Duelo por la pérdida de un bebé: Un camino hacia la aceptación

Para unos padres, la muerte de un hijo no es solo la pérdida de un ser amado; es la aniquilación de un futuro, la desintegración de una parte de su propia identidad y un cuestionamiento profundo de sus creencias más arraigadas. Es un hecho que altera el orden natural de la vida.

Aunque siempre es una experiencia muy dolorosa, también hay diferencias entre un fallecimiento esperado en la infancia o adolescencia de un hijo (cuando procede de una enfermedad grave o terminal) y un fallecimiento intempestivo (por accidente, homicidio, suicidio, etc.).

Impacto en la salud mental y física

La pena se manifiesta no solo en el plano emocional, sino también en el físico. Trastornos de ansiedad, depresión profunda, insomnio, problemas alimenticios y un debilitamiento general del sistema inmunológico son consecuencias comunes.

Crisis existencial

La muerte de un hijo a menudo hace añicos la percepción de un mundo justo y predecible.

El proceso de duelo

El duelo es el proceso psicológico al que nos enfrentamos tras las pérdidas y que consiste principalmente en la adaptación emocional a estas, si bien se trata de una experiencia compleja que engloba también factores fisiológicos, cognitivos y comportamentales, entre otros.

Por definición, la pérdida de cualquier objeto de apego provoca un duelo, si bien la intensidad y las características de este pueden variar en gran medida en función del grado de vinculación emocional o de la propia naturaleza de la pérdida.

Así, las personas pasamos por un proceso de duelo cuando sufrimos una ruptura de pareja, cuando abandonamos el lugar donde nacimos de forma definitiva, cuando nos despiden de nuestro puesto de trabajo o cuando perdemos la movilidad en una parte del cuerpo; no obstante, el duelo por muerte es el tipo más relevante por la potencia con que afecta a la mayor parte de personas.

Existen distintos modelos psicológicos que describen el duelo que se desarrolla como consecuencia de la muerte de una persona cercana, pero quizás el más importante es el de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, quien publicó en 1969 el libro “On death and dying”, en el que describió por primera vez las cinco fases del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Para ello se basó en su trabajo con pacientes terminales en la Universidad de Chicago.

Y aunque popularmente se conocen estas cinco fases del duelo de Elisabeth Kübler-Ross, en el duelo parental este proceso es mucho más complejo, caótico y, sobre todo, no lineal.

Las fases del duelo parental

  • Shock y negación: la primera reacción suele ser de incredulidad. La mente se protege del impacto brutal de la noticia con un velo de irrealidad. Frases como “esto no puede estar pasando” o una sensación de estar viviendo una pesadilla son comunes.
  • Ira y culpa: a medida que el shock se disipa, emerge una ira intensa y a menudo irracional. Se busca un culpable: los médicos, Dios, uno mismo, la pareja.
  • Negociación: en un intento desesperado por recuperar el control, pueden surgir pensamientos mágicos o pactos imaginarios (“Si pudiera retroceder en el tiempo, haría cualquier cosa…”).
  • Desorganización y desesperación: esta es la fase más larga y dolorosa. Se caracteriza por una tristeza profunda, una apatía generalizada y la sensación de que la vida ha perdido todo su sentido. Las tareas más cotidianas se vuelven un esfuerzo titánico.
  • Reorganización y aceptación: la aceptación no significa olvidar ni dejar de sentir dolor. Significa aprender a vivir con la ausencia. Es la lenta y ardua tarea de reconstruir una vida en la que el hijo ya no está físicamente, pero su recuerdo se integra de una manera nueva y significativa.

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Porque el término duelo proviene del latín “dolus”, que significa dolor; y en el fondo hace referencia a la tristeza que se experimenta por la pérdida de un ser querido. Y pocas cosas son más queridas en nuestra vida que nuestra fratria. De ahí que sea muy relevante la bibliografía que intenta explicar y apoyar a los padres y familiares para entender y superar este hecho, algunas desde distintas asociaciones de apoyo a pacientes(1-3), otras desde distintos enfoques de la pediatría(4,5).

La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más devastadoras que puede enfrentar un ser humano. Es un evento que subvierte el orden natural de la vida, una herida que no cicatriza del todo y que redefine para siempre la existencia de los padres.

El cine como terapia

El cine, en su capacidad para explorar las profundidades de la condición humana, ha abordado este tema con una mezcla de crudeza y sensibilidad, ofreciendo un espejo en el que se reflejan el dolor, la desolación y el difícil camino hacia una nueva forma de vida. Las películas que abordan la muerte de un hijo nos invitan a ser testigos de este viaje desolador. Nos muestran la fragilidad de la vida, la resiliencia del espíritu humano y la compleja red de emociones que tejen el duelo. Al adentrarnos en estas historias, no solo exploramos el dolor ajeno, sino que también reflexionamos sobre nuestra propia capacidad para amar, perder y, en última instancia, encontrar un nuevo significado en medio de la más profunda oscuridad.

Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor del duelo por la pérdida de un hijo o hija. De cada película ofreceremos una breve ficha de la película y nuestros protagonistas, destacaremos las emociones y reflexiones que podremos extraer, y enunciaremos algunas frases “de cine” para el recuerdo que se derivarían de “prescribir” ese film.

  • Los secretos del corazón (Rabbit Hole, John Cameron Mitchell, 2010)(8), para visualizar cómo un matrimonio trata de salir de la madriguera del dolor tras la muerte de su hijo de 4 años en un accidente de automóvil.
  • Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012)(9), para hacernos recordar que, no pocas veces, la pérdida del hijo rompe el círculo del amor familiar y nos tatúa el corazón.

Siete películas argumentales para acompañar en el duelo a estos padres y familiares en distintos escenarios en que se produce la muerte del hijo, bien sean situaciones esperadas por una enfermedad o situaciones inesperadas por un accidente. Siete oportunidades para intentar trascender la pérdida y llegar a modelar las aristas del duelo.

Películas recomendadas

Un grito en la noche

  • Dirección: Marc Foster
  • País: EE.UU.
  • Duración: 87 min.

La película comienza de forma peculiar: sobre los créditos iniciales, una imagen difusa y confusa que, al final, se descubre que corresponde a las partes de un feto visto por una ecografía obstétrica 3D. Una joven pareja recién casada está en el cenit de sus sueños y esperanzas. Angie está embarazada, y como ella, otras tres amigas van a tener un hijo por la misma época. Y todo este mundo idílico de Angie se torna en pesadilla cuando, al día siguiente del nacimiento de su primer hijo, este muere inexplicablemente.

Y este dolor inexplicado y sin respuestas tiene peor cura en la pareja, pues ahora sus amigas parecen evitarla; todas quieren mantenerla al margen de los felices momentos que viven.

El síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) se define como la muerte súbita de un lactante de menos de un año, cuya causa permanece inexplicada después de una minuciosa investigación del caso que incluya autopsia completa, examen del lugar del fallecimiento y revisión de la historia clínica.

Permanece como una de las causas de mortalidad más frecuentes en los primeros meses de vida, insólita en el periodo neonatal, elevada entre los 2-3 meses de vida y progresivamente menos frecuente hasta el año de edad.

En 1992, en respuesta a los estudios epidemiológicos desarrollados en Europa y Australia, la American Academy of Pediatrics recomendó la estrategia de la posición al dormir en lactantes y auspició las campañas de “ponle a dormir boca arriba” (“Back to sleep”) o, posteriormente, campañas para favorecer el chupete al inicio del sueño. Medidas sencillas para una patología con unas consecuencias gravísimas para el niño y para la familia.

Porque cualquier duelo por una muerte es doloroso, pero en el SMSL todo ocurre demasiado pronto y sin explicaciones. No son muchas las películas que, como Un grito en la noche, abordan este tipo de duelo alrededor del SMSL.

Y aquí cabe recordar también El amor y otras cosas imposibles (The Other Woman (Love and Other Impossible Pursuits), Don Roos, 2009)(6), adaptación de la novela homónima de Ayelet Waldman, la historia de Emilia (Natalie Portman), una joven y brillante abogada que acaba de perder a su bebé a los tres días de nacer, como consecuencia del SMSL. Emilia es una mujer tocada por la culpa, que ahora tendrá que luchar contra otros demonios interiores que agrian su carácter y que le impiden mirar hacia adelante. Una propuesta amarga, demasiada a veces, que dicta que hay que pelear para seguir adelante… y que hay que saber perdonarse, a uno mismo y a los demás. Angie y Emilia, Radha Mitchell y Natalie Portman, son dos madres que sobreviven al SMSL. Y ellas representan la punta del iceberg de una realidad que no podemos ocultar, pues el dolor asociado a un hijo fallecido por el SMSL es de consecuencias impredecibles.

Porque, como nos dice Mary Mason, “Un bebé es algo que llevas dentro de ti durante nueve meses, en tus brazos durante tres años y en tu corazón hasta el día que te mueras”.

La habitación del hijo

  • Dirección: Nanni Moretti
  • País: Italia
  • Duración: 100 min.

La habitación del hijo es un conmovedor drama familiar que explora el impacto devastador de una tragedia inesperada en la familia italiana Sermonti, aparentemente perfecta, y que reside en Ancona. Una familia formada por los padres (Giovanni y Paola) y dos hijos adolescentes: Irene, la mayor, y Andrea, el pequeño. Giovanni es psicoanalista y sus pacientes le confían sus neurosis, que contrastan con la calma de su propia existencia. Su vida se rige por una serie de costumbres o aficiones: leer, escuchar música, aislarse y agotarse haciendo largas carreras por la ciudad, muchas veces acompañado por Andrea.

A partir de ahí, cada miembro de la familia encuentra distintas formas de expresar o controlar su dolor, de realizar su duelo: Irene, su hermana mayor adolescente, se refugia en la práctica del baloncesto y en el consuelo de la religión; Paola se encierra en su tristeza; y Giovanni, el epicentro de la historia, busca respuestas para recuperar el control y hace esfuerzos para superar el duelo entre su vida, su familia y su trabajo. Y donde la habitación del hijo se convierte en el epicentro de su dolor, un santuario intocable para unos y un recordatorio constante e insoportable para otros.

La película culmina con la aparición inesperada de Arianna, una joven a la que Andrea conoció brevemente en un campamento. En este sentido, nos viene a la memoria otra película que se enfrenta a la pérdida inesperada de un hijo adolescente, aquí por un accidente de automóvil. Nos referimos a la película estadounidense El mejor (The Greatest, Shana Feste, 2029)(13), donde los padres deben lidiar con el duelo de la ausencia y la llegada de la novia del hijo, embarazada de lo que será su nieto, con ese dilema de si una vida puede reponer a otra o simplemente mejorar el recuerdo.

La habitación del hijo es una gran película (que se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes), bastante distinta a la filmografía a la que nos tenía acostumbrado este crítico social en clave de humor del cine italiano que es Nanni Moratti, un cine que nos recuerda la universalidad del dolor y la resiliencia del espíritu humano, incluso frente a la pérdida más inimaginable. Es una experiencia cinematográfica que acompaña al lector mucho tiempo después de verla.

Y en donde es posible intuir las fases del duelo a lo largo de la película. El aturdimiento es evidente ante esa llamada que comunica el accidente (y cómo Giovanni mira a su hija en el borde de la pista de baloncesto, una mirada que lo dice todo). La búsqueda del hijo en el paseo por el parque de atracciones o a través de la ropa y los objetos de su habitación. La desesperanza por saber qué es lo que falló cuando visita la tienda de buceo, junto con el sentimiento de culpa del padre por no haber salido juntos de nuevo ese día a correr. La desorganización de la propia vida familiar (silencios y discusión, en el límite de la ruptura de una familia hasta ese momento sólida) y profesional (esa mirada perdida tras su camilla de psiquiatra, ese llanto incontenible en medio de una sesión).

Y la fase final de reparación por medio de una carta que encuentran en la habitación de Andrea sobre un primer amor con esa chica llamada Arianna, lo que algunos críticos han considerado un golpe maestro de guion. Y con un final que no resuelve nada concreto (porque tampoco la vida real lo hace) y en la que Nanni Moretti no pretende hacernos llorar, sino mostrarnos la crudeza de la emoción humana desnuda, con toda su perturbadora belleza. Y años después y desde Países Bajos llegó una historia similar en Tonio (Paula van der Oest, 2016)(14), basada en la novela homónima de A.F. Th.

Los secretos del corazón

  • Dirección: John Cameron Mitchell
  • País: EE.UU.
  • Duración: 91 min.

Los secretos del corazón es una película basada en la obra de teatro del año 2005, “Rabbit Hole” de David Lindsay-Abaire, ganadora del Premio Pulitzer en la categoría de drama. Porque este dolor y duelo por la pérdida de un hijo es como si entre madre e hijo jamás se cortara el cordón umbilical y la conexión fuera permanente: entonces, al irse el hijo, la madre siente como si se desmembrara ... Trabajaba en mi primera biografía, la de Leopoldo María Panero, cuando Túa Blesa me recomendó verme con el poeta Ángel Guinda -entonces todo un desconocido para mí- y me facilitó su teléfono.

Frases para recordar

Probablemente la frase más devastadora que escucharemos jamás es: “no hay latido” refiriéndose a nuestro bebé. Muchos creen que, porque el bebé no ha nacido a término esta terrible experiencia, pasará rápido y no generará tanto dolor, nada parecido a la realidad, es un suceso muy difícil de asimilar y provoca muchísimo sufrimiento.

Recuerda que no estás sola y que muchas mujeres han pasado por esta terrible experiencia.

A continuación, algunas frases de consuelo y recuerdo:

  • "Tu corazón vive en el mío, porque no importa donde te encuentres, yo siempre te llevo conmigo".
  • "Una flor se marchita pero el recuerdo de tu sonrisa jamás se perderá. Siempre estarás en nuestros corazones".
  • "Aunque estuviste poco tiempo en la tierra, fue suficiente para grabar tu recuerdo en mi mente y mi corazón. Te llevo en mi ser".
  • "Hoy la tierra llora tu partida y el cielo gana un ángel más. Siempre estarás en nuestro corazón".
  • "El día que naciste el mundo se detuvo y solo existíamos tú y yo. Eres lo más hermoso que pasó por mi ida. Aunque lamento que solo estuviste un momento".
  • "El cielo es mucho más bello desde que vives allí. Te extraño, pequeñito/a".
  • "Llegaste tú como una luz que iluminó todo, impregnaste mi ser de amor, esperanza y alegría. Ahora sólo vivo con tu hermoso recuerdo".
  • "Tu partida dejó un inmenso vacío en mi vientre, en mi vida y en nuestros corazones. Descansa mi bebé en el cielo".
  • "Mi alegría empezó con una patadita en mi interior. Juguetón siempre me hiciste sentir que tú estabas allí. Hoy te extraño".

La importancia del apoyo

Muchas madres y padres describen la pérdida de un bebé como la peor experiencia de su vida, pero a menudo el entorno reacciona con silencio, incomodidad e indiferencia. Desde la perspectiva de una madre o un padre que acaba de perder a su bebé, estas respuestas les comunican que sus sentimientos no son válidos, que se les está arrebatando la identidad de madre y padre que ya habían asumido y, por tanto, que si ellos no son madres y padres, tampoco sus bebés son hijos e hijas. El efecto es restarle el derecho a estar en duelo y recibir apoyo.

Incluso cuando una madre o padre no ha llegado a asimilar su identidad de madre o padre o no han llegado a ver su bebé como hijo o hija, la comprensión y el apoyo también son necesarios: no significa que duela menos.

La muerte en sí nos desconcierta, no estamos muy acostumbrados a hablar de ella y la muerte de un bebé, incluso antes de nacer, parece lo más contradictorio de todo.

Pero si tienes un hijo/a, hermano/a u otro familiar, un amigo/a o compañero/a de trabajo que ha pasado por la pérdida o muerte de un bebé durante el embarazo, ponte a su disposición: escúchalo y pregúntale cómo está, recuerda que los aniversarios son duros. Si el bebé tenía un nombre, úsalo sin miedo, y si no lo sabes, pregúntales, ellos te lo agradecerán.

Tampoco ayuda presionar para pasar página, el duelo no es una cosa de unas semanas o meses, esta persona nunca va a olvidar a su bebé. Puede ser suficiente decir algo como «siento lo que te/os ha pasado». Si no sabes que decir, basta con decirlo.

Ten en cuenta que es posible que no quieran ver a nadie o solo durante ratos muy cortos. Si te invitan a ver al bebé después del parto, obviamente es tu decisión hacerlo o no, pero ten en cuenta compartir este momento con el entorno cercano puede ayudarles con el duelo.

Escuchar sin juzgar: es importante dar a la madre y su pareja la oportunidad de hablar del bebé y lo que ha pasado y de escucharles sin juzgar. A veces, el simple hecho de “acompañar” ya es suficiente.

Tras una muerte perinatal, es habitual que la madre y el padre tarden en recuperarse. Es normal que la parte más intensa del duelo dure varios meses y hasta un año o incluso más.

Mantener el contacto: es normal que haya un cambio importante en la vida social de la familia durante bastante tiempo y que la madre y su pareja no quieran ver a mucha gente durante varias semanas o meses.

Hablar del bebé: cuando hables del bebé, llámalo por su nombre. Es posible que tengan alguna foto o recuerdo de su bebé en su casa; no sientas que es macabro tenerlo a la vista.

Tener paciencia con los sentimientos: es normal durante el duelo que la madre o su pareja sientan enfado o culpa y tengan días buenos y malos.

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