su madre pero sí a la vida corporal en conexión íntima a través del contacto piel a piel y la transmisión de la leche que, a través de su pecho, la madre le brinda. Es con ella, con quién el bebé experimenta una relación cálida, íntima y continua, que proporciona satisfacción y goce a ambos.

La contención y sostén emocional de una madre atenta a decodificar sus necesidades básicas de cuidado y amor serán el reservorio de su vida futura. Estas primeras experiencias de satisfacción y contención fundarán la autoestima y la sensación de no estar sólo en un mundo desconocido.

"Mi bebé solo quiere brazos": ¿Es normal?

Te preparas el café, dejas a tu bebé dormido en la cuna o en una superficie segura con el máximo cuidado y, en cuanto lo colocas en su horizontalidad… ¡Alarma! Se despierta llorando como si hubiera detectado un peligro mortal. Lo coges, y se calma al instante.

Seguro que has escuchado frases como: «Te ha tomado la medida», «Tiene mamitis» o «Déjalo llorar para que ensanche los pulmones».

En Kangurearte queremos que respires tranquila: Tu bebé no te está manipulando. Tu bebé está sobreviviendo.

A diferencia de otros mamíferos (como un potro que camina a los minutos de nacer), el ser humano nace en un estado de inmadurez extrema.

Antropólogos y biólogos hablan de la Exterogestación o «gestación exterior». Debido al gran tamaño de nuestro cerebro, nacemos antes de tiempo para poder atravesar el canal de parto. Según la antropóloga Wenda Trevathan, para nacer con el mismo grado de desarrollo que un chimpancé, ¡el embarazo humano debería durar 18 -21 meses!

Esto significa que los primeros 9 meses de vida fuera del útero, tu bebé necesita un «útero externo» para terminar de desarrollarse. ¿Crees que cogerlo mucho lo malcría? La ciencia dice justo lo contrario: cogerlo lo calma y lo organiza.

Un estudio clásico y fundamental publicado en la revista Pediatrics por Hunziker y Barr demostró el poder del contacto. Compararon dos grupos de bebés:

  • Grupo 1: Recibían los cuidados estándar.
  • Grupo 2: Eran porteados/llevados en brazos un promedio de 3 horas al día (independientemente de si lloraban o no).

📊 El resultado fue impactante: Los bebés del Grupo 2 lloraron un 43% menos en general, y un 51% menos durante las horas críticas de la tarde-noche (la famosa hora bruja).

Conclusión científica: El contacto físico no crea dependencia; crea regulación.

Tu bebé tiene un cerebro primitivo (reptiliano) que se rige por instintos. Para un bebé de la edad de piedra, quedarse solo en el suelo significaba ser devorado por un depredador.

  • Separación = Peligro: Cuando dejas a tu bebé solo, su cerebro activa la alerta de supervivencia. Se disparan los niveles de cortisol (hormona del estrés). El llanto es su alarma SOS para que vuelvas.
  • Contacto = Seguridad: Al sentir tu piel, tu olor y tu latido, su cerebro libera oxitocina y opioides endógenos.

La psicología del desarrollo (Bowlby, Ainsworth) nos ha enseñado sobre el Apego Seguro. Paradójicamente, para que un niño sea independiente y seguro en el futuro, necesita haber sido muy dependiente al principio.

Un bebé cuyas necesidades de contacto son atendidas rápidamente aprende que el mundo es un lugar seguro y que él es digno de ser amado. Esa confianza es la base de su futura autonomía.

Entendemos la teoría: «tu bebé necesita brazos». Pero la realidad es que tú necesitas ducharte, comer, atender a otros hijos o simplemente descansar.

Aquí es donde el Porteo Ergonómico se convierte en la herramienta estrella. la próxima vez que alguien te diga «déjalo en la cuna que se acostumbra», recuerda: se está acostumbrando al amor, a la seguridad y a la calma. Y esa es la mejor costumbre que puede adquirir un ser humano.

¿Sientes que tu bebé pide muchos brazos pero te duele la espalda al portearlo?

¿Por qué los bebés prefieren los abrazos de sus padres?

Un equipo de investigadores de diversas universidades japonesas se preguntó si los abrazos maternos y paternos tenían un efecto relajante en los hijos. “Supongo que cada uno tiene su propia manera de abrazar, debido a la fuerza y longitud de los brazos, el peso del bebé, etc. Los bebés se acostumbran a la forma en que sus madres los abrazan, y se sienten incómodos con la forma en la que lo hace una persona extraña.

Asimismo, el equipo descubrió que a los bebés de entre cuatro y doce meses les relaja más sentir un abrazo que sentirse simplemente sujetos. “No hay diferencia entre sostener y abrazar en términos de información visual, olfativa y auditiva. La gran diferencia entre sujetarlos y abrazarlos está en la presión y la posición.

Por último, los investigadores esperaban que un abrazo produjera cambios obvios en el comportamiento de un bebé, consiguiendo que pasara de estar irritado o llorando a estar de buen humor.

Los investigadores confirman que tanto los padres y las madres como los bebés mostraron durante el abrazo un aumento en la variabilidad de frecuencia cardiaca (VFC) en un electrocardiograma. Este intervalo es el tiempo entre cada latido del corazón. "Creemos que el cambio de ritmo cardiaco específico de un abrazo refleja la sensación de relajación del bebé. Los bebés de más de cuatro meses mostraron un aumento mayor de los intervalos de latidos del corazón cuando eran abrazados por sus progenitores que cuando lo hacían desconocidos”, dice Yoshida.

“Los padres y madres también incrementaron la proporción de intervalos de latidos del corazón al abrazar a sus bebés. Los bebés se relajan más cuando el abrazo cuando le abrazan sus padres. Esto no significa que a un bebé de menos de cuatro meses no le guste el abrazo paternal o maternal. Simplemente no saben todavía la respuesta.

El vínculo madre-hijo: Un lazo esencial

El vínculo se inicia durante el embarazo, mientras el feto se forma en el seno materno, y llegará a su desarrollo completo tiempo después del nacimiento. Al nacer, el bebé ya conoce a su madre, mientras ésta le gestaba el feto la ha oído hablar, ha sentido sus emociones, sus inquietudes, y todo ello hace que la madre sea la primera figura de referencia y quién trasmitirá mayor seguridad al recién nacido.

Ya en 1945, René A. Spitz (psicoanalista) realizó una serie de estudios con niños normales que estaban siendo cuidados en instituciones. Todos estos niños habían nacidos sanos, sin embargo, parte de ellos carecían de cuidados maternales y el resto eran atendidos directamente por sus madres.

Spitz comparó el desarrollo de estos niños con aquellos otros que estaban recibiendo esos cuidados maternales, llegando a la conclusión de que los niños carentes de cuidados maternales acusaban un retraso en el desarrollo cognitivo, motor, en el desarrollo del leguaje y en el comportamiento social con respecto a aquellos que habían sido cuidados por sus propias madres.

Desde entonces, son muy conocidos los beneficios físicos del contacto estrecho madre-bebé. Se sabe que, cuando está en brazos, el bebé regula su temperatura, mantiene su ritmo cardíaco, duerme más y mejor y elimina el estrés al sentirse seguro.

La madre es necesaria para la supervivencia del recién nacido, ya que mediante la lactancia recibe alimento y contacto físico. Incluso cuando el recién nacido no es amamantado, el contacto físico es imprescindible; a través del contacto físico se fortalece su desarrollo emocional y psicológico.

Al atender las necesidades del bebé, éste aprende a confiar: confiar en su madre, confiar en sí mismo y, con ello, aprende también a confiar en su entorno.

La forma en la que un bebé se relaciona con su madre definirá el carácter emocional del niño a la hora de relacionarse, contribuyendo a su seguridad, su confianza y su autoestima.

Se puede decir, por tanto, que el fenómeno del vínculo o fusión madre-bebé se continúa y consolida con el contacto físico y psicológico tras el nacimiento.

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