Azulejos de Paterna: Un Legado Histórico en la Cerámica Valenciana

El prestigio de la cerámica valenciana es indiscutible. Sus famosísimos azulejos han “viajado” por todo el mundo. Tradicionalmente han sido las poblaciones de Manises, Paterna, Alcora, las que han estado más vinculadas con la cerámica y las que le han dado mayor prestigio.

En otro tiempo fueron muy característicos en Valencia los paneles de cerámica. Más reciente es la cerámica-porcelana de Lladró. Sus piezas son codiciadas por muchos coleccionistas y se exportan prácticamente a todo el mundo. La firma tiene una única fábrica y está en Valencia.

Orígenes y Materia Prima

La materia prima de la cerámica es la arcilla (silicato de alúmina). Se podía encontrar en forma de sedimento en las orillas de ríos, lagunas. La arcilla necesitaba otros elementos minerales como calcita, cuarzo, arena, que eran machacados antes de mezclarlos con el barro.

El moldeado era totalmente manual. Mientras el barro estaba aún fresco se decoraba, utilizando algún objeto punzante para ir marcando el dibujo. Predominaban los motivos geométricos. La cocción se hacía colocando las piezas sobre un lecho vegetal (hojas, ramas, musgo).

Influencia Íbera y Romana

Los iberos (siglo VI-V a.C.) introducen un importante cambio que consiste en la utilización del torno. Esto facilita el moldeado de las piezas. Los iberos también introdujeron el horno de doble cámara y de tiro directo. En la Comunidad Valenciana se han encontrado hornos ibéricos en Borriol, Liria, El Rebollar (Requena), Elche.

La economía para los íberos se basaba en el comercio. Esto hacía necesario disponer de vasijas adecuadas para proceder al transporte. La última etapa del período ibero coincide con el romano. La cerámica negra procedente de la Campania es típica de la cerámica romana, así como la sigillata o barniz rojo brillante.

La Cerámica y la Influencia Árabe

La cerámica valenciana alcanzaría una gran expansión a partir del siglo VIII con la llegada de los árabes. Ellos aportaron importantes novedades como el uso de pigmentos minerales para obtener colores. El que más utilizaron fue el azul, obtenido a partir del óxido de cobalto.

El artesano ceramista islámico perfecciona la técnica utilizada hasta entonces y crean el efecto vidriado. Una vez sometidas las piezas a una primera cocción, se les daba un baño de esmalte blanco de estaño. La decoración de las piezas de cerámica estaba muy influida por las creencias religiosas.

Predominaban los motivos vegetales como el árbol de la vida, la estrella de cinco puntas representa la fusión del triángulo viril con el vértice hacia arriba, con el triángulo femenino con el vértice hacia abajo. La mano de Fátima es otro elemento muy recurrido en la decoración de las piezas.

El Azulejo: Del Árabe al Valenciano

Los azulejos ocupan un capítulo aparte en la historia de la cerámica. La palabra deriva del árabe “az-zulaiy” que significa “el ladrillito”, pequeña piedra pulida, y nos dio origen en español al vocablo “azulejo”, que sin embargo en valenciano no tomó la etimología árabe y se denominó “rajola”.

Los azulejos podían ser cuadrados (rajoles), rectangulares (rajoletes), o hexagonales (alfardons). Se utilizaban para pavimentar el suelo combinados con azulejos rojos. El color más utilizado en la decoración de los azulejos fue el azul, y esto llevó a difundir la teoría de que el origen de la palabra estaba relacionado con el color que más se utilizaba.

Los azulejos de Manises sirvieron entre otros, para pavimentar los suelos del Palacio de los Papas de Aviñón, el Monasterio de Poblet, el Palacio de los Borja en Gandía y también para las estancias de los palacios Vaticanos.

El "Socarrat"

El “socarrat” es simplemente una pieza de barro cocido a la que se le da una capa de cal y sobre esta se aplica la decoración, habitualmente en tonalidades oscuras, negro, rojo. No hay una gran variedad cromática. Tiene una sola cocción.

Las piezas de socarrat se solían emplear para decorar los techos de los Palacios Nobles, colocándose en los espacios entre las vigas. Socarrat de Paterna, primera mitad del s.XV. de Aragón y de Casa Luna.

Cerámica de Reflejo Metálico y Gremios

El siglo XV también nos trae la cerámica de reflejo metálico, de origen oriental. Es un tipo de cerámica que requiere un proceso mucho más laborioso. Se comenzaba haciendo la pieza de arcilla que era sometida a una primera cocción, obteniendo lo que se llamaba la pieza “bizcochada”.

A continuación, y una vez seca, se le aplicaba el baño vidriado que básicamente contenía una cantidad de plomo y estaño con arena y material fundente. Seguidamente se aplicaba el color azul cobalto. La pieza pasaba al horno a una temperatura de 900 grados. Salía con un fondo blanco y los dibujos en azul. Entonces se aplicaban los dorados.

En cuanto a la decoración, las piezas de reflejo dorado muestran a menudo la influencia islámica. En la cerámica de influencia cristiana, sin embargo, encontramos a menudo una temática de inspiración religiosa. Se realizaban piezas de formas muy variadas. Los platos más grandes eran llamados “braseros”. Muy del uso de la época eran las pilas para el agua bendita.

A lo largo del siglo XV surgen diversos gremios con la finalidad de defender mejor los intereses de los agremiados y proteger su oficio. Durante unos años los alfareros estuvieron incluidos en el gremio de albañiles y en 1500 crean el suyo propio. Los Duques de Gandía (Borja), contribuyeron a difundir el prestigio de la cerámica valenciana.

Decadencia y Competencia

La cerámica de reflejo dorado entra en decadencia en el siglo XVII. Simultáneamente la azulejería de la cerámica valenciana entra en competencia con la de Talavera y sobre todo la de Sevilla a la que acabó imitando.

En Valencia la primera fábrica de porcelana fue la de Alcora, fundada en 1727 por el conde de Aranda. La “crisis” en la cerámica en el siglo XVII y XVIII no afectó a la azulejería. En Valencia se hacen a menudo paneles de cerámica en los que se pintan escenas de la vida doméstica. Se utiliza para ello una amplia gama de colores. La complejidad de los temas pintados requería la mano de verdaderos artistas.

Siglo XIX: Innovaciones y Piezas Características

A lo largo del siglo XIX se mantiene la preferencia por la loza de porcelana cuidando mucho el detalle decorativo. Se imita el historicismo de las pinturas: ruinas, flores, paisajes.

Hay algunas piezas que son características en la cerámica valenciana local y que no encontramos en otras zonas fuera de Valencia, Una de estas es el “alfabeguer”, especie de jarrón con tapa diseñado específicamente para guardar la planta de la albahaca. Esta planta era colocada en su interior y perfumaba con su aroma la estancia donde era colocada.

También fue muy popular la “mancerina”, taza creada especialmente para el chocolate. Se trata de un plato diseñado normalmente con la forma de la hoja de parra que tenía en el centro un hueco donde iba colocado un vaso también de cerámica, denominado jícara donde se servía chocolate. Esta pieza fue diseñada en 1640 por el Marqués de Mancera, virrey de Perú.

Se dice que el Marqués padecía párkinson, por lo que le resultaba bastante complicado sostener la taza de chocolate sin que se le derramara. De modo que diseñó un plato con un molde en el centro donde encajar la taza. El diseño y uso de la mancerina muy pronto se extendió y no faltó esta pieza en las vajillas de los mejores Palacios.

Aunque las primeras mancerinas se hicieron de plata, pronto pasaron a realizarse en las fábricas de cerámica, siendo la de Alcora en la provincia de Castellón, la primera de ellas. Durante el siglo XIX vuelve a tener gran expansión la azulejería.

Modernismo y la Escuela de Cerámica

Es la época en la que se planifica el ensanche de Valencia y se construyen nuevos palacios para una pujante clase burguesa. Entre finales del XIX y principios del XX llega el Modernismo, que afecta a todas las artes y especialmente a la cerámica.

El auge de la cerámica sumado a la reputación internacional que tenía Manises como centro azulejero, llevó a la creación de la única Escuela Oficial de Cerámica de España. El objetivo era formar a pintores ceramistas, pero también recuperar la tradición cerámica que había quedado un poco denostada con las últimas modas.

En 1919 surge una nueva corriente artística procedente de la Bauhaus muy distinta al modernismo. Busca la belleza en el objeto sencillo y de uso cotidiano.

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