Siempre hemos oído que educar es complicado. Y, además, es muy cansado, pero al hacerlo encontramos una gran recompensa. Queremos educar a nuestros hijos de la mejor manera posible, pero muchas veces no educamos como nos gustaría.
Educar con paciencia. Fuente: Lumina Images
A veces es por cansancio, otras por falta de tiempo, por las situaciones en las que nos encontramos o el propio carácter de nuestro hijo. Pero lo que debemos tener claro es que gritar no es un recurso educativo adecuado, ni para el niño ni para los padres. Los gritos pueden parecer inofensivos y que solo sean producto de un momento de rabia que se esfuman en el aire, pero pueden afectar a nuestros hijos a nivel psicológico e influir su comportamiento.
En este artículo, exploraremos alternativas saludables para disciplinar a nuestros hijos sin recurrir a gritos ni amenazas. Analizaremos las consecuencias negativas de una crianza basada en estos métodos y ofreceremos estrategias prácticas para fomentar un ambiente familiar de respeto y comprensión.
¿Por qué Gritamos a Nuestros Hijos?
De manera natural, el “alzamiento de voz” aparece muchas veces como recurso para educar a nuestros hijos. Hasta la persona que se considera paciente y tranquila ha perdido en algún momento los nervios y se ha descubierto gritando a sus hijos. De hecho un estudio de la universidad de Pittsburgh y Michigan afirma que El 45% de las madres y el 42% de los padres admitieron haber gritado y en algún caso insultado a sus hijos.
¿Por qué gritamos? Fuente: Getty Images/iStockphoto
Recurrimos a los gritos porque encontramos estas supuestas ventajas:
- Es sencillo de utilizar.
- Es rápido.
- No requiere de un desgaste intelectual para su uso.
- Consigue su objetivo a corto plazo, que es conseguir la atención del hijo.
- Infunde un carácter de autoridad al que lo utiliza.
- Le confiere mayor importancia a la situación que ha causado el grito…
La cuestión es que nos planteamos los supuestos “beneficios” de gritarles y no nos damos cuenta de los perjuicios que pueden ocasionar realmente.
Consecuencias Negativas de Gritar a los Niños
Cuando gritamos no decimos cosas dulces. Los gritos suelen ir acompañados de amenazas, chantajes y descalificaciones. Son nada menos que la manifestación de la violencia, no física, pero sí psicológica. Las palabras y los gritos pueden llegar a ser tan o más dañinos que el maltrato físico.
El constante empleo del grito puede conllevar al deterioro de la autoestima del niño. No se sentirá valorado o querido por sus padres o, por el contrario, puede convertirse en un rebelde, desafiando la autoridad constantemente. Al ser los padres ejemplo para los hijos, una conducta agresiva será adoptada por el pequeño y se acostumbrará a gritar y tener dichos comportamientos violentos. Luego las empleará con los amigos, conocidos o incluso contra los padres.
Los gritos solo causarán estrés en el niño que no será beneficioso para su desarrollo. Los niños pueden dejar de expresar sus sentimientos y pensamientos por temor a represalias. Cuando los padres utilizan la agresión verbal, los niños pueden sentirse resentidos, frustrados y desamparados. Esta frustración acumulada puede manifestarse en comportamientos agresivos y en problemas de autorregulación emocional.
Alternativas a los Gritos y Amenazas: Crianza Respetuosa
Es esencial que los padres sean conscientes de estos efectos tan perjudiciales para los peques y que opten por alternativas más saludables y efectivas. Como adultos, tenemos que aprender a controlar la ira y poner el freno cuando perdemos el control y gritamos.
¿Qué hacer para no utilizar gritos ni amenazas? Fuente: Getty Images/iStockphoto
Aquí te presentamos algunas estrategias para evitar recurrir a los gritos:
- Mantén la calma: Cuando se trata de dar una orden, tu niño escucha bien, por eso no debes alzar la voz ni mucho menos gritar.
- Habla tranquilamente con tu hijo: Intenta generar respeto. Es probable que el niño obedezca cuando le levantas la voz o gritas. Sin embargo, esto desparece cuando llega la adolescencia porque desaparece el miedo y, entonces, se pierde el respeto. Por ello, es necesario que tu pequeño sepa que eres una autoridad y debe obedecer cuando le ordenes algo tranquilamente.
- Habla de manera positiva: En vez de decirle: "no te voy a dejar hacer esto", debes hablar positivo: "eres un buen niño y sé que no te gustaría estar haciendo lo que haces". Cambia el contexto de tus palabras.
- Da una explicación válida: Muchos padres cometen el error de decirles a sus hijos: aquí mando yo. Esto no es un argumento, por lo cual es importante dar una buena razón clara y precisa para que tu hijo comprenda y repare lo que está haciendo.
- Ponte en el lugar de tu hijo: No te olvides que los niños son niños adultos. Hay que intentar ver las cosas desde el punto de vista del pequeño.
La Importancia de la Salud Mental de los Padres
La salud mental de los padres importa. Fuente: Getty Images
Poco se habla del bienestar emocional que tienen que tener los padres en la crianza. Antes de educar a un niño, lo primero que se tiene que priorizar es la salud mental de los cuidadores. Y es que la salud mental de los padres es un factor crucial para lograr una disciplina positiva y efectiva con los hijos.
Los padres que enfrentan dificultades emocionales o de salud mental pueden tener también problemas para regular sus propias emociones y conductas, lo que puede afectar su capacidad de interactuar de una manera adecuada y saludable con los menores.
Educar con Serenidad: Un Enfoque Positivo
Patricia Ramírez, conocida como 'Patri Psicóloga', es una de las terapeutas más influyentes de nuestro país. Y en este caso hablamos de cómo es educar con serenidad, es decir, educar con disciplina positiva. Educar con serenidad es educar sin gritos, desde el respeto, sin sobreprotección.
Una forma de educar que permite que los niños desarrollen una sana autoestima, que tengan autonomía, que se eduquen en valores, que actúen con convencimiento, que tengan una mayor confianza y seguridad y, sobre todo, que establezcan con los padres un vínculo positivo de confianza mutua y respeto.
¿Es posible educar con serenidad? Sí, aunque no es fácil. La actriz María Castro, compañera de directo de Patricia, comentaba: “Como madre que soy creo que se puede, pero es complicado… Sobre todo, por el ritmo de vida que llevamos. Los niños palpan ese estrés, así que algo que hago yo, para evitar conflictos, es dejar que se tranquilicen antes de hablar. Antes del grito, explico mi situación para que ellos empaticen con el mundo que les rodea”. Una interesante reflexión para evitar esa situación en la que pueden interferir los gritos.
Educar sin Gritar ni Castigar: Claves para una Crianza Respetuosa
¿Por qué los gritos y los castigos se deberían de eliminar en la educación de los pequeños de la casa? Porque, como comentaba la terapeuta en el directo, antes se confundía el respecto con la autoridad y el miedo, y no debe ser así. Para que nos respeten tenemos que respetarles.
Es necesario tener en cuenta que cuando un niño coge una rabieta se le activa el sistema primario, se activan las emociones, y es difícil hacerles entrar en razón. Es necesario tener esto en cuenta para comprender que los niños necesitan su tiempo para entender las cosas. María ante esta situación responde: “Cuando ocurre algo así es necesario dar unas pautas porque es importante que comuniquen lo que sientan… A su debido tiempo”.
Para comprender qué es lo que se debe hacer y lo que no, hemos separado en puntos la teoría para acompañarla de ejemplos prácticos que nos ayuden a comprender las diferentes situaciones que se pueden presentar.
Lo que NO se debe hacer:
- Pegar: Es un punto innegociable. El niño aprende que la figura de los padres, que le da la seguridad, humilla. Si ocurre esto el pequeño tendrá un sentimiento de venganza. Pegándole vas a trasladar la idea de que para tener poder necesitas hacer daño. Los niños pegan de pequeñitos porque es una reacción natural cuando se sienten amenazados. Todavía no se les ha enseñado a gestionar su enfado o su frustración. En este caso, hay que intentar tranquilizarle y enseñarle una alternativa para mostrar su emoción.
- Comentarios negativos y amenazas: Comparar, amenazar, criticar o humillar está prohibido. Dejar en ridículo a los niños delante de los amigos es algo que les afecta. No hay que hablar nunca mal de un niño delante de nadie. Es muy común encontrarse con alguien por la calle, que te digan algo bueno de tu hijo y responder: “bueno, pero en casa…”. Este tipo de comentarios debemos eliminarlos.
- Castigar: Hay que establecer una consecuencia, no un castigo, con el consecuente aprendizaje asociado. Se puede omitir algo que les guste dentro de esa rutina diaria que tienen los niños para que aprendan las consecuencias que tiene todo comportamiento.
- Sobreproteger: Hay que evitar la sobreprotección, cuando les protegemos demasiado anulamos la capacidad resolutiva de nuestros hijos. No van a poder desarrollar esa capacidad en el futuro y no van a poder gestionar una frustración.
Lo que SÍ se debe hacer:
- No perder los papeles: Es importante entrenar la paciencia y el autocontrol de padres e hijos. El niño no genera ansiedad, eres tú quien va revolucionado… Quieres ser una superwoman y eso no es fácil. Si queremos educar con serenidad, necesitamos entrenar nuestra paciencia e ir a otro ritmo. Un ejercicio interesante puede ser empezar a meditar. Hay que decir las cosas con amor y cariño.
- Respetar sus tiempos: Queremos que lo hagan todo y que lo hagan ya y los niños van agobiados a nuestro ritmo. Pero no solo hay que dejarles tiempo en los momentos de tensión, cada niño crece con sus capacidades, talento e inteligencia.
- Corregir desde el respeto: Poniendo soluciones en lugar de machacar con errores. “Te lo dije” es un reproche muy común y es la tumba del amor. Es necesario que la persona llegue al origen del problema y tú tienes que mostrarle tu ayuda.
- Apoyar en el error: Y enseñarles a gestionar el fracaso. La comunicación es importantísima, tienen que comprender que hay que buscar siempre el origen del problema y solucionarlo. Transmitir amor incondicional siempre. Sabemos que quieres a tus hijos de una manera incondicional, pero esto además hay que demostrarlo.
- Interesarte por ellos: Hay que interesarse por sus temas. Preguntar por sus amigos, por las series que ven, por los programas de televisión que les gustan, por sus novios… ¿Algunos ejemplos? Preguntarle por ese amigo que estaba triste el otro día, por los padres de otro amigo que estaban quizás enfermos de COVID, por sus clases, por lo que les preocupa… “La comunicación es fundamental”, declara María.
- No juzgarlos: Nuestros hijos no pueden tener etiquetas, si hay algo que hacen mal hay que ayudarles a comprender que eso deben corregirlo. Cuando les permites hablar sin juzgar se crea un vínculo más fuerte. Si se ponen etiquetas, que sean positivas.
- Jugar con ellos: Es algo importantísimo. “Pero no es jugar para ellos, es jugar con ellos. De hecho, cuando juego, es que soy una más”, contaba María. Jugar a juegos de mesa, a las cartas… Es necesario que los niños se diviertan y lo pasen bien con nosotros.
- Negociar: Otro punto importante a la hora de educar con serenidad son las negociaciones. Para poder hacerlo de una manera positiva es necesario hablar cuáles son los puntos innegociables y después, hacerles partícipes de lo que sí pueden elegir. Si por ejemplo es innegociable que el niño salga a la calle con abrigo, déjale elegir el abrigo que se quiere poner. Si en casa es innegociable comer fruta, que él elija la que más le apetezca. Es necesario que aprendan a negociar, si no en un futuro no sabrán decir que no.
En definitiva, educar con serenidad es una de las claves para tener una mejor relación con nuestros hijos y que sean grandes personas de las que sentirnos orgullosos el día de mañana. Con estas herramientas es mucho más fácil, lo que no implica que siempre sea sencillo.
¿Por qué Nuestros Hijos No Nos Escuchan?
«Hasta que no grito nadie me hace caso», ¿cuántas veces has dicho o pensado esta frase? Uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos los padres es conseguir que nuestros hijos nos escuchen sin necesidad de tener que elevar la voz o recurrir a las amenazas o chantajes. ¿Por qué ocurre esto? ¿Son realmente necesarias esas «herramientas» para que nuestros hijos nos escuchen?
No, no es necesario que gritemos, amenacemos o chantajeemos a los niños para que nos escuchen, únicamente es necesario que tengamos en cuenta determinados factores. La mayoría de las veces acabamos recurriendo al grito porque hemos repetido varias veces lo mismo sin tener una respuesta por parte de los niños. Al sentirnos ignorados va creciendo en nosotros el enfado, la frustración y el agotamiento.
Nuestros cerebro se pone en modo «alerta» porque a nadie le gusta no sentirse escuchado. Es una reacción o mecanismo de defensa que tenemos ante una situación que nos resulta desagradable. Un dato que debemos tener en cuenta es que la «misión» de los niños no es «hacernos caso». Muchas veces las prisas y la necesidad inmediata de resolver una situación nos hace que no tengamos en cuenta que la obediencia ciega no debe ser un objetivo dentro de la educación de los niños.
Fomentar y trabajar la cooperación y la colaboración hace que la crianza sea mucho más relajada y mucho más enriquecedora. Seguramente te identificarás con la frase: «¿Cuántas veces tengo que decirte las cosas?», es muy común que la digamos en esos momentos en los que queremos conseguir que nuestros hijos nos escuchen.
Aquí hay algunas razones por las cuales los niños pueden no escuchar:
- Su visión del mundo es diferente: Los niños están aprendiendo a vivir y no conocen el mundo tal y como nosotros lo vemos. La percepción que tienen nuestros hijos de todo lo que les rodea es diferente a la nuestra.
- Es difícil parar de hacer algo que nos gusta: El cerebro está preparado para bloquear situaciones desagradables y fomentar aquellas que son agradables. Es muy complicado parar de hacer algo con lo que nos estamos divirtiendo, que nos hace sentir bien y que estamos disfrutando.
- Lo que les pedimos es aburrido: Están concentrados en lo que están haciendo. Los niños necesitan trabajar la concentración y para realizar un juego o una manualidad necesitan tener todos sus sentidos puesto en ello. Muchas de las veces que decimos «no me escuchas», no es porque nuestro hijo haya decidido no escuchar sino que literalmente no puede escucharnos sin perder la concentración en lo que está haciendo.
- Demasiados sermones: Nuestros hijos tienen un tiempo de concentración limitado (dependerá de la edad) y si hablamos demasiado llega un momento de la conversación en la que desconectan.
- Se sienten amenazados: Si nuestra forma de hablar se siente como una amenaza la reacción de nuestro hijo será de huida, ataque o de parálisis. Esto no es algo que ellos decidan, sino que nuestro cerebro primario está preparado para defenderse cuando sentimos un ataque. Ojo, no estoy diciendo que tu quieras que tu hijo se sienta amenazado pero nuestro tono o comunicación no verbal puede hacer que lo vivan de esa manera. En ese momento su cerebro no puede pensar en otra cosa que no sea «defenderse».
Está bien conocer y entender el porqué nuestros hijos no nos escuchan, ese conocimiento nos puede ayudar a no llevarnos al terreno personal esas situaciones. Nuestros hijos no toman la decisión de no escucharnos para molestarnos o fastidiarnos sino que, por la razón que sea, en ese momento no pueden o no están disponibles para realizar esa escucha.
Consejos para que te Escuchen sin Gritar:
- Dar explicaciones sencillas, claras y concisas: Igual que cuando queremos que se cumpla una norma, cuantas menos explicaciones mejor. Más actuar y predicar con el ejemplo que con la palabra.
- Sentido del humor y juego: Si somos capaces de dar la vuelta a las situaciones aburridas y convertirlas en un juego será mucho más fácil que quieran participar de ella.
- Escucha activa por nuestra parte: Asegurarnos de que nos han oído. Si están muy concentrados en algo su cerebro no les «permitirá» escuchar lo que les estamos diciendo. Preguntar si nos ha escuchado e incluso pedirle que lo repita.
- Darles tiempo para que terminen lo que están haciendo.
- Contacto visual: Muchas veces hablamos mientras seguimos haciendo cosas o incluso gritamos desde el sofá… Para conseguir la atención de la otra persona debemos dejar de hacer lo que estamos haciendo para centrarnos en lo que queremos transmitir.
- Hacer que se sientan parte de la conversación: Si caemos en el «yo hablo, tu escuchas» será mucho más difícil que consigamos captar la atención de nadie (y mucho menos de nuestros hijos).
- Modular el tono de voz y el modo en el que decimos las cosas: Nuestra comunicación no verbal tiene mucha importancia en el significado que le damos a nuestras palabras y esto puede suponer una gran diferencia en como interpreten el mensaje nuestros hijos.
- Ofrecerles nuestra ayuda: Muchas veces para conseguir que nuestros hijos nos escuchen necesitan ver que estamos de su lado, que nos tienen cerca y que si necesitan ayuda nosotros estaremos para ofrecérsela.
Todos los comportamientos de nuestros hijos tienen un porqué detrás. No nos quedemos solo con «no me escucha», «no me hace caso», «es que hace lo que quiere»… Aquí hemos visto muchas razones por las cuales los niños pueden no escuchar, desde que su concentración no les deja hacerlo, hasta que su cerebro bloquee las escucha porque siente una amenaza.
El Autoconcepto y la Autoestima en la Crianza
Si hacemos un cálculo rápido, nuestros hijos pasan más tiempo en el colegio que en casa (sin contar cuando duermen ????). Esto es algo que me consumió durante mucho tiempo cuando escolaricé a mis hijos. Por todo lo que me perdería, pero también por la gran responsabilidad de dónde y con quién les dejaba.
Son muchas las veces que utilizamos como sinónimos el autoconcepto y la autoestima. A pesar de que están relacionados son conceptos muy diferentes. El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos, mientras que la autoestima es la valoración subjetiva que hacemos sobre nosotros.
Para poder desarrollar responsabilidades y comenzar a contar con autonomía, nuestros hijos necesitan que confiemos en ellos y que les demos la oportunidad de hacer cosas. El mejor aprendizaje se desarrolla con la práctica. Además los niños desarrollarán una buena autoestima descubriendo que no pasa nada por equivocarse, forma parte del proceso de aprendizaje.
Validar las Emociones de Nuestros Hijos
Siempre se habla de validar las emociones, de la importancia que tiene esto para nuestros hijos, pero… ¿cómo lo hacemos?, ¿qué significa exactamente? Vamos a ver qué significa; por qué es importante que lo hagamos con nuestros hijos; y qué pasos debemos seguir para que los niños lo sientan.
Gestionar las Peleas entre Niños
Una de las cosas que más tememos o que peor solemos llevar los padres son las peleas. Cualquier cosa parece convertirse en una rivalidad, ya sea entre hermanos, amigos, compañeros… y es bastante común que acabe derivando en una pelea.
La Crianza Respetuosa: Un Camino Hacia una Maternidad/Paternidad Consciente
Mucho se habla sobre la crianza respetuosa y es maravilloso que cada vez tenga más cabida en nuestra sociedad. Que hablemos de ello implica que nos preocupa el modo de educar a nuestros hijos. La crianza no es fácil pero contar con información facilita mucho que podamos tener una maternidad/paternidad más consciente.
La crianza basada en gritos y amenazas tiene consecuencias negativas en el desarrollo emocional y en el bienestar de los niños. Es esencial que los padres sean conscientes de estos efectos tan perjudiciales para los peques y que opten por alternativas más saludables y efectivas. Si piensas que necesitas asesoramiento para llevar una disciplina positiva en casa o bien para fortalecer tu salud mental y la de tu familia, lo más recomendable es que busques a un especialista que te ayude a conseguir las herramientas para lograrlo.
