El periodo histórico del nacionalsocialismo en Alemania ha sido llevado al cine con profusión y ha abordado muy diferentes enfoques. Obviamente predominan las películas que tratan el genocidio judío donde sin duda destaca por su popularidad La lista de Schindler / Schindler's list (1993) de Steven Spielberg. Sin embargo, son quizá Shoah / Shoah (1985) de Claude Lanzmann y El hijo de Saúl / Son of Saúl (2015) de László Nemes obras que ilustran con mayor hondura el holocausto. Otras abordan ópticas quizá menos exploradas como la participación de los ‘kapos’ judíos en la organización de los campos de concentración como La zona gris / The grey zone (2001) de Tim Blake Nelson o reflejan biografías marcadas por el nazismo como El pianista / The pianist (2012) de Roman Polanski.
Es el nazismo, por tanto, un tema que parece inagotable para la producción cinematográfica y, sin embargo, hasta fechas recientes no había abordado, al menos de manera monotemática, el programa sistemático de exterminio de personas con discapacidad llevado a cabo por parte de la clase médica y de enfermería en ese mismo periodo. Niebla en agosto / Fog in august (2016) de Kai Wessel y La sombra del pasado / Never look away (2018) de Florian Henckel von Donnersmarck son dos películas que se adentran en los métodos llevados a cabo para el siniestro fin. Ambas ilustran sin lugar a dudas la nauseabunda colaboración de la clase médica en la selección y ejecución de las víctimas para unos fines que hunden sus raíces en la denominada pureza racial a la que se le quiso dar una pátina de ciencia incuestionable.
El programa nazi de eutanasia forzada: Aktion T4
La incubadora ideológica: La eugenesia
A la eclosión de ese "huevo de la serpiente", referido al programa de eliminación de personas con discapacidad, contribuyeron varios factores que actuaron de perfecta incubadora ideológica. La palabra eugenesia (eugenics "buena raza") fue acuñada por el inglés Francis Galton en 1883 a la sazón primo de Charles Darwin que había publicado en 1859 su famosa obra sobre el origen de las especies. La nueva disciplina era un medio técnico para mejorar la raza, pero a la vez era una cosmovisión que apostaba por medidas elitistas y discriminatorias que derivaron en un programa social de control de la natalidad apoyadas en el neomaltusianismo.
Se generalizó la idea de que debía evitarse el nacimiento de las personas que, dejadas a su suerte por la selección natural que opera en el resto del reino animal, no tendrían posibilidades de seguir con vida. Todo se atribuye a la herencia, tanto lo moral como lo fisiológico. Se crearon sociedades eugenésicas en Gran Bretaña y en Estados Unidos. En este último se promulgaron leyes esterilizadoras hasta en 32 estados entre 1907 y 1937. En el norte de Europa también fueron implantadas leyes esterilizadoras como en Dinamarca y Suecia.
Póster de eugenesia en la Segunda Exposición Internacional de Eugenesia, 1921.
La legislación nazi y la higiene racial
Tan sólo cuatro meses después de las elecciones de marzo de 1933 en Alemania, el boletín del estado nazi publicaba una ley de esterilización denominada Ley para la prevención de las enfermedades hereditarias. Establece un listado de diagnósticos entre los que se puede encontrar: debilidad mental, esquizofrenia, locura bipolar, epilepsia, corea de Huntington, ceguera hereditaria, sordera hereditaria, además del alcoholismo grave.
La base sobre la que se asienta el entramado jurídico nazi no ofrece lugar a dudas. La concepción teórica del pueblo alemán como un único organismo, en el que hay que evitar que nazcan y se reproduzcan células enfermas, provocará que se apruebe un corpus jurídico que se corresponde con los principios de una higiene racial que será llevada hasta sus últimas consecuencias.
En La sombra del pasado/Never look away (2018), el Doctor Carl Seeband (Sebastian Koch) es el encargado de ordenar la esterilización de quien presuntamente padece una enfermedad mental que la inhabilita para tener descendencia. El director de la cinta, Florian Henckel von Donnersmarck, conocido por la oscarizada La vida de los otros/The lives of others (2006), relata la historia del pintor ficticio Kurt Barnert (Tom Schilling) criado en la Alemania Nazi y en la postguerra de Berlín oriental.
De niño, siempre interesado por el arte, visita una exposición del denominado por los nazis "arte degenerado" con su tía Elisabeth, que se convierte en su primera mentora y le deja una impronta sobre la autenticidad de lo bello. Ella sufrirá una crisis psicótica y será trasladada a una institución dirigida por el profesor Carl Seeband, prestigioso ginecólogo. Tras la tragedia de la guerra y todos los crímenes en ella cometidos, la trama se centra en la edad adulta del pintor, que trabaja como rotulista en la República Democrática Alemana.
La película es una adaptación libre de la vida real del famoso pintor alemán Gerhard Richter que se casó con Marianne Eufinger en 1957. Años después descubrió que su suegro, Heinrich Eufinger, participó en esterilizaciones forzadas en Dresde como director de una clínica municipal de mujeres. Más tarde se conoció a través de un artículo de periódico que una tía suya murió en el programa de eutanasia.
Lebensborn: La "fuente de vida" nazi
El régimen nazi no sólo promovió medidas de evitación de nacimientos con esterilizaciones, sino que implantó el programa Lebensborn "fuente de vida", impulsado por Heinrich Himmler. Consistía en la apertura de casas de maternidad donde engendrar a hijos de mujeres con apariencia aria, emparejándolas con oficiales de las SS. No sólo en Alemania, el programa se puso en marcha en países como Noruega, Francia, Dinamarca o Polonia.
Celebración de cumpleaños en un hogar Lebensborn.
La perversión del lenguaje: Eutanasia
Como advertencia terminológica, se emplea en este artículo la palabra ‘eutanasia’ debido a que fue el nombre que emplearon los ideólogos del programa de exterminio. Por ello, la bella palabra de etimología griega que alude a una "buena muerte" ha pasado a la historia manchada por el abyecto resultado que provocó la aplicación del programa que llevaba su nombre. Ese programa tenía poco que ver con un fallecimiento acorde con la dignidad humana.
La maquinaria de exterminio
Cuando se produce el ascenso del partido nazi al poder, en Alemania había ingresadas en instituciones de beneficencia unas 350.000 personas con discapacidad. Era preciso implantar un sistema que consolidara el biopoder, con un ejército de personal médico, de enfermería, psiquiatras y personal administrativo que eran los soldados del nuevo régimen. Sin embargo, su intención no era atender a un paciente concreto, sino que el verdadero paciente era la nación alemana en su conjunto.
Eran los encargados de combatir, como "soldados biológicos" en palabras de Blázquez Ruiz, a los enemigos internos y a los enemigos biológicos. La obra que quizá tuvo mayor influencia para la justificación del programa fue la firmada en 1920 por el erudito psiquiatra Alfred Hoche, de Friburgo, y el profesor de Derecho Penal Karl Binding, de Leipzig. Tenía por título: "La autorización para el exterminio de las vidas sin valor vital". Hay en ella una serie de calificativos a las personas con discapacidad como "seres humanos defectuosos, comedores inútiles, caparazones humanos vacíos".
Posteriormente, Adolf Hitler, en su obra Mein Kampf, tomará prestadas ideas de la eugenesia, del darwinismo social y de los autores citados y asegurará: "Quien no esté sano física y mentalmente no puede pretender inmortalizar su sufrimiento en su descendencia. A ese ensalzamiento de la perfección, que es un regreso a un neoplatonismo, contribuye sin duda el cine con la directora Leni Riefenstahl como figura destacada.
La propaganda y la adhesión al horror
Para lograr la adhesión al menos tácita de la población no se escatimaron medios en la producción de impresos y productos audiovisuales. El cortometraje Erbkrank / Hereditary disease (1936) con imágenes reales de pacientes en hospitales psiquiátricos, es un ejemplo de los que se elaboraron en la Oficina de Política racial. Su visionado repugna la sensibilidad actual, pero está en perfecta sintonía con la cosmovisión eugenésica y la supremacía neoplatónica de lo perfecto, de lo bello, de lo que carece de defecto.
Se retoman postulados de la Grecia clásica, donde se aplicaba el infanticidio a los neonatos con alguna deformidad, una práctica aplaudida por filósofos como Aristóteles. En Esparta, adalid del culto al cuerpo sano, se lleva a cabo su máxima expresión. Sólo los más fuertes y brillantes estaban autorizados a seguir con vida.
Exposición de propaganda nazi "Maravillas de la vida", 1937.
La selección de las víctimas: Neonatos y niños
A lo largo de la historia se han distinguido diversos periodos en el tratamiento de las personas con discapacidad. De un modelo de prescindencia, en el que se practicó la eugenesia y la marginación, se pasó a un modelo médico rehabilitador que se inicia en el S. XVI con la creación de instituciones en el que se abordó la atención. Dicho periodo dura hasta el siglo XX en el que los autores ya hablan del nuevo modelo social de la discapacidad, donde se pone el énfasis en las condiciones exteriores que generan las dificultades y no las inherentes del propio individuo.
Sin embargo, al comienzo del siglo XX, la eugenesia retoma los postulados del modelo de prescindencia, es decir, el que prefiere seleccionar para evitar el nacimiento de los menos aptos. Las primeras víctimas, por tanto, fueron los neonatos con aparentes malformaciones. Un Decreto confidencial de julio de 1939 introdujo la obligación a médicos, matronas y clínicas del país de informar sobre nacimientos con alguna anomalía.
Los casos detectados se enviaban a unas "unidades especiales de pediatría" las fatídicas Kinderfachabteilung, unas 25 abiertas por todo el país. A los padres se les tranquilizaba argumentando que se aplicaría un tratamiento curativo, cuando en realidad se procedía a administrar inyecciones letales.
La imposición de la concepción nazi de la vida
No cabe duda de que el Estado nazi impone su particular concepción de la vida a través de las normas. La soberanía ya no descansa en el pueblo, sino en el Estado. La puesta en marcha del programa adoptó todas las cautelas posibles. Theo Morell, médico de cámara de Hitler, elaboró la memoria "Exterminio de la vida indigna de ser vivida" en el verano de 1939. Esbozó una futura ley y calculó un ahorro de 10 millones de marcos anuales.
De este modo, se inicia la denominada Gnadentod o "muerte compasiva", un minucioso plan de exterminio coordinado desde el número 4 de la calle Tiergarten de Berlín. La selección se produjo, como en el caso de la eutanasia infantil, enviando cuestionarios que debían rellenarse en las instituciones.
- Los que no posean nacionalidad alemana o no pertenezcan a la raza nórdica.
Una vez llegaban los expedientes, tres médicos los revisaban y marcaban un recuadro que decidía el futuro del afectado. Alguien puede verse tentado a imaginar que el asesinato de las personas con discapacidad se aplicó a quienes en los establecimientos se hallaban encamados, con mínimo contacto con su entorno o con una enfermedad que se podría calificar como incapacitante o terminal.
Sin embargo, existen abundantes testimonios desgarradores, como relata Götz Aly en su sobra "Los que sobraban". Todos ellos relatados en primera persona, tanto de enfermos que lograron escapar en el último momento del gaseamiento, como de personal de instituciones, que cuentan las horrorosas experiencias de la llegada de autobuses con las ventanillas opacas de la Gekrat, la compañía de autobuses encargada de recoger a los pacientes para su traslado.
Sobrecogen los gritos de súplica de quienes eran arrastrados a ellos. Tan sólo la acción de algunas familias logró, con su insistencia, que sus parientes lograran esquivar un destino mortal. El resto recibió una carta en la que se comunicaba la "muerte inesperada". La policía local tenía la orden expresa de incinerar los cadáveres y enviar las cenizas. Se añadía una ilustrativa frase: "Su muerte significa una liberación de sus sufrimientos, ya que padecía una enfermedad incurable.
El método: Gas y deshumanización
El método empleado fue el gas monóxido de carbono. Se construyeron estancias en los sótanos de los edificios donde posteriormente se incineraban los cuerpos. Este proceso queda ilustrado de manera impactante en La sombra del pasado en el que un grupo de personas son conducidas por el propio personal de enfermería a la sala en la que serán gaseadas con la plena confianza en que esas profesionales velan por su seguridad y salud y, en cambio, las conducen a la muerte inmediata.
El hallazgo por parte de un militar norteamericano en el Castillo de Hartheim de la estadística siniestra del programa puso cifras a la barbarie. El más mortífero fue Hartheim, hoy convertido en Memorial. Se puede visitar en Austria y es estremecedora la experiencia de recorrer sus sótanos donde se puede leer los nombres de quienes fueron allí asesinados.
Es muy esperanzador comprobar cómo otras salas del centro recogen multitud de fotos actuales de personas con discapacidad plenamente integradas en la sociedad en clara contraposición con lo que allí ocurrió.
| Centro de Exterminio | Ubicación | Número Estimado de Víctimas |
|---|---|---|
| Hartheim | Austria | Más de 18,000 |
Castillo de Hartheim, actualmente un memorial a las víctimas del programa de eutanasia.
La denuncia valiente: El obispo Von Galen
Sus valientes homilías en la catedral en el verano de 1941 lo denunciaban abiertamente, con las bombas británicas ya cayendo sobre la ciudad. Desde el púlpito calificó la desaparición de pacientes de las instituciones como un rotundo homicidio. Von Galen fue respetado por el régimen debido a su prominencia, pero varios de sus empleados fueron arrestados.
A la eutanasia nazi le seguirán otras atrocidades que no harán sino aumentar la perversidad de una maquinaria de muerte perfectamente engrasada. El método utilizado para la eliminación es muy simbólico. Por tanto, como también ocurrió con los judíos que fueron comparados con las ratas, había que despojar a las personas con discapacidad de todo vestigio de humanidad, de toda condición de persona, para luego aplicar el mismo tratamiento que se daría a una plaga de animales nocivos.
Es, como señala el mismo autor, la aversión contra quien es diferente. La orden de Hitler no hizo sino cambiar la estrategia del programa y lejos de enlentecer su maquinaria, la descentralizó y aceleró su mortandad. Se nombró a un Comisario del Reich para los establecimientos de Curación y Cuidados sólo dos meses después, el Dr.
Así, por ejemplo, en la cámara de gas de Hartheim todavía siguieron asesinando hasta el final de la guerra muchos miles de presos, sobre todo del campo de concentración de Mauthausen, situado a sólo 40 kilómetros. Está documentado que al menos 449 españoles fueron asesinados allí.
