Ayuntamiento de Paterna del Campo: Un Recorrido Histórico

Los primeros indicios de asentamiento humano en Paterna se remontan al Neolítico y Edad de Bronce y se han encontrado en las partidas de La Vallesa (la Lloma de Betxí) y Despeñaperros, en una zona de pequeñas lomas próxima al Río Turia que permitía el abastecimiento de agua. En dichas áreas dejaron impronta los íberos, habiéndose encontrado en La Vallesa restos de una muralla defensiva y paredes de pequeñas chozas.

Panorámica de Paterna del Campo

Época Romana

La documentación relativa a la llegada de los romanos se limita a referencias literarias de acontecimientos próximos en Valentia (Valencia), Edeta (Liria) y Saguntum (Sagunto). Durante décadas se había especulado sobre el posible origen romano del núcleo de Paterna, sin que la arqueología arrojara pruebas concluyentes, hasta que en febrero de 2009 la excavación de una parcela donde estaba en proyecto una finca de viviendas permitió descubrir una villa romana, fechada entre los siglos i y iii, el primer vestigio romano de un lugar habitado entre Valencia y Liria. En este momento tomaría Paterna su nombre actual, del latín paterna, ‘del padre’ o ‘de Paternus’. La intensidad de poblamiento debió ser grande en esta época, habiéndose encontrado pequeñas villas también en el barranco de Cano y el de la Font. En el término municipal se han encontrado asimismo restos de una red de acueductos que se extiende entre Ribarroja del Turia y Masamagrell.

Dominio Musulmán

En época musulmana Paterna era un núcleo de población importante. Poseía un recinto amurallado en la cima del antiguo alcázar (actual solar del Calvario y el Ayuntamiento), que fue residencia de los señores feudales hasta el siglo xv. Durante esta época se desarrolló la actividad cerámica y manufacturera y se produjo un desarrollo de la agricultura, incorporando nuevas tierras de regadío e introduciendo cultivos como el del arroz, la morera y la caña de azúcar. En 1065 tuvo lugar en las cercanías de Paterna una emboscada del ejército de Fernando I de León a los defensores de Balansiya, dirigidos por el rey Abd al-Malik ben Abd al-Aziz al-Mansur. La batalla de Paterna resultó en numerosas bajas por parte de los valencianos y los leoneses retomaron el sitio de Balansiya, si bien lo hubieron de levantar poco después por problemas de salud de Fernando I.

El cementerio musulmán de Paterna se descubrió en la década de 1970 al noroeste del casco antiguo, separado de este por un barranco en una ladera orientada al sureste. Las tumbas se habían cavado en la roca de la ladera y se habían cubierto con lajas de piedra desbastadas de forma rudimentaria, socarrats y ladrillo. Las tumbas de los adultos conforman, como es habitual, una oquedad alargada orientada a Oriente, cuyo fondo se excavaba una fosa más estrecha, con un escalón para asentar los elementos de cubrición. Si bien no se ha podido datar con precisión, es probable que dejara de utilizarse hacia finales del siglo xv.

Reconquista y Edad Media

El 10 de abril de 1237 se produce la entrada de forma pacífica del rey Jaime I de Aragón en el término de Paterna. Según el Llibre del Repartiment se hace entrega de la alquería de Paterna a Artal de Luna, uno de los designados por Jaime I para redactar los Fueros. Los Luna se convierten en señores feudales entre los siglos xiii y xv. Pese a los estragos producidos por la guerra de la Unión (1348), que afectaron gravemente a la villa, durante esta época la cerámica de Paterna alcanza su máxima producción. Esta queda constatada tanto por la elevada producción como por la concentración de testares, hornos y talleres, así como en la calidad y variedad de estilos.

Los jurados de la ciudad de Valencia, pretendiendo cumplir con el Fuero que prohibía plantar arroces en su término, se dispuso arrancar los arrozales en 1360. El principal objetivo era Paterna, pues se habían encontrado varios campos de arroz de cristianos (de entre 5 y 2 hanegadas) y de musulmanes (de 2, 3, 6 y 8 hanegadas). Para ello mandaron la milicia armada de la ciudad, pero las autoridades de Paterna no cedieron, alegando no formar parte de la contribución de Valencia y la política de la fuerza fracasó. Algunos años más tarde, Pedro IV mandó reedificar el Alcázar de Paterna, que se hallaba en mal estado por la anterior guerra con Castilla.

En 1436 Alfonso el Magnánimo entregó las posesiones de Paterna al infante Enrique, hijo de Fernando I de Antequera y duque de Segorbe. En esta época, la comunidad musulmana de Paterna sigue siendo activa; así, un alfaquí paternero introdujo en 1450 el Sexagenarium, una obra astronómica habitual en El Cairo, que Joan de Bosnia tradujo en 1456 al catalán y el latín, también en Paterna.

Siglo XVI y Crisis

Con todo, en el siglo xvi se inicia una crisis en la producción cerámica y, por ende, de la economía general de la localidad. Ello se vio agravado además por la rebelión de las Germanías (1520-1522), de marcado carácter antiseñorial, por lo que Paterna fue castigada y reprimida tanto por el Virrey de Valencia como por el duque de Segorbe. Unas décadas después, la expulsión de los moriscos (1609) obligó al exilio a una buena parte de la población y Paterna sufrió despoblamiento y la casi total paralización de su ya frágil economía.

Siglo XVIII y XIX

Antonio Pando y Bringas compró en 1746 la jurisdicción de Paterna al duque de Segorbe y Medinaceli, convirtiéndose así en el primer conde de Villapaterna. En 1769, por Real Decreto, se prohibió el cultivo de arroz, que venía haciéndose desde antes de la conquista cristiana, a fin de paliar las fiebres por paludismo. A lo largo de este periodo la agricultura fue prácticamente la única actividad económica que se desarrolló en la villa. Es a principios del siglo xix cuando comenzaron a aparecer las primeras casas-cueva, ya que no requerían apenas de materiales de construcción y se abrían en terrenos comunes. Hacia mediados de siglo se constata una cierta recuperación económica, con una diversificación de la producción.

En las décadas siguientes el crecimiento demográfico (debido a un flujo migratorio positivo) provocó el inicio de un plan de ensanche urbanístico de la villa, con la construcción del barrio de Campamento, donde se construyeron chalets y viviendas para la burguesía valenciana, así como un Cuartel militar. El aspecto de Paterna fue cambiando para hacer frente a las nuevas necesidades sociales, económicas y políticas de la población. Uno de los actos más simbólicos fue la inauguración, en 1881, de una nueva casa de Ayuntamiento (actual sede del Museo Municipal de Cerámica). Durante esos años se procedió asimismo a la canalización de las aguas (1866) y construyó el ferrocarril de vía estrecha de la línea Valencia-Liria (inaugurado el 22 de abril de 1888), que mejoró la comunicación con la capital.

Guerra Civil y Represión

'Paterna, El Paredón de España' - Reportaje | LaVeuMedia

Durante la guerra civil española (1936-1936) Paterna, como el resto de la Comunidad Valenciana, permaneció en territorio republicano hasta el fin de la contienda y la victoria final de los sublevados. El nuevo régimen eligió las tapias del Cementerio de Paterna (y ocasionalmente el cercano campo de tiro, hoy el Parc Central) como escenario de ejecuciones, habiendo muerto allí alrededor del 50 % de los ajusticiados en el territorio de la Comunidad Valenciana. En total, 2237 personas (anarquistas, comunistas, republicanos, etc.) fueron ejecutadas entre 1939 y 1956; la mayoría provenían de las provincias valencianas, aunque hay un cierto número del resto de España. Como resultado, existen grandes fosas comunes a la entrada del cementerio, una de las cuales cuenta con más de 400 cadáveres. A raíz de eso, se han celebrado numerosos actos en donde figuras públicas tales como Xelo Llopis Roca, han tomado parte estas.


Cementerio de Paterna

Siglo XX y Crecimiento

A principios del siglo xx Paterna contaba todavía con tan solo unos 3500 habitantes. Es hacia finales de la década de 1940 cuando comienza una cada vez más acentuada corriente inmigratoria (procedente las zonas rurales de España), que se vio acentuada en 1963 con la creación del Polígono Industrial Fuente del Jarro.

Escudo Heráldico Municipal

El Ayuntamiento de Paterna del Campo (Huelva) ha estimado oportuno adoptar su Escudo Heráldico Municipal, a fin de perpetuar en él los hechos más relevantes y peculiares de su pasado histórico. A tal efecto, y con arreglo a las facultades que le confieren las disposiciones legales vigentes, elevó a esta Consejería de Gobernación, para su definitiva aprobación, el correspondiente proyecto y memoria descriptiva del mismo.

El artículo 13.3 del Estatuto de Autonomía, confiere competencias a la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de Administración Local. Se autoriza al Ilmo.

«Escudo partido. Primero, de Azur, ocho bezantes de plata, uno en abismo y los demás a su alrededor, por Federigui, Marqueses de Paterna del Campo. Segundo, de gules, una torre de cinco almenas y ventanal central abierto en ajimez, de oro y mazonada de sable, acostada de dos ramas de olivo, de sinople -frutada de lo mismo- y fileteadas de plata; sumada de un puente de un ojo, de plata y mazonado de sable, sobre ondas de plata y azur. Al timbre, Corona Real moderna o cerrada¯.

Escudo de Paterna del Campo

Origen de la Policía Local

La vertebración del Estado liberal durante el siglo XIX requirió de todo un amplio mecanismo político, social y jurídico. La Constitución de 1812 supondría, en este sentido, el punto de partida para una serie de actuaciones que, a través de un proceso no lineal ni directo duraría prácticamente todo el Ochocientos. La policía estatal, separada en sus funciones del ejército, tiene su origen en un Real Decreto de 1824 firmado por Fernando VII por el que se creaba la "Policía General del Reino". Posteriormente sería abolida, alegando motivos económicos, por el General Espartero en 1840 para ser restablecida cuatro años después.

Otro instrumento fue la Milicia Nacional. La policía local se nutrirá de personal y medios de esta Milicia y, sobretodo, de los alguaciles y serenos que existían en los municipios. Se trataba de un personal dependiente del ayuntamiento que, en el caso de los alguaciles, tenían como misión ejecutar los acuerdos, dar publicidad a éstos y tramitar todas aquellas resoluciones de la administración con los interesados. Será en los años centrales del siglo XIX cuando en la mayoría de poblaciones de España se doten de estas figuras con fines de protección y seguridad públicas aunque, como hemos indicado anteriormente, coexistirían con otros cuerpos de seguridad local como la Milicia Nacional.

Es por ello que no podemos remitirnos a fechas anteriores. "Acto seguido se presentó ante los mismos Señores del Ayuntamiento José Martí, alguacil pregonero de esta Villa solicitando se le conceda continuar desempeñando los indicados cargos, a lo que tuvo a bien acceder esta corporación; y en su virtud el Martí juró en legal forma desempeñar bien y fielmente dichos encargos. Debemos recordar que estos nombramientos no tenían la consideración de funcionarios municipales, por lo que con carácter anual - generalmente en el primer acta de enero de cada año- se procedía a la elección y así ocurrirá, por ejemplo, con José Martí que figura en todas las primeras actas de los años posteriores a 1853. Pero, a pesar del dispendio ocasionado, el propio Ayuntamiento reconoce que "los mencionados gastos son indispensables, a causa de que la Compañía que hay en esta Villa se halla casi en continuo servicio".

El 8 de noviembre de 1856 se hace referencia a los guardas de campo existentes en el término municipal, puesto que se recibe una circular del Gobernador Civil por la que se solicita que el Ayuntamiento de Paterna estudie, con el fin de haber un mayor celo sobre la propiedad, la conveniencia de que estos guardas indemnicen a los dueños de los campos que sufran hurtos. "La guardia rural de este término se compone de tres individuos que son los municipales, habiendo también un particular para la custodia de un pinar del Excmo. Sr. Si bien se ha observado en parte el Reglamento aprobado por S.M. Era este minúsculo personal, formado por guardas, vigilantes y serenos, el encargado de vigilar las calles, impedir los alborotos, y ofrecer claramente un carácter pleno de policía de seguridad, orden y vigilancia.

Así, en las elecciones celebradas el 21 de agosto de 1881 -recordemos que, todavía, sin sufragio universal masculino- se hace constar que para mantener el orden en el municipio se había contado con dos guardas municipales, cada uno de los cuales disponía de una escopeta de dos cañones si bien, y como se indicó en el Pleno de 17 de febrero, "uno de ellos la llevaba prestada". Como consecuencia de este desarrollo poblacional, ya desde los primeros años del siglo XX la organización, funciones y competencias policiales tienen una mayor presencia institucional y orgánica. Esta mayor presencia será consecuencia de una significativa incidencia de los guardas en la vida pública y social de la villa de Paterna.

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